Palabras sin reposo

Beatriz Zalce

En el Metro

Para muchos el Metro es como el matrimonio: los que están afuera quieren entrar, los que están adentro quieren salir…

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Ernesto P. Uruchurtu se negó todo lo que pudo a la construcción del Metro. Catorce años duró el Regente de hierro en su puesto. Catorce años de mantenerse en su obsecado “no”. Argumentaba que las aguas freáticas del pantanoso suelo chilango hacían casi imposible, además de costosísima y peligrosísima, la perforación de túneles para que corriera el tren subterráneo.
Dejó su cargo en 1966. Tres años después estrenamos el Metro que transporta diariamente a cerca de cinco millones de personas.

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Según Wikipedia: “El Metro de la Ciudad de México es un sistema de transporte público tipo tren pesado que sirve a extensas áreas del Distrito Federal y parte del Estado de México. Se le conoce coloquialmente como Metro por la contracción del término Tren Metropolitano”
El metro de la Ciudad de México cuenta con doce líneas, cada una con un número o letra y color distintivo. El parque vehicular está formado por trenes de rodadura neumática en diez líneas, y trenes férreos en las líneas “A” y 12. La longitud total de la red es de 225,9 kilómetros, con 195 estaciones. El Metro está construido de forma subterránea (115 estaciones), superficial (55 estaciones) y viaducto elevado (25 estaciones), 184 estaciones se encuentran en el distrito federal y 11 en el Edomex.

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-Los ciegos son bien abusados. A los que les pasa algo es porque apenas empiezan a andar en el Metro. Unos trabajan desde que abre el Metro y terminan a las dos de la tarde. Tienen sus turnos, sus estaciones, están muy organizados. Si invaden el turno vespertino se arma un sanquintín terrible –explica Doña Gloria López, quien primero atendía la taquilla del Metro, fue de las primeras conductoras y, hace poco, se jubiló como Inspectora de PCC (Puesto Central de Control).

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-A nosotros sólo nos utilizan para llevar a las personas a su destino –explicó un conductor del Metro. Con 28 años de experiencia, ha presenciado tres suicidios en la otra vía y ha arrollado a una persona.

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-Soy músico itinerante –dice Sergio Campos, como si el traje de manta blanca, el sombrero de cuatro pedradas y su inseparable jarana no fueran su tarjeta de presentación. -Es muy satisfactorio tocar en un vagón del Metro y recibir un aplauso. Lo que hago me gusta mucho y de la gente, del usuario, estoy encantado. Pero del Sistema de Transporte Colectivo tengo queja y resentimiento. A pesar de su eslogan “El Metro, un espacio para la cultura”, a nosotros nos trata como delincuentes. Diario hay operativos para agarrar vendedores y agarran parejo: Nos remiten a la delegación. Ahí nos multan, nos toman fotografías y huellas digitales. A veces no tenemos derecho a fianza y nos quedamos de trece a 36 horas en El Torito.

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Sabes, quién se llevó tu cartera me dejó sin voz, sin palabras, sin reacción ni capacidad de expresarte mejor mi torpe solidaridad, mi encabronado desconcierto. Sí, es de todos conocido que de un tiempo a esta parte junto con el precio del boleto han aumentado también los robos y la violencia en el Metro, que lo más inocente –no por ello menos condenable- es que carteras y celulares pasen a otras manos, lo mismo que relojes, ipods y cadenitas. Ya se ven armas blancas, armas de fuego… Aparecen descuartizados y cádaveres, desaparecen gentes. Hidalgo, Cuatro Caminos, Chabacano, Pantitlán se cuentan entre las estaciones más peligrosas. Sí todo eso y más, pero, ¿por qué a ti? ¿Por qué a ti?

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Y a grito pelado anuncia: “la excelente investigación de la periodista Sanjuana Martínez con historias verídicas, fotografías de la búsqueda del sueño americano que a veces se convierte en la peor pesadilla de algunos, la búsqueda por sobrevivir en un país extranjero, la humillación, los abusos, la sobrexplotación, la negación de pagos, la limpieza étnica contra los afroamericanos, los matainmigrantes que matan gentes por gusto, los matamexicanos, el engaño de latinos para formar parte de las filas del ejército norteamericano en el programa Roc, en su lucha contra Irak y Afganistán, el muro de la muerte donde más de 7,000 personas han muerto, miles de extraviados y el tráfico de órganos…”.

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A punta de datos duros, Ernesto Villanueva construye su argumentación, en su artículo del Semanario Proceso, poco antes del aumento del boleto a cinco pesos a fines del 2013: “Efectivamente, el precio del boleto en la mayor parte de las ciudades del Primer Mundo es mucho mayor que la tarifa de tres pesos en la Ciudad de México. Pero [Joel] Ortega [en ese momento director del STC Metro] omite datos fundamentales: el salario mínimo en la Ciudad de México es de 64.76 pesos diarios; en Nueva York, en cambio, es el equivalente a 841 pesos. Abordar el Metro en Nueva York cuesta 33 pesos. Si se toma en cuenta el salario mínimo diario en Nueva York, que es 13 veces mayor al del DF, y que el boleto en NY vale allá 11 veces más que el de la capital del país, la lógica aconsejaría que debiera bajar el precio en el DF al menos a 2.5 pesos. Y eso que en Nueva York el costo del Metro no está subsidiado”.

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De ser una empresa de calidad, eficiente y comprometida con la población de bajos recursos, el Sistema de Transporte Colectivo Metro se convirtió “en una empresa de corrupción y alto riesgo, en la que la seguridad del usuario pasa a tercer término” denunció un técnico de mantenimiento de trenes al periódico digital Desinformémonos. “Tal parecer que se están creando condiciones para que estalle y se justifique una privatización”.
(Continuará…) *** *** ***

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