Reflexiones desde la butaca

Denise Anzures

El paraíso del camaleón

El 6 de julio de 1988, alrededor de las 8:30 pm, se apagaron todas las computadoras asignadas a los representantes de todos los partidos políticos que contendían por la presidencia de la república y, que podrían seguir paso a paso el flujo de la información sobre los resultados de la elección por primera vez en la historia del país.

Más tarde vendría la frase que selló para siempre el destino del país: “se cayó el sistema” en boca del entonces Secretario de Gobernación Manuel Bartlett. ¿El sistema se cayó o calló? simple juego semántico, sin embargo, creo que fueron ambas cosas. Nos callaron para siempre. Ni los opositores como Cuauhtémoc Cárdenas, entonces líder del Frente Democrático Nacional, FDN, quien indudablemente había ganado la elección, fue capaz de detener el inicio de la era de la distopía mexicana.

Este acontecimiento fue el detonante para que el director de escena, Ignacio Escárcega y el dramaturgo Alberto Castillo emprendieran la creación del montaje   El paraíso del camaleón. Aunque resulta casi siempre complicado para los directores contestar a la pregunta que suelen formularles sobre cómo eligen la obra, Escárcega no suele complejizar sus respuestas porque considera que el teatro no es en modo alguno una discusión profunda entre intelectuales, el teatro es palabra y movimiento. Convencido que pulsando esas dos teclas emotivas estremecerá también el intelecto del espectador.

El paraíso del camaleón es una bella interpretación del director sobre su necesidad de relacionar en escena el fracaso de los movimientos sociales con la historia íntima y personal de los ciudadanos que participaron en uno de los acontecimientos más álgidos y emotivos que vivió nuestro país.

“Participé de manera activa a favor del Frente Democrático Nacional en las elecciones de 1988. Y por cierto, nunca ha resultado ganador un candidato por el que yo haya votado”. Escárcega, que además de tener un donaire nato para relacionarse con el mundo, considera que la naturaleza de la obra debe de ser sencilla para que el espectador la recoja en su memoria, en su experiencia y en su imaginación; ése es el verdadero desafío del director.

Han pasado más de 25 años del primer fraude electoral que se suma a la larga lista de estafas electorales y al nacimiento del apocalipsis a la mexicana: el neoliberalismo salinista. Sembrada la desesperanza y la apatía, Escárcega es capaz de subir aquel risco donde quedaron desperdigadas las querencias y empantanadas las convicciones para dar paso al montaje de El paraíso del camaleón, donde de manera sutil y armónica pone en evidencia las contradicciones humanas a través de una vasta indagación actoral.

“Me interesa un trabajo actoral que explore de manera profunda eso: el ser melancólico, la añoranza. He pensado luego de ver algunos ensayos, que los actores han logrado un efecto de naturaleza muerta para escudriñar en emociones, casi en inmovilidad”. La intuición y su rechazo a los esnobismos intelectuales son dos saberes del director, logrando generar en esta obra de teatro piezas naturalistas de verdadera vocación poética.

Menciono con grata sorpresa el trabajo de Eduardo Yee, que además de ser el eje principal del relato en la obra, ha logrado construir una falsificación convincente del personaje; es evidente que Yee no ha dejado de buscar en los intersticios de su personaje; vaya, ya lo dijo Peter Brook, el actor “creativo” es aquel que va generando una especie de cubierta protectora detrás de la cual esconderá su verdadera identidad, es decir, será capaz de darle al público gato por liebre.

Han pasado casi tres décadas y el director recuerda el vocho de color verde en el que iba de casilla en casilla como representante del PMS, reportando con júbilo resultados favorecedores. “Giro mi cabeza del volante del vocho para ver a mis tripulantes. Veo con perfección a los cuatro jóvenes de esta obra. Los reconozco, me reconozco y puedo elaborar con ello algo para la escena”.

“Por ello la colaboración imprescindible de Alberto Castillo, compartimos referencias. Yo admiro su dramaturgia, viva, ingeniosa, profunda. Entiende, como todo el equipo, que en el cuadrante radial rasgue la voz de Luis Eduardo Auté, cuando enuncia una frase clave: el paraíso del camaleón”.

¿Cambiamos para sobrevivir o mejor mantenemos un ojo grande y vigilante sobre el depredador?

El paraíso del Camaleón, espectáculo de Ignacio Escárcega.

A partir del 4 de febrero en el Foro de las Artes del CNART. Churubusco y Tlalpan.

Sólo jueves y viernes, promoción especial de $ 30.00 pesos/20:00 hrs.

sábado 19:00 hrs y domingo 18:00 hrs.

www.elarce.org

 

Denise Anzures

Periodista, egresada de la Escuela Carlos Septién García, especializada en la promoción y divulgación de las artes escénicas e instruida para ser ciudadana de este mundo por el movimiento zapatista.

Una Respuesta a “Se trata de limpiar la casa, no de vaciarla”

  1. Lázaro Azar

    Todo iba muy bien, hasta que esta señorita sacó a relucir sus resentimientos y amarguras contra Chumel Torres. Pobrecita. No hay nada que hacer contra sus limitaciones y prejuicios cuatroteros.

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