Palabras sin reposo

Beatriz Zalce

María Elena Ríos busca justicia

-¿Para qué quedé viva? ¿Para qué? ¿Para perder el tiempo y conmiserarme o para ayudar, ayudar a los demás como me enseñaron mis papás? -se pregunta desde la mañana del lunes 9 de septiembre del 2019 María Elena Ríos Ortiz, saxofonista oaxaqueña a quien le aventaron ácido sulfúrico al rostro, al pecho, a los brazos, a las piernas. A sus 26 años, le cambiaron la vida. Ha tenido que recoger los jirones de su cuerpo y de su alma para seguir adelante, para forjarse un nuevo destino y afirmar: “Donde está la llaga, está la misión”.

De ahí su involucramiento con el Movimiento Poder Prieto en contra del racismo y la discriminación. De ahí su “artivismo”: el arte como bandera en pro de las mujeres y las comunidades indígenas de su tierra a través de la música. De ahí su empeño en demostrar que es artista y no sólo musa a pesar de haber quedado plasmada en el mural de Pedro Peña en la Colonia Buenavista de Iztapalapa. De ahí también su participación en el documental Polifonía narrativa de mujeres contra la violencia; de inspirar la obra para saxofones Mae de Arodi Martínez y de que Eneas Mares Paris le dedicara la novela México 2050.

-Busco justicia no sólo para mí. El 2021 ha sido el año con más ataques con ácido denunciados -dice con voz clara Malena, como le dicen de cariño.

La Fundación Carmen Sánchez -que visibiliza los casos de ataques con ácidos hacia mujeres mexicanas y acompaña a las víctimas en el proceso legal, médico y psicológico- calcula que del 2000 para acá más de 30 mujeres de entre 20 y 30 años han sido víctimas de violencia ácida. En el 90% de los casos el objetivo es el rostro de la mujer. El 59% de ellas tenía o había tenido relación sentimental con su agresor. La impunidad supera el 98%. Los perpetradores están prófugos de la justicia o libres, tan campantes como si nada.

Tras el intento de feminicidio con ácido sulfúrico, Malena estuvo tres meses internada en el Hospital General de Oaxaca que no pudo brindarle la atención especializada que requería su grave estado de salud. Fue trasladada al Instituto Nacional de Rehabilitación “al área de quemados”. Ha sido sometida a muchísimas cirugías, injertos de piel y fisioterapias sumamente dolorosas. Su familia la cuidó como si fuera bebé.

Malena tiene claro que ha recorrido sólo una parte del camino y que, sin embargo, nunca volverá a quedar como era antes. Ni su piel ni sus sueños: “Son procesos muy complicados, me refiero al proceso penal, al proceso social, el proceso emocional, el proceso físico de recuperación y también procesos familiares… porque no es fácil. El Estado brinda impunidad, parece que protege a los agresores. Es muy desgastante, no sólo para mí sino también para mi familia. Lidiar con todos estos procesos requiere de mucho apoyo emocional. Sólo con la unión familiar nos sentimos sólidos. Sola no hubiera podido… Al principio no podía sostener ni un lápiz. Ahora ya puedo cargar y tocar mi saxofón, no sin esfuerzos.”

La periodista Blanche Petrich fue la primera en entrevistarla en febrero del 2020. Malena le habló de una infancia feliz: era una niña que gusta de la música y a la que sus padres inscriben en la orquesta de su pueblo Santo Domingo Tonalá en Oaxaca. El maestro daba clases junto al río, cada niño apoyado en un sabino, árbol sagrado de raíces tan profundas como altas son sus ramas. Malena era menudita y disciplinada. Quería tocar el saxofón porque es bonito, porque es dorado, porque lo asociaba con las fiestas patronales.

Por lo general, le preguntan ¿por qué el saxofón? No ha faltado quien suponga que por Lisa Simpson…

-Pero yo ni veía caricaturas -la voz de Malena es muy expresiva, pero lo son aún más sus manos de dedos largos. -La actividad de un niño en la comunidad es ir a la escuela, llegar a casa, asearse, hacer la tarea, comer, en la tarde estudiar con la banda municipal. Se hace de noche y te regresas a dormir.

“Le preguntaba a mi maestro de música qué instrumento me iba a dar porque yo quería el saxofón. Él decía que me iba a dar clarinete porque yo estaba muy flaquita, muy bajita y no iba a aguantar los cuatro kilos que pesa. Fue tanta mi insistencia que decidió darme el saxofón. Al principio me costó, de veras no lo aguantaba: había que fortalecer el cuerpo y adaptarlo al saxofón.”

A los 8 años demostró que sí podía y tan esmerada estaba en ello que no se dio muy bien cuenta que las demás niñas se iban saliendo de la orquesta, poco a poco: tenían que ayudar a su mamá, cuidar a los hermanos, atender al papá, resignarse a que el papel de las mujercitas estaba en el hogar. El maestro le decía a Malena “¿Para qué te enseño si lo vas a dejar cuando te cases?” y ella sentía feo porque quería seguir aprendiendo. Para ella era como un juego eso de estar ligando notas.

Al hablar para Desinformémonos, Malena quiere dejar atrás la imagen romantizada de su niñez: “Tengo recuerdos inolvidables y maravillosos de todo eso que viví en la infancia, pero sabemos que la felicidad es en parte ignorancia. Entre menos sabes te sientes cómoda y feliz. Yo era una niña feliz porque no sabía lo que era la violencia y si la vivía no me daba cuenta. Pero a veces me sentía triste… Son realidades que no sólo pasé yo. Hay muchas Marías Elenas, con otros nombres, violentadas por todo el país.

“A los catorce años tuve que dejar la banda municipal de mi comunidad. Si bien era mixta, en su mayoría estaba compuesta por hombres y ellos dijeron que no querían mujeres en su agrupación. Yo sufrí esa violencia, esa discriminación, violencia verbal, violencia de género: No querían mujeres y prácticamente me corrieron. Era humillante para los varones mayores que yo, la niña más pequeña de la banda, por el interés, por el gusto, hubiera desarrollado más sus habilidades para tocar el instrumento.

“Desgraciadamente en el estado de Oaxaca se presume mucho el amor a la cultura y al folklor, pero poco se habla de las expresiones de violencia, de machismo y de que son muy pocos los espacios para la educación artística. Uno de ellos es la escuela de música de Santa María Tlahuitoltepec. Un maestro recomendó a mis papás que me llevaran a estudiar ahí. Ellos se negaron: tenían miedo de que me pasara algo, querían protegerme del mundo de afuera.

“No siempre vas a ser chiquita para que tus papás te mantengan. Me vi en la necesidad de crear proyectos para solventarme económicamente. Algo que define mi personalidad es el deseo de comunicar ya sea a través de la música o del periodismo.”

Malena estudió Comunicación en Puebla y entró al Conservatorio de esa ciudad. Al regresar a su tierra puso una agencia de viajes. Malena ha contado ya muchas veces cómo fue atacada.

-La historia de la agresión ya la saben todos. Lo importante es no quitar el dedo del renglón. No puedo hablar de justicia, aunque se han dado pasos significativos, como la tipificación de las agresiones con ácido como intento de feminicidio en Oaxaca. La idea es que se establezca en el Código Penal Federal y pueda existir una ley federal que castigue de manera ejemplar a los feminicidas que intentan matar a una mujer con ácido. Vamos a llamarle por su nombre a las cosas y a las personas: son feminicidas. Me intentaron matar y quedé viva de puro milagro. Por algo sigo aquí y esa razón es para exigir justicia no sólo para María Elena sino para muchas mujeres que se ven reflejadas en lo que me pasó.

“Hay momentos en que me da el bajón terrible, pero tengo que renacer de mí misma, de mis cenizas, y darme amor para que yo me acepte como soy ahora, como son mis rasgos, como es ahora mi vida. Mi agresor está libre aunque hay una orden de aprehensión en su contra. Se pasea por la calle y ni usa cubreboca. Voy a lograr que lo capturen junto con su padre y sus otros cómplices y reciban todos ellos una sentencia ejemplar porque es lo mínimo que merecen, que sirvan de ejemplo para que otros feminicidas ni siquiera se atrevan a tocar a otra mujer con ácido.”

La niña que apenas podía cargar su saxofón es hoy una mujer que asume la titánica misión de convertir la impunidad en justicia.

-El proceso legal no va ni a la mitad. El señor Eduardo Pinacho Sánchez, presidente del Tribunal Superior de Justicia del Estado de Oaxaca, asegura que van avanzando. Eso no es cierto. Las cosas han estado estancadas por los mismos actos de corrupción que existen. La CNDH emitió hace unas semanas una recomendación al gobernador del estado de Oaxaca, a Alejandro Murat Hinojosa, y a la Fiscalía General del estado de Oaxaca, encabezada por el señor Arturo Peimbert Calvo. La recomendación es que ellos declinen mi carpeta de investigación para que la Fiscalía General de la República pueda atraer mi proceso.

“Confío en que ellos detengan a mi agresor y me hagan justicia. Si no habrá que ir a una Corte Interamericana o a donde sea necesario para que la justicia exista. No me voy a cansar. De que es difícil, es muy difícil.”

Malena se cuestiona mucho por qué la sociedad actúa en forma tan violenta o tan indiferente, según sea el caso: “¿Qué es lo que está pasando? Evidentemente es el resultado de un Estado fallido.”

Con la primavera Malena renace. Invitada por la cantante Alejandra Robles se sumó al concierto Por las que nunca tendrán voz de la Banda Femenil Regional de Mujeres del Viento Florido, en el que también participaron Vivir Quintana y Regina Orozco e interpretaron Vivir sin miedo, este himno feminista que se ha retomado en los cuatro puntos cardinales de América Latina. Para Malena fue un día muy especial: Volvió a pisar un escenario, volvió a hacer lo que más le gusta: darle vuelo a la música y sentirse libre gracias a ella.

En la reciente Marcha del 8 de marzo en la Ciudad de México, miles y miles de mujeres se congregaron para exigir un alto a la violencia feminicida y un cese a la impunidad. Y entre ellas, con todas nosotras, iba María Elena Ríos Ortiz, su rostro protegido por una visera, anteojos, cubrebocas morado, por supuesto, mucho bloqueador solar y mangas largas para proteger su piel. Llevaba una pancarta tan grande como su grito: “Mi agresor sigue libre”.

-Marché con todas mis hermanas, con las mujeres que admiro, con las que no conozco todavía y juntas gritamos ¡Justicia! y los nombres de las que ya no están… Es una vergüenza pasar por el monumento que fue a Cristóbal Colón, llegar al Zócalo y ver las bardas con tantos nombres. ¿Tan poderosas somos las mujeres que nos tienen miedo! (empezó la frase como una pregunta y la acabó como afirmación categórica). Nos quieren desunidas porque nos tienen miedo, porque somos poderosas y aún no lo sabemos.

Once días después Malena fue la invitada sorpresa del grupo Maldita Vecindad en el Festival Vive Latino. Más de 80,000 personas la vieron vestida de verde ácido tocando el saxofón que había permanecido silencioso por muchos meses tras el ataque feminicida. Con ácido la quisieron matar. Malena renace con el verde. Se define a sí misma como secuela de la violencia ácida. “Aquí estoy, no me pudieron matar, estoy buscando justicia y no estoy sola”. Y pide: “Si ven a mi agresor, denúncienlo”. https://pt.crimethinc.com/2022/03/15/guerra-na-ucrania-dez-licoes-da-siria-exilados-sirios-sobre-como-sua-experiencia-pode-inspirar-a-resistencia-a-invasao-1

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