Reflexiones desde la butaca

Denise Anzures

Poe en Santa Marta Acatitla y de cómo indagar en otros territorios para el teatro

No es casualidad que Allan Poe sea uno de los escritores predilectos de María Elena (Maye). Casa Calabaza, antes de ser una pieza teatral, fue un cuento de cinco cuartillas que ganó el Concurso Nacional de Cuento Penitenciario. Meses después y dado que el texto era una revelación de gran envergadura poética, le sugerí a Maye que elaborara a partir de él una dramaturgia para el concurso de teatro penitenciario.

Dos años después, la obra ganó el Concurso Nacional de Teatro Penitenciario. Sin duda, Maye había logrado una narrativa poderosa que nos evoca con angustia terrible La caída de la casa Usher, de Edgar Allan Poe. Quien vea Casa Calabaza, podrá apreciar diversas y riquísimas similitudes literarias con la casa de Roderick Usher.

Casa Calabaza es el espacio imaginario y poético, en el que la autora recrea pasajes de su vida con un realismo lúgubre y crudo, pero más importante aún, lo es, sin duda, la capacidad de generar atmósferas mentales. En la casa Usher, Poe nos hace sentir y respirar dolor, un aire de profunda melancolía; de igual modo, Maye describe cómo su casa había sido contaminada por algún tipo de bacteria que se extendía por todas partes, produciendo una decoloración en las paredes parecida al color de la calabaza, como alegoría de la decadencia familiar.

La casa es un personaje en sí mismo; el espacio escénico está diseñado para introducir al espectador en un comedor que parece tener vida propia. En la de Poe, nos describe una grieta que atraviesa la estructura, en el texto de Maye, las paredes se llenan de humedad, describiendo constantemente una fisura estructural como símbolo de la caída de la familia.

Uno de los ejes literarios más profundos en la obra de esta autora, es la madre, personaje que elabora con un perfil sicológico de profunda agudeza. Me detengo para abrir un paréntesis en la relación de empatía que logra la actriz Erandeni Durán con el personaje de Hilda, la madre, en su trabajo coexisten dos elementos que hacen posible un acontecimiento de excepcionalidad artística: una voluntad por existir en escena y una profunda fascinación con la autora.

La dimensión sicológica de los personajes de esta obra teatral, bien podrían servir de estudio a cualquier estudiante de sicología sobre aspectos de la psique humana. La fractura de la Casa Usher como evocación a la muerte y a la enfermedad; en Casa Calabaza se revelan en los personajes ciertas conductas de trastorno de la personalidad. En ambos relatos se perfila un posible incesto. Poe nos incita a imaginar el posible amorío de los hermanos Roderick y Madeline, en la obra de Maye, lo apreciamos veladamente entre el padre y su hija.

Sin embargo, más allá del análisis literario, me resulta fascinante el resultado de esta puesta en escena en el que convergen factores muy poco vistos en el teatro: un impulso colectivo por generar un fenómeno de hermanamiento con la autora, un ímpetu de verdadera vocación humana por indagar en otros territorios para la escena y un joven y sensible director que me evoca un pasaje bíblico que dice: «Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a sí mismo». Filipenses 2:3.

No lo sé de cierto, pero intuyo que el éxito de Casa Calabaza se debe a su naturaleza filosófica: hablar de lo que duele desde territorios verdaderamente genuinos. Me hubiera gustado hacerle esa misma pregunta a Poe, cuando escribió La caída de la casa Usher.

Casa Calabaza bajo la dirección de Isael Almanza, puede verse hasta el 9 de diciembre en Carretera 45.

Denise Anzures

Periodista, egresada de la Escuela Carlos Septién García, especializada en la promoción y divulgación de las artes escénicas e instruida para ser ciudadana de este mundo por el movimiento zapatista.

Una Respuesta a “Se trata de limpiar la casa, no de vaciarla”

  1. Lázaro Azar

    Todo iba muy bien, hasta que esta señorita sacó a relucir sus resentimientos y amarguras contra Chumel Torres. Pobrecita. No hay nada que hacer contra sus limitaciones y prejuicios cuatroteros.

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