En tierra ocupada

Melissa Cardoza

Y también música

En este país con nombre de agujero y profundidad hay gestos colectivos que sostienen la vida, la esperanza y el anhelo. En el norte de Honduras hay una ciudad que un tiempo se llevó los premios como la más peligrosa del mundo, aún cuando bien sabemos que hay muchas como ésta en los Estados Unidos, pero no hay prensa suficiente que repita esto. Como sea, en la ciudad de San Pedro Sula existen territorios estigmatizados como residencias del crimen organizado, nidos de mareros, el refugio de las personas indeseables. Bien sabemos que son barrios donde campea la violencia, sostenida casi siempre por esta brutal pobreza en la que nos hemos crecido y a la que resistimos, por la ganancia que significa para algunos pocos el terror colectivo.

Sin dar detalles locales, pues no hay nada que no sepamos de otras ciudades conocidas y queridas en Abya Yala, aderezadas con el tono que los medios corporativos de comunicación no desperdician cuando se trata de estas inmensas poblaciones. Ahí mismo, uno de estos sectores más estigmatizados es conocido como la Rivera Hernández, nombre formado por los apellidos de dos luchadores que pelearon la tierra para cientos de familias hace ya muchas décadas. Sangrienta fue la disputa en este lugar de árboles frondosos, de casitas pequeñas donde descansan por las noches miles de personas que trabajan en las maquilas, comercios, escuelas, mercados de la ciudad, oficinas; gente de muchos oficios: pepenadores, amas de casa, estudiantado, maestros, cajeros de bancos, cantantes, zapateras, albañiles.

Todo lo que hay en la Rivera lo ha tenido que hacer la gente misma, menos la desgracia que esa sí les viene de afuera. Territorio de migrantes internos que han buscado en la costa norte la ilusión del empleo, del dinero, del progreso y donde siguen haciendo maravillas. Hoy, deben vivir al menos 200 mil personas repartidas en casi trescientas colonias y barrios. De esas, mucho más de la mitad son personas menores de 20 años, niños y niñas que crecen bajo el sol de la costa. Cuando estos jóvenes terminan sus bachilleratos y buscan trabajo tienen que ocultar su lugar de residencia, venir de la Rivera para la cultura laboral se ha convertido en una mancha, un desprestigio.

Y así es como esa ciudad proletaria se ha llenado de patrullas policiales y de políticas de exclusión financiadas por el Estado que nunca les resolvió ni el agua ni la tierra ni la salud; y sí los rodea de vigilancia y muerte.

Para que se sepa entonces que en esas colonias disputadas al clasismo más puro, a la indiferencia generalizada y los mecanismos políticos que dividen a la población en términos de bien y mal, ha crecido un programa que trabaja con niños y niñas desde hace ya 21 años. Se llama Paso a Paso1 y es lo más entrañable que una puede conocer, amar y respetar. No es por casual que el día 24 de marzo, en el que asesinaron a Monseñor Romero para que luego los pueblos lo declararan San Romero de América, este programa cumple 21 años de posibilitar los sueños vitales de la infancia rivereña.

Hoy, ya que tiene sus biblioteca, la sala de computación, el árbol de las ancestras, los talleres de costura y arte, el tiempo de la meditación, las camas de agricultura orgánica, el espacio amplio para la espiritualidad, el día a día con las tareas escolares, la merienda para todas y todos, las asambleas del buen vivir, la importantísima cultura del buen trato y cuido.

Hoy, están montando su aula de música. Sí, han empezado con un coro y van por una orquesta. Las niñas y niños de Paso a Paso cantan Berta Ciao inspiradas en la libertaria Bella Ciao, y con esa manera de cantar y decir quienes son y a lo que aspiran nos llaman a ir con sus pasos para entender la consigna feminista: Pan y Rosas. Quieren la música además de las comidas, los libros y las relaciones respetuosas.

La inspiración de este proyecto es la metodología de Freire, la espiritualidad libre de los pueblos mayas y garífunas, el pensamiento radical de Berta, el cuido de la vida en el agua y las montañas; el feminismo que anda a pie, y la construcción de juventudes libres anti patriarcales que desean el amor, la ciencia, los juegos y, como una mañana soleada, la esperanza ante todo.

Esto empezó hace más de 20 años, con unas personas que se pusieron a jugar en la calle, bajo el resguardo de una iglesia popular y solidaria. Y así fueron encontrándose con la gente de la comunidad, y entre todos soñar y hacer un sitio para que las niñas y los niños estuvieran seguros y hablaran de quienes son y quienes quieren ser mientras crecen con libros y canciones.

Gracias tres veces por la esperanza en este marzo de ausencias y enormes inspiraciones que es siempre marzo. Nunca deja de sorprender la capacidad de reinventar y crear revoluciones múltiples que Paso a Paso tiene. No es poco decir que en esta Honduras constituyen una expresión de posibilidades que tanta gente anhelamos pues han logrado mostrar, con cada día que abren sus puertas al menos a 50 seres humanos jóvenes, a veces 200, que se puede pensar, comer, sembrar, crear, entender, dialogar, disputar, proponer y estar en comunidad no para una utopía al futuro sino en el ahora. Que la vida se cambia de a diario y que la autonomía reside en los lugares más vitales de Honduras.

1 https://www.youtube.com/watch?v=zOHAgUBHBAw

Melissa Cardoza

Escritora, activista feminista integrante de la Red Nacional de Defensoras de Derechos Humanos en Honduras y la Asamblea de Mujeres Luchadoras de Honduras.

Una Respuesta a “Nos cobija la rabia”

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