Reflexiones desde la butaca

Denise Anzures

Deus Ex Machina, la máquina de los sueños

En 2012, la compañía Teatro Ojo llevó a cabo en el teatro El Galeón un proyecto denominado “Lo que viene” donde se buscaba construir el memorial para las víctimas del sexenio de Calderón, una interesante indagación periodística que sumaba los periódicos de cada día de la administración de Felipe Calderón en medio de la ley de víctimas; fue así como la presentación del proyecto en un teatro público en el último mes del calderonismo a unos metros de Campo Marte cobraría una dimensión más emergente, muy distinto al proyecto que inicialmente se había planteado. El proyecto se estrenó con el propósito de repasar el sexenio a través de los periódicos para que los visitantes pudieran hablar sobre sus sueños y presentimientos; en realidad este proyecto fue un precedente de lo que vendría después.

 “Aquella pinta en el Zócalo que decía “Fue el Estado” alrededor de lo de Ayotzinapa, se había convertido en una especie de voz populi. Si embargo la veíamos como una frase resbaladiza. Por un lado, culpar al estado es un poco decir mucho y a la vez decir nada, entonces nos parecía importante preguntarnos: si es el estado ¿Quién es el Estado? ¿Qué es el Estado?, fue así como comenzamos a pensar distintos proyectos sobre la idea de Estado: como una máquina o como máquinas que se engranan y que es complejo pensarlas como un aparato cerrado; con esta referencia imaginamos máquinas que formaran un gran engranaje”.

Otro aspecto interesante fue el hallazgo de la Cruz Parlante en Yucatán en el contexto de la Guerra de Castas en el siglo XIX; los pobladores creían que a través de la cruz podían comunicarse con sus dioses en un fenómeno de ventriloquia, culto que continua y forma parte de un enclave maya en la selva de Quintana Roo; curiosamente de una zona priísta donde no hay presencia zapatista pero que remite a grupos que tienen una forma de recibir la existencia mediada por otras factores que de alguna manera ha perturbado la vida de la región.

Posteriormente vino el trabajo escénico sobre la Constitución Mexicana en el Centro Universitario de Teatro (CUT) y que formó parte de la indagación sobre ese documento como parte de la maquinaria del estado, una máquina legal que podía engranarse a la guerra. En este trayecto pasaron muchas cosas, entre otras, que se avecinaba un proceso electoral y buena parte de las preguntas se enfocaban en el futuro, por otro lado, la necesidad de preguntarnos e ir unificando las opiniones sobre el estado de cosas en el país”.

El resultado de esta investigación tardó años en gestarse pero logra su culminación con el proyecto denominado Deus Ex Machina, creación colectiva de la compañía Teatro Ojo, un espacio donde multitud de voces anónimas provenientes de cualquier rincón del territorio nacional irrumpen a través de máquinas de call-center para ser escuchadas a través de pequeñas entrevistas que realizan los actores. Se deja escuchar la urgente necesidad de pertenencia a una comunidad,  la de denunciar el estado de emergencia que vive el país, las extorsiones telefónicas y el miedo que son el pan de todos los días; estas voces logran romper la abulia que permea nuestra vida social, política y cultural para dar paso a un cántico humano de anhelos, recuerdos y miedos, y, como dice un párrafo del programa de mano: hazles ver que este lugar te importa para que tus llamados sean escuchados en casi cada rincón. Hoy que nos han dejado ciegos, te queremos escuchar.

¿Cómo fue el proceso para la elaboración de las preguntas?

El malestar siempre hace salir a la gente a la calle, son ciclos que ya conocemos y que inevitablemente se repiten, así que teníamos que poner el énfasis en el Estado para pensarlo en términos de nación, allí donde estamos todos, pero todos ¿quiénes? Teníamos claro que había que salir del teatro para dispersar y hacer resonar voces de un país que no conocemos, de una nación que se sostiene como ficción, como valor, como lo que quieras, pero que se sostiene porque finalmente seguimos apelando a esas categorías como Estado, como Nación. La aparición de la figura de Mari Chuy en el contexto de las elecciones nos inquietó bastante; que la iniciativa del movimiento zapatista y el Consejo Nacional Indígena decidiera estar con un pie en el sistema electoral, claramente marca un antes y un después, y esas señales se tienen que considerar”.

“En el contexto de la reforma en telecomunicaciones que resulta hoy en día más accesible y que coexiste con una presencia amplia en el mundo de las encuestas, es decir, existen múltiples formas de interrumpir la vida de cada uno y que por cierto, lo padecemos todos los días, ya sea para venderte un seguro de vida, ofrecerte una tarjeta de crédito, realizarte una encuesta postelectoral hasta extorsionarte. El uso del teléfono te puede llevar hasta el punto más íntimo de tu vida cotidiana. Así que pensamos la posibilidad de construir un call center que nos permitiera de alguna manera generar un espacio para imaginar de otra forma el país”.

Fue así como Teatro Ojo se dio a la tarea de investigar sobre los 2500 municipios que integran la República Mexicana, acercarse a este amplio universo fue un ejercicio esclarecedor para el proyecto que permitió entender la multiplicidad de lenguas, desde los municipios Purépechas, Raramuris hasta municipios del sur y centro del país. No sabemos dónde están localizados ni cuáles son sus usos y costumbres, pero  nos atañe porque tenemos algo en común con todos ellos.

“Parte de esta reflexión es que somos contemporáneos en el sentido más fuerte de la palabra, mientras que nosotros estamos aquí en el teatro haciéndonos ciertas preguntas sobre la existencia, lo político y económico, en ese mismo momento hay alguien regando su huerto de zarzamoras en un municipio de Uruapan, Michoacán, sosteniendo la vida como cada uno de nosotros lo hacemos con mayor o menor dificultad, así que las preguntas fueron apareciendo en distintos procesos. Es muy complejo ensayar con un call center, así que teníamos que ensayar con los teléfonos de casa donde nos reunimos a trabajar”.

“Las preguntas que empezamos a formular en sí mismas ya eran imágenes, ya podíamos elaborar narrativas, una dramaturgia donde el otro podía responder a las opciones. Consultamos con algunos pisicoanalistas y antropólogos y la reflexión pasaba por la gran necesidad de hablar pero intuíamos que había mucho miedo, rechazo, hartazgo de que te estuvieran jodiendo la vida por un teléfono, así que fuimos reduciendo las preguntas a su mínima expresión. No tener el rostro del que te está llamando y ni ellos exponer su rostro también permite que abran aspectos de sus vidas me han sorprendido mucho sobre los grados de intimidad que se abren”.

Héctor, ¿el proyecto Deus Ex Machina oscila entre la instalación y el teatro?

“El ejercicio de los llamadores es un ejercicio que requiere poner en juego muchas herramientas actorales, desde la posibilidad de entablar un dialogo, escuchar, reaccionar y entender cuáles son esos momento en los que la otra persona te está diciendo: -No, no tengo tiempo, voy saliendo-, puede todavía abrirse a algo, en ese sentido, me parece que el poner en juego de un lado y del otro del teléfono esa relación, tiene un valor puramente teatral; por otro lado, el énfasis puesto en el aquí y que debe relativizarse. Es decir, el aquí ya no puede ser compartir cuerpo a cuerpo, es un aquí expandido. Me interesa reinvindicar el valor teatral del proyecto por la capacidad de accionar una interrupción en el presente, de interrumpir por un momento la vida de alguien que no cambiará su vida con esa llamada, sin embargo, coexiste un ejercicio de extrañamiento donde se abre un paréntesis de tiempo en la vida cotidiana de las personas.  Podría ser Slim o el señor de las zarzamoras o una señora limpiando su casa, su voz de escuchará como cualquiera pero se verá interrumpido y suponemos que se sienten extrañados porque un call center no te llama para preguntarte por tu último recuerdo o por tu olor,  en ese sentido, sí existe un elemento de extrañamiento”.

“Pasolini decía que la normalidad es el enemigo, en realidad, no sé si considerarlo un enemigo pero si interrumpimos por un momento la normalidad de cualquiera en cualquier lugar del país nos parece algo muy interesante. El call center en un teatro nos permite atrapar a todos ellos en su normalidad más absoluta”.

Sin duda, esta creación colectiva de Teatro Ojo tiene camino por delante, la investigación exhaustiva los ha llevado a consolidar un espacio de investigación. En el camino se han acercado investigadores del Colegio de la Frontera Norte, psicoanalistas, lingüística de la UAM y del doctorado en Antropología, que irán sacando sus propias conclusiones del proyecto Deus Ex Machina, sin embargo, el material grabado es oro molido para muchos investigadores de distintas disciplinas. El futuro del proyecto aún es incierto, sin embargo, bien valdría la pena la reposición de este proyecto en el Museo del Chopo o en el MUAC.

Denise Anzures

Periodista, egresada de la Escuela Carlos Septién García, especializada en la promoción y divulgación de las artes escénicas e instruida para ser ciudadana de este mundo por el movimiento zapatista.

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