Palabras sin reposo

Beatriz Zalce

Modesto López y Amparo Ochoa: dando lo mejor

“Aquí falta todo, menos lo que está.” La frase le gusta a Modesto López para hablar de su más reciente documental: Amparo Ochoa: Se me reventó el barzón que se estrenó en la Cineteca Nacional el pasado 29 de septiembre, el mero día en que Amparo hubiera cumplido 75 años y que luego se ha presentado en la República Mexicana y va de gira por América del Sur, del Centro y del Norte, antes de recorrer Europa, traducido al inglés, francés y holandés.

Dura 85 minutos y es una oda a la mujer que se dejó crecer las ideas, que alzó su voz, su canto y su vida con amorosa congruencia. Amparo Ochoa es el personaje central y, en gran parte del documental, la protagonista. Ella misma cuenta su historia, pero Modesto va entretejiendo entrevistas a muchos compañeros de camino musical y vital: Mercedes Sosa, Teresa Parodi, Susana Vidal Ochoa, Pepe Ávila, Gabino Palomares, Óscar Chávez, Enrique Hernández, Ramón Sánchez, Anthar López, Isaac y María Inés, los hijos de Amparo, sólo por mencionar algunos…

Cuatro años, casi cinco, le llevó a Modesto hacer este documental, el noveno. El que se suma a José Carlos Becerra: poeta, El caído del cielo, Todavía cantamos: Coro Quiero Retruco, Grandes de Tlacotalpan: entre décimas y sones, Antonio Preciado: entre cantos y marimbas, Alí Chumacero: palabras en reposo, Ernesto Cardenal: Solentiname y, al primero de todos ellos premiado en 1982 con un Ariel: El tango es una historia.

Modesto López se define como un autodidacta que tuvo la posibilidad de compartir la amistad con muy buenos documentalistas… y a quien nosotros conocemos principalmente por ser, junto y siempre junto con Marta De Cea, el alma de Ediciones Pentagrama: La alternativa musical en México que se fundó hace 40 años. Marta y Modesto han hecho florecer cerca de 800 títulos que van del Folklore latinoamericano al Rock, al Jazz, música para niños, Nueva Canción, Tangos, música tradicional mexicana y grabaciones de campo. Sus discos, casetes y CD’s, sus libros y documentales se han sembrado en el surco de nuestras vidas.

Dicen que quien busca encuentra. En los archivos de Pentagrama Modesto revisó material fotográfico, sonoro, fílmico, hemerográfico. Encontró grabaciones inéditas de Amparo acompañada por el guitarrista Manuel Guarneros y las convirtió en el romántico disco No será el amor de muy reciente aparición. Encontró también una cinta en donde Amparo canta en lenguas indígenas con el grupo Zazhil. Y tiene otro más que ya se está produciendo.

Por eso Modesto está feliz: “Cada documental es un descubrimiento. Amparo era un ser querible. Me tocó convivir con ella en viajes, en giras… Era como un pájaro, se alegraba de cada pequeño detalle. Le encantaba vivir, le encantaba la vida a pesar de las tristezas que pueda uno tener. Era un ser positivo que te llenaba el espíritu de vida: te daban ganas de seguir adelante. Por eso digo: Amparo era de esos seres que si no existieran habría que inventarlos para la felicidad más dulce de nuestra vida. Y eso fue Amparo. Un ser tan especial. Una personalidad importantísima en la historia de la canción popular y no solamente de la canción popular.

“Comprometida con las cuestiones sociales, con las luchas de los pueblos. Siempre tuvo los pies sobre la tierra, siempre pisó fuerte. Solidaria con todo el mundo y, además, con los amigos, con la gente que la rodeaba -prosigue Modesto.

“Con Tania Libertad, con Eugenia León, con Óscar Chávez, con sus compadres Tehua y Gabino Palomares; salió a la calle a recaudar fondos para los damnificados del sismo de 1985. Cantaban a la salida de los mercados. En ese momento crecía el Comité Mexicano de la Nueva Canción del que formaban parte.

 “Y ni hablar de su solidaridad con Nicaragua, su apoyo a las campañas de alfabetización, ella fue maestra rural; a su manera le cantó a Cuba y al poeta Nicolás Guillén, a los nuevos trovadores. Me contaba el Quinteto Tiempo que en El Salvador, Amparo cantó sin micrófonos y sin nada más que su compromiso en una plaza donde el ejército acababa de dispersar a los cerca de diez mil asistentes al concierto que se volvieron a reunir para escucharla. Ella siempre estaba presente a pesar de lo que pudiera estarle pasando. Era una amorosa perpetua, una enamorada de la vida. Tenía mucho cuidado en la selección de su repertorio por el placer y el disfrute de lo que iba a cantar. Subirse arriba del escenario era una ceremonia, una fiesta para ella y te lo transmitía: Se transformaba. Era una diosa.”

Recién Modesto terminó de escribir sus memorias: Morriñas. Aguafuerte de mi andar por la vida. Pareciera que la fotografía en blanco y negro de la portada hubiera sido tomada hace un ratito nomás. Un árbol inmenso, frondoso -igualito a Modesto- despliega sus ramas. Se le ve a Modesto caminar. Caminar hacia su lector… Modesto se ha salido de la foto y camina por Pentagrama. Pasa frente a los carteles de sus documentales, a antiguos aparatos de radio, pasa junto a las escaleras de madera cuyas paredes están adornadas con casi todas las portadas y los discos que ha editado. Va corriendo de su oficina al Área de Diseño donde, sonriente, está Héctor Santos trabajando las fotografías de interiores para que en los próximos meses salga el libro.

-Pensé que algún día tendría que hacer un documental que mostrara la historia de la canción popular desde los orígenes: Concha Michel, Judith Reyes, René Villanueva con Los Folkloristas, el Negro Ojeda, Óscar Chávez. Con este documental hago un reconocimiento a la dignidad del ser humano y a todos nuestros compañeros que nos han enseñado con su conducta. Dije: yo tengo que empezar por algo y empecé con Amparo…

Pero la vida de María Amparo Ochoa Castaño, también llamada “Vida”, también conocida como “Alondra”, nacida en Costa Rica, Sinaloa, hija de Don Chano y Doña Amparo, hermana de sus nueve hermanos, madre de Isaac y de María Inés, la bella Rumorosa; no cabe en un documental de 85 minutos. Modesto tuvo que hacer de tripas corazón. Después de haber hecho muchas entrevistas, de revisar grabaciones de programas y conciertos en se vio obligado a seleccionar, editar y, ni modos, descartar material valiosísimo. Se rindió ante la evidencia: Aquí falta todo, menos lo que está.

Faltan, por ejemplo, las palabras de Elena Poniatowska recordando a Amparo: “muy jovencita, muy delgadita y risueña, talentosa, entusiasta y convincente intérprete de la Canción de Protesta (de Propuesta como le gusta más decir a Modesto) que le daba por todo lo alternativo y la meditación”.

En el tomo VIII de Todo México, compilación de entrevistas hechas por la autora de Hasta no verte, Jesús mío, podemos leer: “Si antes le cantó al cenzontle y al colibrí, si antes hizo famosa la canción de Gabino Palomares, “La maldición de la Malinche”, y la de Chava Flores, “A qué le tiras cuando sueñas, mexicano”, si antes nos dijo de Guatemala y de Nicaragua, de El Salvador, del poeta peruano Nicomedes Santa Cruz, ahora dirige todas sus baterías (¡y vaya que están bien cargadas!) a exaltar a la mujer, a abrirle los ojos.”

La canción Cuando agosto era 21 conmueve particularmente a la Premio Cervantes. Elenísima escribió para el disco Mujer: “Amparo Ochoa canta a la que abre la ventana, a la que franquea la barrera, a la que rompe las ataduras, […] a la colegiala que se oculta asustada tras los pilares y los pasadizos escondiendo bajo un delantal de cuadritos los meses de más, a la que trae en la mochila, además del cometa aposentado en su vientre, un corazón pintado que dice: “Tú y yo”.

Falta también la voz de René Villanueva quien conoció a Amparo en 1969 en una exposición suya en la Galería Edward Munch. Una foto de periódico, como eran en aquel entonces cuando la densidad de los puntitos formaba la imagen, muestra a una Amparo sentada en cuchillas tomando notas muy concentrada en ello. Falta la voz de René contando que Amparo estuvo en aquel legendario concierto de septiembre de 1973 en la Arena México que empezó siendo un maratón musical en pro de los damnificados de un temblor que asoló a Puebla y a Veracruz para convertirse en un gran acto de solidaridad con el pueblo chileno.

Falta la voz de René narrando que en 1987 inauguró su exposición Con la música por dentro en la estación del Metro Zapata. Amparo llegó, porque siempre llegaba. Vio la exposición. Se paró frente a un cuadro que representa a una indígena de blanco huipil sentada frente al telar de cintura cuyos hilos van formando un pentagrama del que se echan a volar pájaros. Sonriente y pícara decidió: “Éste es mío” y luego, así nomás, se puso a cantar, a cantar a capella, para disfrute de todos. Lo primero que hizo René al desmontar la muestra fue llevarle a Amparo el cuadro que tanto le había gustado.

Falta la voz de René convertida en nota de presentación para el disco Amparo Ochoa canta con los niños: “[…] Estas canciones y esta música son para nuestros hijos de hoy y del mañana.”

Cuando René había entregado a la editorial su libro Cantares de la Memoria donde habla de los primeros 25 años de Los Folkloristas no había incluido a Amparo en el capítulo dedicado a “Los Grandes Ausentes”, a los que se han adelantado. No lo había escrito porque Amparo daba la última batalla. Después, no permitió que el libro entrara a prensa sin dejar constancia de aquella mañana de diciembre de 1993 en que vio su perfil muy afilado recortarse en la ventana del hospital para después poderle anunciar: “Nadie como tú cantó La Bola Suriana de Emiliano Zapata: Arroyito revoltoso, ¿qué te dijo aquel clavel? Dice que no ha muerto el Jefe, que Zapata ha de volver. Aún no sabíamos. Por eso me es indispensable decírtelo. Amanece, Amparo. La luz de la dignidad nos la han devuelto los indígenas, ilumina junto a tu canto la conciencia. Ahora el sol sale por Chiapas, Amparo.”

Fueron muchas las veces en que René Villanueva viajó a Chiapas desde 1994. A la Biblioteca del Aguascalientes donó música para niños de Los Folkloristas, de Amparo Ochoa y del conjunto Pro Música de Rosario. Tiempo después entregó en mano propia casets de Amparo al Comandante Tacho: “Comandante, espero le guste”. “¡Cómo no, si no sólo me gusta su voz, ella es muy bonita!”.

Pero en esto de “Falta todo menos lo que está” hay que decir que Modesto tuvo que omitir una anécdota que es de sus favoritas. Nomás de acordarse se empieza a reír y riendo la cuenta:

-Resulta que estábamos en el Festival de la Nueva Canción en Ecuador en 1984. Se casaba una hermana de Enrique Males, cantante de la comunidad Peguche, buena gente, amigazo, y él nos invita. Nos llevan de Quito hasta ese lugar cerca de Ibarra a 200 y pico kilómetros de Quito. En una combi: Ramoncito Sánchez, Amparo Ochoa, Daniel Tuchmann, Caíto, un montón de gente… Había que subir, hasta la sierra. Era una subida lenta porque íbamos muy cargados.

“Vamos sube y sube lentamente. Cada vez se nublaba más y se oscurecía más. Llegamos a un punto en que había dos caminos y ninguna seña. En el medio está sentado un indígena con sus bultos. Alguien le pregunta para dónde queda la localidad a donde íbamos y él dice: Si me lleva, le digo. Okey, súbase. Y ahí vamos. Por acá… Sí, por acá. Y nos va indicando. Veíamos que el camino no tenía retorno: no había ida y vuelta. Era un solo carril en medio de la montaña. ¿Falta mucho? No. Y ahí seguíamos. De repente dice: ¡Acá es! Se baja, saluda y vienen todos los hijos de él y la mujer, corriendo. Dice: Acá es mi casa. A donde ustedes van es el otro camino que tienen que agarrar, donde me subí -Modesto ríe mientras dice que se hizo un gran silencio en la camioneta. Absoluto silencio. No lo podían creer. En medio de ese silencio Caíto empezó a cantar: Dale tu mano al indio, dale que te hará bien…

“Cuando le contaba eso a Viglietti no lo podía creer, se mataba de risa Daniel. Pero la historia no para ahí -y Modesto sigue contando, sigue recordando, se vuelve a reír. -De vuelta, escuchamos música en medio de la montaña. Había terminado el casamiento. Pero siguió la fiesta en medio de la montaña en una zona boscosa. Cuestión que vamos.

“En un momento Amparo me dice: Modesto, ¿dónde quedará el baño acá? Estábamos en medio del bosque, en la montaña. Una de las hermanas de Enrique Male le dice: Todo esto es baño, elige donde usté quiere…

Era de noche y nos volvimos. Enrique Male tenía una Peña en Ibarra y ahí nos esperaba comidita caliente, fueguito, traguito, un canelazo. Hacía un frío del carajo. Ya se nos estaba quitando el frío y me dice Amparo: Modesto, se me olvidó el bolso en la fiesta… ¿Cómo que se te olvidó? Sí, y lo terrible es que ahí tengo mi pasaporte y mañana viajamos… -Modesto vuelve a quedarse callado, consternado su silencio. A Amparo de a tiro por viaje se le olvidaba algo.

Retoma la palabra Modesto: “Le digo al chofer que hablaba lengua indígena: ¿No me llevás? Hay que encontrar el bolso de la compañera si no no puede viajar mañana… Y ahí nos tenés, otra vez, haciendo el camino de noche. No se veía un carajo. No había estrellas, no había cómo guiarse. Y ahí vamos subiendo y subiendo por la sierra, tocando bocinas, gritábamos el nombre de los familiares de Enrique; gritábamos y nadie… Así estuvimos no sé cuánto tiempo, más de una hora, hasta que de pronto dice el chofer: Es acá, es acá en esa lucecita que se ve allá. Empieza a gritar otra vez y a tocar bocina hasta que escuchamos gritos de adentro. Y ahí estaba el bolso de Amparo donde ella lo había dejado. Regresamos ya tardísimo. Nos perdimos la fiesta, la comidita, el fueguito, el traguito. Todo. Pero encontramos el terrible bolso de Amparito -Modesto ríe, ríe como si volviera a decir ¡Eureka!

En la oficina de Modesto hay un retrato de Emiliano Zapata que reza al calce “El que no tenga miedo, que pase a firmar” y fotos familiares: Marta, las hijas, los amigos y entre ellos Mercedes Sosa, definida como la más bella voz de Argentina, como la voz de nuestro continente. La Negra, como muchos le decían, organizó el Festival sin Fronteras en Argentina, en el Luna Park, e invitó a seis mujeres: Amparo Ochoa de México, Lilia Vera de Venezuela, Beth Carvalho de Brasil, La Negra Grande Leonor González Mina de Colombia y a Teresa Parodi y Silvina Garré de Argentina.

-Lo que ocurre con Amparo en ese Festival es apoteótico, una cosa que no se podía creer -explica Modesto. -Cada cantante tenía estipulado tres canciones o cuatro y no podía pasarse de ahí porque tenía todo cronometrado el Luna Park de Argentina. Cuando Amparo se quiso retirar después de cantar El otro México y Mi Abuelo, no hubo forma de parar al público. El público no la dejaba salir y no permitía que entrara más nadie… Ya estaban desmontando los instrumentos. Tuvieron que salir Mercedes y Teresa Parodi y las otras compañeras a decirle: “Amparo, subí a cantar otra, porque no vamos a poder continuar.” Hubo que montar todo de vuelta para que cantara más. Lo que ocurrió en ese estadio para once mil personas fue impresionante. Dice Teresa Parodi en el documental: Modesto, no te puedo contar lo que pasó ese día. Eso no ocurre fácilmente. ¡La empatía que logró Amparo con ese público fue algo único, único!”

Posteriormente, cada que Modesto se encontraba en Argentina, veía a Amparo en la televisión, en algún programa aparecían las imágenes de Luna Park y Amparo Ochoa cantando… Cuando Fabián Matus, el hijo de Mercedes Sosa, hizo un documental y quiso integrar parte de la escena donde canta Mercedes en el Luna Park, el material había desaparecido. No había más ese archivo en el canal oficial que fue el que filmó. Es cierto que en Youtube hay algo… pero de muy mala calidad que de ninguna manera Modesto López iba a poder usar.

-Y empecé la búsqueda. En algún lado tiene que estar eso. Indagué, busqué. Me tardé un año y medio. Había cambiado el gobierno. Estaba el macrismo, la derecha… Alguien me conectó con la persona indicada que me derivó con otra. Temiendo que el material fuera borrado, como tantas veces se hace, le guardó con otro nombre. ¡Después de año y medio, casi dos años de búsqueda ahí estaba! Yo quería la canción El otro México que hicieron los Tigres del Norte porque habla de los inmigrantes, de los emigrados, y El Abuelo de Mario López. No lo podía creer.

Modesto pudo utilizar escenas de una película tomada por Jorge Amezquita: Vuelo de cantares en donde vemos a Amparo exprimir la ropa antes de tenderla al sol, ayudar a María Inés (que estaba mucho muy chiquita) a bajar un escalón. Es una Amparo muy de su casa. Con suave acento cantadito de norteña platica y comparte su credo: “Tenemos que dar lo mejor que tenemos a nuestro pueblo que lo merece todo”.

Modesto piensa y hace lo mismito: “Lo único que uno puede hacer es tratar de ser lo más honesto, humilde y coherente posible. Y saber que uno es gracias a los demás. Este documental se hizo gracias a los amigos, gracias a Marta. Por eso seguimos”.

Beatriz Zalce

Premio Nacional de Periodismo por su labor cultural en Desinformémonos. Catedrática de la Escuela de Periodismo Carlos Septién y de la Facultad de Estudios Superiores de la UNAM.

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