El Vocho Blanco

Mary Farquharson y Eduardo Llerenas

El vocho blanco va a la República Dominicana

Entre la canción de Buscando iguanas y las fiestas de perico ripao, músicos delos llanos de la Costa Chica de Oaxaca y el campo de la República Dominicana convierten los animales locales en canciones para bailar y en guisados para tiempos cuando la comida se escasea. Hay algo más que tienen en común: las raíces africanas en su música popular, y fue esta raíz que Eduardo Llerenas, Baruj Lieberman y Enrique Ramírez de Arellano buscaban en 1976, cuando hicieron su primer viaje de grabación fuera de México. Escogieron la República Dominicana porque, igual que Cuba y Puerto Rico, tiene una cultura musical gloriosa: crean sus versiones propias de la música europea religiosa y profana; en otras comunidades, reinterpretan las percusiones y cantos de mucha presencia africana y, entre estos dos extremos, bailan, cantan y expresan lo suyo en el merengue: música nacida bajo los techos de palma en las fiestas de ‘perico ripiao’, llamadas así por el plato preferido que acompaña el baile que responde al ritmo infeccioso del merengue rural.

Con información basada en libros y en las muy pocas grabaciones musicales disponibles en ese entonces, Eduardo, Beno y Enrique llegaron al aeropuerto de Santo Domingo con tiempo limitado, pero con la pasión de los que investigan por placer y por curiosidad personales y con años de haber aprendido cómo encontrar a grandes músicos en los ranchos, pueblos y ciudades del México rural.

En medio de lo más africano y lo más europeo, los dominicanos habían creado esta música que les ganó la fama y la admiración del mundo: el merengue. En los 1970, este ritmo contagiaba los salones del baile no solo en la capital de Santiago Domingo, sino en Nueva York y Caracas, en la Ciudad de México y en Colombia, entre otros países latinoamericanos. El merengue, igual que el son cubano, identifica a los latinos urbanos de muchos países, pero, igual que su pariente cabano, el merengue comercial tiene sus raíces en el campo, y esta versión originaria es la que les interesaba a Eduardo, Beno y Enrique.

El primero de los grupos de merengue tradicional que grabaron en ese viaje se llama Los Cuatro Alegres Dominicanos, un excelente grupo que vivía en la capital, en las zonas marginadas o ´ensanches´, en donde mantenían el estilo campesino de las fiestas de perico ripiao.

En ese viaje, lograron grabar diferentes estilos de merengue, varios de ellos muy difíciles de encontrar hoy en día. El vinilo y el CD que produjeron de sus grabaciones están acompañados por notas extensas que Eduardo escribió para explicar la origen y estilo de cada tema. Explicaba que el merengue original tiene tres secciones: el paseo instrumental seguido por el jaleo de la voz solista y el merengue final que está conformado por la llamada y la respuesta del solista y el coro. En esta sección, las descargas de diferentes instrumentos– muchas veces improvisadas– salpican, inspiran y provocan una respuesta sensual en los cuerpos del público.

Generosos como suelen ser los músicos, los grupos de perico ripiao crearon una versión más ‘light’ de este merengue, afín a las posibilidades de bailar de los residentes de Palm Beach, Florida. Este estilo de merengue se llama pambiche, y se puede apreciar en las grabaciones de Eduardo y compañía, en temas como ‘María morena’, ‘Qué linda mamá’, ‘El cabo de vela’, todos incluidos en el playlist que acompaña este texto.

La noticia de que tres mexicanos investigaban y grababan el perico ripiao en la capital y en otras regiones de la República Dominicana, llegó a los oídos de una mujer icónica en la historia del merengue dominicano, Casandra Damirón. Experta en la historia del merengue de salón, bailarina y cantante también, quiso conocer a estos tres mexicanos con su interés peculiar en la versión campesina de la música de los salones y de las disqueras internacionales. Los dos científicos y un músico mexicanos – hombres serios pero muy gustosos — vestían camisas ´caribeñas´ idénticas para lucir bien con Casandra, ‘La soberana de la canción,’ y así le platicaron de los valores musicales que habían encontrado en la música campesina de la República Dominicana.

Otro estilo del merengue que grabaron es el carabiné que se escucha poco en La República Dominicana actualmente, pero que tiene su importancia en la historia de este género. Se parece en momentos a la contradanza que, igualmente, es raíz importante de la habanera cubana. Un ejemplo de esta versión del merengue grabado por ellos es, precisamente, ‘El carabiné’, que demuestra la influencia francesa que provenía de los vecinos haitianos antes y después 1844, año en que la isla se separó oficialmente en dos países. De hecho, en Haití existe una música más dulce, menos frenética, llamado ‘meringue’, que tiene poco que ver con la de su vecino dominicano.

La letra, igual que en tantos otros estilos rurales de Latinoamérica, combina versos establecidos– de compositores conocidos y anónimos– junto con improvisaciones que responden al público presente. Durante estas grabaciones, gustosas para todos los integrantes, los músicos saludan a Eduardo y a los mexicanos, antes de volver al tema principal de su merengue.

El merengue, ‘Compadre Pedro Juan’ es una invitación divertida a que el compadre sacara a bailar a la mujer que él quiere enamorar con sus pasos y con los movimientos de su cuerpo. El acordeón diatónico de botones libera unos adornos que son como un rio que va creciendo con los movimientos de las parejas debajo del techo de palma tejida. Aquí es la fiesta en donde Rafaelito Arias y sus Conjunto, Los Cuatro Alegres, Cachucha y su Conjunto y otros grupos famosos en sus barrios, crearon música que más tarde sería pulida y orquestada por Johnny Ventura, por Juan Luis Guerra y otros grandes del merengue de salón.

Eduardo presentó a Johnny Ventura en el Festival del Caribe en Cancún en 1991 y el año siguiente a Francisco Ulloa, acordeonista y cantante de corte rural, aunque con un estilo muy pulido y virtuoso que ofrece un puente entre las rústicas fiestas del perico ripiao y el merengue de salón, que se conoce y se reconoce en las capitales más musicales del mundo.

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