Reflexiones desde la butaca

Denise Anzures

Ninguna cuerpa es ausente

Hace un par de meses publiqué un texto sobre la pedagogía teatral como acción transformadora, en el que planteaba algunas premisas que me parecían importantes, como erradicar la verticalidad en los procesos de aprendizaje, cuestionar los planes y programas de estudio, así como la urgencia de incorporar en la fundamentación de los programas, la educación con perspectiva de género y el activismo social como forma de cohesión, el diálogo como encuentro en el nosotres, el diálogo entre pares para ayudarnos a pronunciar el mundo de manera más humana.

También destacaba la importancia de que los responsables de la enseñanza del arte renuncien a sentirse diferentes y virtuosos ante los otres, y se limiten a cumplir con la misión de conducir los procesos de aprendizaje. Sin embargo, los últimos acontecimientos ocurridos en la Escuela Nacional de Arte Teatral, me empujan a hacer un ejercicio de reflexión en torno a la imagen que lanzaron las Morras Enat de la exdirectora: la cuerpa ardiendo en llamas.

En la actualidad, desde distintos movimientos sociales y políticos y desde diferentes perspectivas teóricas, el binarismo del pensamiento occidental está puesto en duda y se empieza a caer; sin embargo -casi sin percatarnos de ello y hasta con cierta ingenuidad- volvemos a reproducir un pensamiento dicotómico. La utilización de la cuerpa, en este caso, de Gabriela Pérez Negrete, exdirectora de la ENAT, hace inevitable ver esas cuerpas sexuadas donde no sólo miro a Gabriela, me miro y me reconozco también en esa entidad. Su circulación en redes sociales impulsada por las Morras Enat hace inevitable una pretensión -quizá sin querer queriendo-: el maltrato, mostrando cuán urgente es un pensamiento complejo, abierto a lo incierto, a lo caótico, pero sobre todo abierto al diálogo y el respeto por la cuerpa de la otra.

Toda educación es política, toda educación es sexual, pero también, toda militancia ya sea feminista, campesina, indígena, sindical, etc, es política y es sexual. El compromiso militante, desde un enfoque social y no partidista como nos lo han hecho creer, no es un asunto menor, es una práctica social y política en la que se articulan diversos pensamientos dentro de una “comunidad dialogante” con diferentes tareas y compromisos. Ningún movimiento social puede estar solo al servicio de las redes sociales ni ser utilizado  para menoscabar la integridad e intimidad de una persona, porque hay un riesgo latente: ser cooptado por intereses ajenos a los postulados, además por el fenómeno tan pueril que genera: el sensacionalismo, el chisme y la inmediatez. Existen cientos de experiencias similares en las que los movimientos toman esa dirección porque da la sensación de que el fregadazo será más contundente, pero no por ello tendrá un impacto social, y las más de las veces, terminan institucionalizándose y politizándose hasta su extinción.

Sería muy lamentable que el día de mañana encontremos en redes sociales a un grupo de senadoras del PAN o de Morena abanderando la lucha de las Morras Enat, porque alguien decidió que era buena idea llevarlo a las Cámaras en tiempos electorales. La intensidad de la militancia de las Morras Enat se ha convertido en una fuente central de su identidad y lo celebro, así como la producción constante de identificaciones simbólicas y acuerpadas que van tejiendo el movimiento, sin embargo, veo con preocupación cómo el diálogo para darle salida al pliego petitorio corre el riesgo de ser un mero trámite institucional.

La militancia feminista debe ser ante todo una práctica social y política que tiene lugar en la vida cotidiana, y no en las redes sociales, esta tarea requiere de una activa participación abierta y amorosa, y que consume gran parte de nuestro tiempo y energía -quien haya sido militante de algún movimiento lo sabe perfectamente-, pero aún a pesar de ello, echamos pa’ delante por su carácter emanicipatorio. Desde hace algunas semanas he seguido con atención el movimiento Morras Enat y siento que hubo un tropiezo ético que me produjo un nudo en la garganta: la imagen ardiendo de una mujer que lleva por título: Directora de la ENAT, Ausente. Sin embargo, toda la imagen guarda un subtexto: acallar, menoscabar y violentar la cuerpa de la que fuera Directora de la ENAT. No puedo apoyar mujeres violentando mujeres porque va en contra de los derechos humanos de cualquier mujer, aún cuando ostente un cargo público.

Quienes conocemos los intrincados caminos de la admnistración pública y en particular del INBAL y quienes hemos ostentado cargos públicos, nos hemos enfrentado a la violencia estructural que opera. Nosotras también hemos dado la batalla desde adentro para exigir y hacer valer nuestro derecho al reconocimiento como mujeres trabajadoras, inteligentes y creativas, en ese sentido, es mi deber reconocer el trabajo de Gabriela Pérez Negrete, su valentía por dar la batalla e intentar una y otra vez,  desempantanar el diálogo no sólo entre las estudiantes sino con el cuerpo colegiado de la ENAT y las autoridades del INBAL.

Ojalá que la salida de la Directora de la ENAT no nuble las premisas del paro y se construya un movimiento dinámico, amoroso y dialogante, y parafraseando a las mujeres zapatistas, un mundo donde quepan todas las cuerpas.

Denise Anzures

Periodista, egresada de la Escuela Carlos Septién García, especializada en la promoción y divulgación de las artes escénicas e instruida para ser ciudadana de este mundo por el movimiento zapatista.

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