Reflexiones desde la butaca

Denise Anzures

La construcción de la mirada

Para llegar al Teatro Juan Pablo de Tavira en el Reclusorio varonil de Santa Marta Acatitla, hay que cruzar el patio central de la penitenciaria. El color azul viste todos los rincones de la prisión. Es sábado, día de visita y en la explanada pululan los internos. La muchedumbre nos abre paso entre miradas perdidas que se han resignado solo al paso del tiempo. Figuras fantasmales nos observan desde aquellas trincheras putrefactas que han sido construidas para doblegar las más recalcitrantes voluntades.

Observo a los hombres que pueblan la cárcel y pienso en aquellos seres que poblaron el imaginario de Jean Genet. Chaperos, ladrones, proxenetas y asesinos son descritos con maestría en La señora de las flores, cuya novela fue escrita en prisión con el papel que le fue dado a Genet para la fabricación de bolsas.

A pesar de ese tránsito angustiante y catastrófico que significa entrar a una prisión, y lo inquietantemente perturbador que resulta sentir la naturaleza del encierro, estamos a punto de llegar al teatro. ¿Cómo es que en medio del horror exista un teatro? ¿O es acaso que hemos de aproximarnos al teatro de la crueldad? Sin embargo, a lo lejos se escucha el sonido estrepitoso de tambores y gritos cavernosos que avizoran la llegada de Ricardo III.

Entre los invitados aparece un encapuchado que nos pide enérgicamente seguirlo hasta la entrada al teatro. En el interior, una luz tenue ilumina el espacio. Las sillas han sido colocadas frente a una larga alfombra roja que atraviesa el espacio y termina casi pegado a proscenio. Los invitados nos sentimos ansiosos. Observo  rostros de inquietud, y yo empiezo a tener serios problemas para identificar la ficción. De pronto, cuatro hombres encapuchados, vestidos de negro con rifles de alto poder toman el escenario en medio de gritos amenazantes y tambores.

Esta acción extrema dinamiza el espacio y me detiene la respiración. Estos sicarios que han tomado por  asalto el escenario son Ricardo III, un drama en cinco actos, escrita por William Shakespeare en 1592. En esta ocasión, los actores de la Compañía de Teatro de la Penitenciaria encarnan cada uno a   Ricardo III, en una versión que titularon Ricardo III, versión 0.3.

Durante los últimos años he asistido a decenas de montajes en las prisiones de México: no es lo mismo un actor en prisión que un actor de la calle. La discusión entre estas diferencias actorales podría resultar un debate de carácter filosófico. En los primeros, no existen aquellas capas internas de prejuicios, conocen con agudeza los territorios del terror y el abandono, por eso les es más fácil conectar con la esencia de la vida en el escenario.

Para esta versión, los actores no se preocuparon por entablar una relación intelectual con Shakespeare, se ocuparon por conectar emotivamente con él para poder profundizar en aspectos como el juego de poder, la traición y la ira, en este cotidiano que viven los actores dentro del encierro. Observarlos en escena es potencia pura, no existe pirotecnia escénica, aquella expresión que utilizó Artaud y luego Margules para expresar el camino hacia la ruina artística.

¿De dónde proviene esta musculatura emotiva en los actores de Ricardo III? Creo que alguien que ha sido pasto de todas las debilidades humanas, las propias y la de los demás, está entrenado para ser un atleta del corazón, siempre y cuando haya existido con anterioridad un trabajo serio de aproximación al teatro.

Un ejemplo de ello es el actor Alejandro Ramírez apodado El mares, el perro del Rey Ricardo III. Este personaje ladra, camina y se mueve como un animal que será un compañero fiel del Rey. Este hombre, de estatura muy bajita nos regala un estado interno convulso y lleno de energía, logrando de forma extraordinaria la agilidad que le permite actuar y ser un animal en escena.

Otro aspecto interesante del montaje es que responde a una realidad nacional y entabla desde distintos ángulos un diálogo con la polis, un puente de comunicación con aquellos seres a los que Juan Pablo de Tavira, nombró “ángeles caídos”.

La compañía de Teatro Penitenciario de Santa Marta Acatitla, es un proyecto de impacto social, a través del cual el Foro Shakespeare brinda a los internos talleres escénicos profesionales, logrando desde su creación en 2010, tres montajes profesionales como parte de su repertorio, abiertos al público dentro del mismo penal: Cabaret Pánico, basado en textos de Jodorowsky, Ricardo III versión 0.3, adaptación de la obra de Shakespeare y El Mago Dioz..

Para los interesados en acudir a las funciones de Ricardo III, versión 0.3, ponerse en contacto con: teatroyprision@foroshakespeare

Dejar una Respuesta

Otras columnas