Pensar en voz alta la justicia y la paz

Pietro Ameglio

Samir, Obtulia e Hilario: rostros del “exterminio selectivo” en México

Foto: Cuartoscuro

Y la guerra sigue atravesando a México, por si alguien creía que había parado o disminuido…

El 20 de febrero se dio el brutal e impune asesinato del líder de la resistencia, activista social y comunicador comunitario Samir Flores Soberanes, en Amilcingo, Morelos. Samir fue un ejemplar y muy generoso luchador social sin tregua, delegado ante el Congreso Nacional Indígena por años, gran opositor al Plan Integral Morelos (PIM) y a las dos Termoeléctricas de Huexca, al gasoducto y al acueducto del río Apatlaco. Había participado el día antes de su asesinato contra la termoeléctrica en un foro oficial en Jonacatepec, donde se enfrentaron dos Flores muy opuestas (Samir y Hugo Eric-presidente del PES), una luminosa y otra oscura. Todos lo conocíamos y lo habíamos oído hablar en público de muchos años, siempre solidario, animoso y de empuje en luchas por la ecología, la defensa territorial y la organización de la autonomía. Fundador de la combativa radio comunitaria Amilkcingo y del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y el Agua de Morelos, Puebla y Tlaxcala (FPDTA), herrero de profesión, joven padre de cuatro hijos y sobrino de un luchador social emblemático de Morelos, Vinh Flores Laureano, fundador en los setenta del municipio de Temoac a partir de la conjunción de cuatro pueblos indígenas y de la Normal Rural femenina de Amilcingo.

Días antes, el 12 de febrero en Tierra Colorada, Guerrero, fueron desaparecidos los dirigentes de la Organización de los Pueblos Indígenas Me’ Phaa (OPIM), Obtilia Eugenio e Hilario Castro, mientras se desplazaban de Ayutla a Chilpancingo por las fuertes amenazas de muerte que habían aumentado. Obtilia había denunciado la omisión de las autoridades ante esas amenazas desde noviembre y además el gobierno le había quitado las medidas cautelares. Fueron dejados en libertad el 16 de febrero, ante una gran presión nacional e internacional.

Recordemos también que frente a Palacio Nacional hay, desde el 19 de febrero, un plantón de cientos de desplazados de la sierra de Guerrero -en representación de miles- que huyen de la brutal violencia del delito organizado y los cultivos de drogas en su región. Y asimismo que en Chiapas son miles aún los desplazados en Chalchihuitán y Chavajebal. Para comprender la magnitud de este drama, en la presentación del reciente libro “Entre la invisibilidad y el abandono: un acercamiento cuantitativo al desplazamiento forzado en México”, la especialista Brenda Pérez de la CMDPDH señaló que “de 2011 a 2017 cada año hubo un promedio de un millón 200 mil personas que cambiaron de domicilio” (La Jornada, 16-2-19).

He aquí las formas y rostros principales del “exterminio selectivo” que acosa a México: asesinato, desaparición y desplazamiento, de activistas sociales, defensores de derechos humanos y del medio ambiente, periodistas, miembros de la clase política; principalmente indígenas y campesinos. Se trata de un proceso que no se detiene. Según la base de datos del Servicio Paz y Justicia (Serpaj) acerca del costo humano de la conflictividad social en el país, en enero-febrero de este año han sido asesinados 13 activistas sociales, 7 autoridades gubernamentales y miembros de partidos políticos, 3 periodistas; y han sido desaparecidos 3 activistas sociales y 2 candidatos políticos. Los asesinatos fueron sobre todo en Chiapas y Oaxaca, aunque también en Guerrero, Morelos, Baja California Sur, Hidalgo, Veracruz y Tabasco.

¿Qué lugar ocupa la “pacificación”?

Hacemos esta reflexión colectivamente desde un plano constructivo de paz y de autocrítica, no con afán de destruir, porque creemos que todavía con este nuevo gobierno hay más márgenes positivos de construcción de un mejor orden social en nuestro país. Respondiendo a la pregunta: si por pacificación se entiende “militarizar la seguridad pública”, ésta sigue ocupando un lugar central en el proyecto del actual gobierno -al igual que en los últimos 12 años- más aún con la reciente aprobación de la Guardia Nacional: “Sorprende que el Estado mexicano insista en fortalecer una lógica militar que privilegia la muerte de quienes considera ‘enemigos’, en lugar de reconocer sus garantías individuales, comenzando por el derecho a la vida” (Jan Jarab, representante del Alto Comisionado de la ONU para los DDHH).

En cambio, si por “pacificación” se entiende “construir una cultura de justicia y paz”, ésta ocupa todavía un lugar secundario, a pesar de algunos valiosos esfuerzos federales en el terreno de la justicia social.

Creemos que López Obrador perdió una gran oportunidad de mostrar concretamente sus deseos de pacificación, al no posponer -o cancelar- la Consulta sobre la Termoeléctrica de Huexca, ante el cobarde asesinato de Samir. El hecho de continuar a pesar de todo con esta Consulta -cuatro días después del asesinato-, muy manipulada e impuesta desde ‘arriba’ en todo sentido, demostró una gran insensibilidad ante el dolor de los pueblos y parte de la sociedad de Morelos, Puebla y Tlaxcala particularmente, y del CNI a nivel nacional, y se evidenció así el reforzamiento de un ejercicio disfrazado de democrático, pero que acabó siendo una muestra más de autoritarismo vertical. Confiábamos que el presidente, al menos por su trayectoria de lucha social y conociendo la tradición de lucha en Morelos, iba a hacer prevalecer esa parte de su identidad y a mostrarse humana y políticamente más sensible ante esta brutal ejecución. Se trataba de una coyuntura histórica para mostrar claramente su decisión de ¡Ya Basta de violencia e impunidad!.

En cambio, optó por aumentar la estrategia de polarización, que ya había iniciado en el fin de semana anterior en Cuautla (10 de febrero) al defender abiertamente la opción del “Sí” a la termoeléctrica, y denostar a los opositores luchadores campesinos y ambientalistas -Samir entre ellos- llamándolos puerilmente “conservadores” y “radicales de izquierda”, usando para ello dos definiciones patéticas para estos conceptos. La polarización se ha ido construyendo desde la “estigmatización” del adversario, sin base histórica ni principio de realidad, sólo a partir de juicios de valor descontextualizados y a-históricos. Esta acción que pareciera atacar la “fuerza moral” de los adversarios de López Obrador, en realidad, en una forma de “judo político”, ha acabado golpeando la propia fuerza moral del presidente.

“Radical”, en su sentido etimológico y sociológico, y no en su sentido ideologízado y estigmatizante, viene de “ir a la raíz” y precisamente es un elogio para cualquiera que busca construir justicia y paz, como quieren en su mayoría los pueblos campesinos e indígenas de Morelos. Ir a esa “raíz”, como también acusaban a Gandhi en su tiempo, no significa un regreso mecánico al pasado sino una “equilibración” entre formas de vida y relaciones sociales históricamente humanizantes y de pleno respeto a la integración con el medio ambiente, con otras necesidades actuales, siempre respetando ante todo la autonomía y primacía de los habitantes de esa región en la toma de decisiones, y los estudios científicos de afectaciones de todo tipo. ¿A quién se le ocurre que habitantes de Cuernavaca tengamos capacidad de decisión sobre la vida y el futuro de pobladores indígenas y campesinos de los ríos Cuautla y Apatlaco, que ni conocemos? Esa fue la Consulta…

Es perfectamente claro el modelo desarrollista negativo y de progreso arrasador capitalista que está detrás del PIM en la zona oriente del estado y los estados vecinos: devastación y enorme riesgo ambiental, destrucción del modo de cultivo campesino, hiper desarrollo industrial e inmobiliario…Resulta por demás paradójico que en la tierra madre de Zapata, precisamente en el Año declarado por AMLO “dedicado a Zapata”, se impulse un proyecto que de raíz “traiciona los ideales zapatistas”, como bien señala la Asamblea Permanente de los Pueblos de Morelos (APPM). Sabemos que López Obrador es alguien interesado en la historia, y nos extraña que defienda concepciones de “progreso”, que ya desde la primera guerra mundial ningún historiador serio sostiene.

Además, en 2014 el mismo López Obrador decía a los habitantes de esa región que “Vamos a defender con todo lo que podamos a los pueblos, no queremos ese gasoducto, esa termoeléctrica, y no queremos tampoco esas minas que nada más van a destruir el territorio y van a contaminar las aguas” (El Sol de Cuernavaca, 6-3-19). ¿Qué es humanamente más negativo: ser radical, conservador o mentiroso? Claro, que se argumentará que esas obras aún no estaban acabadas de construir en ese año, pero si en ese entonces se tenía esa claridad en la reflexión no se vale ahora imponer y estigmatizar así a quienes siguen pensando hoy día igual a él en 2014, porque él sabe bien que tienen la razón científica, histórica y cultural. No es correcto justificar acciones deshumanizantes y depredadoras por someterse ante “fatalismos políticos, sociales y económicos”, justificados en el avance de la obra y el gasto, que destruirán en el corto, mediano y largo plazo a todo y a todos. Los que hemos luchado ambientalmente, sabemos que una de las principales estrategias de los adversarios es avanzar lo más rápido posible en las manifestaciones de impacto ambiental y las obras devastadoras, para que cuando empiece la resistencia quienes luchan contra ellas sientan como “inevitable” la construcción.

Pero la especie humana siempre ha tenido la capacidad de no rendirse y construir alternativas más humanas para los más, si dialoga y negocia. Eso nos enseñan la historia y la esperanza bien leídas.

¿Qué le hemos hecho a López Obrador los habitantes de Morelos?

El gobierno federal y estatal han quedado muy “mal parados” en Morelos, con esta Consulta y el asesinato de Samir, aún reconociendo que no exista ninguna responsabilidad directa de ellos en esa ejecución, para así tampoco reproducir la estigmatización y polarización desde el otro bando. No queremos ayudar a reproducir la espiral de la guerra.

La realidad política, ambiental, económica, educativa, de seguridad estatal es digna del peor maquiavalismo, deprimente…por no decir otra cosa. Primero se nos “colocó” a un gobernador -Cuauhtemoc Blanco- y a un secretario de gobierno -José Sanz- incompetentes en todo sentido y prepotentes a más no poder, aunque seguramente muy hábiles para sus negocios personales; a un “presidente municipal” de Cuernavaca -Francisco Villalobos- fantasmal en las boletas y la realidad; un fiscal del Estado -Uriel Carmona- de complicidad e inhumanidad totales que dice que los jóvenes desaparecidos en un 80% de los casos se van de la casa de manera voluntaria (8-2-19) y -sin ninguna investigación- afirma que el crimen de Samir fue por el delito organizado, perdiendo o inventando la cartulina que en el lugar del crimen se dijo haber encontrado; un super-delegado presidencial como Hugo Eric Flores, encargado ahora de toda la “guerra sucia” y compra de conciencias a favor de la termoeléctrica, y con un antecedente brutal: haber sido testigo de la defensa de los paramilitares de Acteal en la “revisión del debido proceso” que encabezó, en un academicismo legaloide vergonzoso, el CIDE -donde él además es profesor- y que logró la liberación de los victimarios de la masacre de Acteal.

¿Los morelenses todavía seguiremos co-operando con nuestro silencio o apatía para que estos personajes sigan en sus puestos, cobrando y aplastándonos con el dinero de nuestros impuestos?

Nos entra un poco la duda acerca de quiénes “rodean” al presidente, empezando por Morelos, quiénes le están ayudando a reflexionar y actuar acerca de qué significa realmente construir justicia y paz en medio de la guerra que nos atraviesa. Qué poco saben éstos de cultura de paz, y qué pobreza resultó de la simulación de esos Foros de Escucha de finales del año pasado. En el caso de la termoeléctrica y el PIM nos parece increíble que la comisión de registro de esos Foros aquí en Morelos, no le haya pasado a López Obrador un apunte que seguramente salió en las participaciones, que dijera algo así: “Convocar a mesas de diálogo abierto y plural, con los mejores especialistas técnicos y científicos universitarios y de gobierno de todos los múltiples campos involucrados en los efectos de ese Plan de Desarrollo, junto a los diferentes actores sociales de esa amplia región del oriente de Morelos, Puebla y Tlaxcala, empezando por la población campesina e indígena, para explorar nuevas y mejores opciones humanas, ambientales y económicas de un proyecto que si bien está prácticamente acabado y viene de la corrupción y el autoritarismo de los gobiernos anteriores, es siempre factible consensar colectivamente algunas alternativas que beneficien a los más posibles en todo sentido. Cerrar los caminos civiles del diálogo, la negociación y los consensos es abrir las puertas a la guerra y la destrucción”. Esa es la apuesta de la construcción de paz.

2 Respuestas a “Elecciones 2018: ¿votar para que aumente la guerra o por una posibilidad de paz?”

  1. HUGO CARBAJAL AGUILAR

    Muy buen Pietro, muy interesante y denunciante este artículo. Utilizaré algunas de tus afirmaciones para elaborar algún otro, ¿Te parece? Permanezcamos comunicados. Te dejo mis tels. por si se ofrece algo más inmediato y rápido: 777 303 20 88 Cel. y 734 343 27 00 Dom.

  2. Gabriel Cámara

    Será ejemplo de buen gobierno y aliento para regeneral comunidad el que AMLO rectifique. Lo ha empezado a hacer en otras decisiones generales. Hay alternativas,. Una de ellas la propusieron en La Jornada Pedro Moctezuma y Helen Burns. Pero hace falta que este articulo y otras voces más le lleguen directamente. Busquemos accesos. Gabriel Cámara

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