Desde los fuegos del tiempo

Ramón Vera-Herrera

Nuestra Palestina: ocupación, desesperación, soberanía alimentaria y resistencia

En los tiempos que corren, la gente se enemista por las afiliaciones o fobias desatadas por el bando que se escoja: Israel o Palestina. El encono virtual se alimenta de las campañas de denuncias mutuas, a veces sin mucho sustento porque las iras están desatadas. Pero lo subsume todo el evidente genocidio en curso del pueblo palestino. No es algo de un mes ni de un año, sino desde 1948.

Como no todo se dirime en las cifras ni en lo exterior sino que está tejido en la complejidad de la existencia (por eso la historia antigua refleja y apunta lo que ocurre ahora) el tejido aquí propuesto enhebra textos surgidos de muchas fuentes. Hacer mosaicos de textos para conformar un macro-texto, nos permite mirar de una vistazo y con muchas aristas, y aunque es un modo raro puede ser significativo. Cada fragmento tiene su referencia, con lo que la colección, el mosaico, se vuelve un fichero bibliográfico o referencial. Todo este recuento es anterior a los ataques recientes que nos dejan ante una guerra de exterminio, injusta, terrible.

Desde hace décadas, una de las muchas dimensiones del proyecto colonial israelí ha sido la destrucción de la agricultura y la pesca palestinas. Antes de octubre de 2023, el 35% de las tierras de cultivo de Gaza se encontraban dentro de una «zona de acceso restringido» en la frontera con Israel. Como consecuencia, 113 mil agricultoras y agricultores perdieron el acceso a sus tierras situadas en esta zona. Además, desde 2014, justamente cuando el viento sopla hacia Gaza y es periodo de cosecha, aviones israelíes rocían sistemáticamente esta zona fronteriza con herbicidas, incluido glifosato. El glifosato es un potente producto químico que mata todas las plantas, y también se considera un probable cancerígeno. Sólo en enero de 2020, esta fumigación dañó 281 hectáreas de cultivos palestinos, afectando a 350 producciones y causando pérdidas de más de un millón de dólares.[…]

El 90% de Cisjordania es tierra de cultivo, pero la mayor parte se encuentra bajo control directo israelí desde los Acuerdos de Oslo de 1993. Siendo que el muro de separación está situado principalmente dentro de Cisjordania y divide las tierras de cultivo y pastoreo de las aldeas, miles de familias campesinas palestinas no pueden acceder a sus tierras. En 2019, sólo 12 de las 76 puertas designadas para permitir el acceso al campesinado se abrió a diario, mientras que 56 requería permisos. Además, el sistema de apartheid empuja a utilizar semillas y productos agroquímicos vendidos por empresas israelíes en la producción agrícola palestina, destruyendo así los suelos y la biodiversidad y generando endeudamiento y pobreza. Esto ha provocado un importante declive de la agricultura, un sector históricamente vital para la sociedad y la identidad palestinas. GRAIN: El pueblo palestino tiene derecho a la vida, la tierra y la soberanía. https://grain.org/es/article/7047-el-pueblo-palestino-tiene-derecho-a-la-vida-la-tierra-y-la-soberania

La lucha por ponerle fin a la ocupación israelí, la construcción del territorio y el elemento “tierra” —más los olivares tan enraizados en este suelo rocoso—, están en el corazón del impulso palestino por una liberación nacional.

Cargada de un peso simbólico como ícono amargo e irónico de una paz fracturada, la defensa de los “zaytoons” u olivos, se halla atada de un modo tangible a la viabilidad de una economía agrícola, cimiento sobre el que se alza el propio Estado palestino. El asalto de los poderes de ocupación contra estos ancestrales y retorcidos árboles que los agricultores han cultivado por milenios tiene el designio de aplastar tal sueño y consolidar la conquista israelí.

Desde la creación de Israel en 1948, el Estado sionista se apropió y tasajeó cerca de medio millón de estos olivos, para justificar mejoras de infraestructura o con el pretexto de que los árboles proporcionan cobertura a los combatientes palestinos. También los cercó para extender el “perímetro de seguridad” de los 196 asentamientos ilegales que predan la tierra y los recursos de la Franja de Cisjordania.

En poblados como Awwarta, Bet Fariq, Yanoon, y Ein Abus, del valle de Nablus, los colonos israelíes de derecha, comúnmente seguidores de Meir Kahane (demagogo racista nacido en Brooklyn y fundador de la Liga de Defensa Judía) aterrorizan a los palestinos durante la cosecha otoñal de olivas sin que intervenga el ejército o la policía israelíes. John Ross, “Chiapas y Palestina: la destrucción de cultivos es genocidio, 28 de enero de 2004 https://www.biodiversidadla.org/Documentos/Chiapas-y-Palestina-la-destruccion-de-cultivos-es-genocidio-por-John-Ross

Uno tiende a olvidar la escala geográfica de la tragedia en cuestión —su escala se ha vuelto parte de la tragedia. Las Franjas de Cisjordania y Gaza juntas son más pequeñas que Creta (la isla de la que pudieron haber llegado los palestinos en la prehistoria). Tres millones de personas, seis veces más que en Creta, viven aquí. Y es sistemático que a diario resulte reducida el área. Los poblados se colman más y más y el campo queda más cercado e inaccesible dentro de las alambradas.

Los asentamientos se extienden o se emprenden nuevos. Las autopistas especiales para los colonos, prohibidas para los palestinos, transforman los antiguos caminos en callejones sin salida. Los puntos de revisión y los tortuosos controles de identificación han reducido seriamente la posibilidad de que los palestinos viajen o incluso planeen viajar dentro de lo que aún queda de sus propios territorios. Muchos no pueden ir más allá de veinte kilómetros en cualquier dirección.

El Muro encierra, corta rincones (cuando se termine habrá escamoteado cerca de diez por ciento de lo que queda de la tierra palestina), fragmenta el ámbito rural y separa a los palestinos de los palestinos. Su propósito es partir Creta en unas doce isletas. El propósito del marro lo culminan los trascavos. John Berger “Una desesperación imbatible”, Con la esperanza entre los dientes, Editorial Itaca/La jornada https://editorialitaca.com/libro/con-la-esperanza-entre-los-dientes/2007

En cuanto a los servicios básicos, la situación en Gaza ya era desesperada antes de los últimos recortes. El gobierno israelí lleva años imponiendo graves restricciones en el acceso al agua, implementando lo que la organización de derechos humanos Al-Haq denomina “apartheid del agua”. Desde 1982, la población palestina depende de Israel para abastecerse de agua, ya que la empresa nacional Mekorot, controla las infraestructuras. La extracción israelí de los acuíferos de Cisjordania representa el 85% del suministro del país. Mientras Mekorot garantiza la conexión de los asentamientos ilegales a la red de agua, a las familias palestinas se les niegan constantemente los permisos para construir nuevos pozos y el ejército israelí destruye a menudo sus cisternas de recogida de agua de lluvia. Esta discriminación subyacente queda patente si se tiene en cuenta que, en Cisjordania, las colonias israelíes consumen de media más de seis veces más agua que la población palestina.

Las consecuencias de este apartheid del agua van más allá de la agricultura, afectando también a la salud. Las enfermedades transmitidas por el agua se convirtieron en la principal causa de muerte en Gaza debido a la escasez en las ciudades y pueblos, así como a la falta de acceso al agua corriente en las comunidades rurales. El control de este recurso básico también implica la capacidad de regular las represas. El centro de derechos humanos Al Mezan ha reportado que la manipulación de estas infraestructuras por parte de las autoridades israelíes ha provocado inundaciones repentinas en las tierras cultivadas en Gaza. GRAIN: El pueblo palestino tiene derecho a la vida, la tierra y la soberanía. https://grain.org/es/article/7047-el-pueblo-palestino-tiene-derecho-a-la-vida-la-tierra-y-la-soberania

Regresando a las prácticas israelíes y a la fijeza mental que con obstinación se ha apoderado de ese país en los últimos años, piénsese en el plan siguiente. Éste entraña nada menos que la erradicación de un pueblo entero mediante los métodos lentos, sistemáticos, de la sofocación, el asesinato directo y el escamoteo de la vida cotidiana. Hay un relato memorable de Kafka, “En la colonia penal” que muestra a un oficial enloquecido que presume una máquina de tortura fantásticamente detallada cuyo propósito es escribir sobre el cuerpo entero de la víctima, usando un complejo sistema de agujas que inscriben en el cuerpo del cautivo letras diminutas que terminan por desangrar al prisionero hasta la muerte. Esto es lo que Sharon [cuando se escribió este texto era él quien gobernaba] y sus brigadas de verdugos le hacen a los palestinos, y no existe sino una oposición muy simbólica y muy limitada.

Todo palestino es hoy un prisionero. Gaza está rodeada por una cerca de alambre electrificado en tres de sus lados; presos como animales, los habitantes están imposibilitados de moverse, de trabajar, de vender sus verduras y frutas, de ir a la escuela. Están expuestos por aire a los aviones y helicópteros israelíes, y en tierra son ametrallados como pavos por los tanques y las ametralladoras. Empobrecida y hambreada, Gaza es una pesadilla humana. Cada uno de los fragmentos y episodios —como lo que ocurre en Erez o cerca de los asentamientos— implica miles de soldados para perpetrar la humillación, el castigo, el intolerable debilitamiento de cada uno de los palestinos sin importar edad, género o enfermedad. Las medicinas están detenidas en la frontera, les disparan o detienen a las ambulancias. Hay cientos de casas demolidas y cientos de miles de árboles están destruidos al igual que la tierra de cultivo mediante actos sistemáticos de castigo colectivo contra los civiles, muchos de los cuales eran ya refugiados que huyeron de la destrucción de su sociedad, a cargo de los israelíes, en 1948. Edward W. Said, “Muerte lenta: castigo detallado, La Jornada, 7 de agosto de 2002, https://www.jornada.com.mx/2002/08/07/031a1mun.php?origen=opinion.html

En Palestina, la soberanía alimentaria está intrínsecamente vinculada a la lucha por la autodeterminación. La confiscación de tierras palestinas comenzó en 1948, fecha en la que el 78% del territorio de la Palestina histórica pasó a formar parte de Israel. El 22% restante –que hoy en día se conoce como “territorios palestinos” – está totalmente ocupado por el ejército israelí, o bajo su control, desde 1967. En estos territorios, las zonas y el muro de separación, los asentamientos israelíes ilegales y las zonas de exclusión militares despojan poco a poco a la población autóctona de las tierras agrícolas y los recursos hídricos.

Si a esto se suman las restricciones a la libertad de circulación y los ataques regulares de los colonos a los agricultores y su cultura, se entiende por qué las restricciones agrícolas impuestas por Israel hacen perder 2 mil 200 millones de dólares estadounidenses (unos 1935 millones de euros) al año a la economía palestina y por qué, según las Naciones Unidas, el 31.5% de la población vive en situación de inseguridad alimentaria.[…] “Antes, en los campos de olivos no sólo había olivos; había higueras, viñas, cereales, como trigo y cebada, y leguminosas, como garbanzos y habas. Sin embargo, estos cultivos exigen un mayor cuidado, por lo que, poco a poco, se han ido abandonando y sólo han quedado los olivos. Actualmente, la agricultura palestina está completamente alejada de los métodos tradicionales”, dice Saad Dagher, un agricultor que impulsa proyectos autogestionarios […] “Somos una nación bajo la ocupación israelí y necesitamos producir alimentos para ser más fuertes e independientes. No producimos suficientes alimentos, por lo que ahora dependemos de los productos de los asentamientos ilegales israelíes, llenos de pesticidas”, lamenta el agricultor. Sandra Guimarães, Anne Paq, “La lucha por la soberanía alimentaria en Palestina”, https://grain.org/es/article/6302-la-lucha-por-la-soberania-alimentaria-en-palestina

Si bien Netafim puede ser una de las empresas de agronegocios más conocidas de Israel, y un participante habitual en las delegaciones del gobierno israelí, en realidad, desde 2018, es propiedad del grupo mexicano Orbia. Además, Netafim realiza gran parte de sus ventas a través de una subsidiaria en los Países Bajos por lo que tiene acceso preferencial a muchos mercados extranjeros a través de acuerdos comerciales y tratados de inversión de la UE. Con estos acomodos puede ingresar a mercados africanos que tienen restricciones comerciales para empresas israelíes, e incluso obtener financiamiento de agencias públicas holandesas. […]

De acuerdo con Who Profits, la tecnología de riego por goteo de Netafim, desarrollada en la década de 1960 fue fundamental para establecer los asentamientos agrícolas israelíes en Cisjordania y en las áreas del Golán sirio incautadas ilegalmente en la guerra de 1967. Esto ha sido a expensas del acceso al agua para las comunidades palestinas.

El actual sistema de apartheid israelí es inseparable de su crecimiento agroindustrial, el cual no sólo implica la expropiación masiva de tierras de comunidades beduinas y familias campesinas palestinas sino también la destrucción de los sistemas alimentarios, pesqueros y agrícolas tradicionales de Palestina, dejando al resto de quienes producen alimentos dependientes de la importación de agroquímicos y semillas israelíes. Las empresas de agronegocios que operan en los asentamientos ilegales también se ven beneficiadas por incentivos fiscales, mano de obra barata proveniente de campesinas y campesinos palestinos desposeídos y de regulaciones medioambientales menos estrictas. GRAIN, “Fincas, armas y agrodiplomacia israelí”, 2 de noviembre de 2022, https://grain.org/es/article/6902-fincas-armas-y-agrodiplomacia-israeli#_ftn1

En el extremo distante del edificio con puerta metálica, justo enfrente de la tienda de partes usadas de bicicleta, a ocho pasos de donde los niños juegan canicas en un rincón, hay un metro cuadrado de tierra abierta donde crece una mata de jazmines. Tiene tan sólo dos flores blancas, porque es noviembre. Rodeando la raíz, se alinean unas doce botellas de plástico, de agua mineral, vacías, desperdicio del callejón. Por lo menos sesenta por ciento de los habitantes del campamento son desempleados. Estos campos son verdaderas favelas.

Cuando algunos tienen la oportunidad de abandonar el campamento y cruzar los escombros hacia algún acomodo un poquito mejor, puede ocurrir que lo rechacen y decidan quedarse. En el campamento son un miembro, como los dedos, de un cuerpo interminable. Salirse es como ser una amputación. La postura moral de estar desesperados pero no rendirse funciona así.

Escuchen…

Los olivos situados en la terraza más alta parecen desgreñados; los enveses plateados de sus hojas son más visibles que de costumbre. Es porque ayer recogieron las aceitunas. El año pasado la cosecha fue pobre, los árboles se cansaron. Este año es mejor. A juzgar por su diámetro los árboles deben de tener tres o cuatro siglos de antigüedad. Las terrazas de caliza seca son tal vez más viejas. John Berger “Una deseperación imbatible”, Con la esperanza entre los dientes, Editorial Itaca/La Jornada https://editorialitaca.com/libro/con-la-esperanza-entre-los-dientes/2007

Silvana Rabinovich, investigadora en toda la extensión de la palabra y que domina idioma hebreo a la perfección, nos narra la compleja situación que tiene sumida a la región en un conflicto en apariencia irresoluble por la actitud implacable del Estado israelí, y que ocurre en el espacio de confluencia de tres religiones y de la narrativa histórica de cada una de éstas, que se expresa en varios planos y desde varias posibilidades de la lengua, lo que aloja voces históricas, filosóficas y también poéticas. Ella entonces nos devela una Biblia donde los poderes de dominio buscan claves para emprender una guerra de conquista y avasallamiento hacia los antiguos pueblos cananeos, que hoy son el pueblo palestino. En esta guerra, cuyo origen está en la dominación, esa lectura e interpretación particularmente sesgada le permite al gobierno israelí justificar el exterminio.

Pero Silvana no sólo indaga estas fuentes, pues desde la fundación del Estado judío hubo aquellos “que advirtieron frente a la evidencia de los primeros atropellos, la posibilidad segura de un derrumbe de los ideales de ética y justicia” que están más que consagrados en la Biblia mediante una lectura consecuente con la justicia ancestral y una ética irrenunciable. Uno puede seguir pistas de gente cuidadosa y sumergida en las tradiciones ancestrales, como Martin Buber, Emmanuel Levinas, Walter Benjamin —o el propio Bajtin, que sirven de andamiaje a la sumersión en el lenguaje. Silvana sigue la pista de alguien tan acucioso y consecuente con la ética y la justicia como el palestino “de origen y convicción”, Edward Said, que al igual que Levinas y H. Cohen emprendieron la lectura de la Biblia desde sus filamentos históricos cananeos, los actuales palestinos.

Dice Silvana Rabinovich: “El discurso político en torno a la tierra de Palestina/Israel es claramente militarista y por esa razón las figuras bíblicas escogidas aquí aluden a la guerra, la muerte y la enemistad”, pero, “como es sabido, la Biblia no es unívoca. En ella conviven diversos aspectos morales entre los cuales hay dos que se contradicen y reflejan posturas irreconciliables: por un lado se encuentran las leyes morales y sociales… cuya característica más notable es el respeto por el otro ser humano que deriva en la sensibilidad social hacia los arquetipos de la fragilidad humana, por el otro están las referencias a la conquista de la tierra prometida, que prescriben la aniquilación de los pueblos habitantes de Canaán” La biblia y el dron, Sobre usos y abusos de figuras bíblicas en el discurso político de Israel”, Editorial Heredad, Tercera edición, México, 2021

La labor de la sumũd, desde a crianza de los bebés y construir hasta testimoniar y luchar, continúa”, dice Edward Said en After the last Sky: Palestinian lives, y Juman Simaan lo pone como epígrafe a un texto que busca recuperar la experiencia permanente de la resistencia palestina ante la invasión, la fragmentación y la rotura de las vidas de todas y cada una de las personas que habitan ese dolorido país. Lo sugerente de este sugerente texto, “John Berger y los actos cotidianos de la sumũd”, es que —para hablar de la experiencia palestina, además de recuperar las voces de la gente que lucha, resiste y busca entender, y desde su cotidianidad íntima se empeña en cambiarlo todo, “criando bebés, construyendo, testimoniando y luchando”—, invoque la obra de John Berger y la de Edward Said. Vean https://dark-mountain.net/john-berger-and-everyday-acts-of-sumud/. La historia palestina, la comparten miles de comunidades que defienden su entorno vital, eso que llamamos territorio, y que es el ámbito de la comunidad, de la subsistencia y la memoria. Lo defienden de un embate externo que no sólo busca exterminar a sus habitantes (para poseer esa tierra o territorio que en su lógica de contaduría, logística y administración se vuelven números que cada vez se alejan del sentido original que buscaban). La invasión busca destruir la relación de la gente con la naturaleza, con su propia tierra. Busca arrancar a la gente de su relación más vital y significativa: lo que le da sentido a su vida plena, hoy e históricamente. Una relación histórica que es futuro siempre.

Al capitalismo lo que más le importa es ese arrancamiento, el descuajamiento, la fragmentación, la compartimentación.

En el Medio Oriente al campesinado lo que le cortan, arrancan o descuajan son sus olivos, esos árboles milenarios que han sido compañeros de la gente a lo largo de generaciones. Y los colonos invasores israelíes los cortan con sierras eléctricas para romper la continuidad histórica del pueblo palestino con su entorno, con sus sentidos, con sus relaciones (finos tramados de relaciones de ciclos, tiempos, espacios, ocasiones, dones, ofrendas, rememoraciones).

Dice Juman Simaan: “la violencia contra los árboles y las familias cultivadoras de olivos pretende divorciar a las comunidades nativas de su tierra y evitar que se involucren en actividades esenciales para su supervivencia”. “Siempre, siempre la esperanza entre los dientes, Desde los fuegos del tiempo, desinformemonos.org

El hecho de que los tiranos del mundo sean extraterritoriales explica la extensión de su poder de vigilancia, pero anuncia también una debilidad próxima. Operan en el ciberespacio y se alojan en condominios resguardados. No tienen conocimiento alguno de la tierra que los circunda. Aun más, desprecian ese conocimiento por considerarlo superficial, sin profundidad. Únicamente cuentan los recursos extraídos. No pueden escuchar a la tierra. En el terreno son ciegos. En lo local están perdidos.

Para los compañeros presos lo contrario es cierto. Las celdas tiene muros que tocándose cruzan todo el mundo. Los actos efectivos de resistencia sostenida están incrustados en lo local, cerca y lejos. La resistencia más remota es escuchar a la tierra. Poco a poco, la libertad no se encuentra fuera sino en las profundidades de la prisión. John Berger, “Un mensaje lleva a otro”, La Jornada, 13 de julio de 2008

La línea oficial (que tiene el respaldo de Estados Unidos y de prácticamente todos los comentaristas de noticias estadunidenses) es que Israel se defiende emprendiendo acciones de represalia por los bombazos suicidas que minan su seguridad y que incluso amenazan su existencia. Tal afirmación ha logrado un estatus de verdad absoluta, y no la moderan ni lo que Israel emprende ni lo que en realidad le ha ocurrido.

Se repite tan frecuentemente y sin argumentos que hay que arrancar la red del terrorismo, destruir su infraestructura, atacar los nidos de terroristas (nótese la total deshumanización que implica cada una de estas frases) que se le ha otorgado a Israel el derecho de hacer lo que le place, ocasionando un enorme daño a la vida civil palestina, una destrucción desenfrenada y sin motivo, matanzas, humillación, vandalismo: una violencia, muy tecnificada, sobrecogedora y sin razón. Ningún otro Estado sobre la tierra hubiera podido hacer lo que Israel ha hecho, con tanta aprobación y respaldo como le ha dispuesto Estados Unidos. Ninguno ha sido tan intransigente y destructivo, tan fuera de sus propias realidades, como Israel.[…]

[Pero] no podrán tirarse al agujero de la memoria todos estos actos. La más formidable y temible maquinaria de propaganda ha logrado la monstruosa transformación de un pueblo entero en poca cosa más que “militantes” y “terroristas”. Esto ha solapado que no sólo los soldados de Israel, sino una flotilla de sus escritores y defensores borroneen la terrible historia de sufrimiento y abuso con tal de destruir impunemente la existencia civil del pueblo palestino. Edward, W. Said, “lo que ha hecho Israel”, La Jornada, 17 de abril de 2002

Gaza, la prisión más grande del mundo, está siendo transformada en un matadero. La palabra Franja (de la Franja de Gaza) está empapada con sangre, como ocurrió hace 65 años con la palabra ghetto.

Día y noche la Fuerza de Defensa israelí lanza bombas, obuses, armamento radioactivo y de fósforo gbu39, balas de ametralladora por aire, mar y tierra contra una población civil de 1.5 millones de personas. El número de muertos y mutilados incrementa con cada nuevo reporte noticioso de los corresponsales internacionales, a los que les está prohibido por Israel entrar a la Franja. Sin embargo, la cifra crucial es que por cada baja israelí hay cien bajas palestinas. Una vida israelí es equiparada a cien vidas palestinas. Las implicaciones de este supuesto son reiteradas constantemente por el vocero israelí con el fin de hacerlas aceptables y normales. La masacre tendrá muy pronto su secuela de pestilencia: casi ninguna vivienda cuenta con agua ni energía eléctrica, los hospitales carecen de médicos, medicinas y generadores. La masacre viene de un bloqueo y un estado de sitio.

Más y más voces por todo el mundo se levantan en protesta. Pero los gobiernos de los ricos con sus medios de comunicación mundiales y su orgullosa posesión de armas nucleares le confirman a Israel que se harán de la vista gorda ante lo que la Fuerza de Defensa Israelí está perpetrando. “El llanto de un lugar entra en nuestro sueño”, escribió el poeta kurdo Bejan Matur, “El llanto de un lugar entra en nuestro sueño y nunca se va”. Nada sino la tierra arrasada. John Berger, “El llanto de un lugar, Ojarasca enLa Jornada 141, 19 de enero de 2009 https://www.jornada.com.mx/2009/01/19/Ojarasca141.pdf

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