Palabras sin reposo

Beatriz Zalce

Adriana Taboada alza la voz que los recuerda y canta

A los nueve años buscó un coro donde cantar. Ella misma. Buscó, encontró y se incluyó. Fue su primer acto de libertad. Adriana Taboada habla, conversa, guarda silencio, sonríe, ríe, recuerda, se indigna, mira a los ojos, guarda silencio, explica, aclara, ejemplifica. Su acento es cantarín, de la provincia de Buenos Aires, cerquita de la capital argentina.

Cantó durante toda su niñez. A pesar de la dictadura. A pesar de que en su familia hubo muchos detenidos que luego tuvieron que salir del país. A pesar de la desaparición de varios familiares. Adriana siguió cantando hasta la adolescencia. Canciones populares. Un villancico cuya letra no recuerda.

Su familia es de izquierda, varias generaciones de activistas políticos. Abuelos ateos, de sangre judía. Lo dice llanamente: “una familia que ha sido perseguida, represaliada en distintos momentos de la historia lo cual marcó mi camino”.

Al terminar el colegio secundario, Adriana tuvo que definir su profesión: quería ser psicóloga, también quería meterse al Conservatorio. Tenía una profesora de psicología que hacía orientación vocacional. Adriana consideraba entonces que la música no le servía a ella, esto lo enfatiza: a ella, en términos de práctica social. Discutía con su maestra, ponderaba: la psicología es una carrera social, no sólo de la salud. Hoy sabe que hizo una buena elección.

Militó en la Comisión de Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas. Dejó de cantar hasta que Jorge Chanal, músico, arreglador, director de coros, la invitó al coro de expresos políticos, hijos y hermanos de desaparecidos “Quiero Retruco” que recién se formaba.

En el año 2013 Modesto López presentó un documental sobre el coro “Quiero Retruco”, Todavía cantamos, producido por Marta De Cea. Explica el también director de Ediciones Pentagrama, la alternativa musical en México: “El Truco es un juego de cartas jugado con una baraja española de 40 cartas. Es el juego de cartas más popular en Argentina, Brasil y Uruguay. La palabra “Truco” es la apuesta del juego. Con “Truco” se apuesta dos. “Retruco” apuesta tres.”

Adriana Taboada vino a la Ciudad de México para participar en un Seminario Internacional sobre Pedagogía del Holocausto, Genocidio y Violencia Masiva. Paró en casa del matrimonio López-De Cea.

Marta anuncia el desayuno: fruta, huevitos revueltos y café. Modesto se encarga de hacerlo realidad. Sirve un plato de papaya con plátano y arándanos frescos. Los huevos son revueltos, sí, pero con cebolla, jitomate, espinacas y jamón. Incluso el café es una delicia. Marta ofrece pan, pero salvo Modesto, optamos por unas tortillas azules que salen de un tortillero rosa mexicano.

Quiero Retruco se integró un día lunes, hará diez años. Se juntaron ahí, en casa de Jorge Chanal quien también sabía lo que es buscar y buscar a un desaparecido. Dos exdetenidos contaron lo que significaron el canto y el teatro en la cárcel. No había que mirar, tampoco había que oír, ni que hablar, tampoco recordar… pero se las ingeniaban. El arte les permitió sobrevivir y mantener su dignidad como seres humanos.

En aquella ocasión, con sólo escuchar el saludo o el tono de la risa, Jorge los fue definiendo: Vos sos tenor y vos, contralto. A Adriana la llaman “Susurro” porque su voz tiende a resaltar y en un coro, todas las voces se tienen que oír como una sola.

-De pronto aparecía mi voz y Jorge me acotaba: “Ya apareció Adriana y su cometa”. El coro no es un lugar para destacar. Tenés que aprender a regular para sonar en conjunto. Hay una base ideológica en un coro -dice Adriana bajando un poco, un poquito nomás, la voz. Conversa como si cantara. Sus palabras tienen un ritmo una cadencia más allá del acento cantadito.

Adriana se especializó en gerontología, lo buscó como parte de su formación profesional, pero con la mira puesta en lo social: “Participo en representación de la parte acusatoria de las víctimas, lo hago gratuitamente. Evalúo genocidas para ver si están o no en condiciones de ir a juicio, para evaluar su grado de deterioro o si hay simulación.

“Para los delitos cometidos en los 70’s, hace 40 casi 50 años, el universo de genocidas y represores es todo de gente grande y no tenemos profesionales de la salud formados para pensar la salud de la gente grande en los juicios.

“Hay una impunidad biológica: murió antes de ser condenado. No podés impedir la muerte, pero hay una impunidad gerontológica… Todos estamos atravesados por el prejuicio: un viejo es alguien que no puede, alguien que está enfermo, que está incapacitado. Por el prejuicio no podemos pensar en la vejez sana. ¡Pobrecito! ¿Lo vas a llevar a juicio, pobrecito! ¿Por qué no lo dejás tranquilo? Lo seguís hostigando. El pobrecito, el viejo enfermo… A eso lo llamamos viejismo. Pero, desde la Gerontología, un viejo es un adulto mayor, un hombre añoso, con algunos problemas propios de la edad como necesitar un bastón para el sostén, para la estabilidad, pero que se maneja con autonomía. Todo aquel que cursa la vejez es viejo. Hay que modificar el concepto de ‘salud’ en la vejez. No lo digo yo, lo dice la Organización Mundial. Desde hace siete años, me metí a fool en el tema de los juicios.”

A Taboada le tocó un juicio donde el acusado, un hombre de unos 80 y tantos años, estaba libre. Usaba bastón. Tenía un celular. Terminada la audiencia llamaba para que lo vinieran a buscar y se iba. Adriana veía cómo interaccionaba dentro de la audiencia: escuchaba, hablaba con otros. Era una persona con autonomía, con independencia. Un viejo sano.

-Lo condenan. Tres meses después yo me entero que quedó fuera porque el cuerpo médico forense, un órgano que depende directamente de la Corte Suprema de Justicia en Argentina, hizo una evaluación y determinó que el hombre está demente. Mi formación gerontológica me permite decir: nos están metiendo un cuento. Si se trata de un proceso evolutivo, no hay demencia que se produzca en tres meses, eso no existe. ¿Entendés? Son tipos que, además, no se arrepienten. Es gente que no brinda la información que tiene que dar. Por ejemplo, sobre los desaparecidos. Son lúcidos, toman decisiones. No hablan porque han decidido no hablar. Eso implica un grado de autonomía. ¿Entendés? Estas cosas hay que poder evaluarlas en términos de salud, no morales. Yo, desde la salud tomo ese dato: tienen la suficiente autonomía para tomar una decisión: no darme la información que tienen, no a mí, a la Justicia.

Cuando se le menciona a Pinochet, el tono cambia: “Fíjate, ¿qué es lo que lo salvó, más allá de que fue un acuerdo político, para los que no ven lo que queda atrás, qué fue lo que lo salvó? El tema de la salud: lo hicieron pasar por demente. Fue una simulación. Tenés un demente que no puede llegar a juicio. Pero en cuanto Pinochet llegó a Chile, se levantó de la silla y saludó a todo el mundo. ¿Entendés? Eso es simulación. Ahí tenés el uso de la salud y el tema del viejismo. ¿Quién iba a dudar del pobre viejo, la silla de ruedas, ya estaba grande, lejos de su tierra?

“Hemos peleado por juicio y castigo a todos los culpables. Es un objetivo, todavía uno lo grita: ¡Juicio y castigo a todos los culpables! ¡Cárcel común y efectiva! Los juicios, más allá de todas sus deficiencias o dificultades son un objetivo cumplido. Los juicios existen, las condenas existen, las cárceles existen. Después tenemos otras peleas: que los mandan a la casa… Argentina ha cambiado la historia de la impunidad, con todos sus déficits. No es perfecto, ni la gloria, pero queda escrito, en algún lado uno registra, como argentinos y como latinoamericanos, registramos que es posible, aunque el juicio termine mañana: fue posible y si fue posible una vez… Hay algo ahí en términos de memoria histórica.”

Herramienta. Herramienta es una palabra que regresa frecuentemente al conversar con Adriana Taboada. Herramientas que van transformando la realidad: “Participo en una cooperativa editorial, con compañeros que vienen de Retruco. La vamos remando. No sacamos ni un peso, pero igualmente estamos ahí.

“¿Cómo haces para que toso esto encarne en los pibes? El año pasado hice una capacitación en un par de gremios, uno fue de periodistas porque el genocidio vino a quebrar la organización de los trabajadores. El sindicalismo argentino tiene una deuda con la historia con el propio movimiento obrero organizado. Tendrían que ser los sindicatos los que llenen los juicios porque son sus trabajadores los desaparecidos, los represaliados.

“En Argentina los juicios son orales y públicos, antes, en una época eran escritos. En Chile los procesos de justicia de lesa son escritos, no hay oralidad. Para la sociedad civil, para las víctimas, para nosotros, yo también lo soy, es muy distinto sentarte ante un juez a declarar a que tu abogado haga todo por escrito. No es lo mismo.

“Vos con 18 años y tu documento entrás a un juicio en Argentina, a cualquier juicio. Esto es un derecho, es algo que aprendimos con los años. Los derechos -decía Martí- solamente se tienen si se les ejerce.

“Este es un derecho que la gente desconoce y que nosotros potenciamos, le dimos vuelo, digamos. Con una compañera de un gremio de educadores y aprovechando mi situación en la universidad y mi militancia en organismos de derechos humanos, armamos una capacitación sobre genocidios y juicios de lesa: capacitamos a los docentes. Después con los docentes y los alumnos fuimos a los juicios y esto se empezó a replicar en otros lugares. Esto es importante para los jóvenes. A vos no te voy a convencer de nada. Está bien que vengas, ¿entendés? Yo quiero hacer un trabajo de transformación con los jóvenes.

“¿Qué tienen ellos? Tienen la historia reciente contada por los protagonistas. Ven cómo funciona el sistema judicial, qué hace un fiscal, qué hace un defensor, qué hace un juez. Ven cómo se mueve la escena judicial, van aprendiendo derechos. ¡Es una herramienta!”

Adriana ha sido colaboradora del sitio digital ComarcaSí: pensándonos a nosotros mismos; desde hace años edita agendas-libros que contienen mucha información: “Tenemos agenda de la mujer, sobre música latinoamericana. El año pasado hicimos una sobre derechos sexuales y reproductivos. Buscamos que la agenda sea una herramienta de concientización, de visibilizar historias, de recuperar historias de mujeres que no se conocen.”

Adriana se asume como una mujer muy inquieta, que lo mismo está en el canto que en el cooperativismo, los derechos humanos, los juicios, en la batalla por conservar la memoria de Campo de Mayo, el mayor centro clandestino de detención.

-La pelea por Verdad, Memoria y Justicia es una pelea vital, es una lucha por hacer de este mundo un mejor mundo. Es una pelea que me ha transformado en alguien mejor. Me da la libertad de ser creativa, llevar adelante iniciativas; ese impulso está y convive con lo que nunca se va a recuperar.

A Adriana le gustan los aretes grandes, los collares, los anillos. Pero lo que realmente la define es su perfume: La vie est belle. Con sus luces. Con sus sombras. Con quienes están y con quienes faltan. Con sus silencios y con la música. Por eso une su voz al Coro Quiero Retruco: “No hubo errores, no hubo excesos: son todos asesinos los milicos del proceso”. ** ** **

Beatriz Zalce

Premio Nacional de Periodismo por su labor cultural en Desinformémonos. Catedrática de la Escuela de Periodismo Carlos Septién y de la Facultad de Estudios Superiores de la UNAM.

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