Historias de vida en las luchas de México

Rocío Moreno

Cataclismo terrenal: El Salto, Jalisco

Aún no llegas a la localidad de El Salto, Jalisco, y los olores putrefactos ya están presentes; Los cerros desaparecen en los tantos fraccionamientos que albergan miles de casas diminutas. Al final, sobresale el enorme basurero Los Laureles que contiene la basura de la Zona Metropolitana de Guadalajara. Tu ingreso lo haces junto a los miles de camiones de trasporte público y privado, tráileres, máquinas pesadas, carretones de basura, y cientos de automóviles y motocicletas que conducen sobre la avenida principal del corredor industrial de este poblado. Cuando llegas comienzan a seguirte millones de mosquitos; pero lo verdaderamente impactante es oler al río Santiago y ver como la caída que formaba antiguamente una cascada hermosa llena de vida, ahora es una cascada tóxica creada por la enorme e intocable industria.

A pesar de que la vida en este lugar se mantiene en pésimas condiciones, existe una población sedienta de justicia por la vida que les arrebatan cotidianamente la industria y los malos gobiernos. El Salto es un pueblo antiguo que, a finales del siglo XIX, en 1890, comenzó a transformarse ante la llegada de una hidroeléctrica que funcionaba gracias a la fuerza que generaba la caída de la cascada. Ahí comenzó a llegar “el progreso”. La primera fábrica fue una textilería. Ya en 1943 se le reconoce como municipio y en 1964 se declaró pueblo de vocación industrial. Su crecimiento desde finales del siglo XIX fue exponencial, nunca frenó, ni ha buscado frenar en los ya más de ciento treinta años que está la industria en esta población. Ahora que están tan activas las consultas en México, pues debemos preguntarnos ¿Qué piensa la gente de El Salto? ¿quiere ese progreso en sus tierras?

La respuesta no la tenemos en estadísticas de opinión, pero si podemos acercarnos a una familia que, en las dos últimas décadas, ha comenzado un largo camino por la recuperación de la vida en sus tierras. Yo los conozco personalmente, son Enrique Enciso y Graciela González. Ellos tienen cuatro hijos y varios nietos. Además de sus lazos sanguíneos, se hacen familia a todo aquel que se deje, y como que les llegan muchos dejados y entonces han construido una familia enorme. Son de esas personas que a sus vecinos los hacen amigos, y a sus amigos los ven como familia. Como ellos no tienen un gobierno tradicional, pues han formado sus propias organizaciones. Se junta la población y sus asambleas son enormes, sus marchas están compuestas de mujeres, niños, enfermos renales y de cáncer, ancianos, jóvenes, todos están ahí, y todos exigiendo que se les regrese la vida a sus tierras y la salud a los pobladores.

Uno de los tantos lugares catastróficos que existen en México es sin duda, El Salto. El ingreso de la industria mecánica, farmacéutica, electrónica, textilería, trasnacional, mecánica, etcétera, ha sido abanderado y promovido por los gobiernos como un triunfo, pues el progreso, el trabajo se generó gracias a que una población permitió el ingreso de estas empresas, sin embrago, en las asambleas donde acude la familia de Graciela y Enrique, se habla de lo que ocurre tras bambalinas con el mal llamado progreso.

¡El Capitalismo Mata!

Esto es lo primero que sale en las reuniones: ¡el capitalismo mata! Tras bambalinas se comenzó a notar las deforestaciones de los bosques, del suelo, del agua, los campos vacíos se comenzaron a ocupar por la industrias y casas, y entonces cada vez fue más visible ese progreso mal entendido. Para Enrique:

“El salto ha sufrido una gran catástrofe, el rio milenario era el eje de vida de cientos de pueblos que ahora es un rio de muerte, todas las especies endémicas que conocimos se extinguieron, se murieron. Después se murieron los arboles y ahora, se muere la gente. Quizás soy muy catastrofista pero probablemente somos la última generación que recordemos como era El Salto cuando había vida. A nosotros nos tocó disfrutar la naturaleza”.

Cuando Enrique cuenta a El Salto de su niñez y juventud, parece que está narrando un lugar totalmente distinto a lo que se ha convertido su pueblo natal. He visto como Graciela y Enrique se empeñan en convocar a que los pobladores recuerden lo que eran antes, y en los pequeños y jóvenes les platican e insisten que ahí en sus tierras había vida. Y entonces, los invitan a luchar por la vida, por recuperar sus vidas y por volver a colocar al rio sano como el eje de vida en su pueblo.

El reto es enorme. Se lucha contra los grandes capitalistas trasnacionales y nacionales, se lucha contra un gobierno corrupto que en lugar de sancionar y regular la industria le ruega que se quede para que genere empleos precarios. Industriales y gobierno han preparado un coctel venenoso,

“El agua comestible no existe, el agua potable tiene mierda, tiene arsénico. Con el mega basurero Los Laureles, la población está expuesta a los gases, al metano y además los lixiviados corren al rio, a los mantos friáticos, ese daño tardará siglos en sanar. La industria del ladrillo sigue contaminando y exponiéndonos a todos los pobladores. Todo esta contaminado, el aire, el agua, la tierra, nosotros. Prácticamente nos han quitado años de vida”

Los costos del progreso son muy altos. Cuando Enrique intenta explicar los daños tan profundos que ha creado el mal llamado progreso, dice que ni si quiera puede nombrar el problema, explicar el grado de afectación. “Estamos viendo el colapso, ves a tus amigos, conocidos y ves cómo se están enfermando y sabes que te puede alcanzar esa realizada de enfermedad y muerte.” Desde hace varios años, han buscado que los responsables paguen por la muerte de la vida. Enrique nos da una pista para dar con los culpables “Para saber quiénes son los responsables es muy simple, son los que lucran con la vida de los ecosistemas y los humanos, son los que se benefician y promueven el desarrollo capitalista.” ¿existe un tribunal para castigar la muerte de la vida? …

Además de esta devastación a la vida, la población enfrenta la inseguridad y violencia sistemática que germina en todo el país. El Salto tiene una enorme lista de desaparecidos y cientos de muertes, asesinatos, feminicidios, etc. Es importante decir que ese progreso también lo acompaña siempre la violencia, la muerte en todas sus formas.

¿Cuándo volverá el Río a ser el eje de la vida y no el mal llamado progreso industrial?

La familia de Enrique, que como ya les expliqué es muy grande, está empeñada en recuperar la vida en todas sus dimensiones. Invita, convoca, genera infinidad de actividades que fortalezca la colectividad, la rebeldía, la sed de justicia y sobre todo el tomar de nuevo en sus manos el rumbo de su pueblo. Al finalizar la entrevista con Enrique Enciso, describió lo que ocurre: “El Salto es un pueblo apocalíptico, es un claro ejemplo de lo que no se debe de hacer. Nuestra gente está condenada a la miseria, a la muerte temprana, a trabajos precarios, y todo comenzó con la búsqueda del bienestar que promete el progreso.” Desde el cataclismo, germina la esperanza.

La lucha por la vida que promueven los compas de El Salto le corresponde a un mar de pobladores de la ZMG, sin embargo, están ellos solos dando esa batalla. Esta familia, lucha y enfrenta a los poderosos con multitudes o con su pequeño pero fuerte batallón familiar. La lucha a veces sólo necesita de unos pocos necios que no claudiquen, que no se vendan, que no se rindan. ¡Su lucha, es nuestra lucha!

Rocío Moreno

Historiadora y defensora indígena coca de Mezcala, Jalisco, interesada en mostrar cómo las historias de vida están totalmente vinculadas a los proyectos que abanderan las resistencias en México, pues ¿qué son las resistencias sin la infinidad de historias de vida que las constituyen?

Una Respuesta a “Rap en Resistencia Mexcala”

  1. Graciela González Torres

    Profundo agradecmiento! Para Rocio, historiadora coca, por mostrarnos ese espejo, que nos permite clarificar la imagen y así se pueda ver mejor el camino, el rumbo y el horizonte, siempre acompañados y fortalecidos, que se difunda la tarea, que se hace desde lo hondo de la tierra y el corazón por tantos pueblos queridos del sagrado Río Grande de Santiago. Así estamos y nos animamos, como siempre con Enrique, cuando repite las palabras de José Hernández en su Martin Fierro, cuando decía » No te aflijas, aunque el mundo se desplome» Gracias por dar a conocer para que no se repita la catástrofe en otros pueblos.

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