Palabras sin reposo

Beatriz Zalce

Leer a Fanon, medio siglo después

A Gloria Muñoz, ganadora del Premio Nacional de Periodismo por su columna Los de Abajo. A los de abajo, a los condenados de la tierra.

La Fundación Rosa Luxemburgo acaba de editar el libro “Leer a Fanon, medio siglo después”. Así rinde homenaje al médico, al filósofo, al revolucionario martiniqués Frantz Fanon cuyas ideas acerca de la colonización, el racismo, los procesos de descolonialismo formaron parte de la médula de los años sesenta y setenta del siglo pasado y hoy están injustamente olvidadas a pesar de su necesaria vigencia.

El libro es de circulación gratuita, financiado con recursos de la Rosa Luxemburg Stiftung con fondos de la BMZ. Esta fundación política alemana trabaja alrededor del mundo. En América Latina tiene tres oficinas regionales: la de Quito que abarca la región andina, la de Sao Paulo que atiende el cono sur y la de México que alcanza a Guatemala, Nicaragua, Costa Rica y Cuba.

Su trabajo tiene como fin la formación política a través del análisis de la sociedad, el ideario de la emancipación democrática y social y la capacitación para la acción política en un sentido concreto. Busca la prevención de conflictos y su resolución en forma pacífica, según palabras de Patricia Zapata.

“Nuestra apuesta de trabajo está dirigida hacia organizaciones sociales y movimientos que creemos que son los actores con la posibilidad de impulsar cambios en la mayoría de los países donde trabajamos, en donde los partidos políticos parecen haber abandonado ideologías y principios en aras de conseguir el poder y con ello el acceso a los negocios que el mismo permite” puede leerse en la introducción de Zapata a “Leer a Fanon, medio siglo después”.

Frantz Fanon nació en 1925 en la Martinica, cuando ésta aún era colonia francesa. En 1940 Francia es ocupada por las tropas nazis y esto se refleja en la instalación en la isla caribeña de bases navales galas. El racismo se manifestó en todo su hedor y esto marcó el pensamiento y la acción de Fanon quien se sumó a las Fuerzas de Liberación Francesa. Su participación en la Batalla de Alsacia le valió la condecoración Croix de Guerre. Sin embargo, cuando la caída del régimen hitleriano se hizo inminente, el regimiento de Fanon fue “blanqueado”: todos los soldados no blancos tuvieron que concentrarse en el puerto de Toulon.

El joven Fanon escribió una carta a sus padres. Reconocía que había sido un gran error: “Nada, absolutamente nada justifica la brusca decisión que tomé de defender los intereses de un latifundista: que yo lo defienda o no, lo le importa”. Les pidió que si moría dijeran que Dios lo había llamado y no que había caído en defensa de lo que ya no le significaba más que desprecio.

Graduado como médico-psiquiatra, Fanon, en 1952, publicó “Piel negra, máscaras blancas” donde cuestiona el sometimiento de la población negra y su actuar frente a los colonizadores blancos. El colonizado lo es no sólo en su cuerpo: pierde su lenguaje para absorber el del otro y de esta manera es colonizado “culturalmente”.

Desde la Jefatura de Servicio del hospital psiquiátrico de Blida-Joinville, en Argelia, Fanon revolucionó los tratamientos introduciendo prácticas de terapia social, basados en la idea de la relevancia de lo cultural tanto para la piscología normal como para la patológica.

Fanon apoyó la lucha argelina por la independencia y fue un destacado miembro del Frente de Liberación Nacional argelino

Su libro “El año V de la revolución argelina” fue prohibido en Francia pues acusaba a este país de los crímenes masivos contra la población argelina que luchaba por su independencia. Cuestionaba también el actuar de los revolucionarios y todas las transformaciones que se dan dentro de una sociedad dominada y humillada.

“Los condenados de la tierra” fue prologado por el comprometido existencialista Jean Paul Sartre. Posteriormente Julieta Campos lo tradujo a nuestro idioma para ser editado por Fondo de Cultura Económica.

Ahí Fanon expresó: “El mundo colonizado es un mundo cortado en dos. La línea divisoria, la frontera está indicada por los cuarteles y las delegaciones de policía. En las colonias, el interlocutor válido e institucional del colonizado, el vocero del colono y del régimen de opresión es el gendarme o el soldado […] quienes por su presencia inmediata, sus intervenciones directas y frecuentes, mantienen el contacto con el colonizado y le aconsejan, a golpes de culata o incendiando sus poblados, que no se mueva. El intermediario del poder utiliza un lenguaje de pura violencia. El intermediario no aligera la opresión, no hace más velado el dominio. […] El intermediario lleva la violencia a la casa y al cerebro del colonizado.”

Medio siglo después de la muerte de Fanon conviene leerlo, reflexionar sobre el velado pero no por ello menos salvaje colonialismo que se vive de manera global. El Neoliberalismo nos aleja de nosotros mismos, del vecino, de nuestra cultura; nos arrebata el pasado y la memoria; nos cancela el futuro y la esperanza. En el mejor de los casos nos defendemos, respondemos a la agresión, tratamos de contenerla, de revertirla. Pareciera que también nos han monopolizado la iniciativa, la capacidad de asestar el primer golpe…

“La descolonización no pasa jamás inadvertida puesto que afecta al ser, modifica fundamentalmente al ser, transforma a los espectadores aplastados por la falta de esencia en actores privilegiados.. Introduce en el ser un ritmo propio, aportado por los nuevos hombres, un nuevo lenguaje, una nueva humanidad. La descolonización realmente es creación de hombres nuevos” hasta aquí la cita de Frantz Fanon que influyó lo mismo en el pensamiento del Che Guevara que en el de Nelson mandela.

Empecemos a descolonizarnos y para empezar: Desinformémonos.

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