Pensar en voz alta la justicia y la paz

Pietro Ameglio

El GIEI se fue porque nos dejamos

Si uno preguntara por qué se fue el GIEI, las respuestas más frecuentes, entre los sectores que lo valoramos como una experiencia importante para la búsqueda de la verdad y la justicia en la acción genocida de Iguala, serían: porque incomodaba al gobierno que la verdad sobre su participación directa en el hecho quedara tan públicamente evidenciada en niveles más altos que los del alcalde; porque el ejército iba a quedar muy comprometido por su participación; porque el ejecutivo tiene un nivel bajísimo de legitimidad…y si se preguntara sobre quién lo echó, todos dirían que Segob o el presidente.

Sin embargo, desde el ángulo de la resistencia civil noviolenta, la respuesta sería diferente. El por qué se fue tiene que ver con la incapacidad que tenemos como sociedad civil de romper con la imagen de “representatividad de la clase política”, de “delegar jerárquicamente el poder” y de “enfrentar al poder”. Por tanto, fuimos nosotros y nosotras, y me coloco en primera fila con mi incapacidad de reacción, quienes permitimos con nuestra pasividad que la autoridad, en forma totalmente impune y arbitraria decidiera una medida radical sobre el destino de un tema y un actor social tan importante para la vida democrática y la paz en el país. En Iguala, lo que hubo el 26-27 de septiembre del 2014 fue una “acción genocida”, y la historia nos enseña muy bien que los hechos sociales de la mayor inhumanidad atañen a la sociedad en su totalidad y no sólo a una parte que gobierna, y que además es directamente responsable de esos hechos, por lo tanto no aplica aquí ningún criterio de delegación o representatividad del poder de decisión, es la sociedad en su conjunto que debe expresarse. ¿Cómo? A través de una consulta o de un referéndum o de una amplia representatividad de organizaciones y movimientos sociales involucrados en el tema…Por tanto, la decisión de si el GIEI prolongaba su estancia e investigación o no en el país, no correspondía, para nada, sólo al gobierno sino a toda la sociedad en su conjunto (entre otras razones porque su costo económico se cubría con el dinero de nuestros impuestos) o a una verdadera representatividad plural de ella, aceptada en primer término por las víctimas directas de la acción genocida: los familiares. El camino para la construcción de justicia y paz pasa por el “respeto mutuo” y no por el “respeto unilateral”, que el poder siempre busca imponer.

Nosotros y nosotras –como sociedad civil- nos quedamos impávidos frente a esta decisión gubernamental, más allá de algunas declaraciones y acciones simbólicas muy menores, fuera claro de la lucha ejemplar de los familiares y compañeros de los 43 desaparecidos, quedamos casi contemplando pasivamente cómo se cumplía la profecía del poder de arriba: la infame guerra sucia contra los miembros del GIEI, la construcción de ellos como “chivos expiatorios” y el castigo ejemplar: la expulsión. Vale recordar también, que se intentó hacer lo mismo con los normalistas de Ayotzinapa al inicio del suceso, pero la sociedad civil nacional e internacional no lo permitimos. El día del Informe Final del GIEI en el Claustro se oyeron gritos de “No se vayan”, pero desde antes no luchamos en serio para que esto no sucediera. No tuvimos una iniciativa de resistencia civil con mayor determinación de confrontar a la autoridad y más radical, y dejamos al poder esa decisión trascendente para las familias agraviadas por esta brutal guerra en México, para la vida democrática, para la justicia, para la seguridad de todos los luchadores sociales, etc. etc.

Intentemos también profundizar en esta autocrítica, y llegaremos al punto, que hemos venido compartiendo desde antes, acerca de que hace rato que la forma de resistencia en el país, como nos enseñan los pueblos y comunidades, debe explorar acciones de no-cooperación e incluso, si es necesario por temas de frontera moral nacional, de desobediencia civil, si no no vamos a poder detener tamaña impunidad y violencia sobre la sociedad civil.

¿Qué significa no-cooperar? Entender ante todo que el verdadero poder está en la gente que se organiza en forma de “igualación social” y de “respeto mutuo”, y no en los representantes que la población delega en las instituciones, lo que trae como consecuencia que si éstos representantes no consultan ni cumplen con los mandatos de la población, deben ser quitados de sus puestos o se tendrán que construir formas comunitarias y autónomas de “poder paralelo” o “dualidad de poder”. Como bien decía el subcomandante Moisés en una reciente entrevista con un colectivo de Ucrania (Rebelión 30-4-16): tenemos que aprender a “gobernarnos a nosotros mismos…ellos y ellas (los pueblos) mandan y el gobierno obedece”; no se recibe nada ni se le da nada al mal gobierno si este no cumple con su función de servir al pueblo. Es la toma de conciencia de dónde radica y está el verdadero poder social y civil: en nosotros y nosotras, pero organizados, y en acciones noviolentas proporcionales a las del poder, para que de veras detengan su impunidad e injusticia, si no se convierten en discursos y actos simbólicos que de antemano sabemos el poder logra neutralizar con el control mediático, con la complicidad de la clase política y empresarial, con la amenaza y el castigo ejemplar.

A partir de una reflexión así sobre cómo co-operamos para que el poder siga gobernando con ese grado de impunidad y violencia, cambiarían también las respuestas acerca de ¿cómo se explica que el Gobernador de Veracruz siga en el poder? o ¿cómo puede la SEP despedir, en un castigo totalmente desproporcionado y arbitrario, a 3360 maestros y maestras por el simple hecho de negarse a hacer un tipo de evaluación con la que no concuerdan por justificadas razones?

Como ejemplo de acciones de no-cooperación a explorar, nos parecen ejemplares las búsquedas de fosas clandestinas que están realizando en diferentes partes del país, y ahora sobre todo en Veracruz, los familiares de desaparecidos. Ellos y ellas se han hecho cargo en forma directa sin esperar ya nada del poder y gobierno, que es el directamente responsable de esas desapariciones en la gran mayoría de los casos. Tomaron conciencia que esa actitud de estar siempre pidiendo y esperando que la autoridad cumpla su trabajo no les llevaría a ningún resultado, y se convertía ya en una manera de co-operar a que todo siguiera en la simulación y la impunidad, por eso decidieron tomar la iniciativa y hacerlo ellos y ellas mismos.

En México el poder y el gobierno, con todas sus alianzas y complicidades, como lo demuestra lo del GIEI, siguen escogiendo la espiral de la guerra, de la violencia y la confrontación, de la impunidad y la injusticia. La sociedad civil, en todas sus expresiones, debemos profundizar, entonces, más en la organización y construcción de acciones que quiten nuestra co-operación, involuntaria o no, a esta política de guerra que nos atraviesa a todas y todos.

Pietro Ameglio

Una Respuesta a “Lucha de calles, lucha de clases en México”

  1. Alejandra Arias

    Muy importante razonar y comprender que nosotros y nosotras damos el control social a empleados políticos y pseudo autoridades sin rendición veraz y oportuna de sus trabajos, que son muy bien pagados con el erario público. Es necesaria UNIÓN de Mexicanos Dignos, Honestos, para lograr LA PAZ con JUSTICIA Y DIGNIDAD

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