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Verónica Villa

Despotismo alimentario

En estos días en que el maíz está en las noticias porque los productores de Estados Unidos (léase corporaciones de semillas y agrotóxicos) no quieren que se les cuestionen sus exportaciones de grano transgénico a México, compartimos un panorama de lo que bien podemos llamar el despotismo alimentario que ejercen las corporaciones de la agroindustria.

En, Barones de la Alimentación 2022, el Grupo ETC expone cómo la extrema volatilidad y la asombrosa desigualdad económica definen los mercados alimentarios y agrícolas mundiales.1

En 2020, la mayoría de los mayores gigantes mundiales de la alimentación y la agricultura vieron aumentar sus ventas y beneficios mientras casi mil millones de personas pasaban hambre. Un puñado de sectores agroindustriales, (a los que se suman actores financieros y tecnológicos) se están aprovechando de la situación, beneficiándose de la inflación, y a veces incluso restringiendo la oferta para mantener los precios altos, mientras culpan a circunstancias externas como la pandemia, el caos climático o la guerra en Ucrania.

En lo que respecta a las subidas de los precios de los alimentos en una crisis, es difícil discernir lo que está realmente relacionado con la crisis y lo que es pura especulación, porque las empresas tienen el camino libre para dar rienda suelta a su codicia: la información sobre sus inversiones y ganancias, su dominio sobre cadenas de suministro es cada vez más grande desde las infraestructuras al procesamiento y la distribución; la presión que ejercen sobre políticas nacionales de alimentación y agricultura o sobre la ayuda alimentaria es desproporcionada con respecto al poder de decisión que pueden tener Estados con bajos ingresos (la mayoría en el mundo), organizaciones campesinas y movimientos por la alimentación.

Los Barones de la Alimentación, según la clasificación del Grupo ETC, son las más poderosas empresas de semillas comerciales, agroquímicos, fertilizantes, crianza de ganado, maquinaria agrícola, farmacéutica animal, comercializadoras de commodities, industriales de la carne y la proteína, procesadores de comestibles, almacenes y plataformas para la entrega de alimentos a domicilio.

El texto describe cómo estos sectores rediseñan y perfeccionan la cadena alimentaria industrial para poder controlarla cada vez más eficazmente y sustraer cada vez más valor a los productores y al entorno natural. Este “rediseño” es posible por la sociedad que han creado las empresas agroalimentarias con las de tecnología cibernética (como Microsoft) y con los grandes especuladores financieros (como BlackRock).

Engruesan sus arcas a la vez que proporcionan alimentos de mala calidad a personas y animales, destruyendo los suelos y la biodiversidad por el camino. La cadena alimentaria industrial actual permite a los mayores barones de la alimentación del mundo tener más poder económico que los 3,600 millones de familias de agricultores, pescadores y productores del mundo juntos. Esto es profundamente ineficiente, perverso y de naturaleza colonial.

En contraste con la creciente consolidación corporativa, es importante recordar quién alimenta a la mayoría del mundo. La Red Alimentaria Campesina sigue alimentando el equivalente al 70% de la población mundial con menos del 30% de la tierra, el agua y los recursos agrícolas del mundo, aunque los Barones de la Alimentación intenten ampliar su apropiación de los bienes comunes.

La Red Alimentaria Campesina proporciona un contrapeso esencial a la sombría historia de la concentración y la especulación a través de su diversificación y la proliferación de iniciativas alimentarias territoriales que redistribuyen y comparten el poder inherente del sol, la tierra, las semillas y los animales entre las personas, proporcionando alimentos a miles de millones.

Para desafiar a la cadena alimentaria industrial en su totalidad, estas son algunas propuestas de acción que esboza el Grupo ETC:

El horizonte debe ser la Soberanía Alimentaria. Organizaciones como La Vía Campesina y su Comité Internacional de Planificación para la Soberanía Alimentaria del Proceso Nyéléni III tienen como objetivo devolver a los agricultores, productores, pescadores, cazadores y consumidores al centro del sistema alimentario y deshacer el poder usurpado por los barones de la alimentación que promueven la agricultura industrial.

Eliminar el financiamiento a los Barones de la Alimentación. Las escuelas, las universidades, los fondos de pensiones, las autoridades locales y otras instituciones públicas que tengan inversiones en las empresas identificadas deben retirar sus fondos de toda la destructiva cadena alimentaria industrial.

Ponernos alerta sobre lo que depara el horizonte tecnológico. Esto implica evaluar y poder vetar las tecnologías que destruyan los tejidos sociales y las economías locales, comunitarias o incluso nacionales. Exigir que se cumpla el principio de precaución, que no se convierta a la gente en objeto de experimentación de los nuevos transgénicos o de las proteínas cultivadas en caja de Petri. Que la agricultura campesina no sea inundada con paquetes tecnológicos que crean deudas y destruyen los suelos y los saberes. Un aspecto sumamente preocupante de esto, es la imposición de tecnologías relacionadas con la digitalización, es decir, que usan “datos” y “macrodatos”, para reorganizar todos los procesos de producción, procesamiento y distribución de alimentos mediante herramientas sobre las cuales nadie, excepto los Barones de la Alimentación, pueden tomar decisiones.

Hace años quedó demostrado que la mayoría de la alimentación y la nutrición que sostiene a la humanidad proviene de agricultura y procesos no industriales de transformación, preparación, distribución. Especialmente durante los meses más duros del confinamiento por Covid 19, la pesada cadena alimentaria industrial se paralizó y la sobrevivencia fluyó desde las redes campesinas, la agricultura barrial en las ciudades, la distribución hormiga en bicicletas, a pie, en vehículos familiares.2 Ahora con la crisis de granos, fertilizantes y combustibles derivada de la invasión a Ucrania, además de que se ha probado que la crisis es sobre todo especulación, miles de organizaciones y movimientos por la alimentación reclaman que en todos los países se protejan los sistemas alimentarios locales y territoriales, en lugar de mantener las normas de la Organización Mundial del Comercio, que actúan en sentido contrario.3

Los Barones de la Alimentación son déspotas pero no indestructibles. A medida que más eslabones de la cadena alimentaria industrial quedan bajo el control de menos entidades, estas compañías también se vuelven más vulnerables a ser derribadas.

1 Grupo ETC, Barones de la Alimentación 2022. Lucro con las crisis, digitalización y nuevo poder corporativo, 31 de octubre de 2022, en https://www.etcgroup.org/es/content/food-barons-2022-es

2 Consultar la publicación del Mecanismo de la Sociedad Civil y Pueblos Indígenas para dialogar con el Comité de Seguridad Alimentaria Mundial, 2020, Voces desde los territorios: de Covid-19 a la transformación radical de nuestros sistemas alimentarios, en https://www.csm4cfs.org/wp-content/uploads/2020/12/ES-COVID_SHORT_11122020.pdf

3 IPES-Food, 2022, Otra tormenta perfecta. Cómo la incapacidad de reformar los sistemas alimentarios ha hechoque con la guerra en Ucrania se desate la tercera crisis mundial deprecios de los alimentos en 15 años, y qué podemos hacer para evitarla siguiente, en https://www.ipes-food.org/_img/upload/files/OtraTormentaPerfecta.pdf

Verónica Villa Arias

Responsable de investigación sobre agricultura y alimentación del Grupo ETC, integrante de la Red en Defensa del Maíz y colaboradora de Radio Huayacocotla. Es Etnóloga de la Escuela Nacional de Antropología e Historia.

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