Volver a ser Nosotras, Nosotros

Verónica Villa Arias

Cultivar el territorio y el futuro con los bichitos

Insectos – Gordon Johnson

Dice mi amiga Itziar que aprende del territorio sólo a partir del ritmo de las abejas, cuyos relatos “cuentan la importancia de la reproducción de la vida: la cosecha, los ritos de paso, las peregrinaciones, las maneras de hacer los alimentos, de cultivarlos, de recolectarlos, frente a los discursos que se centran en los despojos: quitar árboles, milpas, huertas, para construir puentes y llenar de cement, unidades habitacionales, maquilas, granjas de producción masiva y otras fábricas relacionadas con la agroindustria.Tener un buen cultivo de abejas, una buena cosecha, implica el cultivo de nuestro territorio y su defensa.”1

Las abejas visitan 10 millones de flores para colectar néctar suficiente para medio kilo de miel. Acarrean polen de flor en flor, ayudando a la fecundación de todas las plantas y árboles. Fertilizan 70 por ciento de los cultivos alimentarios en el mundo.

La inmensa mayoría de todas las especies animales en la tierra son insectos (90%). Construyen bosques, desintegran estiércol, plantas y animales para que los nutrientes se asimilen a los suelos 2. Se encuentran en todos los ecosistemas y son platillos principales en la alimentación de pueblos de 130 países. Las antropólogas Lilia Hernández y Yesenia Peña, en su libro Naturaleza y cocina en el Valle del Mezquital3, hablan de los sopes, nieves y dulces con escamoles, salsas y guisos de garambullo con chicharras de maguey, xä-ues asados en comal o con tortas de flor de sábila y nopales, pizzas de chinicuiles, correcaminos en chile guajillo con chicharras de encino, tortitas de carne de guajolote con panal de avispa negra.

Más del 40 por ciento de todas las especies de insectos están en peligro de extinción4, lo que amenaza la alimentación del resto de los seres vivos, incluidos los humanos. En las causas principales de este apocalipsis está la conversión de sus hábitats a espacios de agricultura industrial, con la aplicación copiosa, inmoral, irresponsable, de plaguicidas como el glifosato. El uso más masivo de pesticidas ocurre en China, India y Japón. En América, el abuso de venenos agrícolas lo encabezan Estados Unidos, Brasil y Argentina.

La bióloga Rachel Carson publicó en 1962 Primavera Silenciosa5. En sus primeras páginas se lee: “Una extraña plaga se extendió por el lugar y todo empezó a cambiar. Misteriosas enfermedades acabaron con las aves de corral; enfermaron y murieron vacas y borregos. Todo mundo hablaba de raras enfermedades que aquejaban a sus familias. Los médicos se encontraban cada vez más confusos por las nuevas clases de afecciones que aparecían en sus pacientes. Hubo varias muertes repentinas e inexplicables, no sólo entre los adultos, sino también entre los niños que, de pronto, se ponían mal y morían a las pocas horas. Había una extraña quietud. Los pájaros, por ejemplo… ¿a dónde se habían ido? Era una primavera sin voces. Reinaba un silencio mortal”.

Para Rachel Carson cada una de esas desgracias estaba ocurriendo en algún lugar del mundo en ese momento y ella las reunió todas en una ciudad imaginaria, en las primeras páginas de su libro.

Cada vez hay más noticias de niños y niñas en todo el mundo que se extinguen envenenados por los plaguicidas que la agricultura en gran escala exige para “salvarnos del hambre”. En el Cono Sur llevan décadas las luchas de los “pueblos fumigados”. En México apenas se visibiliza el horror de la intoxicación entre los más jóvenes6.

Se culpa a la “humanidad”, en abstracto, por el colapso de los insectos. Sin embargo, entre la red campesina, los polinizadores silvestres, (más de 20 mil especies de abejas y otros insectos, aves y murciélagos), tienen más oportunidades de salvarse, porque las comunidades campesinas e indígenas dependen de los mismos bosques y selvas para cazar y recolectar alimentos y plantas medicinales.7

Lo irónico es que una tercera parte de los cultivos industriales en el planeta, que dependen del glifosato para prosperar, requieren del costoso servicio de colmenas comerciales. Abejas polinizadoras que son llevadas a trabajar, como jornaleros, a los campos industriales de almendras, manzanas, pepinos, calabazas, sandías, kiwis, chabacanos y muchos otros cultivos en Australia, Canadá, Estados Unidos y Europa. El patrón humano de las colmenas firma contratos y las obliga a trabajar transportándolas en sus cajones-cárcel, y les dan de comer agua con jarabe de maíz para que aguanten la tarea de acarrear polen de una flor a otra, mientras chupan néctar lleno de nicotinoides —la familia de insecticidas de mayor uso en la industria— que algunos estudios aseguran las hace adictas.

Para evadir “el problema” de los insectos, las agroindustrias más ambiciosas buscan hacer cultivos transgénicos que no requieran polinización, por lo tanto que no se reproduzcan, aunque campesinos y agricultores tengan que comprar semillas cada ciclo. También proponen manipular abejas para que polinicen según órdenes recibidas mediante rayos de luz8, y una idea aún más extrema es fabricar masivamente drones microscópicos que las sustituyan totalmente9. Así que no solo los trabajadores humanos están siendo desplazados por las nuevas tecnologías. También se busca que robots e insectos manipulados sustituyan la cauda de ciclos vitales que implican las peregrinaciones de apis, meliponas y otros animalitos.

Alejandrino García Castaño, de Papantla, cuenta que “con el paso de los años los animalitos polinizadores de la vainilla han ido escaseando, por ejemplo, las abejas táxcat, la hormiga pepehua y algunos colibríes y murciélagos que ayudan dispersando las semillas. Así que hemos aprendido con los años a polinizar manualmente la flor de vainilla para que dé fruto, y como las flores salen de cada planta solamente una vez al año, estamos todos en el pueblo al pendiente de eso, nos avisamos “ya vienen las flores” y nos organizamos para ir a polinizarlas”.

Las corporaciones de la agroindustria nos promueven los venenos para salvarnos del hambre. Se culpa a la humanidad en abstracto por el colapso de los insectos. El apocalipsis no es sólo de mariposas, sino también de niños y niñas. Pero en innumerables comunidades del mundo, campesinos y campesinas trabajan hombro a hombro con abejas y otros bichitos en cultivar el territorio, contra el “progreso” industrial que lo desprecia todo.

1 Itziar Urquiola, “El territorio de las abejas y su alquimia”, inédito, 2021.

2Atlas de los Insectos, Amigos de la Tierra y Fundación Heinrich Boell, 2020.

3 Lilia Hernández Albarrán y Edith Yesenia Peña Sánchez, Naturaleza y cocina en el Valle del Mezquital, Secretaría de Cultura, INAH, México, 2019.

4Hay varias fuentes que hablan del “insectagedón” o apocalipsis de los insectos. Especialmente en 2019 y 2020 hubo mucha información de publicaciones científicas como Science Direct (https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0006320718313636) y de la Plataforma Intergubernamental sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES), https://ipbes.net/node/36985. En los meses posteriores comenzaron a salir estudios que dicen que los primeros estudios son exagerados y que el problema no es tan grave. Yo me quedo con los estudios preocupantes.

5 Rachel Carson, Primavera silenciosa, Booket Ciencia, México, 2017.

6 Mayra Vargas Espinosa, “El mentidero: un valle envenenado con glifosato”, en Pie De Página, https://piedepagina.mx/el-mentidero-un-valle-envenenado-con-glifosato/, 13 de agosto de 2021.

7Grupo ETC, “¿Quién se preocupa por los polinizadores y los microbios benéficos para la agricultura? En ¿Quién nos alimentará?, 2017, https://www.etcgroup.org/es/quien_alimentara

8 Grupo ETC, Exterminadores en el campo, 2019, en https://www.etcgroup.org/es/content/exterminadores-en-el-campo

9 “Desarrollan un dron polinizador de cuatro centímetros capaz de sustituir a las abejas”, en InfoDron.es, 9 de abril de2021, en https://infodron.es/id/2021/04/09/noticia-polinizacion-mediante-burbujas-jabon-disparadas-drones-solucion-disminucion-abejas.html

Verónica Villa Arias

Responsable de investigación sobre agricultura y alimentación del Grupo ETC, integrante de la Red en Defensa del Maíz y colaboradora de Radio Huayacocotla. Es Etnóloga de la Escuela Nacional de Antropología e Historia.

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