Reflexiones desde la butaca

Denise Anzures

La difusión de las artes escénicas ¿callejón sin salida?

Hace dos días se generó en redes sociales una campaña titulada Yo si voy al Teatro, promovida por diversas instituciones de cultura y teatros privados con el propósito de despertar interés en el público y acudir a las salas a través de la difusión de su programación. Por supuesto que cualquier iniciativa que tenga como propósito el bien ciudadano es bienvenida, sin embargo, me parece que la intención no deja de ser naif; lo mismo sucede en el terreno político con el silbato anti-acoso que promueve el jefe de gobierno, Miguel Ángel Mancera, ambas, resultan iniciativas que se lleva el viento al primer aironazo.

Los que dedicamos buena parte de nuestro tiempo a generar estrategias de divulgación de las artes escénicas nos sometemos a una de las tareas más ingratas que existen en el medio teatral por varias razones, las instancias culturales además de no contar con un presupuesto para tareas de divulgación, han olvidado la urgencia de construir políticas para el desarrollo de públicos indispensables para oxigenar la vida cultural de nuestra ciudad.

Ya aceptamos con naturalidad que ser programados en algunos recintos públicos significará no tener un céntimo para trabajos de difusión, a esta desgracia, se añade la amenaza de cancelar la temporada si la compañía no vende cierto número de boletos, ¿de quién es la responsabilidad “social” de divulgar las artes escénicas? ¿De las compañías independientes? ¿O de las instituciones de cultura?

A este panorama, se añade la transformación de los modelos de producción escénica. Las instituciones de cultura decidieron entrarle al mercado financiero y sin querer queriendo le sacaron otra mano al capitalismo salvaje. Los estímulos fiscales para la producción teatral abrieron la brecha entre ricos y pobres hacedores de teatro, desarticulando la concepción ontológica del teatro como un fin social. La polarización entre los que sí logran obtener los estímulos y pueden generar grandes campañas publicitarias y elegantes alfombras rojas, -espacio ideal para las grandes cortinas de humo-, y los que se comen las uñas para ver cómo sacar adelante la temporada sin ser expulsados del teatro por maletas, sin embargo, en ninguno de los dos casos se plantean estrategias eficaces para el desarrollo de públicos, decir lo contrario, es mentir.

Afortunadamente, pero casi en extinción, aún existen recintos independientes diseñados e imaginados para ser un espacio de construcción ciudadana, donde se diseñan estrategias que van encaminadas a generar un puente de comunicación entre la población que habita sus alrededores. Además me parece loable el trato justo e igualitario que se les da a las compañías que se presentan en su programación regular, sin ser sometidas a intereses económicos y personales.

Ahora bien, cuando las instancias de cultura decidieron hacer a un lado esta labor, las compañías de teatro empezaron a contratar personal para ayudar a las tareas de divulgación, de tal suerte, que hoy es imposible arrancar un proyecto sin un encargado en el área de prensa y difusión.

Cobró tanto auge la difusión de las artes escénicas que ahora existen expertos en el tema que van y vienen impartiendo seminarios, talleres y conferencias sobre el tema. Yo misma los he tomado intentando entender y resolver las dificultades a las que nos enfrentamos cada vez que tocamos una puerta e intentamos vincular nuestro quehacer con instituciones públicas y privadas, instancias de educación media y superior, organismos no gubernamentales, asociaciones de padres de familia. El listado es interminable porque en efecto, nos hemos metido hasta la cocina para intentar abrir un diálogo entre aquel que tiene la infraestructura humana y técnica para desarrollar junto con nosotros una política que ayude a vincular o estrechar nuestro quehacer con el otro, sin embargo, esta tarea es como la piedra de Sisifo, porque nadie está obligado a ejecutarla, más aún si no existe ni por asomo una política cultural que aliente este diálogo.

Hace algunos años, todavía la prensa gozaba de un público muy amplio de lectores, se reseñaba con más amplitud y seriedad sobre lo que sucedía en la vida teatral de nuestro país. Las instituciones aún consideraban importante nutrir esos espacios anunciando sus eventos. Hoy, conseguir una nota editorial significa una labor ardua y desgastante que lleva en ocasiones semanas para esperar el sí por parte del editor en turno. Además, los espacios dedicados a la vida cultural en periódicos y revistas cada vez son más escasos, empobreciendo el acceso a los bienes culturales de nuestro país. En este sentido, la divulgación de las artes escénicas encuentra un terreno fértil en los medios electrónicos y hay que entrarle a pesar de la inmediatez y homogeneidad en el tratamiento de la información.

A pesar de todo lo anterior, no se puede soslayar el trabajo que realizan los promotores culturales para las compañías independientes que trabajan debajo de la tierra como hormiguitas intentando una y otra vez abrir aquellos hoyos que la tierra va tragando. Los promotores trabajan a marchas forzadas, son todólogos porque se reinventan cada vez que van hacia el estreno de un proyecto independiente, piensan e imaginan cuáles son las rutas de acceso que los lleven a otros públicos.

Sin embargo, estos esfuerzos también resultan ser llamaradas de petate. Si no caminamos todos hacia una transformación en política cultural más sensible y democrática, si permitimos que los modelos de producción se sigan privatizando, si creemos que desarrollo de públicos significa entrarle al mercado de la publicidad y mercadotecnia, estaremos cada vez más lejos de poder abrir un diálogo sensible con el otro, con aquel estudiante, trabajador, maestro, ama de casa que no tiene acceso a los bienes culturales.
Es indispensable abrir pronto la reflexión sobre cómo reinventar nuevas políticas más justas y más humanas. La carrera hacia la obtención de los estímulos fiscales nadie la para, en esta vorágine nuestro teatro será pronto un montículo de tierra donde se posarán triunfalmente los empresarios del arte.

Denise Anzures

Periodista, egresada de la Escuela Carlos Septién García, especializada en la promoción y divulgación de las artes escénicas e instruida para ser ciudadana de este mundo por el movimiento zapatista.

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