DESconstrucciones

Fernando Híjar Sánchez

Doña Flor, Chico y Acuarius 

DESconstrucciones (XVII) 

Sonia Braga y Jorge Amado.
Foto tomada de Internet.

Segunda Parte 

Para la inolvidable Ciudad de Xalapa, a pesar de su creciente e irreversible deterioro…

Corrían los últimos años de la década de los setenta (perdón por utilizar esta frase tan manida, pero siempre me ha gustado y en algún momento de mi vida tenía que utilizarla) y la mujer del Darién y yo nos encontrábamos en la Ciudad de Xalapa, un amigo me había prestado una pequeña casa ubicada en los alrededores; la niebla continua, el aroma de la vainilla, la frondosa naturaleza, la música y literatura brasileña nos acompañaban. Ella había nacido en Panamá, de madre negra, insumisa y llena de vida, y padre italiano, aventurero irredento, ya adolescente su progenitor la llevó a vivir a Sao Paulo, de modo que estaba empapada de pies a cabeza de la cultura brasileña, había estudiado letras portuguesas y antropología, cosa que nos unió de inmediato. La conocí en la Escuela de Antropología (ENAH) cuando ésta tenía su sede en El Museo Nacional de Antropología en Chapultepec, ¡qué tiempos aquellos! Nuestras miradas se encontraron en el pasillo, que llevaba a la biblioteca, el flechazo fue contundente, a partir de ese día fueron ocho meses de intensos intercambios de ideas y de abrazos amatorios sin medida. 

Abro paréntesis. Por aquellos tiempos una corriente política, seguidora del gran timonel, tenía cierto control de la Escuela y parte de su plan de estudios; en una clase, algunos tomamos la palabra y decidimos “correr” al seudo maestro y dirigente de dicho grupo, un tal Montalvo, a partir de entonces el mentado “tronco común”, que no era otra cosa que “mucho marxismo” se empezó a desmoronar y, por fin, tiempo después, se inició un plan de estudios acorde al objeto mismo de la antropología y de otras especialidades. Después se supo que el susodicho Montalvo tenía “amistades cercanas” o que, algunos aseveraron, trabajó directamente para la Secretaría de Gobernación (vaya usted a saber, para mí, siempre me pareció un verdadero farsante y un pequeño mitómano), este personaje y otros con tintes folclóricos que aparecieron después como El comandante perisur, con sus conjuntos verde olivo, poblaron la célebre ENAH. Por fortuna esto último y lo que aconteció después, ya no lo viví. Cierro paréntesis.

Prosigamos con nuestrobreve relato.

Como parte de nuestro equipaje llevábamos unos discos, unos de ella y otros míos, de Milton, María Bethania, hermana de Caetano Veloso, Vinicius, Elis Regina y, por supuesto, Chico (y claro, no podría faltar el sax alborotador de sentidos de Ben Webster). Yo cargué un tocadiscos portátil, lleno de historia y recuerdos, ahora diríamos ‘memoria’, (lo heredé de un tío melómano y lo cuidaba como si fuera la niña de mis ojos) que nos sirvió de maravilla. Nos sumergíamos en las temporaridades de las mañanas, tardes, amaneceres y noches colmados de música, ella me platicaba de la vida y milagros de escritores, músicos y cantantes, de lo que significaban para la sociedad brasileña y de lo que implicaban para ella en sus vivencias personales, en sus amores y en la política. También llevamos dos o tres libros, entre ellos, el de Jorge Amado: Doña Flor y sus dos maridos. Ella era toda una conocedora del escritor y su obra. De modo, no podía pedir más, conocí de primera mano todo este prodigio de música y escritura brasileña. El libro estaba en portugués, ella lo leía y me lo traducía, y hacíamos una comparación entre el film y la novela o viceversa, a veces, nuestros juicios eran acertados, luminosos y otros francamente disparatados. Había pasajes, sus favoritos, que los leía en portugués, yo permanecía extasiado, contemplándola, la pasión que imprimía a su voz era parecida a los sonidos que brotan del éxtasis amoroso, yo le entendía todo, sus gestos eran, a veces, más elocuentes que sus palabras. La lectura y la música provocaba que nos embelesáramos con nuestros cuerpos, como una plegaria divina, por eso mismo carnal a más no poder, los besos eran eternos, infinitos, como las gotas de agua que contienen mundos, pero que se pierden, se diluyen en los mares y ahí permanecen hasta fragmentarse de nuevo. Afuera la imparable naturaleza y adentro otra naturaleza, feroz e impredecible, ambas llenas de humedades y aromas silvestres. La neblina que amenazaba con entrar a la habitación, para envolvernos con su manto pletórico de ojos indiscretos y furtivos, era contenida por los amplios ventanales que daban fe de nuestras locuras, de nuestros excesos. Así eran aquellas escenas con la mujer del Darién.

Y el sax de Webster aparecía en el momento preciso…

Amado, lo afro y lo femenino 

Se ha hablado y escrito mucho sobre las narraciones y relatos llevadas a la pantalla grande, no voy a meterme en esas exquisitas disquisiciones fascinantes y muy “eruditas”, en el caso que nos ocupa, la película guarda aspectos muy relevantes de la novela y mantiene el espíritu, la vida y la esencia de la escritura de Amado. Acordémonos que el propio autor fungió como coguionista, aquí podríamos extendernos en el papel que jugó Amado en la concepción y desarrollo de la película, pero esto nos llevaría a un callejón sin salida.

Jorge Amado (1912-2001) es uno de los grandes de la literatura brasileña del siglo pasado. Nació y murió en Salvador de Bahía, desde su juventud hasta mediados de los años cincuenta participó de lleno en la vida política de Brasil desde una posición de izquierda (militante del Partido Comunista, miembro de la Asamblea Nacional, fue el diputado que obtuvo mayor cantidad de votos, en Sao Paulo, por este mismo Partido; en 1946, propuso y redactó la Ley Libertad de Cultos). Sufrió en dos ocasiones el exilio: Uruguay, Checoslovaquia, Argentina y Francia lo acogieron. Al regresar a Brasil (de su segundo exilio), en 1952, entra en una reflexión profunda sobre su papel en la política, y decide, en 1955, dedicarse de lleno a la literatura, marcando de este modo una etapa definitoria y de una creación sin par. Hay dos momentos en la vida literaria de Amado: una que recorre de los años treinta a inicios de los cincuenta, aquí sus obras son en esencia de carácter social y realista que iba acorde con su visión comunista, y del “escritor comprometido y militante”, y un segundo momento que inicia alrededor de 1958 y termina al escribir su última novela, en 1994, De cómo los turcos descubrieron América. Esto no quiere decir que haya dejado a un lado sus ideas políticas, al contrario, éstas se verán reflejadas de forma magistral, en imágenes, personajes, metáforas, alegorías y situaciones literarias pero, ahora, para fortuna de todas y todos, alejadas del realismo político narrativo propio de este momento de efervescencia política en Latinoamérica.  

Jorge Amado recibió una gran cantidad de reconocimientos literarios, pero el más significativo para él, que no tenía que ver con su oficio de escritor, fue el título Obá (custodio, guardián, gobernante) de Xangá de la religión candomblé. A pesar de ser un ateo hecho y derecho, Amado guardaba un profundo respeto y fascinación por las diversas religiones afrobrasileñas (su bisabuelo era de origen afro y su abuela materna pertenecía a uno de los pueblos indígenas del Brasil profundo; en varias entrevistas afirmó que se sentía más negro que latino), el reconocimiento lo llenó de satisfacción y desde luego muchas expresiones y rituales del Candomblé se vieron reflejadas en varias de sus obras, Doña Flor y sus dos maridos es una de ellas. Esta novela (aunque ubicada en otra época) salió a la luz en una de las etapas más álgidas de la dictadura, y está llena de un contenido alegórico que encubría mensajes que cuestionaban a sociedades conservadoras y gobiernos autoritarios. La obra tiene una soterrada flama de resistencia, en lo social y cultural, y refleja la controvertida realidad de la sociedad brasileña. Teniendo en cuenta el anterior contexto, en esta segunda etapa, hay dos temáticas que estarán presentes en sus novelas: el reivindicar y otorgar el papel tan trascendental de las religiones afrobahianas (magia, cantos, música, bailes, comida, visión de la vida y muerte), en la complejidad del devenir histórico de Brasil. Y el ubicar como centro de sus narrativas a la mujer, a lo femenino. A partir de Gabriela, clavo y canela (1958), pasando por Doña Flor y sus dos maridos (1966), hasta llegar a Tieta de Agreste (1977), por nombrar las más conocidas, Amado toma a personajes femeninos como eje de sus escritos, en momentos y circunstancias diferentes, y las dota de fuerza, poder y capacidad de decisión sobre sus vidas. Todo esto en el marco de una mirada atenta, precisa y novedosa en relación a las expresiones de las diversas culturas populares brasileñas. Es así que los personajes femeninos (la sensualidad a flor de piel de Gabriela y su apasionada entrega desata un huracán de pasiones en donde el olor del clavo y el sabor de la canela impregnan la narración; el goce erótico, al cual se niega a renunciar, de Doña Flor y el regreso de Tieta a su pueblo natal, convertida en una mujer con poder económico, dispuesta a saldar viejas cuentas con algunos de sus habitantes que 25 años atrás la denostaron y corrieron) que deciden y cuestionan los fundamentos propios de las sociedades patriarcales son sus protagonistas fundamentales, todas ellas de sangre afro recorriendo sus venas. Cabe mencionar que el humor, la picaresca y el goce de los sentidos (las suculentas cocinas tradicionales) permean y le dan un toque distintivo a la escritura del ilustre bahiano.

Jorge Amado escribió 21 novelas, algunos relatos, obras de teatro, libros para niños y biografías noveladas. Las novelas más conocidas, que aludimos en el párrafo anterior, fueron llevadas al cine, al teatro y a la televisión y tuvieron una gran influencia en muchos sectores de la sociedad brasileña y, también, de otros países. Pero sea como fuere, la obra fecunda de Amado conforma un gran lienzo social, político y cultural (que pocos, muy pocos escritores han logrado) que abarca casi 80 años de su inmenso país.

En el año 2012 La Casa América Cataluña, en Barcelona, llevó a cabo un interesante homenaje , a cargo del músico Darlly Maia, con motivo del centenario de su nacimiento. La actividad tuvo como centro el mundo narrativo de Amado y el acompañamiento de la música brasileña y sus fabulosas escuelas de samba, en otros momentos hablaremos sobre este tema.

Con la presencia de Sonia Braga interpretando a Doña Flor se iniciaría una unión, fructífera y rica en matices, de la actriz y los personajes de Amado en las pantallas cinematográficas y de la televisión.

Perdón, rompí mi promesa, nos vamos a otra entrega.

Fernando Híjar Sánchez

Promotor cultural, productor musical e investigador independiente. Uno de sus más sobresalientes fonogramas: Lienzos de viento (músicos zoques y mames en diálogo con Horacio Franco) obtuvo el Premio Patrimonio Musical de México, INAH 2012.

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