Palabras sin reposo

Beatriz Zalce

¡Gabino Palomares cumple 45 años!

Sigue siendo marxista, por eso dice que su canción no tiene valor de cambio, pero sí de uso. Para Gabino Palomares, quien ha cantado la historia reciente del país en los últimos 45 años, lo importante es que la gente se ponga sus canciones como si fueran una camisa, que las use, que las cante. Sin embargo, le duele que sigan siendo vigentes porque esto quiere decir que el país no ha cambiado.

Escribe, compone e interpreta sus canciones siempre en contacto con los movimientos sociales y políticos, no sólo de México sino de América Latina. Se le puede considerar un cronista, más bien un juglar. Él se acomoda más con el término “relator”.

Gabino Palomares, hijo de ferrocarrilero, no para. Tiene la fuerza de una locomotora: prepara su próximo concierto para festejar 45 años como cantautor, como juglar, como relator, en el Teatro de la Ciudad, el día 17 de septiembre. Al mismo tiempo está por editarse un libro con sus canciones.

Convencido que la unión hace la fuerza y que en estos tiempos la hermandad, la cuatitud, el tejido social son la única manera de seguir adelante hacia un nuevo amanecer, Gabino Palomares junto con Anastasia Guzmán, la querida y admirada Sonaranda, con el buen Ernesto Anaya, un Mozart contemporáneo, y el Maestrísimo Gerardo Tamez, trabaja en colectivo. Todos le entran parejo al apoyo mutuo. Ahorita se concentran en la recopilación de las partituras del autor de Tierra Mestiza y la presentación de la candidatura de Tamez al Premio Nacional de Ciencias y Artes.

La canción de Palomares tampoco sabe quedarse tranquila, no se duerme en los laureles. Es una canción para reflexionar y para actuar: una canción para limpiarnos de todo eso que no nos hace mejores seres humanos; una canción para cuestionarnos todas esas lacras que nos dejó el sistema capitalista y que a la postre no nos hacen felices.

-¿Se puede ser feliz en un país en guerra y con miles y miles de muertos y desparecidos?

-Yo creo que se puede. Me han preguntado si haber estado en la lucha política me ha hecho feliz. ¡Por supuesto! –afirma el autor de canciones como “Espejos de mi alma”. -La lucha política no es estar gritando y protestando y en actividades políticas todo el tiempo. Se tiene contacto humano, se tiene contacto amoroso, se tiene contacto de fiesta porque la lucha social es fiesta ante todo; es una gran felicidad estar defendiendo la felicidad y en ese proceso se es feliz. La lucha es un gran acto de amor. Amor hacia uno mismo y amor hacia los demás. El querer ser mejor persona, el querer que los demás sean felices y tengan lo que necesitan, es esencialmente un acto de amor.

En casa de Palomares hay artesanías de soles y de lunas, pero lo que más llama la atención son las fotos. Fotos familiares que detuvieron el hermoso instante, que eternizan la felicidad de los sonrientes retratados.

Gabino Palomares recuerda una plática con unos amigos videoastas: “Yo les decía que no vine a México a ser lo que soy. Yo vine a México a ser famoso –y se ríe. -Vine a la ciudad de México a salir en la tele, en la radio, a grabar muchos discos, a tener mucho dinero y ser muy famoso. En ese proceso me di cuenta que mis canciones no le interesaban a los medios de difusión ni a las grandes empresas, pero me encontré con que había un sector que sí le interesaba, este sector desprotegido, que lucha por sus derechos.

Hay algo que me da gusto pero a la vez me da tristeza: mis canciones siguen vigentes. Sigo cantando canciones que escribí hace 40 años y bueno, yo sigo teniendo trabajo, los discos se siguen vendiendo. Eso quiere decir que esencialmente el país no ha cambiado, que una canción contra la discriminación como La maldición de Malinche, que hice en 1972 y que está cumpliendo 45 años, puedo seguirla cantando. A canciones que hice en el 88 contra el fraude electoral, sólo les modifiqué una frase: donde digo que la gente cambia su conciencia por refrescos le agregué “vales de Soriana”. México sigue igual y hay que seguir dando la pelea.”

Gabino Palomares recuerda a sus padres en la huelga ferrocarrilera del 59. Su papá tuvo que huir porque la policía lo andaba buscando y su mamá se quedó con las mujeres a defender la estación a donde llegó el ejército con la bayoneta calada. Ellas hicieron una valla y de pronto una se adelantó, se quitó los calzones y los puso encima de una bayoneta. Fue tal la confusión de los soldados que se retiraron. Gabino se ríe, triunfal.

Patria y Amor son dos palabras que lo definen: “Patria cobra sentido

cuando significa lo que fuiste y lo que eres –explica Palomares-, todos los seres queridos, la gente que está a tu alrededor y defiendes eso… Se habló mucho de Patria en los campamentos después del fraude del 2006, que duraron 57 días y de los que viví 50 en la calle, en Reforma, ya me daban ganas de fincar. Los muchachos del Yo soy 132 hablaron de Patria. He estado en prácticamente todas sus marchas. Me encanta que no haya líderes, me encanta que no hable nadie, porque no hay que hablar. Hay que estar en la calle y hay que manifestarse. Me emociona la creatividad y la cultura de los jóvenes. No sé a dónde va a parar, pero sé que hay que vivir este momento. La historia está en la calle, con la gente, la historia está atreviéndose a vivir.”

Gabino Palomares ha predicado con el ejemplo, hace suya la broma de Pablo Milanés que dice que no se cambia de ropa para subir al escenario a cantar; Gabino, como Víctor Jara, está convencido que lo verdaderamente revolucionario está detrás de la guitarra. Por eso le ha cantado a Morelos e Hidalgo, a Zapata y al Che, al 68 y a los 132: “Este contar la historia a través de canciones no es algo que yo haya leído en los periódicos. Escribo con la gente que está en la lucha política, conviviendo con la gente, rabiando y gozando y brincando con la gente. Así es como se hacen las canciones, no se inventan desde la comodidad de tu casita.

El amor que canta es el amor que vive, el amor que es búsqueda que nunca termina, el amor que es movimiento, búsqueda poética y búsqueda de valores.

-Yo me voy a morir así: escribiendo canciones que narren la historia de este país, la lucha porque las cosas cambien. La terquedad es un elemento fundamental en la vida de todo luchador social porque las frustraciones son de todos los días. Siempre hay que estar luchando contra la corriente, por eso digo que pertenezco a la cofradía del salmón.

Lo peor que nos puede pasar es pensar que como están el país y el mundo es lo normal. Eso es lo peor. Démosle una oportunidad a la paz, démosle una oportunidad a la utopía, démosle una oportunidad a los seres humanos de vivir como seres humanos. Eso debería ser lo normal, no lo otro. La violencia como sistema de vida, como modus vivendi, como cotidianidad es una aberración que hay que combatir.

A los jóvenes les digo: La patria los necesita. La historia tiene que tomarse en las manos. Si los jóvenes no lo hacen, sencillamente no hay futuro. Ese futuro que les tienen predestinado no es futuro, es una vida llena de frustraciones, llena de carencias.” ** ** **

Dejar una Respuesta

Otras columnas