Pensar en voz alta la justicia y la paz

Pietro Ameglio

«Rascar la tierra es construir paz»: IV Brigada Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas

Foto: José Luis de la Cruz | Trinchera

La frase que titula este artículo la dijo un niño de una primaria en Huitzuco, en uno de los talleres realizado por el grupo Marabunta, como parte del programa integral de construcción de paz de la IV Brigada, que abarcó también -junto a la Búsqueda- acciones, testimonios y talleres en espacios de fe. México es un país con más de 2 mil fosas clandestinas agrupadas en 24 Estados y en 1 de cada 7 municipios (5° Elemento-Laboratorio de Investigación, A dónde van los desaparecidos, 12-11-18). Además, oficialmente hay 40 mil 180 desaparecidos (Comisión Nacional de Búsqueda de Personas, 17-1-19), aunque según Lucy Díaz, directora del Colectivo Solecito de Veracruz, hay “posiblemente 120 o 150 mil desaparecidos, porque la gente tiene muchísimo temor de denunciar…40 mil hay sólo entre Tamaulipas y Veracruz” (Canal 11 Noticias, 4-2-19).

Nada como la claridad, sencillez y profundidad de los niños y niñas para caracterizar mejor un hecho social: la tarea de las principales víctimas de la guerra en México no ha sido sólo recurrir a las instituciones estatales, a instituciones políticas o legales para que se les respeten y hagan valer sus derechos, sino arremangarse a pleno rayo de sol, pico y pala en mano, e ir directamente ellos y ellas a buscar a sus seres queridos desaparecidos: “En lugar de ver la hermosura de estos montes y de la naturaleza, pensamos en todo el dolor que hay allí. En estos cerros empieza el calvario para nuestros hijos y para nosotros” (María Herrera). Y así, rascando la tierra con ejemplar valor, firmeza y dignidad, se ha ido construyendo una de las más radicales acciones de resistencia a la guerra de exterminio masivo y selectivo que hay en México, y se busca así romper el permanente e infinito dolor expresado en frases como: “Ya no vivimos, sólo sobrevivimos”, “Sólo quiero enterrar a mi hijo para ir a llevarle flores y rezarle”, “Nos falta un pedazo de nuestro corazón, no queremos saber quién lo hizo, a lo mejor ya ni está vivo”; “Le quitan no sólo la vida a las personas sino también la identidad, es algo abominable”. Dejar de buscarlos es la verdadera “desaparición final”: “Ellos desaparecen cuando los olvidamos, por eso los buscamos, porque los amamos”.

¿Y las autoridades dónde están?

Por otro lado, me llamó una vez más la atención que funcionarios estatales tan directamente involucrados con el tema de las víctimas de la guerra, y que han “vivido” de eso los últimos tiempos, como Jaime Rochín (comisionado de la CEAV) y Loretta Ortíz (coordinadora de los llamados Foros de Pacificación y Escucha), habiendo incluso sido invitados por los familiares, no se hayan presentado en ningún momento de la Brigada “porque no tenían tiempo”. Vergüenza total y más coraje aún por pensar que les pagamos sus sueldos con nuestros impuestos (trabajo) y silencio.

Gran contraste se pudo apreciar, en cambio, con la presencia en la Brigada de Tetelilla (Tepecoacuilco) de Alejandro Encinas, subsecretario de DDHH de Segob, quien estuvo cavando con los familiares y -por azar o providencia- participó en la exhumación de un cuerpo, lo que lo comprometerá -si es posible- aún mucho más en su compromiso por encontrar e identificar a los desaparecidos. Bien declaró el funcionario: “México es una enorme fosa clandestina…Existe una verdadera tragedia humana” (4-2-19). La foto de Encinas con guantes y pico cavando en la tierra es la imagen del cambio de relación entre el poder y la sociedad que urge se dé ya en México: las autoridades deben “mandar obedeciendo” a los ciudadanos, y si no que sean retiradas de sus cargos, que sólo son una “delegación temporal, sujeta a permanente vigilancia y control ciudadano”. Aquí es donde deberían entrar cada vez más las acciones civiles ampliadas y masivas de no-cooperación y desobediencia civil: retirar ese soporte que les damos -directa e indirectamente- de impunidad a las autoridades, quitándolas de sus puestos si no cumplen u obligándolas a actuar en coherencia con lo que son sus obligaciones.

Igual que López Obrador, todos “queremos la paz”, pero sabemos que hasta ahora el Estado no iba a construirla, por el directo involucramiento en el negocio de la guerra de muchos de sus miembros, y entonces los familiares de víctimas hace tiempo han comprendido que ellos y ellas son los verdaderos actores y sujetos de la paz, desde su capacidad de organización y de construcción de acciones noviolentas autónomas “sin pedir permiso” y “desde abajo”, de no-cooperación con la simulación oficial y desobediencia civil si son necesarias. Todas estas acciones se han debido a la inacción o complicidad del Estado y parte de la sociedad en su conjunto: “Hacemos la búsqueda por encima de las autoridades. Nuestro hallazgo es mucho mayor a lo que ha hecho el Estado alguna vez” (Lucy Díaz, Colectivo Solecito).

¿Una vuelta de tuerca en esta lucha social?

Esta nueva Brigada, ahora en Guerrero, tuvo avances importantes en la organización y forma de la lucha. Además de incluir a un número mucho mayor (200) de “buscadores/as” y “rastreadores/as” que las anteriores, provenientes de Sinaloa, Guerrero, Chihuahua, Tamaulipas, Cd. De México, Nayarit, Jalisco, Michoacán, Morelos, Veracruz, Baja California Sur, Estado de México, construyó también alianzas más amplias con actores sociales que ayudan a aumentar su fuerza moral, política, social e incluso espiritual. Se sumaron así grupos, organizaciones, iglesias, ONGs de muy distinta índole: 60 colectivos de más de 18 estados, que hallaron 7 cuerpos y más de 60 huesos y fragmentos en 14 fosas en Huitzuco, Chilpancingo e Iguala.

Nos parece central el que se haya entregado al final de la Brigada, en un acto público en Huitzuco el 1° de febrero, una carta-comunicado a la Segob con un conjunto de demandas-peticiones muy precisas, para justamente no dejar a los tiempos y decisiones oficiales una parte sustantiva del proceso de lucha: el Seguimiento e Identificación, que ha sido un arma fundamental de la autoridad para la simulación e impunidad (Lucy Díaz: “Hemos encontrado 313 cuerpos en Veracruz, el nivel de identificación es 18”; de las 3 Brigadas anteriores prácticamente aún no se han identificado cuerpos). Resulta entonces clave exigir condiciones, tiempos y resultados en esta nueva etapa central del proceso, para que la lucha crezca y sea eficaz para las familias y el orden social mexicano, de ahí que diferentes identidades con particular fuerza social y moral de la sociedad civil debamos organizarnos para apoyar el cumplimiento inmediato de estas demandas, presionando, coadyuvando y haciendo de testigos del proceso frente a las autoridades, asegurándonos así de “No dejar solos a los familiares”. Se trata, por tanto, de una lucha colectiva noviolenta de toda la sociedad mexicana, con apoyo internacional, frente a tamaña inhumanidad y barbarie.

Entre las principales demandas planteadas a las que habrá que dar un Seguimiento colectivo inmediato, destacan textualmente: búsqueda y localización de todas las personas desaparecidas; continuar con la exploración de los sitios en que la Brigada actuó; identificación pronta de los restos humanos hallados; instalar una Mesa inter-institucional con las familias para la búsqueda en Guerrero, desde el Frente Guerrero; fecha próxima de reunión para presentar los resultados de la Brigada e iniciar la Mesa de Trabajo; dar seguridad a los familiares en búsqueda; establecer un Instituto Nacional Forense e implementar el Plan Nacional de Exhumación; Reparación Integral y Garantías de No Repetición; implementar una estrategia de Seguridad Pública que prevenga y elimine al crimen organizado, desde una consulta a todos los sectores; efectividad en los órganos de impartición de justicia.

En estas semanas se logró además que un juez de la Ciudad de México emitiera una sentencia de amparo a favor de la familia Trujillo Herrera para que el Comité de la ONU contra las Desapariciones Forzadas reconozca su competencia en este caso individual. Llevando así -como bien lo señaló María Herrera-, a través de un caso particular, el gravísimo problema del exterminio masivo que existe en México en la última década, a instancias internacionales supranacionales, a las cuales podrían acudir miles de víctimas.

Finalmente, como corolario de este periodo de intensa reactivación de la lucha por los desaparecidos en nuestro país, el 4 de febrero este nuevo gobierno anunció el “Plan de Implementación de la Ley General en materia de Desapariciones”, en algo que Lucy Díaz del Colectivo Solecito, calificó de “hecho histórico porque el tema de los desaparecidos no había estado en la agenda de ningún presidente…es la primera vez que lo vemos tan contundente, aunque necesitará implementarse de una manera adecuada, porque si no sería la simulación de siempre”. El tamaño de la simulación oficial lo da el dato, aportado por Encinas en su artículo “Nada sin las familias”, donde señala que ¡de los casi 469 millones de pesos de presupuesto para el 2018 asignados a la Comisión Nacional de Búsqueda, sólo se gastaron 6 millones; y 25 de las 32 Comisiones Estatales de Búsqueda aún no se han instalado! (El Universal, 5-2-19). A su vez, este nuevo enfoque en la política oficial hacia la búsqueda e identificación de los desaparecidos no resulta fácil imaginar cómo se va a relacionar o integrar con las políticas de militarización que se están impulsando desde la creación de la Guardia Nacional, que en los recientes años sólo han agudizado la guerra.

¿Qué desafíos siguen?

Como esta columna lo indica, sólo compartimos un “pensar en voz alta”, sin ninguna pretensión de tener las respuestas finales ni decir a nadie qué hacer, pero con un humilde “principio de realidad” que da la reflexión y “meter el cuerpo” con estos actores sociales. Con base en ello, podemos pensar que una prioridad será ciertamente el lograr construir cada organización y red de organizaciones de familiares de víctimas, en una forma más estructurada, formal y autónoma que les permita constituirse como sujetos sociales más fuertes en la defensa de sus derechos y los de sus familiares desaparecidos, frente al Estado y la sociedad.

A su vez, será fundamental articular también estas alianzas que se han ido ampliando y construyendo, con mayor formalidad, organización y permanencia y, sobre todo, con identidades sociales -jerarquías en primer término- que sean capaces de “meter el cuerpo” junto a los familiares en distintas y creciente presiones hacia las autoridades y otros responsables de la guerra, para avanzar lo más urgentemente posible hacia la verdad, justicia y reparación en decenas de miles de casos. Pero no se tratará sólo de “hacer presencia” declarativa o simbólica, sino de involucrarse directa y públicamente como actores sociales co-responsables de esta lucha por una verdadera paz y humanidad en México. Habría así que ir construyendo y acompañando acciones noviolentas cada vez más efectivas de presión social, y poniendo parte de los propios recursos materiales y humanos al servicio de las víctimas.

¿Qué acciones se podrían construir al respecto?

No se trata de “lluvia de ideas”, sino de acciones estratégicas que abonen directo a presionar a los responsables de hallar en primera instancia la verdad: Búsqueda, Seguimiento e Identificación. En cuanto al Seguimiento para la Identificación de los cuerpos, se podría, por ejemplo, armar una “Comisión –con representantes públicamente significativos de fuerzas sociales y religiosas- de Seguimiento Inmediato para la verdad” respecto a los hallazgos en las fosas de esta IV Brigada para empezar, y enseguida con la identificación de los de las Brigadas anteriores…y demás desaparecidos del país. Esta Comisión requeriría de fondos indispensables y personas que se destinarían a los diferentes especialistas necesarios para el proceso de Seguimiento, nombrados por los familiares, quienes coadyuvarían con mucha presión de tiempo completo hacia a las autoridades. Asimismo, la Comisión acompañaría, como Testigo Social de Honor, en todas las negociaciones y resultados de las reuniones y acciones entre las autoridades y las organizaciones de familiares.

Claramente, no se trata de un tema material, sino moral: “no dejar solos” a los familiares y sus organizaciones, y “meter más cuerpos con poder social y moral” junto a los de ellos en esta lucha de muy distintas formas, no sólo en las acciones directas noviolentas sino también en las Mesas de Trabajo, en las negociaciones con las autoridades.

En cuanto a la Búsqueda, uno de los temas centrales es la casi imposibilidad de hallar cuerpos o restos humanos en espacios territoriales tan amplios y de difícil acceso muchas veces, si algunas personas no dicen en forma anónima información acerca de posibles fosas. En este aspecto, las iglesias y otras fuerzas sociales, con poder social y moral masivo, podrían comprometerse, por ejemplo, en Campañas Públicas mediáticas y de todo tipo -con presencia de los familiares- haciendo llamados a toda la sociedad -en forma anónima y sin consecuencias punitivas- para que nos sensibilicemos más y comprometamos a aportar “pistas” para encontrar la verdad de tantas desapariciones. Apelar en “nombre de dios” o “en nombre de lo humano que todos/as llevamos dentro” a que ayudemos a miles de familias simplemente a “enterrar a sus muertos”, “a volver a la vida”, cuando esto sea posible. Esta acción noviolenta parecería muy ingenua o idealista, pero históricamente no es así y se ha hecho en otros conflictos de igual o mayor violencia, con resultados positivos. La noviolencia, y todas las religiones y espiritualidades, incluso algunos humanismos, apuestan a que hay algo “sagrado”, “trascendente” o “absoluto”, en cada ser humano y a ello siempre es posible apelar, esa es la raíz de la esperanza.

Como decía doña Mari Herrera: “Esperamos que las personas que nos han hecho tanto daño nos escuchen, han dejado nuestros hogares destruidos; esa persona estamos seguros que no tuvo alguien que lo quisiera. Guardaremos el secreto de no delatar a nadie involucrado. No venimos a hacerle mal a nadie, sino a rescatar lo que nos pertenece, a nuestros hijos”. Las Brigadas se basan mucho en estas acciones anónimas, pero en forma espontánea, creemos que deberían constituirse en una gran Campaña Nacional por la Verdad y la Humanidad plena de todas las familias mexicanas.

Juan Carlos Trujillo, hijo de doña Mari y líder de Enlaces Nacionales –organizador de las Brigadas-, define bien a esta lucha noviolenta encabezada por los familiares de desaparecidos: “Añoramos dejar otro mundo, esa es nuestra necedad”. Y en cuanto a la foto de Encinas cavando, agrega Juan Carlos: “Nadie podría imaginar que ese pedazo de tierra fue testigo de esta horrenda desgracia…Nuestra vida se irá en esto de la búsqueda…esta foto es para hacer humano al humano”. ¿Cómo hacer “más humano al humano” en este caso? Obligando a que la autoridad, junto a la sociedad lo más ampliamente posible, “obedezca el mandato” que ya es un aullido nacional de mínima humanidad: ¡verdad, justicia y reparación para las decenas de miles de desaparecidos y desaparecidas en México, y sus familiares!


2 Respuestas a “UNAM: ¿Hacia dónde «parar»?”

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