Volver a ser Nosotras, Nosotros

Verónica Villa Arias

La Madre Tierra, inflamada

Son días de climas extremos en el mundo. Hace pocos días en Montreal, Canadá, el frío llegó a menos treinta grados centígrados, la gente no podía usar sus celulares en el exterior porque simplemente se congelaban. Esa misma semana, en La Rioja, Argentina, la temperatura subió a más de 40 grados y el calor descompuso computadoras. Se interrumpió la señal de internet por falta de corriente eléctrica, ya que todos los ventiladores y climas artificiales están encendidos.

El frío y el calor extremo en el mundo se están combinando con la pandemia. Los contagios suben y en muchos países hay alarma.

“El planeta está inflamado, como nuestros cuerpos, y por las mismas razones”, cuentan los autores Raj Patel y Rupa Marya en su libro Inflamados: la medicina profunda y la anatomía de la injusticia.1

Nos dicen: “Nuestros cuerpos, sociedades y planeta están enfermos. En los años recientes aumentan sin cesar las enfermedades inflamatorias, los trastornos gastrointestinales y el asma. A la pandemia de Covid se suman la violencia contra pueblos indígenas, comunidades y barrios negros, migrantes, y aumenta el número de refugiados por catástrofes ambientales y climáticas. ”Es un momento en que las relaciones invisibles entre nuestros sistemas biológicos y las profundas injusticias de nuestros sistemas políticos y económicos pueden verse con claridad.

“La inflamación tiene que ver con los alimentos que comemos, el aire que respiramos y la diversidad de microbios que viven en nuestro interior, que regulan todo, desde el desarrollo del cerebro hasta el funcionamiento del sistema inmunitario. La enfermedad, la inflamación, está conectada con los sufrimientos desde la niñez y con los traumas soportados por nuestros antepasados. Está relacionada no sólo con el acceso a la atención sanitaria, sino con los propios modelos de salud de la medicina dominante.” Las estructuras establecidas desde la Colonia siguen funcionando a distintos niveles. Buscar la salud sin atacar las causas históricas, estructurales, o económicas de la enfermedad es inútil.

“Estamos en una crisis donde la única curación puede venir de la medicina profunda, de que restablezcamos nuestras relaciones con la Tierra y entre nosotros.” 2

En la región amazónica hay quienes tratan sus dolores con collares de semillas, con extractos de hongos, insectos, ranas y serpientes. Muchos pueblos curan con respiraciones de aire fresco, caminatas hacia las montañas y otras ceremonias. Cuidan pedazos de sus montes para que sobrevivan esos seres medicinales y a esos pedazos les llaman “bosques curativos”, que nos recuerdan a las “farmacias vivas” de la Huasteca en una escala mayor.

En Marruecos se hacen collares de clavo para protección general del bienestar; los collares de ámbar y gemas se conocen por ayudar a balancear energías, los pueblos mayas de Chiapas y Guatemala curan con cantos, los del Tíbet con el sonido de sus cuencos… Estos saberes son muy anteriores a la medicina alopática moderna. Las medicinas tradicionales de India y China tienen más de cuatro mil años, y siguen siendo despreciadas por la ciencia dominante. Las medicinas de los pueblos originarios de América Latina y África se clasifican como “folclóricas”. Crecemos con la conciencia de que cuando la medicina “verdadera” fracasa o está fuera del alcance, se puede acudir a la segunda mejor opción, la terapéutica “alternativa”. Este es un ejemplo de la colonización interna que nos tiene divididos, propone el libro Inflamados. Cuántas veces la medicina alternativa se considera directamente “de segunda”, igual que quienes la practican.

Este menosprecio por otras formas de curar es parte de la enfermedad del planeta y de los cuerpos. La Tierra está muy caliente o muy fría porque la naturaleza se volvió un almacén de recursos. Quedan pocos bosques curativos, y las medicinas de los pueblos se desalientan.

Qué importante puede ser estos momentos de frío extremo, heladas y sequías apegarnos a los alimentos que no vienen de fábricas y fortalecer las formas de curar que no pasan por la medicina patentada. Usar los remedios antiguos, acudir con quienes los atesoran, aún si contamos con el sistema de salud del Estado.

La “anatomía de la injusticia” señala enormes regiones del mundo donde se desprecia la vida. Pero el mal generado por la destrucción de la naturaleza y la opresión a la gente se cierne también sobre los afortunados. Si los países apostaran a las otras formas de curar, tal vez pensarían dos veces antes de autorizar megaproyectos que destruirán bosques, tierras comunitarias, minería que ensucia el agua, tala de árboles para ganadería intensiva. Sería una forma de medicina profunda para sanar el planeta entero, postrado por la destrucción industrial.

Imágenes:

Un gran corazón, tomado de Plantas medicinales del pueblo maya en tiempos de Covid-19 https://www.kakuxtal.org/

Medicina profunda, tomado de Plantas medicinales del pueblo maya en tiempos de Covid-19 https://www.kakuxtal.org/

1 Raj Patel, Rupa Marya, 2021, Inflamed: Deep Medicine and the Anatomy of Injustice, Macmillan, Estados Unidos, 2021. https://us.macmillan.com/books/9780374602529/inflamed

2 Una reseña del libro, (aún no disponible en castellano), puede consultarse en Libro Mundo https://libromundo.es/inflamado-por-el-examen-de-rupa-marya-y-raj-patel-la-division-racial-de-la-medicina-moderna-libros-sobre-salud-mente-y-cuerpo/

Verónica Villa Arias

Responsable de investigación sobre agricultura y alimentación del Grupo ETC, integrante de la Red en Defensa del Maíz y colaboradora de Radio Huayacocotla. Es Etnóloga de la Escuela Nacional de Antropología e Historia.

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