Disputas por el Territorio, Tensiones entre la Guerra y la Paz

Yani Vallejo Duque* y Alfonso Insuasty Rodríguez**

Organizaciones sociales de cara a gobiernos progresistas en Latinoamérica: ¿apoyo o subordinación?

Foto tomada de Resumen Latinoamericano (20 de marzo de 2019)

Debe decirse que el siglo XXI para Latinoamérica trajo consigo el surgimiento de un grupo de gobiernos progresistas con diferencias marcadas entre ellos, pero con excelentes vasos comunicantes que permitieron avanzar en un proyecto de unidad.

Para el año 2008, once de los dieciocho países Latinoamericanos eran gobernados por presidentes que podrían agruparse en el término centro-izquierda.

El primero en abrir la senda fue Hugo Chávez electo en Venezuela en 1998; se fueron sumando otros partidos o coaliciones progresistas como Lula Da Silva en Brasil en el 2002, también Néstor Kirchner y Fernández de Kirchner en 2003 y 2007 respectivamente en Argentina; Tabaré Vázquez gana las elecciones en Uruguay en 2004 al Igual que José Mujica en el 2009; el Partido Socialista en Chile gana primero con Ricardo Lagos y Bachelet en 2000 y 2006 respectivamente; Evo Morales en Bolivia en el año 2006 en el mismo año también Daniel Ortega en Nicaragua, Rafael Correa en Ecuador y Manuel Zelaya en Honduras; Álvaro Colom en Guatemala en el 2007, Fernando Lugo en Paraguay en el año 2008 y Mauricio Funes en El Salvador en el 2009. (Stoessel, 2014).

Pero cada uno de estos triunfos no puede entenderse sin el apoyo de partidos políticos y movimientos sociales, que apoyaron a cada uno de los líderes obteniendo como resultado un triunfo electoral en algunos países. Significó este escenario el entorno propicio para impulsar verdaderos cambios en la estructura del estado en unos y en otros solo la realización de reformas sociales que pronto fueron modificadas por gobiernos de derecha o ultraconservadores.

“Diversos autores han concentrado sus esfuerzos en analizar los procesos políticos contemporáneos a partir de la discusión en torno a las izquierdas en América Latina, especialmente identificando las similitudes y diferencias con aquellas de las décadas anteriores. Mientras algunos académicos retomaron el postulado binario que se apoya en la tesis de las dos izquierdas para sostenerlo y reforzarlo, otros lo criticaron fervientemente por la miopía teórica y empírica que implicaba para el estudio riguroso del fenómeno, debido, en parte, a los criterios normativistas sobre los que se fundamentaba. Entre los primeros, surgieron otro conjunto de caracterizaciones dicotómicas para dar cuenta de los principales rasgos de los “nuevos gobiernos” y de esta forma, diferenciarlos: gobiernos “socialdemócratas” frente a “(neo)populistas o radicales” (Alcántara, 2008).

Participación capturada y en construcción desde abajo.

La estructura de los partidos políticos en la región puede decirse que es más o menos homogénea, en el entendido que se compone de elites políticas con mayor interés en los comicios electorales que en la producción de propuestas políticas que confronten desde su propia concepción el modelo neoliberal.

Lo anterior, ha llevado a una desconexión casi total entre la mayoría de la población y los partidos políticos, por lo que la representación es muy limitada; podría decirse que se limita a un grupo de beneficiarios de cuotas burocráticas o incluso subsidios estatales.

Puede parecer una posición radical, pero la percepción de las mayorías en las calles es de una asimilación-fusión entre política y corrupción, al punto que los niveles de favorabilidad de los partidos son muy bajos, lo que hace que su votación se realice no por convicción en ideas sino por beneficios derivados antes de ir a votar o por promesas de beneficios personales posteriores y en algunos casos por presión armada criminal como es claro en Colombia.

Como respuesta a esta realidad de cierre de la democracia, o democracia ficcionada (Insuasty Rodriguez, y otros, 2020), existe una proliferación de movimientos sociales que de manera más cercana representan el sentir de un grupo, una región, una etnia o una creencia; permitiendo que esa afinidad afiance mejor una colectividad.

Se parte entonces de la definición que “un movimiento social, en tanto sujeto, es un conglomerado de personas con expresiones más o menos masivas, más o menos permanentes. Su forma de lucha es la acción política e ideológica desde la sociedad civil, entendiendo por tal la acción pacífica para persuadir” (Núñez, 2012).

Es decir, son organizaciones civiles con pretensiones de carácter social, que usan la movilización publica para hacerse visibles y con la finalidad clara de incidir en las instituciones estatales y sobre todo de generar adeptos en la opinión pública para lograr impulsar su agenda.

Puede decirse entonces que “un movimiento social está regido por reivindicaciones específicas encaminadas, en la mayoría de los casos, a mejorar la situación social del sujeto con el que se identifican o a lograr un objetivo, crítico o propositivo relacionado con su identidad” (Núñez, 2012). Estos pueden tener cualquier posición política, existen de derecha, de centro y de izquierda; tienen una base mucho más plural, lo que les permite incluso agrupar personas de diferentes partidos políticos, porque lo que aglutina es el trabajo decidido por la reivindicación especifica de la base social. Hablamos de obreros, campesinos, mujeres, ecologistas, trabajadores independientes, pueblos indígenas, grupos religiosos, tribus urbanas; entre muchos otros.

En términos de Somuano puede decirse que “en las décadas pasadas, la tensión partidista fue, por un lado, la dificultad para vincularse a los movimientos sociales y a las corporaciones porque reducían su pretendida universalidad. Por otro, en la búsqueda de un discurso comprehensivo, los partidos perdieron su capacidad de convocatoria. Ahora la tensión es otra. La sociedad civil también ha cambiado. Por un lado, los movimientos sociales tradicionales han desaparecido y han sido reemplazados por unos “nuevos movimientos sociales” ligados a formas más difusas de intereses tales como el medio ambiente, la transparencia, los componentes étnicos. Por el otro, la sociedad se ha alejado de los partidos por su ineficiencia (en la representación de intereses sociales) o por su asociación a la corrupción” (Somuano, 2007).

Por ende, si hablamos de participación y democracia real, no solo de partidos, sino que, con mayor fuerza y coherencia, hablamos de movimientos sociales en lucha por derechos y reivindicaciones que se tejen y construyen desde abajo. En este orden es clave preguntarnos ¿cómo se tejen estas redes y relaciones entre movimientos, entre movimientos y partidos, entre movimientos y gobiernos?

Relación del Progresismo Latinoamericano con la Organización Social

El período progresista vivido en América Latina dejó entrever diversas maneras de establecer la relación Gobierno/Movimientos y Organizaciones Sociales, por lo que se debe analizar de manera clara cada caso para en retrospectiva llegar a algunas conclusiones.

En Brasil, como en Argentina y Uruguay, tanto el Partido de los Trabajadores (PT), el peronismo y el Frente Amplio hegemonizaban claramente la dirección de los gremios más importantes. Los partidos de izquierdas estaban integrados a los sistemas políticos vigentes mientras los partidos tradicionales preservaron parte de su influencia electoral (Ospina, 2016).

En el caso de Brasil, el movimiento de los Sin Tierra (MST) nunca perdió su autonomía, lo que les permitió tomar distancia del gobierno de Lula cuando consideraron que sus posturas políticas favorecían a banqueros y empresarios del agro (El País, 2007). Lo que no ocurrió con el PT porque tenía representación en el gobierno y seria tanto como criticarse a si mismo.

Lo mismo ocurrió en Argentina, la gran mayoría de movimientos obtuvieron representación en el gobierno; lo que de facto acallo las voces inconformes de los mismos movimientos sociales.

Algo similar ocurrió en Uruguay donde los movimientos sociales más representativos de la izquierda tenían y tienen en la actualidad representación en el Frente Amplio, de ahí que al ganar una elección presidencial los niveles de critica se realizan de manera reservada al interior del gobierno y no de manera pública, ya que quien ejerce la oposición son los partidos derrotados, por lo regular de derecha.

Como contraste puede analizarse lo ocurrido en Bolivia y Ecuador. Como característica común, allí los partidos políticos que agrupaban sectores progresistas eran débiles y fragmentados, muy por el contrario de los gremios y los movimientos sociales eran más fuertes no solo en las movilizaciones sino también en la aglutinación de personas. Precisamente la fortaleza popular e ideológica hizo que formaran partidos políticos con los cuales participar directamente en las contiendas lectorales.

En Bolivia, por ejemplo “entre 1995 y 2002, el MAS un partido campesino, horizontal en cuanto a los procesos de toma de decisión y espacios de debate, que emerge de las organizaciones sociales campesino-indígenas. A partir de 2002, pero más claramente a partir del triunfo de 2005, comienza el tránsito de una estructura indirecta a un «partido urbano», lo que genera tensiones y cambios” (Zuazo, 2010).

Por su parte en Ecuador ocurrió un fenómeno similar en el entendido que surgió un movimiento político que fue apoyado por las organizaciones indígenas, este es el Movimiento Alianza PAÍS que se forma para participar en las elecciones del 2006. “Este se inicia con un reducido grupo de académicos e intelectuales que se plantearon la necesidad de construir un movimiento político con signo propio; al mismo tiempo se intensificaron los esfuerzos para comprometer una amplia alianza de izquierda que permitiera la unidad de la tendencia para enfrentar las candidaturas de derecha que en ese entonces aparecían con amplias opciones de triunfo electoral” (Hernández y Buendía, 2011).

Este movimiento fue apoyado por la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE), la cual fue creada en 1986 y ha sido la principal protagonista de los levantamientos indígenas en el país que han tenido como resultado el derrocamiento de varios mandatorios. Si bien apoyaron en un comienzo el gobierno de Correa, cuando este incumplió sus promesas con relación a la conservación de los recursos naturales; se convirtieron en oposición y fueron perseguidos duramente. “2007-2017. Durante el gobierno de Rafael Correa la Conaie pasó de aliada a opositora. Sus dirigentes fueron insultados y hostigados por este gobierno y dirigentes como Pepe Acacho, Marlon Santi, Yaku Pérez, Salvador Quishpe, Lourdes Tibán fueron señalados incluso como agitadores en las sabatinas gubernamentales” (El Universo, 2019). Esto llevo a que el movimiento perdiera fuerza, se dividiera y fuera perseguido.

En Venezuela por su parte apareció el Movimiento V República (MVR) por medio del cual alrededor de la figura de Hugo Chávez, lograron la presidencia del país en 1998 pasando por encima de los dos partidos tradicionales hegemónicos Acción Democrática y COPEI. Pero esto fue posible gracias a la agrupación de varias tendencias de izquierda en lo que se denominó Polo Patriótico, del cual hacían parte el Movimiento al Socialismo (MAS), el Movimiento Electoral del Pueblo (MEP), Patria Para Todos (PPT), el Partido Comunista de Venezuela (PCV) y otras fuerzas de menor peso político, logrando vencer de esta manera con más del 56% de votos. (Es-academic, s.f)

Dicho movimiento político existió hasta el año 2006, cuando se disolvió para dar vida al Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), el cual ha tratado de aglutinar a todos los movimiento sociales inspirados en el legado de Chávez; en tal sentido existe una proliferación muy importante de organizaciones comunitarias y sociales en el país por el apoyo mismo del estado, pero todas estas convergen en el partido político que tiene un esquema clásico de participación basada en el centralismo democrático.

Por último el caso de Chile es también diferente, ya que en primera medida el primer gobierno progresista de Lagos en el 2000, se logró en una alianza partidista entre el Partido por la Democracia (PPD) y el Partido Demócrata Cristiano (PDC), muy al margen de la participación de organizaciones de carácter social o popular; lo que también ocurrió con la elección de Bachelet en el 2006, que buscó un apoyo de las elites políticas hasta lograr ser proclamada como la candidata de la Concertación, que aglutinaba diferentes partidos tradicionales de centro-izquierda. La ausencia precisamente de representación en las decisiones del gobierno por parte de los jóvenes, desató en este mismo año un movimiento estudiantil de estudiantes de secundaria denominado como los pingüinos que luego se vería incrementado en el año 2011 con las movilizaciones del movimiento estudiantil pero esta vez universitario. Hoy esos mismos jóvenes ya formados ingresaron a la política electoral, primero al Congreso Nacional y en este mismo momento cuentan con un compañero como presidente de la Republica.

“Estos movimientos sociales tienden a fundamentarse en la acción de carácter colectivo, por medio de las cuales se fomenta la identidad y la autoconciencia de pertenencia grupal. Al respecto, cabe observar que dichos movimientos obedecen a coyunturas históricas específicas y no a lo que antiguamente se podía caracterizar como expresiones de lucha de clases, dado que las demandas sustentadas poseen un carácter de transversalidad social, lo que en ningún caso resta la riqueza política que poseen” (Cárcamo, 2019).

Como puede verse los gobiernos progresistas experimentaron todas las formas de relacionamiento con las organizaciones sociales, desde la cooptación, instrumentalización o apaciguamiento, hasta el amedrentamiento y la política de división o la subordinación a un partido político y su estructura interna. Estos siempre cuentan con la ventaja que les otorga el poder, disponen de recursos, de funcionarios especializados y permanentes, además pueden repartir prebendas y comprar lealtades. 

Vale recordar que, después de este ciclo progresista, llegó con fuerza un período de gobierno de ultra derecha, quienes dieron al traste con los avances en políticas sociales, destruyeron los pocos bloques que quedaban en la región, sobre endeudaron a sus países, campeó la corrupción, el despojo se acentuó igual que la militarización. Lo que allí sucedió es clave tenerlo presente como enseñanza y aprendizaje en este nuevo momento que va llegando de gobiernos progresistas. Allí la pregunta será ¿cuál debe ser el papel y lugar de los movimientos sociales para no repetir errores y no dar paso luego, a otro período de ultra derecha que destruya las necesarias políticas sociales, populares y de protección medio ambiental?

En este nuevo periodo de gobiernos progresistas que avanzan en Latinoamérica, serán de vital importancia las cercanas elecciones en Colombia y Brasil, pues determinarán pesos y contrapesos regionales más en un contexto de confrontación global Rusia-China y Occidente.

Progresismo en Colombia a punto de ser gobierno

Como está el panorama político en Colombia, existe una posibilidad muy clara que por primera vez en su historia republicana tenga un gobierno progresista en cabeza del hoy senador Gustavo Petro, y luego de analizar las experiencias del continente, del vínculo entre las organizaciones sociales y el gobierno, surge la pregunta: ¿Qué papel deben jugar las organizaciones sociales colombianas con relación a este posible gobierno alternativo?

Es claro que no contamos con una respuesta categórica, pero lo que si consideramos es que no pueden entregar sus luchas ancestrales a cambio de cargos burocráticos que imposibilitan la aplicación del principio de la crítica y autocritica.

Es fundamental apoyar los cambios que puedan venir incluso con grandes movilizaciones, ya no en contra del gobierno sino apoyando las transformaciones urgentes que requiere el país y que es claro las elites corruptas y militaristas no entregarán barata su derrota en las urnas.

Pero si por el contrario, debido a las alianzas con sectores tradicionales y cuestionables, los cambios empiezan a convertirse en simples embelecos, se debe contar con la autonomía suficiente para de nuevo tomar las calles y exigir la implementación de las agendas del movimiento popular.

La contención real a las políticas de acumulación capitalista y de destrucción neoliberal está en manos de los movimientos, que sin temor toman las calles para exigir transformaciones. “Las nuevas formas de politización y la ampliación de las esferas públicas a través del surgimiento de poderosos movimientos sociales –indígena, campesinos, derechos humanos, minorías sexuales- actuaron como verdaderos baluartes de resistencia al neoliberalismo” (De Sousa Santos, 2001)

Bienvenido un gobierno progresista que trate de revertir las políticas de muerte que han implementado las elites mafiosas del país, pero entregar las organizaciones sociales sin medir las consecuencias implica entregar la única herramienta que permite la creación de verdadero poder popular, que pasa por la organización de las bases y la implementación de sus agendas que parten de las necesidades comunitarias y no de los caprichos o de la iluminación de un líder.

Referencias

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Barrera Machado, D., Borja Bedoya, E., & Insuasty Rodríguez, A. (2016). Participación y paz. Medellín: Kavilando. Obtenido de http://kavilando.org/images/stories/libros/Participacion-y-Paz.pdf

Cárcamo, Ulises (2019). “Poder popular, movimientos sociales y construcción de ciudadanía en chile: entre la persistencia del pasado y la irrupción del presente”. En revista de Estudios Políticos y Estratégicos, 7(2): 70-88.

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Zuazo, M. (junio 2010). ¿Los movimientos sociales en el poder? El gobierno del MAS en Bolivia Nueva Sociedad. Obtenido de nuso.org: https://nuso.org/articulo/los-movimientos-sociales-en-el-poder-el-gobierno-del-mas-en-bolivia/

*Abogado, Especialista y Magíster en Derecho Procesal Penal, Defensor Público e Investigador del Grupo Kavilando. Contacto: yaniw6@gmail.com

**Docente Investigador Universidad de San Buenaventura Medellín, Integrante de la Red Interuniversitaria por la Paz, actual Consejero de Paz Conpaz Medellín sector Universidades, e Integrante Grupo Kavilando.

Contacto: Alfonso.insuasty@gmail.com

2 Respuestas a “Firmar la Paz, ¿para acentuar el despojo?”

  1. Juan carlos mazabel mendez

    Si ya le estamos exigiendo al mundo,compromisos reales para salvaguardar nuestra amazonia.debemos exigir lo mismo con nuestras hermosas islas,especialmente nuestra reserva natural gorgona.igualmente no podemos hablar internamente sobre una paz total.si seguimos permitiendo que nuestra soberania este a disposicion de la guerra y del poder economico mundial.

  2. Reynaldo Gutiérrez Arroyo

    Realmente preocupante, ya q el sistema de explotación extractivista no quiere dar tregua. Lo q si es q hay avanzar en socializar y dar a conocer más estás problemáticas a la gran parte de las comunidades de los países afectados directamente, eso sin ver que los daños que se ocasionan perjudican a todos en el planeta.

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