Palabras sin reposo

Beatriz Zalce

Vamos, vamos, vamos adelante

Se acercan tímidos y sonrientes, preguntan si pueden preguntar, dicen que son estudiantes del Poli. Te acuerdas de tus tareas escolares: a tu “sí” le devuelven la primera interrogación. Para usted, ¿qué es México?

Parpadeas. Suspiras. Se te llena la cabeza de pedazos de canciones. Desde el “En mi país, qué tristeza, la pobreza y el rencor…” de Alfredo Zitarrosa, pasando por el “¿Qué sos, Nicaragua, para dolerme tanto?” de Gioconda Belli y que se aplica al “México florido y espinudo” que versara Pablo Neruda. Acude a ti la pegajosa “Ley de gravedad” que tan bien canta Gabino Palomares: “Huelgas por todas partes y el mundo por estallar, culpan a los obreros y a la gran crisis mundial” y “La Carta” de Violeta Parra: “Los hambrientos piden pan y los molesta la milicia…”.

En el caleidoscopio de emociones, de verdades que se dicen cantando, a tiempo y sonrientemente, no puede omitirse al imprescindible Silvio Rodríguez: “Ayer mi unicornio azul se me perdió”, “la era está pariendo un corazón, no puede más, se muere de dolor y hay que acudir corriendo pues se cae el porvenir”, “Han echado basura en mi verde jardín”, “Vienen a convidarme a indefinirme, vienen a convidarme a tanta mierda”. El repertorio es amplio y no se trata de recordarlo todo sino de responder: ¿Qué es México para mí? Un dolor infinito, una rabia crónica, una vergüenza constante. Sí.

Los chavitos te miran. Por si las moscas, por si no hubieras entendido la pregunta la repiten: ¿Qué es México para usted? La voz te sale del fondo del alma, agrietada: México se está desmoronando, se violan los derechos humanos domingo, lunes y martes. México es un país peligroso para cualquier joven, para las mujeres, para los hombres, para los niños, para los ancianos que piden el pago de su pensión y son reprimidos, para los periodistas a los que explotan laboralmente, a los que censuran o llevan a la “prudente” autocensura, a los que desaparecen, a los que asesinan. México es peligroso, hostil para los maestros, para los estudiantes, ni se diga para los opositores. Es un país petrolero donde la gasolina es prohibitiva. En México, mientras el salario mínimo no alcanza a satisfacer las necesidades básicas, donde la extrema pobreza crece cada día, el presidente que se despacha con la cuchara más grande jamás vista y queda impune el agravio de su “Casa Blanca” y de su ignominioso avión presidencial. El metro de la Ciudad de México es uno de los más caros del mundo, más caro que el de París o Nueva York, si tomamos como referencia el porcentaje del salario mínimo que se invierte en transportarse. Y eso que el de aquí está subvencionado…

En México lo que no tiene nombre se llama Tlatelolco, Nepantla, guerra sucia, guerra de baja intensidad, Acteal, Aguas Blancas, Guardería ABC, guerra contra el crimen organizado… Hay que sumar a los muchos miles de desaparecidos los 43 normalistas de Ayotzinapa, los feminicidios a lo largo y ancho del país, los curas pederastas y la trata de personas; las reformas privatizadoras de la educación, la salud, el sector energético, las pensiones del ISSSTE que nos arruinan el presente y nos prohíben el futuro…

Primero no te salían las palabras y ahora los jóvenes te miran y ya no saben cómo contener los diques rotos por su pregunta. Te interrumpen: ¿Qué se puede hacer? ¿Cómo cambiar el rumbo? Pues sí, no todo es criticar, no todo es diatriba. De la catarsis hay que pasar a la acción.

Habría que refundar el país y de paso el mundo. Por la humanidad y contra el neoliberalismo, como rezaba aquel hermoso Encuentro Intergaláctico al que nos convocó, hace 20 años, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Lo primero es tener bien clarito que como dice la canción: “El futuro se teje a mano y sin permiso” y bien lo saben los compas que nos enseñaron que el mañana se cosecha en el ayer.

¿Qué futuro queremos y cómo conseguirlo? Regreso a una canción interpretada por el grupo michoacano Bola Suriana. Se llama El Olivo: “Ay qué bonita es la sombra/ al pie de este árbol frondoso/ de veras fresco está/ este arbolito se llama olivo/ y grandes las aceitunas/ son las que sabe dar./ Luego dijo así mi abuelo/ ganas me vienen, hijito,/ de un buen olivo como éste/ en mi patio sembrar/ y yo le dijo pa’ qué sembrarlo/ si hay que esperar cien octubres para verlo florear/ entonces aquel mi abuelo/ se quedó nomás pensando/ mirando un picaflor/ y otra vez dijo:/ si son cien años/ vamos entonces, mi hijo,/ hay que sembrarlo ya.”

Para que 2016 resulte un año menos malo de lo que todo augura, empecemos por librarnos del castrante pesimismo. Volvamos la rabia iniciativas y que la diatriba ayude a rehacer el tejido social.

Hagamos patria una canción: “Nuestra historia dice ya: Acabar la explotación. Nuestro pueblo dice ya: ¡Lucha de liberación!  ”.  **   **   **

Beatriz Zalce

Premio Nacional de Periodismo por su labor cultural en Desinformémonos. Catedrática de la Escuela de Periodismo Carlos Septién y de la Facultad de Estudios Superiores de la UNAM.

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