Palabras sin reposo

Beatriz Zalce

Los Folkloristas: Canto Nuevo

Al principio era la Música. La música de México y América Latina. Duetos, tríos, cuartetos y coros. No había más que el gusto por la música y el entusiasmo por interpretarla. Los jóvenes profesionistas, estudiantes, amas de casa que se reunían en el Café del Negro Ojeda, el ahora legendario “Chez Negro”, se fundaron a sí mismos en 1966. Se llamaron Los Folkloristas. Más que músicos se consideraban “amadores” de la música. Su trabajo, su congruencia, su perseverante amor por la música y sus alrededores los ha convertido en una institución musical, un referente cultural.

Hoy Los Folkloristas, integrados por Pepe Ávila, Olguita Alanís, Enrique Hernández, Omar Valdés, Valeria, Rojas, Sergio Ordóñez y Diego Ávila, se presentan en Bellas Artes, para festejar sus bodas de oro con la música y con el público.

Las motivaciones iniciales se han mantenido y reforzado, los cambios en México y en el mundo hacen que Los Folkloristas reafirmen su propuesta, la vuelvan una alternativa vigente.

El Canto Nuevo ha sido una constante a lo largo del tiempo. Muy al principio eran los versos de Juan sin tierra compuestos por Jorge Saldaña, uno de los fundadores del grupo. Habla de un hombre que fue a la guerra, cuyo padre fue peón de hacienda, él es revolucionario, sus hijos pusieron tienda y su nieto es funcionario, pero él sigue sin tierra, trabajando para el patrón.

Pero Los Folkloristas también cantaban Las Preguntita sobre Dios de Atahualpa Yupanqui: “Hay un asunto en la tierra, más importante que Dios y es que nadie escupa sangre pa’ que otro viva mejor”.

A raíz de la muerte del Che Guevara, Rubén Ortiz compuso La Zamba del Che. Duele su vigencia: “Los derechos humanos se violan en tantas partes, en América Latina, domingo, lunes y martes”. Cuando Víctor Jara conoció esta pieza la incluyó de inmediato en su repertorio y en su disco “Pongo en tus manos abiertas”.

Por la Peña de Los Folkloristas, inaugurada en 1970, artistas y público se daban el quien vive. En el escenario estuvieron Chabuca Granda, Atahualpa Yupanqui, Mercedes Sosa, Daniel Viglietti, Víctor Jara, Inti Illimani, Silvio y Pablo,  lo mismo que Amparo Ochoa, Gabino Palomares, el Conjunto Erandi de Michoacán y, entre el público, Juan Rulfo, Rosaura Revueltas acompañada por su hermano José, el escritor Ricardo Garibay o Plácido Domingo… La Peña no sólo fue un centro de difusión del Folklor y de la Nueva Canción, también fue una escuela.

En los años 70’s las dictaduras militares convirtieron al Cono Sur en una pesadilla, Los Folkloristas no dudaron en incorporar a su repertorio La Carta, de Violeta Parra. “Me viene a decir la carta que en mi patria no hay justicia: los hambrientos piden pan. Los molesta la milicia. Sí.” Nuevamente La Carta forma parte de su repertorio, al igual que La Maldición de Malinche compuesta por Gabino Palomares: “Se nos quedó el maleficio de brindarle al extranjero nuestra fe, nuestra cultura, nuestro pan, nuestro dinero. Hoy les seguimos cambiando oro por cuentas de vidrio”. Forman parte del álbum doble “Los Folkloristas: 50 años” y del repertorio del concierto.

Convencidos de la belleza de la música tradicional y de que el folklor no es una moda sino la más genuina expresión cultural de nuestros pueblos, Los Folkloristas tocan por primera vez en la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes el 21 de Septiembre de 1971, hace casi 45 años.

Poco después, en 1973, se presentan en el máximo foro en un concierto en solidaridad. A unos días del golpe de estado al compañero presidente Salvador Allende, Los Folkloristas organizan uno de los primeros maratones musicales en apoyo a los damnificados de Quecholac, Puebla, y el concierto se vuelve un acto de total apoyo al pueblo chileno.

A Los Folkloristas les han preguntado para quién cantan, para quién tocan. No tienen la menor duda. Por sus filas han pasado 49 hombres y mujeres, han transcurrido muchas décadas, han visto y padecido las diferentes políticas culturales del inquilino en turno de Los Pinos, pero ellos siguen la misma línea. Cantan a la gente. Cantan lo mismo en Europa y Estados Unidos que en Cuautepec Barrio Alto, en el patio de una primaria pública. Saben que su canto es la recuperación de la Memoria y la Historia.

En los 70’S se consolidan como grupo, beben directamente el agua de manantial: realizan viajes a todo lo largo y ancho del país y del continente para hacer grabaciones de campo, para aprender directamente de los músicos indígenas, de los cantores campesinos, refuerzan los lazos de amistad y de aprendizaje con artistas mexicanos y latinoamericanos. La enseñanza está en el centro de todo.

En la década de los 80, pasaron de tener 120 presentaciones anuales en México a sólo diez. Los funcionarios culturales hablaban de crisis económica. Los Folkloristas recurrieron al bracerismo cultural para sobrevivir. Aprovecharon para hacer balances internos: si surgieron en los 60’S es porque se estaban afirmando los valores nacionales, porque el sueño bolivariano se empezaba a construir desde la cultura, había un proyecto social orientado a la independencia económica. En México había una conciencia nacionalista, de afirmación y  autovaloración de lo nuestro. Un ejemplo del Canto Nuevo vinculado al amor es Flor de Metal, de Gustavo López, El Juchi, integrante del grupo.

En los 90’S se reencuentran con el público mexicano, cumplen 30 años y refrendan su compromiso de compartir la música, de mirar al pasado teniendo la vista y el corazón puesto en el presente, en el futuro. Terminan la década entonando la canción El Necio de Silvio Rodríguez: “Dirán que pasó de moda la locura, dirán que la gente es mala y no merece, mas yo seguiré soñando travesuras, quizás multiplicar panes y peces.”

Hoy en día Los Folkloristas siguen fieles a sí mismos, exigen la aparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa y entonan Latinoamérica, la canción de Calle 13 que suscriben, que asumen como Canto Nuevo: “Vamos caminando, aquí se respira lucha. Vamos caminando: Yo canto porque se escucha”. **  **  **

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