Volver a ser Nosotras, Nosotros

Verónica Villa Arias

Parcelas de la victoria

Foto: George Washington Carver | National Park Service |Attribution 2.0 Generic (CC BY 2.0)

George Washington Carver fue un profesor y agrónomo afroestadounidense que dedicó su vida a “sembrar para la liberación.” Siendo él mismo hijo de esclavos perseguidos y asesinados, pensaba que el algodón tenía que erradicarse como principal medio de sustento de las comunidades negras en América, a inicios del siglo veinte. Si bien ya eran comunidades libres, el fallido reparto de tierras por parte del Estado los obligó a volverse aparceros y la producción de un sustento digno les seguía siendo inalcanzable.

Encontró que en torno al cacahuate, las alubias, las papas y otros tubérculos, podría desarrollarse una economía que diera independencia a los pueblos, porque devolverían fuerza y fertilidad a los suelos y porque eran cultivos alimentarios. Entendió que producir el sustento de forma autónoma era el camino a la verdadera libertad.

Cuando llegó la Primera Guerra Mundial, Washington Carver ya tenía bastante fama como “doctor de suelos y plantas” y la autoridad moral suficiente como para que el gobierno escuchara su propuesta de organizar huertas domésticas para aliviar la escasez. Produjo decenas de cuadernos prácticos con cientos de usos del cacahuate y la papa, incluyendo, además de alimentos y medicinas, aceites, cosméticos, tintes, pinturas, plásticos y combustibles. Para Washington Carver se trataba de “cultivar para la liberación”, zafar a las comunidades negras de un sistema diseñado para mantenerlas esclavizadas, aunque con salario, a los terratenientes.1

Durante la Segunda Guerra Mundial, se recuperaron las propuestas de Carver y 20 millones de estadounidenses plantaron huertos en casas y calles de las ciudades y produjeron el 40% del total de verduras consumidas en todo el país. Se llamaron Huertos de la Victoria. Jardines de las casas, patios de las escuelas, parques deportivos, camellones en las avenidas fueron sembrados para alimentar a la población civil y las tropas.

En esos mismo años, en Reino Unido se impuso como política nacional de defensa que todos los ciudadanos cultivaran “jardines de guerra”, con rábanos, papas, ajos, cebollas, lechugas y otros cultivos de rápido crecimiento, ricos en calorías, vitamina C y propiedades antibióticas. Se crearon comités de hierbas medicinales para enfrentar la escasez de medicinas debido al asedio del ejército nazi. Estos comités proveyeron a los hospitales y centros de salud durante los años más duros de la guerra.

La pandemia, con toda la distancia obvia, puso a la humanidad en situaciones como de guerra. Durante los confinamientos duros, se paralizaron en los puertos de origen o destino contenedores gigantescos de carne, leche, huevos, harinas y frutas verdes en sus trayectos transocéanicos. Fallaron en cumplir su misión, como cuando Churchil calculaba la cantidad de barcos mercantes ingleses que serían hundidos y provocarían escasez. La producción masiva, moviéndose como elefante, no pudo responder a muchísima gente en confinamiento. Las fábricas de reses, cerdos y aves y las matanzas industriales, además de ser centros de contagio, no realizaron su producción ante el cierre de instituciones de gobierno, escuelas, teatros, cines, restaurantes, hoteles. Ni tratando de re-empacar para agilizar una distribución hormiga evitaron las pérdidas o llegaron a donde se les necesitó.2

Aunque ya desde 2017 la FAO calculaba que al menos mil millones de personas producen alimentos en huertos, estanques y traspatios de las ciudades,3 esa información sorprendente de lo que se puede hacer sin las corporaciones de la alimentación sigue menospreciada. Pero estos meses de pandemia mucha gente se volcó por supervivencia cultivar en las urbes. Sólo en Estados Unidos, la National Gardening Association registra que 18 millones de personas se iniciaron en la agricultura urbana en 2020.4

Recientemente escuchamos estas reflexiones de incipientes agricultoras y agricultores urbanos en Chile. Tal vez nos animen un poco a sembrar nuestras parcelas ¡o macetas! de la victoria…:

Quien hace el huerto urbano, pasa un buen tiempo aprendiendo. Hay que contar ese tiempo que se hace largo, donde parece que no pasa nada o parece que nada resulta, esa es una etapa ineludible, aunque cuando hay urgencia, porque el desabasto apremia, puede causar mucha angustia.”

Pelear contra la industria es muy duro cuando hay que ver de dónde se saca el abasto. Pero cuando nace el primer fruto, cuando se come, todo cambia. Cambia el mundo, cambian las relaciones entre personas y con la tierra. Es como cuando alguien aprende a leer.”

Tener un huerto y saberlo cuidar, pasa también por saber cocinar, saber cómo no tirar partes de las plantas. Hay hojas y tallos de las verduras que se pueden comer. Saber cocinar o saber arreglar ropa, usar herramientas que nos eliminen intermediarios industriales es parte de lograr cosechas en las ciudades. Saber preparar comidas y remedios hace también camino hacia la soberanía alimentaria.”

En los huertos urbanos tenemos que aprender a estirar el tiempo, a tener paciencia, a serenarnos. A probar y errar. Zafarse de la vorágine aunque sea unos instantes es burlarse del sistema. Estirar las dimensiones del tiempo, entender lo que va de sembrar un frijol a que salga el tallito, crezca, dé su fruto y luego nos lo comemos, es pensar el tiempo de otra forma. Las plantas jalan a uno a responsabilizarse una vez que se estableció la conexión trascendental.”

Una vez que uno ve cómo crece un fruto, y uno se lo come, el mundo ya nunca es el mismo. El proceso es más grande que el haba que se siembra.”

1 Briana Baker, “The land-healing work of George Washington Carver”, 12 de febrero de 2021, en GRIST, https://grist.org/fix/george-washington-carver-environmental-legacy/

2 Michael Pollan, “The sickness of our food supply”, en The New York Times Book Review, 12 de mayo de 2020, en https://michaelpollan.com/articles-archive/the-sickness-in-our-food-supply/

3 Joe Nasr, autor de Agricultura y alimentación en las ciudades, PNUMA, 1996, en comunicación directa con el Grupo ETC en 2017.

4 “Gardening: 20 million novices took up hobby in 2020”, 31 de diciembre de 2020, en The Sopkesman Reviewhttps://www.spokesman.com/stories/2020/dec/31/gardening-20-million-novices-took-up-hobby-in-2020/

Verónica Villa Arias

Responsable de investigación sobre agricultura y alimentación del Grupo ETC, integrante de la Red en Defensa del Maíz y colaboradora de Radio Huayacocotla. Es Etnóloga de la Escuela Nacional de Antropología e Historia.

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