Reflexiones desde la butaca

Denise Anzures

El teatro en espacios de privación de la libertad

Desde hace tiempo una reflexión resulta urgente para el teatro en momentos en que la realidad se empeña en mostrarse cada vez más mezquina y hostil: Es una idea sencilla y básica que responde a la necesidad de una poética renovada capaz de recuperar, más allá de la teoría estética o los nuevos paradigmas teatrales, lo realmente humano. Nos hemos preguntado una y otra vez sí aún hacemos un teatro que pueda rescatarnos del caos, y la respuesta, hoy, es cosa de supervivencia. ¿Qué tan lejos estamos de lo humano?

En la periferia social, en los territorios de la marginalidad, sin mayores pretensiones estilísticas pero alimentada con la vitalidad de su propia experiencia, hombres y mujeres practican esta sencilla y renovadora idea: El teatro, si es teatro, atañe a lo humano y por eso nos atañe a todos. Hablar de teatro penitenciario era muy poco frecuente, si acaso alcanzaba a ser una deuda pendiente, por las autoridades culturales del país. A pesar de su desatención y para fortuna de muchos el teatro penitenciario ha venido creciendo desde el anonimato: cada vez existen más voces que, en la reclusión, intentan abrir un espacio a la libertad del espíritu para recuperar lo humano.

¿De qué hablan mujeres y hombres en sus ficciones si no del dolor, el horror y la desesperanza? ¿Qué más conmovedor que los cantos o relatos de quienes sobreviven al desastre, de aquellos que tienen convincentes hipótesis de lo que puede llamarse infierno? El teatro es quizá el espacio –real y poético- en el que las ficciones, los cantos y los relatos de nuestras cuitas alcanzan su poder más sorprendente porque más allá del impacto y la conmoción, dichas ficciones –a la luz del teatro- demuestran también su poder transformador: hacen de la bestia una persona, separan el instinto de la inteligencia para integrarlos nuevamente, con brillo renovado, en la conducta de los individuos. 

(Chías, Édgar, Libertad entre Muros, p.7) 

Los internos han encontrado en la escritura una posibilidad, una vía de reflexión personal y colectiva que alcanza en el drama su sentido. Compartir, dar, estar fuera de nosotros mismos, es la gran enseñanza del teatro en las prisiones. Como escribiera Octavio Paz:

soy otro cuando soy, los actos míos

son más míos si son también de todos,

para que pueda ser he de ser otro,

salir de mí, buscarme entre los otros,

los otros que no son si yo no existo,

los otros que me dan plena existencia

Piedra de Sol

Entre los claros ejemplos de esta búsqueda del otro se encuentra la dramaturgia de María Elena Moreno Márquez, ganadora de varios certámenes del Concurso Nacional de Teatro Penitenciario. A través de su obra, -Maye, como la nombransus compañeras de celda-, ha podido experimentar el sentido de libertad que le otorga su ejercicio creativo: “Escribo teatro para no perder mi capacidad reactiva y dejar de lado mi propia compasión.”

Con una sentencia de más de 28 años por homicidio en relación de parentesco, Maye ha logrado escribir en reclusión más de diez obras de teatro entre las que destacan: Bar Coco, Estoy, Vigilia con velas y Casa Calabaza.

Casa Calabaza se estrenó en el Centro Cultural Carretera 45 en 2016, gracias al esfuerzo del Colectivo Escénico el Arce que trabaja con gran convicción en abrir espacios a la representación de la dramaturgia penitenciaria. En breve la obracumplirá tres años de recorrer los escenarios de la Ciudad de México y el interior del país y ha logrado en este tiempo insertarse en la programación internacional de festivales como el Festival Adelante, de Heidelberg, Alemania y el Festival VIE, de Módena, Italia.

En otros territorios, el creador Ángel Rubio, quien trabaja en teatro comunitario, concursó en la convocatoria del Festival Internacional Cervantino 2016 para trabajar en una correccional para menores en el estado de Guanajuato con la intención de armar una producción con The British Council a través del Foro Shakespeare. Durante cinco semanas trabajaron con los jóvenes de la correccional en una creación colectiva entre el director Daniel Goldman y Glenda Tejeda para el montaje de Enrique V de William Shakespeare. Fue a partir de esa experiencia que empezó a generar un proceso de investigación en torno a la privación de la libertad y la puesta en escena a partir de la observación y la reflexión con el trabajo con los jóvenes de la correccional.

El 4 de septiembre de este año y en colaboración con el Sistema Penitenciario, la Compañía de Artes Escénicas RENO, Arte Sin Frontera, la Secretaría de Cultura y El Teatro Helénico, se presentó la obra Tierra Libre o Tlamaquitiliztli, en el Teatro Helénico bajo la dirección de Ángel Rubio; dicho montaje fue un proceso de trabajo al interior del Reclusorio Varonil Norte y tenía como premisas artísticas la danza aérea y parlamentos en náhuatl. 

Para estos hacerdores de teatro existe una línea de investigación muy clara: las artes escénicas en contexto de la privación de la libertad y no desde la etiqueta de teatro penitencario, ya que para estos colectivos es importante que se entienda con amplitud el concepto de privación de la libertad y no como penitencia. (Entrevista, Ángel Rubio, Desinformémonos, periodismo de abajo, 29 septiembre 2019)

En otras latitudes, el Foro Shakespeare logró crear la Compañía de Teatro Penitenciario en el reclusorio varonil de Santa Marta Acatitla. Se trata de una compañía estable que trabaja desde hace nueve años y actualmente cuenta contres obras en repertorio: Cabaret PánicoRicardo III Mago Dioz. En paralelo realiza un esfuerzo de formación profesional en artes escénicas al interior del penal a través de talleres de especialización. También ha formado la Compañía de Teatro Penitenciario Externa en la que las personas que han cumplido sus condenas y son liberadas se integran para continuar formándose como actores y maestros y en muchos casos trabajan como maestros de adolescentes infractores, y así demostrar que el estigma de la violencia y la reclusión puede quedar atrás. 

(Itari Marta, Revista Paso de Gato, año 16/número 67, pag 22)

Resulta imposible no incluir en este recuento el trabajo del Mtro. Jorge Correa que durante más de 35 años ha sido maestro de teatro, y ha sosteniendo la idea del teatro como vía de integración humana dentro del Sistema Penitenciario. “Todos los hombres y mujeres que han trabajado en mis talleres no han vuelto a reincidir y su línea criminológica empieza a tener variaciones positivas. El interno es capaz de hacer teatro cuando es capaz de observarse a sí mismo y, a partir de esta premisa, empieza a reinventarse”. 

De esta experiencia surgió un proyecto: el Sistema Teatral de Readaptación y Asistencia Preventiva, (STRAP), que es un método de aproximación inmediatapara que el interno se involucre, se sensibilice y se integre al fenómeno teatral. Este método no busca profundizar en la teoría, en realidad, es una actividad didáctica que ayuda al interno a saber dónde está y pueda imaginar a dónde ir. Esta técnica ha facilitado la conformación de pequeñas compañías de teatro enlos penales, sin aspiraciones profesionales, pero que en la práctica funcionan como laboratorios de la teatralidad, propiedad humana que permite al interno observarse en acción.

(Tesis de Licenciatura, Teatro penitenciario, hacía la revelación escénica del interno, 2015, pag, 35)

En 2012 el Goethe-Institut México y la Dirección General de Tratamiento para Adolescentes de la CDMX, realizaron en conjunto un proyecto denominado proyecto de Integración Social, coordinado por el director alemán Thomas Heise con un montaje teatral como punto de partida. Así, en combinación con un taller de serigrafía impartido por Mark Thomann se realizó una puesta en escena. Para su desarrollo los adolescentes leyeron a Brecht y a Marx, y se confrontaron con su propia identidad y su historia personal. Advierte Heise: «Tratamos de olvidar que era una cárcel y que eran personas cumpliendo una condena. Entendimos la necesidad de proteger su identidad, pero también queríamos que hablaran sobre ellos mismos y la situación que estaban viviendo, intentamos tratar la condena no como un castigo o una venganza, sino como una oportunidad de corregir las rutas.  El montaje que presentamos con estos jóvenes tiene una conexión entre lo poético del teatro de Brecht y la realidad de los adolescentes desde su propia reflexión. Elegí los textos de Brecht porque es un libro que permite tener un diálogo con los muchachos y también un puente entre la poesía y la realidad.”(Entrevista realizada a Thomas Heise, Instituto Goethe-México, 2013)

Los resultados de este taller se presentaron en 2013 en la Comunidad de Tratamiento Especializado para Adolescentes de San Fernando.

Profesionistas de la dramaturgia, de la dirección, de la actuación, de la producción, provenientes de distintos lugares del país se han dado a la tarea de articular un proyecto multidisciplinario de las artes escénicas en espacios de privación de la libertad, en donde prevalece la busqueda por mantener la dignidad: como persona y gente de teatro, desde esta experiencia logré resignificar mi trabajo: no puede existir trabajo creativo que no pase por la dignidad y el reconocimiento de lo que hacemos, porque eso equivaldría a estar negando nuestro propio maestro. Y no podemos crear sino encontramos ese lugar en nosotros que permita replantearnos nuestra ideas y significados, nuestro sentido de la vida. Para alguien que se encuentra en el encierro, esto es posible, aunque el camino es dificil, pero no es imposible. (Teatro y performatividad en tiempos de desmesura, Carmen Ramos, pag. 131, México, Libros de Godot 2012) 

Desde hace más de 27 años, el Programa de Teatro Penitenciario funciona como un programa de estímulo a la creación teatral instrumentado por la Secretaría de Gobernación y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, en sus inicios llamado Buzón Penitenciario. Un programa dirigido a toda la población penitenciaria del país. Desde entonces, la Coordinación Nacional de Teatro del INBAL organiza cada año el Concurso Nacional de Teatro Penitenciario y el Concurso Nacional de Pastorelas Penitenciarias, a través de una convocatoria que lanza la Secretaria de Gobernación. 

A la sede del INBAL llegan los textos de las internas y los internos para que sean evaluados por un comité de artistas que el INBAL propone para que se elijan los tres mejores textos dramáticos. Los tres primeros lugares son premiados con una constancia de participación y un apoyo económico que es entregado en una ceremonia con autoridades de ambas instancias.  

El INBAL a través de la Subdirección Editorial y en coordinación con la CNT, editaba un libro bianual que reunía una antología de los textos ganadores y que eran entregados a los autores. La última edición que hizo el INBAL lleva por título Libertad entre Muros (2007-2009), edición que se presentó en la Muestra Nacional de Teatro, Campeche 2010.

Para mostrar los alcances del teatro en espacios de privación de la libertad, vale la pena compartir un ejemplo de la relación entre la dramaturgia escrita en libertad y la del encierro: José Gil Flores, quien es un interno destacado en la actividad de teatro y clasificado como persona de alta peligrosidad, escribió en 1992 la obrade teatro Conspiración, pieza autobiográfica que copia con maestría la estructura dramática de la obra De la Calle de Jesús González Dávila y que fue galardonada con el primer lugar en el Primer Concurso Nacional de Teatro Penitenciario. (Teatro Penitenciario, hacia la revelación escénica del interno, Tesis de Licenciatura, 2015)

Este breve recuento no alcanza para enunciar toda la riqueza de esta experiencia  pero permite asegurar que el teatro en las cárceles merece ser visto como una experiencia escénica válida y absolutamente poderosa. Los internos crean el entorno y lo transforman con sus propios recursos, muchas veces con el único auxilio de su cuerpo, sus gestos y sus movimientos, que se potencializan porque el interno no actúa, no finge, no imita, él es en un acto público de confesión.

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