Desde los fuegos del tiempo

Ramón Vera Herrera

En los salones de la ley alguien se robó la justicia

Primer acto

Entramos al salón de la corte tras casi una hora de espera, entre periodistas y reporteros, custodios, cortesanos, chupatintas, escribanos, secretarias, abogados de oficio y otros de auténtico trabajo de litigio en favor de la gente; entre coyotes, piratas y gente sincera que está intentando abrir los espacios de la ley.

Como en esa fábula de Kafka, tan tremenda, donde un hombre, ya de por sí despesperado, llega a los pulidos y en apariencia casi inmaculados salones de la ley, para toparse con un guardia, feroz y enorme, con toda su fuerza bruta desbordada por entre los pliegues de sus pesados ropajes y su lustrosa armadura. Y el hombre, esperando a que el guardia le dirija la palabra, calladito se queda a la espectativa.

Y el custodio le habla por fin, tras algunos minutos, y le pregunta, qué buscas tú aquí. A lo que el desesperado responde, busco entrar en la ley, quiero trasponer las puertas de la ley. A lo que el guardia, asintiendo, contesta con un, espera ahí.

Así pasaron minutos, y luego horas y luego días y luego semanas y meses y años.

Y por fin una noche, ya prácticamente en la penumbra, el hombre extenuado, le grita al guardia con su último aliento: por qué no me has dejado pasar en todos estos años, ¡¡¡qué tendría yo que haber hecho!!

Y el guardia levantando la vista y sonriendo por primera vez en los tantos años de espera, mira al hombre, a punto de morir, y le dice: por qué nunca pasaste. Esta puerta era para ti. Ahora voy a cerrarla.

Pues tal cual era la sensación. La sentencia se había pospuesto ya dos veces y había una curiosidad de medios de comunicación y militantes de derechos humanos sobre lo que dictaminarían los magistrados. Uno de ellos, incluso, ya había adelantado, mediante una filtración ad hoc a la prensa (una filtración anónima, cual debe ser entre gente de bien) que él votaría a favor de la gente, como diciendo, sin decirlo, que tal vez los demás no votaran así y el juicio podría perderse, pero que él no había sido.

Nos arremolinamos para entrar e irnos sentando en el salón tan iluminado, de cuyo techo pendía un candelero central, una de esas arañas descomunales que desde arriba enmarcaba los cajones de madera pulida donde estaban los sitios de los cuatro jueces. Ya en el podio, había también una mesa central donde un secretario, de espaldas al público,  leía para los demás mientras una mujer en un rincón de la mesa tomaba apresuradas notas.

Lo extraño es que al comenzar la sesión ocurrió un acto de hechicería absolutamente improbable y desproporcionado, aberrante y siniestro por la esencia de sus intenciones. En lugar de aparecer los jueces, surgieron de los cajones tres muñecos maquillados y una muñeca, enfundados en togas negras, es verdad, pero con un rictus congelado en el rostro blanquecino. Muñecos de resorte, como esos que salen de cubos, para asustar a los niños y niñas en las ferias y kermesses.

Algo había ocurrido y los guardianes de la ley, que todo mundo sostiene velan por la justicia, habían sido sustituidos por estos artefactos de madera, cartón y metal que gesticulaban con dificultad mientras escuchaban la voz del ayudante casi inaudible, por ser un masculleo ininteligible al que además la brujería le había quitado toda significación. El lenguaje cifrado era extremo, ventilándose varios casos en sucesión: el 2328 diagonal 5 del 14 de marzo de 2016, el 1554 diagonal 8 del 2 de noviembre de 2015 y así una retahila difícil de seguir para quienes no siguieran el ensalmo.

Tal vez éste era el hechizo que les habían propinado, porque el despojo del sentido era total y golpeaba a todas y todos los asistentes y hacía que los muñecos levantaran la mano doblando simplemente el codo para votar “económicamente” en favor o en contra de la resolución.

La sesión siguió durante una media hora pero lo que nos competía se ventiló en unos dos minutos flat y el resultado fue contrario a lo que las comunidades habían exigido ya durante varios meses, aunque la percepción más compartida del evento era que habíamos ganado, que la ley estaba servida, lo que acentuaba la picazón, el pálpito, la certeza de que había un engaño, un embrujo, una contradicción, un abismo entre la realidad y lo que podíamos rozar de esa realidad. La relación entre las palabras y los actos, entre los actos y las consecuencias estaba rota.

Nuestros amigos nos jalaron para que nos saliéramos, no fuera a ser que el hechizo se nos embarrara al mirar en los ojos vacíos de los muñecos embrujados, despojados literalmente de alma. Adónde se la habrán llevado (pensábamos de su alma, o sea de la justicia) mientras nos retiramos por la escalera buscando la calle con su rumor y su aire fresco, buscando algún talismán en la mirada o la risa de alguien, de la recepcionista o del custodio de la entrada, para no pensar que el mundo estaba perdido irremediablemente. El mecanismo que extrajo a los muñecos destensó su resorte y volvieron a guardarse en sus cajones cerrados.

Segundo acto [retrospectiva]

Hace unos cuatro años, en un proceso que comenzó a fines de 2011 y culminó en 2014, sesionó en México el Tribunal Permanente de los Pueblos, un tribunal autogestionario y totalmente independiente que responde a las peticiones y demandas de gente organizada que en el mundo les presenta evidencias sistematizadas de agravios. La presentación es en sí misma algo tan importante que no hay duda de que promover este proceso de cotejo mutuo es ya el inicio de una claridad para quienes presentaron el caso. Las personas de buena voluntad y probidad ética intachable que sirven de espejo (jueces o dictaminadores) de lo que la gente vuelca, también terminan auténticamente imbuidas del fondo de los caso, al punto que pueden emitir un documento que sistematiza lo presentado y responde al cuerpo social contribuyendo al entendimiento del agravio, a la claridad y confianza de las personas agraviadas, y ratificando con su sentencia la cordura y la existencia de quienes acudieron a ellas, y la necesidad de transformación de su realidad.

Tal vez no en todos los casos se logre someter a los agresores de toda índole, pero lo real es que los procesos de reconstitución de comunidades y pueblos se fortalecen mucho y la identificación de los enemigos y lo que puede hacerse para transformar las condiciones que pesan sobre una región o una comunidad salen a la luz y pueden ser modificadas.

Tomemos como ejemplo estos fragmentos del dictamen que entre el 9 y 10 de noviembre de 2013 presentaron como Tribunal Permanente de los Pueblos en Maní, Yucatán los dictaminadores y dictaminadoras Ernestina López Bac, Sara López, Sylvia Marcos, Gloria Muñoz, Andrés Carrasco, Raúl Lugo, Luis Macas y Carlos Vicente, gente de  dentro y fuera de México que sirvieron de cotejo a los agravios sufridos por el pueblo maya ante la dinámica de despojo y exterminio a que son sometidas las comunidades de la Península de Yucatán por gobiernos y corporaciones, organismos multilaterales, empresarios particulares y crimen organizado. Decían las y los dictaminadores:

“Los ocho casos y los diez testimonios presentados dan cuenta y son una muestra apenas, de un proceso mucho más amplio de acaparamiento de tierras y bienes comunes, de destrucción socioambiental y territorial y de aniquilamiento de los tejidos sociales que forma parte de un plan orquestado para el desplazamiento y vaciamiento de los territorios” […]

“La lucha de las comunidades apícolas mayas de la Península de Yucatán resistiendo la implantación sin consulta de monocultivos de soya transgénica resistente al glifosato, que amenaza contaminar y destruir su producción ancestral, dio prueba de la importancia de la organización y la articulación en los caminos de lucha” […]

“Las actuales embestidas del sistema capitalista depredador en crisis y descomposición se hacen principalmente a través de este despojo. En los casos visados hoy aparece el despojo territorial, pero no sólo de las tierras físicas, sino del espacio en que los pueblos desarrollan su cultura, espacio para seguir siendo pueblos y manejar sus asuntos como ellos quieren a través de la autonomía.”

“En todos los casos funciona una alianza entre gobierno y empresas privadas. […] El proceso de despojo también pasa por un mecanismo de destrucción del tejido comunitario de los pueblos indígenas. No se trata solamente de la ausencia de mecanismos de consultas que respondan a los estándares del convenio 169 de la OIT. Lo que se busca es fomentar la división comunitaria y la coptación de los líderes” […]

“Esta preaudiencia nos ha dado la oportunidad de situar los casos de despojo de tierras y territorios en un proyecto geopolítico más amplio para todo América Latina que incluye la dominación y control de la producción de alimentos, la promoción de cultivos transgénicos, la pérdida de la soberanía alimentaria y un extractivismo impúdico de los bienes naturales convertidos en mercancía.”

“Se está imponiendo un sistema agrícola industrializado que implica la deforestación de la región peninsular con la consecuente destrucción de la biodiversidad y provoca el desplazamiento de los sistemas agrícolas tradicionales e inundaciones como consecuencia de la mecanización de los sistemas agrícolas.”

“La introducción de los organismos transgénicos en los territorios, que suele presentarse como una técnica producto de la curiosidad individual y manifestación de la omnipotencia humana de dominación de lo natural constituye una apropiación sistemática e instrumental de la naturaleza; y se convierte en un instrumento de control territorial, político y cultural.”

“Ante la demostración, cada vez más inquietante, del impacto ambiental sobre el suelo, flora y fauna de los agrotóxicos, ligados indisolublemente al paquete tecnológico transgénico, se agregan los efectos indeseados sobre la salud de la población, y más recientemente, las limitaciones de la seguridad biológica implícitas en el propio procedimiento tecnológico.”

“Asoma una sombra aun más ominosa: el potencial agravamiento de la situación en los países productores con la llegada al mercado de las nuevas semillas, donde se «apilan» modificaciones genéticas que suman nuevos tipos de herbicidas para compensar el progresivo fracaso de los transgénicos por resistencia de las malezas y descenso del rendimiento por agotamiento de los suelos entre otros. Estas tensiones modelan un mercado internacional cuyos rumbos futuros son inciertos, pero al mismo tiempo reclaman un urgente y postergado debate sobre la autonomía en los países periféricos.”

Tercer acto

En un comunicado reciente del Consejo Indígena Maya de Bacalar y del Colectivo de Semillas Much’ Kanan l’inaj, las comunidades y organizaciones mayas de Quintana Roo responden a la sentencia de magistrados en torno a su demanda de que se cancelen los permisos de siembra de soya transgénica según su demanda desde 2012 [Ver La justicia en deuda con el pueblo maya]

“A partir del año 2012, instancias federales del gobierno mexicano entregaron a dicha empresa trasnacional un permiso que le autoriza a destruir la vida de nuestras comunidades mediante la siembra de sus semillas de laboratorio, mismas que forman parte de un modelo agrícola feroz y depredador, extensivo y dependiente del uso de venenos químico-biológicos.”

“Por la gravedad del asunto, promovimos una demanda de amparo en contra de la liberación para siembra comercial de soya transgénica tolerante al glifosato en la Península de Yucatán. Dos años más tarde, el Juzgado de Distrito que conoció del asunto nos negó nuestra petición principal, que era la cancelación del permiso, para ofrecernos a cambio la celebración de una consulta a destiempo, motivo por el cual interpusimos el recurso pertinente que nos llevó a que la Suprema Corte tomara el asunto en sus manos.”

“Nuestras comunidades han hecho un gran esfuerzo para que el más alto tribunal del país conozca y comprenda la manera concreta en que ese proyecto de muerte afecta nuestra vida y amenaza nuestra supervivencia como cultura. Los ministros tuvieron acceso a nuestras preocupaciones, alegatos y argumentos, pudieron hacerse de las pruebas necesarias para formarse un criterio objetivo y podrían haber escuchado el sentir de un pueblo amenazado, pero no fue así, parece que ni el hecho de que el otorgamiento del permiso esté plagado de groseras irregularidades, ni todos los riesgos que implica para la supervivencia de nuestro ecosistema y nuestra cultura, ni todas las normas internacionales que amparan el derecho de los pueblos indígenas, ni los dos amicus curiae presentados por expertos en la materia, han sido motivo suficiente para obtener la cancelación de ese permiso, pues la Suprema Corte de Justicia de la Nación decidió lavarse las manos no prejuzgando la naturaleza dañina de los organismos genéticamente modificados y quitándose de encima la responsabilidad de ordenar medidas efectivas para evitar los riesgos que supone su siembra.”

“El modelo agroindustrial de siembra de semillas transgénicas y uso intensivo de tóxicos, que enferma a nuestras comunidades, que devasta nuestras selvas y, por ende, arrasa con actividades vitales para nosotros como son la apicultura y la milpa, fue aprobado por el Estado mexicano y ahora es ratificado por la Justicia de la Unión.

Quienes defendemos la vida en su más amplio sentido, sabemos que esto se traduce en miles de hectáreas de selvas deforestadas, en miles de litros de glifosato vertidos en nuestras tierras, sustancia tóxica que ya se encuentra hasta en la leche materna de nuestras hermanas mayas de Campeche; en la pérdida de especies de plantas y animales, la desaparición de las abejitas y con ellas de nuestra actividad milenaria, la apicultura; sabemos que con la entrada de Monsanto no sólo nos despojarán de nuestras tierras, destruirán nuestros ejidos que es nuestra manera de propiedad colectiva, sino que también acabarán con nuestra salud y con nuestros medios de subsistencia, orillándonos a ser su mano de obra barata, peones en nuestras propias tierras.”

“La decisión de la Suprema Corte es un paso más en la legalización del ecocidio y el exterminio de la población campesina e indígena de nuestro país, esta vez mediante el uso de agrotóxicos que contaminan el agua, esterilizan la tierra y matan todo a su paso.

Nosotros pensamos que las instituciones y órganos de justicia representan el camino para defender nuestro derecho a vivir en un medio ambiente sano y que con su intervención otras instancias de gobierno y particulares respetarían el derecho que tenemos como pueblo originario a la libre determinación.”

“Sin embargo, es muy triste entender que quienes nos debería proteger no sólo no lo hacen, sino que nos mandatan como único derecho reconocido una consulta tramposa que contraría el mismo espíritu del Convenio 169 de la OIT, el cual en su artículo 4 dice que “se deberán adoptar las medidas especiales que se precisen para salvaguardar los derechos y el medio ambiente de los pueblos indígenas, que no sean contrarias a los deseos expresados libremente por ellos”.”

Colofón

Es claro que en los salones del poder, las puertas de la ley, alguien se robó el alma del derecho, la justicia. Un embrujo nos hace pensar que ahí sigue pero quien se robó la justicia lo hizo secuestrando a quienes podrían emitir decisiones fundamentales en beneficio de la gente.

En los tribunales éticos, en cambio, tal vez una sentencia no solucione una situación de agravio, pero fortalece la socialidad del mundo, el sentido de comunidad que tanto falta, el entendimiento de que el corazón de la justicia es la responsabilidad compartida de entender y buscar transformar, de verdad, lo que tiene grave consecuencias para el futuro de una localidad, una región, un país o el mundo entero.

2 Respuestas a “Ejercer nuestros saberes es su mejor protección”

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