Reflexiones desde la butaca

Denise Anzures

Proyecto Mujeres, una mirada acuciosa a nuestros cuerpos

“No estamos desterradas por haber cometido ningún crimen, 

venimos huyendo llenas de un horror innato al hombre.” 

Las suplicantes, Esquilo

Proyecto Mujeres es un ejercicio que trata sobre nosotras y nuestros cuerpos, cada superficie, cada intersticio, cada periferia del cuerpo que muestran estas doce mujeres en escena es una grieta abierta; cada muslo, cada vientre, cada pedazo de piel es expuesta al escrutinio y a la mirada de la otra o del otro, para alcanzar un momento de reflexión y no quedarse, como suele suceder en este tipo de acciones performáticas, en simples narraciones extracotidianas o anecdóticas. 

Lo que resulta significativo en Proyecto Mujeres es la aproximación que logra hacia la genealogía de los cuerpos femeninos, de la que Jean-Luc Nancy habla ampliamente como un tema de mediación entre la anécdota del cuerpo y la reflexión filosófica y que se abre entre el yo y su cuerpo. Veremos en escena un encuentro con la ficción como mero pretexto para recrudecer la verdad del cuerpo femenino: la realidad de cuerpos que se duelen, de cuerpos desaparecidos, desmembrados, pero también de cuerpos vivos que se expanden hacia otra dimensión de la corporalidad. Y ahí se encuentra una lectura interesante al tema del feminismo en la escena y en el ámbito social y político. 

¿Cómo mediar con un cuerpo que se mantiene vivo con un intruso? Pregunta que se planteó Jean-Luc Nancy, por un trasplante de corazón al que fue sometido, y que es la misma pregunta que lanzó hace unos días la saxofonista oaxaqueña María Elena Ríos, quemada con ácido por su ex pareja: ¿Cómo vivir en un cuerpo que no reconozco? ¿Cómo vivir en un cuerpo que ya no es mío? Una de las tareas más interesantes de las nuevas teatralidades es encontrar un punto de inflexión entre esa disociacón entre mi cuerpo y el “otro” que  ha invadido mi propio cuerpo, es decir, cómo pensar los cuerpos transgredidos en la escena performática y lo más relevante, quizá, es ¿cómo evocar la ausencia de esos cuerpos, sin caer en la revictimización?

El proyecto de la Compañía Vaca 35 Teatro busca con esta propuesta alzar la voz en contra de la violencia de género y responder a una serie de cuestionamientos relacionados con el hecho de ser mujer en México y ser mujer en la escena, sin duda un asunto que es imposible evadir: la perspectiva de género en el teatro mexicano, que claramente ha rebasado a las instituciones de cultura. Estamos frente a un gran reto como hacedores y pensadores de la escena nacional en tanto nos enfrentamos a la violencia como un hecho cotidiano. 

Ileana Diéguez en su ensayo sobre Cuerpos sin duelo, Iconografías del dolor (2013) sostiene que se trata de hablar del cuerpo, el cuerpo que sufre, pero no un cuerpo abstracto o inscrito en un contexto teológico y/o artístico, sino aquel que está aquí y ahora, que sufre y muere. Un cuerpo que está destinado a vivir el temor. El cuerpo pequeño de Fátima que fue violentado de manera brutal o el cuerpo de Ingrid que fue profanado, estos hechos, son un balance, diría Diéguez, de la vertiginosa decadencia de valores en el que estamos sumergidos y del que, quiérase o no, somos partícipes. Las redes sociales difunden diariamente información sobre asesinatos de mujeres, ya no importa su edad, pueden ser bebés, niñas,adultas o adolescentes. Casi todas las noticias son sorprendentemente vulgares en el tratamiento de la información y exponen los cuerpos desgarrados o mutilados. Nos hemos acostumbrado a una realidad indolente que fomentamos con nuestro dedito para tener acceso a noticias varias que se entrelazan y conviven en nuestro imaginario: feminicidios, promociones de viajes, pleitos interminables en pro y en contra de la 4T, estrenos en cartelera, otro feminicidio, desapariciones forzadas, venta de chamarras de temporada, un otro feminicidio, presentación editorial,  y un cuerpo mutilado,  y así seguimos, de tal suerte que nuestros cuerpos se han acostumbrado a la lógica del control mediático y al acomodo de la silla: una nueva forma de corporalidad en donde, además, no existe el silencio. 

Ahí radica la relevancia del despligue que hace Proyecto Mujeres y su mirada acuciosa a nuestros cuerpos en relación al dolor, a la pérdida, pero también a los cuerpos vivientes, a aquellos que se han quedado en el aquí y el ahora. 

En otra búsqueda de sentido desde el acto creativo, el proyecto que reunió la sensibilidad de las directoras Diana Magallón y Mari Carmen Ruiz, recuerda un luminoso artículo publicado por Susan Sontag hace cuarenta y cinco años para la Revista Vogue, titulado Belleza de mujer, en el que proponía que la belleza es una forma de poder, lo lamentable y trágico, es que es la única forma de poder que la mayoría de las mujeres son alentadas a perseguir y este poder siempre es concebido en relación al hombre: no es el poder para hacer, sino para atraer. Es el poder que se niega a sí mismo, porque no es aquel que puede ser elegido con libertad, no, al menos, para las mujeres.

Sigamos pues, investigando y reflexionando sobre nuestros cuerpos y su relación con el mundo, echemos a andar la maquinaria del poder hacer, porque ahora nos toca a nosotras escribir nuestra propia historia en un mundo donde quepan todas las mujeres.

¡Ni una más, nunca!

Foto: @Mar García

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