Reflexiones desde la butaca

Denise Anzures

El sincretismo en el teatro de Marco Petriz

Hace algún tiempo publiqué un texto sobre Marco Petriz, titulado el guerrillero del Teatro, y la pregunta que me estuvo rondando poco antes de publicar esta entrevista fue ¿por qué lo titulé así? En realidad, miré en Petriz una suerte de personaje novelesco de la sierra maestra o de las montañas del sureste mexicano. En realidad, Petriz no usa cananas pero sí la palabra como elemento transformador, incluso, estos personajes de la resistencia conocían “la otredad” lo que Rimbaud citó en algún momento “Je est un autre” (Yo es otro), que en el proceso de escribir o de pensar sobre uno mismo, uno se convierte en otro. Estoy convencida que Petriz es un director excepcional que ha consolidado un teatro profundamente mexicano. Cómo olvidar el montaje “La casa de enfrente” escenificada en una casa abandonada del pueblo minero de San Pedro en San Luis Potosí, entrañable montaje invadido de atmósferas rulfianas, donde daba lo mismo estar en San Pedro que en Comala.

En 2017, Petriz fue galardonado con la entrega de la medalla Xavier Villaurrutia en la Muestra Nacional de Teatro, en León Guanajuato. Reconocimiento a la trayectoria del director oaxaqueño y, como lo señala Petriz,

Es un reconocimiento para al grupo Teatral Tehuantepec y cada una de las personas que durante más de 30 años de existencia han otorgado su tiempo y su sudor a este proyecto”.

Fernando de Ita escribió alguna vez que más allá de ser un poeta, Petriz, es un carnicero capaz de destazar partes del alma humana, bajo esta descripción se me antojó preguntarle a Petriz ¿qué es lo que le interesa que el espectador vea en sus puestas en escena?

Antes de ser artista de un trabajo estético, de una propuesta estética, creo que somos trabajadores sociales; me importa que el espectador pueda reflexionar ante temáticas que suceden en nuestro entorno y en varias partes del mundo. Para mí, el actor es el elemento más importante, de tal suerte, que los procesos de ensayo son prioritarios, siempre le apostamos al proceso de ensayos en el que el actor pueda tener un proceso profundo de investigación. Cuando la obra nace a partir de un tema que nos interesa abordar, realizamos un proceso de investigación profundo tanto documental como de campo, además del proceso de investigación que el actor realiza en el espacio, indagando con su cuerpo en el para que sea capaz de procesar cada momento, cada signo, de tal suerte, que sea capaz de dar vida al espacio. Nunca comenzamos por los resultados, comenzamos por un proceso y entonces el actor se convierte en un investigador”.

Los procesos de investigación que lleva a cabo Petriz, no solo se rigen a partir de las problemáticas en los núcleos familiares, sino que además, es capaz de aproximarse casi de manera instintiva al alma del mexicano; Petriz hurga en esos lugares remotos, ejemplo de ello es “Otro día de fiesta”, una adaptación de Luis Enrique Ortiz Monasterio a la obra “Fin de fiesta” del director tehuano y en la que nos comparte su visión del montaje:

Desde luego que nosotros partimos del entorno y el entorno tiene que ver no únicamente con la temática, tiene que ver con las cuestiones humanas; puedo empezar con un tema pero también puedo comenzar por imágenes. Resulta que lo que tenemos enfrente es Tehuantepec y es lo que nos nutre, por eso lo llamamos Teatro del Entorno; lo que hacemos es teatro y lo que trabajamos son las pasiones humanas.

Otro aspecto interesante en Petriz ha sido la intervención de los espacios, cuya suerte fue no tener un edificio teatral convencional en Tehuantepec, y es precisamente esa necesidad la que los llevó a intervenir espacios:

Sucede el milagro porque ya éramos conscientes de que teníamos una propuesta estética, lo que nos empujó a poner al espectador lo más cercano posible del actor, lo que se convirtió en un reto, la posibilidad de que el espectador no solo vea de cerca al actor, sino de olerlo, de sentir su sudor, sus palpitaciones, ésa posibilidad de mantener cercano al espectador es para nosotros un tema fascinante y un reto para el actor que lo obliga a tener capacidad de concentración frente al espectador.

En 2017 se llevó a cabo en la Ciudad de México el Coloquio ¿Qué pasa con la escena en México hoy? y una de las inquietudes que surgieron fue la postura artística de los invitados frente a la escena contemporánea, pregunta que me interesa abordar con Petriz:

Mi postura está enraizada en el proceso de la puesta en escena, yo no puedo pensar en un teatro de un mes ni siquiera de tres meses, cada propuesta me va exigiendo el tiempo necesario para hacer un trabajo profundo de investigación actoral. La apuesta de nuestro trabajo, insisto, es el proceso y que el actor sea capaz de entenderlo. Mi postura ante el teatro es la verdad del actor en el escenario, que le permita encarnar y darle la sangre al personaje. Para el Grupo Teatral de Tehuantepec es muy importante que el actor esté dispuesto a dar la vida en el escenario”.

El Maestro José Luis Ibáñez decía que el éxito o fracaso de una puesta en escena siempre será culpa del director:

El director tiene una responsabilidad importante en la puesta en escena pero también el actor. Para mí el actor es un creador y como tal tiene que tener su proceso creativo que lo lleve a realizar ese trabajo orgánico que pedimos en el espacio. Yo no creo en el actor que comienza por los resultados ni en actores que ya tienen resuelto su trabajo en el escenario. Creo que es en el espacio, en el conflicto con los otros donde nace la creación del actor. Prefiero no llenar de información al actor antes de entrar a su espacio creativo; así que creamos puntos de partida que pueda explorar en el espacio; no creo en estas mesas de trabajo que duran mucho tiempo, claro que el actor es un ser pensante, claro que el actor debe de reflexionar sobre su trabajo, pero comenzamos sobre puntos de partida donde el actor tenga la posibilidad de explorar físicamente en la totalidad de su ser en el espacio. El actor no puede comenzar con un resultado porque todavía no sabe cómo reaccionar, solo en el espacio es posible esta investigación.

Marco Petriz también es un formador de actores, todo el tiempo están transformándose a sí mismos, y aunque la compañía tenga un sello artístico que los distingue siguen investigando porque cada propuesta es diferente, lo que lleva a la compañía a tener ensayos de seis y hasta ocho meses.

Yo prefiero que el actor en cada propuesta comience de cero, que podría ser una mentira aparente porque el actor ya experimentó con su cuerpo, es decir, prefiero que el actor tenga el derecho de equivocarse muchas veces en el escenario porque eso lo va a llevar a encontrar esa organicidad que requiere el personaje.

Se ha dicho que el trabajo de Marco Petriz es de raigambre tehuano y profundamente regionalista, ¿te consideras hacedor de un teatro regionalista?

Hacemos teatro del entorno porque es lo que yo tengo frente a mí. Chejov creaba a partir de lo que tenía frente a él, que era la Rusia de 1800 y su cultura; y lo digo con todo orgullo, incluso, que lo que tengo frente a mis ojos son personas que visten de tal manera, se alimentan de tales cosas, particularmente de cierto tipos de alimentos, hasta el alimento nos determina como seres humanos biológicamente, sin embargo, si estamos hablando de un teatro regional, pues también está padrísimo; está padrísimo porque incluso me llena de orgullo que desde nuestra comunidad, desde nuestros pueblos estemos haciendo teatro o intentamos hacer un teatro de buena calidad.

Los artistas que hacen teatro en México se enfrentan no solo a un conflicto económico y político que atraviesa nuestro país, sino a una profunda crisis de valores que ha transformado la conciencia nacional, pocos, como es el caso de Petriz, han respondido a esta crisis a través de su quehacer excepcional en el terreno de las artes escénicas. Ya lo dijo Rodolfo Obregón: Si hubiera teatro del nivel de Marco Petriz, en diferentes estados o en todos los estados de la república, el teatro tuviera un nivel parecido al teatro alemán.

Sin duda, Petriz, ha sido un gran observador de su entorno y ha logrado formular con todo ese universo de posibilidades desde lo indígena y los atavismos que rigen al mestizaje de la sierra de Tehuantepec, un arte escénico parecido al Tequitqui, aquella fuerza creadora que inspiró a los indígenas de la colonia a construir la iglesia de Tonantzintla en Puebla, impulsados por la búsqueda de una identidad artística única.

Por eso Petriz cree fervientemente en la fuerza que genera unirse al entorno, consolidando la idea del mirar y entender el entorno que vive en el presente pero se alimenta del pasado.

Una de los proyectos que Otto Minera tenía en mente cuando fue Coordinador Nacional de Teatro en 2002 -y que jamás se consolidó por su estancia tan corta al frente de la CNT-, fue el interés de que Marco Petriz dirigiera la puesta en escena de un texto de Sergio Magaña, nada menos que Moctezuma II. Por supuesto, Minera ya avizoraba en Petriz una suerte de director capaz de llevar a la superficie el lado invisible de la mexicanidad. Petriz, no lo sabía porque ya no hubo tiempo ni siquiera de proponérselo pero yo le pregunté si hubiera aceptado el reto:

Desde luego que aceptaría. Hace poco platicaba con un colega de la posibilidad de salir para montar una obra de teatro en otro lugar y le respondí que sí. No es sencillo abandonar tanto tiempo al grupo porque constantemente hay personas que se están formando; no quiero sonar paternalista, al contrario, constantemente estamos buscado estrategias para que nuestro grupo continúe, en realidad, el temor radica en descuidar al grupo. Me interesaría dirigir actores de otras regiones, aquí, en Tehuantepec. Me llena de satisfacción hacer teatro para este mundo y no tengo aspiraciones de otra cosa, vamos, no quiere decir que porque esté en Tehuantepec no tenga la posibilidad de seguir investigando y buscando hacer un teatro de mayor calidad. Seguimos formando actores lo que nos ha permitido crecer como artistas y crecer junto a nuestros espectadores. Lo que no quiere decir que me encantaría ir a otros lugares donde el grupo se confronte artísticamente.

El teatro tal como existe en nuestros días, no se va a transformar como muchos deseamos que suceda, porque al fin y al cabo, el teatro es un reflejo de nuestra sociedad y nuestras instituciones culturales que están separadas de nuestra realidad artística, política y social, sin embargo, y para felicidad de muchos en la Sierra de Tehuantepec hay un director en plena resistencia, un guerrillero del teatro.

Dan muchas ganas de que Petriz algún día pueda bajar de la sierra de Tehuantepec para regalarnos ese Moctezuma II de Sergio Magaña que tanto se antojaría ver bajo su dirección, una suerte de verdadero sincretismo para la escena.

Sacudido por el pensamiento de su maestro Roberto Villaseñor, que lo motivó a explorar el teatro del entorno, pasando por Julio Castillo y el Mtro, Ludwik Margules, que cultivaron en Petriz un teatro policromático, único en el país.

Parabienes para Marco Petriz y el Grupo Teatral Tehuantepec.

Denise Anzures

Periodista, egresada de la Escuela Carlos Septién García, especializada en la promoción y divulgación de las artes escénicas e instruida para ser ciudadana de este mundo por el movimiento zapatista.

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