Volver a ser Nosotras, Nosotros

Verónica Villa Arias

No más enfoques gerenciales de la naturaleza

Desierto mexicano en el jardín botánico de Amsterdam

La próxima reunión global para hablar del futuro de la naturaleza tendrá lugar en Nairobi, Kenia, entre el 21 y el 26 de junio de 2022. Es la cuarta reunión del Grupo de Trabajo del “Marco Mundial para la Biodiversidad post 2020” para definir qué es lo más importante en las próximas décadas en términos de la diversidad de plantas, animales y cultivos que nos alimentan, la integridad de bosques, selvas, sabanas y cuerpos de agua. Un análisis inicial del discurso del Convenio de Diversidad Biológica y de algunos actores institucionales, grupos de conservación y empresariales, muestra que la naturaleza, cada vez más, se entiende como cosa a la que hay que administrar1. Como si en vez de entender qué problemas hay, y qué posibles soluciones pueden venir desde las propias comunidades de animales, cuencas, selvas y montañas, nos empeñáramos en imponer técnicas para que la Madre Tierra obedezca a fuerza. Llenar la naturaleza de sensores, satélites que la espían, organismos alterados genéticamente y robots que la analizan para asegurar que “sigue las instrucciones”.

La naturaleza necesita producir más y mejor, dicen, y para ello hay que ver cómo se meten más herramientas, se hacen más políticas y se invierte más dinero en solucionar lo tonta que es la biodiversidad. Lo lentos que son los suelos en recuperarse de la dependencia a los fertilizantes, o lo ineficientes que son los cultivos porque rinden poco o se dejan dañar por plagas. No se tocan el acaparamiento de agua y tierra por las industrias, la contaminación de los mantos freáticos, la pérdida de quelites y polinizadores por el exceso de plaguicidas.

Pues con tecnología, dicen, se soluciona todo, y la naturaleza debe obedecer, so pena de extinguirse. Como si animales y plantas, cuerpos de agua y cultivos existieran aparte de las comunidades que las cuidan y que sufren con ellas la destrucción ambiental.

Se habla de “negocios y biodiversidad”2, del rol principal que pueden tener las empresas, de cómo la pérdida de diversidad biológica debe enfrentarse desde el saber técnico, pero no se habla del entramado sistémico de problemas ocasionados por la industrialización irrestricta, la competencia por ganancias a costa de derechos humanos y de la naturaleza. En los textos oficiales casi no hay mención de las causas de las pérdidas.

Con el argumento de que la pandemia de Covid vino de un virus indomable, ahora entre los planes para la preservar la biodiversidad hay más experimentos genéticos con insectos, microbios y cultivos.3 Que para que no venga otra pandemia tenemos que permitir soluciones urgentes, drásticas y riesgosas como nuevos tipos de transgénicos que supuestamente aguanten la sequía (como el trigo Bt que con bombo se aprobó en Argentina y Brasil) o alterar la genética de mosquitos, roedores y yerbas para volverlos débiles y poderlos exterminar si hace falta (como los organismos que son genéticamente alterados para meterles “impulsores genéticos”)4. Hay experimentos de todo eso y en la reunión de Nairobi habrá cabilderos de la iniciativa privada empujando a que se legalicen, se generalicen y puedan comercializarse.

El discurso que viene insiste en que la naturaleza y la gente van aparte. Que la naturaleza debe administrarse mejor, que al menos un 30 por ciento de la diversidad biológica debe conservarse en los próximos 30 años, como si la naturaleza fuera algún personaje escurridizo que nomás no se deja ver, como si estuviera aparte, y donde se la encuentre, habrá cercamiento para evitar que se le acerquen… las comunidades5.

China habla incluso de una “línea roja ecológica” y de la “civilización ecológica”, que son magnos planes de ordenamiento territorial donde de un lado quedarían las comunidades y del otro la naturaleza restringida, “cuidada” por expertos que le dicen cómo comportarse6.

El discurso que se viene insistirá en separar a la naturaleza de la gente, por el bien de la propia humanidad y de la naturaleza. Hará mucha falta insistir en que somos vida juntos y juntas con plantas y animales. Que el problema no somos las comunidades, o la naturaleza que no responde como fábrica con capataces nuevos, sino las industrias que la ven como cosa.

1 De próxima publicación, Documento de contexto de la narrativa dominante en torno al Marco Mundial para la Biodiversidad post 2020. Los autores y autoras son integrantes de la Alianza para la Soberanía Alimentaria en África y del Grupo ETC.

2 Consultar las noticias de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza: “Business and biodiversity” (Negocios y biodiversidad, la naturaleza es negocio de todos) en https://www.iucn.org/theme/business-and-biodiversity

3 Jonas Sandbrink, “A self spreading vaccine moves forward, dialogue on its risks should follow” (Avances en vacuna que se auto-dispersa. Necesario el debate sobre sus riesgos), en Bulletin of the Atomic Sciences, 10 de junio de 2022, https://thebulletin.org/2022/06/as-self-spreading-vaccine-technology-moves-forward-dialogue-on-its-risks-should-follow/

4 Grupo de trabajo de la sociedad civil sobre impulsores genéticos, “Acciones temerarias: los impulsores genéticos y el fin de la naturaleza”, 9 de noviembre de 2018, en BiodiversidadLA https://www.biodiversidadla.org/Documentos/Acciones-temerarias-los-impulsores-geneticos-y-el-fin-de-la-naturaleza

5 “El racismo tras la meta del 30 x 30 de biodiversidad de la ONU”, en Cadena Ser, 2 de octubre de 2020. En https://cadenaser.com/programa/2020/10/02/punto_de_fuga/1601673876_935352.html

6 Jixi Gao, “How China will protect one quarter of its land” (Cómo China protegerá una cuarta parte de su tierra) en Nature, 21 de mayo de 2019, en https://www.nature.com/articles/d41586-019-01563-2

Verónica Villa Arias

Responsable de investigación sobre agricultura y alimentación del Grupo ETC, integrante de la Red en Defensa del Maíz y colaboradora de Radio Huayacocotla. Es Etnóloga de la Escuela Nacional de Antropología e Historia.

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