Reflexiones desde la butaca

Denise Anzures

Caracol y colibrí, una sinfonía de máscaras

Nunca le ha interesado ser cómplice del silencio ni de la burocracia y la hipocresía institucional, para Alicia Martínez, la congruencia debe de ser un compañero fiel de su quehacer artístico.

Ante los acontecimientos desgarradores de Ayotizanapa, Guerrero del año pasado, Alicia, decidió hacer un alto para plantearse una postura de resistencia civil ante el oprobio, lo que la llevó a rechazar las prebendas institucionales; esta decisión de no participar más de los esquemas de convocatorias –ya de por sí anacrónicos-, la excluyó de tener un teatro y una producción, pero con una gran responsabilidad y compromiso ante su beca del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA). Es así como nace la obra de teatro Caracol y Colibrí, de Sabina Berman, una producción que se levantó con los recursos de su beca.

“Cuando me vi en esta situación empecé a fraguar la idea de hacer un teatro que tuviera como propósito salir de la ciudad y girar en comunidades donde las personas no tienen acceso al teatro”.

Proveniente del universo de la plástica, Alicia Martínez, se ha consolidado como uno de los referentes más interesantes del teatro de máscaras en México. Un elemento fundamental para esta producción, fue la elaboración de máscaras que define con gran acierto la composición de los personajes. Alicia guarda una relación profunda con la creación de máscaras, que son un puente entre el teatro y las artes plásticas; confeccionarlas la define como escultora y, guiar al actor en el entrenamiento con máscaras la hace ser directora de escena.

Su adaptación de Caracol y Colibrí, de Sabina Berman, se enriquece al fusionar varios personajes en uno solo, el Abuelo Maíz Pinto, protagonista de la obra y en el que podremos observar una máscara de bellísima ornamentación.
Este personaje tiene una honda relación con el pintor Francisco Toledo, que en la historia es el flautista y maestro y, es quien lleva a Caracol y Colibrí a un viaje iniciático para encontrarse a sí mismos a través de la música. Para la artista plástica, el personaje de Maíz Pinto, es un homenaje para el extraordinario artista y luchador social, que además de ser uno de los máximos exponentes de la pintura mexicana, es un ciudadano ejemplar que se ha opuesto con gallardía a la destrucción de su pueblo natal y ha defendido con ferocidad las costumbres de su tierra.

A pesar de la corrupción del gobierno estatal, no hace poco fuimos testigos de cómo ganó la batalla contra la edificación del Centro de Convenciones en el Cerro del Fortín en Oaxaca, por ser un área protegida y de reserva natural. Ya lo dice Alicia con precisión, “Los oaxaqueños le deben a Toledo seguir siendo la belleza que es”.

Además de este tributo, Toledo se convirtió en un cómplice de esta aventura, gracias a la máscara que Alicia elaboró para el personaje del Abuelo Maíz Pinto, y en el que el pintor pudo vislumbrar la belleza de su elaboración y la profundidad de su significado con el viejo sabio que ocupa un lugar preponderante en el pensamiento de los pueblos mesoamericanos.
Analogía de Don Durito de la Lacandona, el abuelo maíz pinto conoce la verdad y la transmite a aquellos que se encuentran cerca de él. Los viejos mantienen las historias de generación en generación a través de la palabra; guardadores de conocimiento han mantenido su historia, su memoria, su recuerdo en la lengua de sus hijos. En el abuelo está el recuerdo, el acto y la posibilidad del futuro, y es así, como el abuelo Maíz pinto encausa a través de la música el devenir de Caracol y Colibrí.

Otro acierto de la directora fue la invitación que le hizo al músico de origen mixteco, Rubén Luengas, para la composición polifónica. Luengas se caracteriza por la recuperación que ha hecho de los instrumentos perdidos de la música mixteca. Compositor polifacético emigró a muy temprana edad a la ciudad de México donde lo urbano, rockero y juvenil se conjugó con su tradición inmediata; logrando para esta producción una composición de raigambre prehispánica. La utilización de instrumentos como el teponaztle, la quena y el jucanto, le dan al montaje una atmósfera mística y asequible.

Para cerrar con broche de oro este ejercicio de conciencia política, ciudadana y artística, Alicia Martínez, junto con Cristian David y Fernando Reyes, actores de la obra e integrantes de la compañía Idiotas Teatro, se dieron a la tarea de apoyar la construcción del espacio para su representación, El Huerto Roma Verde, que surge a partir de una iniciativa ciudadana con el objetivo de recuperar un espacio para la comunidad, que tiene como bandera la permacultura, que es un sistema sostenible que integra armónicamente la vivienda con el paisaje, ahorrando materiales y produciendo menos desechos para conservar los recursos naturales, así como formas de vida sustentables.

El espacio de La Geodésica elaborado de bambú y enclavado en el corazón de la colonia Roma, fue edificado con sus propias manos. “Hemos construido las paredes, removido la tierra, reciclado la basura y limpiado el espacio”; este esfuerzo, sin duda, sirvió como laboratorio de experimentación social y artística para imaginar otros territorios donde Caracol y Colibrí pueda presentarse, en especial las comunidades indígenas de Oaxaca.

El proceso de Caracol y Colibrí debe de ser un ejemplo de cómo sí se pueden vislumbrar nuevas formas de producción y de ejecución del arte. El trabajo de Alicia, Cristian y Fernando, nos evoca y convoca en el arte, en lo político y en lo social.

Caracol y Colibrí se presenta en el Huerto Roma Verde, ubicado en Jalapa 234 Roma Sur, del 21 de noviembre al 13 de diciembre, sábados y domingos a la 13:00 hrs, con un donativo de 100 pesos adultos y 50 pesos niños.

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