Disonancias

Griselda Sánchez

Comunicación para la defensa del territorio

Establecido por la ONU, cada 9 de agosto, se celebra el día Internacional sobre los pueblos indígenas, varios son los temas que se tocan para expresar las necesidades de los pueblos, en el año 2012 el tema fue «Medios de comunicación indígenas: empoderando las Voces Indígenas», y tenia como objetivo destacar la importancia de los medios de comunicación indígenas en el combate de los estereotipos, la proyección de su identidad, la comunicación con el mundo exterior y su capacidad para influir en la agenda política y social. Cinco años han pasado de esto, muchos más de legislaciones, reformas, decomisos, etc, y un medio de comunicación que ha resistido a todos estos avatares es la Radio Comunitaria.

¿Que las hacen particulares y porque su permanencia? Las radios comunitarias pueden ser de corto o largo alcance, sus equipos de transmisión pueden tener de treinta a mil watts de potencia. El que una radio se asuma como comunitaria no tiene nada que ver con la potencia del transmisor, sino con el hecho de representar intereses comunitarios compartidos, sea de una pequeña localidad en el campo, de una gran ciudad, un barrio, un sindicato, una comunidad universitaria, una cooperativa, una organización ecologista, etcétera. Pero no basta con representar estas preocupaciones: las radios comunitarias son participativas, el micrófono está abierto a todos, sin importar que se tenga o no un título de periodismo o de locutor.

Otra de las características de las radios comunitarias son los contenidos locales, la pertinencia lingüística y cultural. La programación debe responder a cualquier inquietud, grande o chica, y reflejar la realidad y cotidianidad de la gente. La mayoría de nuestras radios transmite en los diferentes idiomas de la región que habitan, permitiendo que sus escuchas se sientan identificados y fortalecidos por expresarse en su propia lengua. El 70 por ciento de las programaciones —a veces incluso un 90 por ciento— se realiza en idiomas como el diidxazä, wixárica, mixe, ñomndaa, ikoots, mapudungun, garífuna, etcétera. Durante décadas las radios han estado influenciadas por el contexto en el que se enmarcan y han respondido a él renovando estrategias y objetivos. De esta manera podemos afirmar, al revisar la historia de las radios comunitarias, que han sido determinadas por sus contextos y que con sus prácticas trataron —y tratan— de cambiarlos.

Haciendo un poco de historia, en México no hay que olvidar que desde 1995, en los Diálogos de Sacam’Chén (mesas de diálogo con el gobierno federal) el EZLN puso a discusión la posesión de los medios de comunicación. En el grupo cinco (de seis) de la mesa de trabajo llamada Derechos y Cultura Indígena, se debatió el tema del acceso a los medios de comunicación. Las demandas eran entre otras el derecho de los pueblos indígenas a contar y tener bajo control sus propios medios de comunicación, el acceso pleno de los pueblos indígenas a los medios de comunicación convencionales, la transferencia de las radios indigenistas y centros de video indígena en posesión del instituto Nacional Indigenista (INI). Ante las propuestas vertidas, la representación gubernamental presentó un documento muy pobre sobre radiodifusión indígena que reducía la problemática al estado de Chiapas. El documento evidenciaba un desprecio a los conocimientos ancestrales de los pueblos: justificaba su poca participación en los medios de comunicación no por la falta de apertura en los medios, mucho menos por la falta de posesión de medios propios, sino por la falta de recursos humanos profesionales especializados en comunicación. De ahí que tuvieran la “buena voluntad” de otorgar doce becas a indígenas de seis regiones lingüísticas del estado de Chiapas. Ante la demanda de transferencia de las radios del INI, lo único que hicieron fue establecer convenios de participación y creación de Consejos de Programación y Contenidos en radios que no operaban más que en Chiapas, aunque también mencionaban mecanismos para garantizar la propiedad de nuevos medios de radiodifusión, como la asesoría técnica para la construcción de emisoras, pero de muy baja potencia. Si bien es cierto que en esos momentos no era tan explícito el posicionamiento sobre la comunicación como herramienta para la defensa del territorio, en el fondo sí se planteaba y lo que se señaló en el documento de Asesores e Invitados del EZLN (1995) fue lo siguiente:

El uso y apropiación de los medios de comunicación por parte de los pueblos indígenas está intrínsecamente vinculado con el proceso de autonomía. Sin los medios de comunicación en manos indígenas es difícil que pueda darse el proceso autonómico; sin la autonomía los medios de comunicación difícilmente serán propios.

Y qué es la autonomía sino el derecho al libre ejercicio de la autodeterminación con un dominio pleno sobre los territorios, tierras, culturas, formas de organización social, política, económica y cultural. Con el paso de los años, ante la respuesta del gobierno federal y su “traición a los acuerdos de San Andrés”, el EZLN optó por ejercer sus derechos por la vía de los hechos. Conformó sistemas de Buen Gobierno, salud, educación, comercialización y un sistema autónomo de comunicación que silenciosamente tuvo sus inicios con Radio Insurgente, con transmisiones en onda corta. Más adelante, empezó a funcionar toda una red de radios comunitarias en el territorio zapatista, distribuidas en las cinco zonas de Chiapas donde ejercen su autonomía. Son en total doce radiodifusoras de FM atendidas por mujeres y hombres de diferentes comunidades que de manera voluntaria o por nombramiento de sus pueblos, fungen de operadores y locutores. Las transmisiones se efectúan en tzeltal, chol, zoque, tojolabal, en otras lenguas de la región y en castellano.

En el caso de Oaxaca, la historia también nos muestra que desde años atrás existen experiencias de comunicación gestadas desde las comunidades, no sólo radios pioneras como Radio Jenpoj, Estereo Comunal, Radio Huave, Nopalera Radio, etcétera, sino también televisoras comunitarias y producción en video documental. Es el caso de TV Tamix –con sede en el municipio mixe de Tamazulápam del Espíritu Santo–que inicia como un proyecto de video indígena impulsado por el entonces Instituto Nacional Indigenista en su programa de Transferencia de Medios Audiovisuales a Comunidades y Organizaciones Indígenas. Este programa transfería el equipo de producción de video y capacitaba en los conocimientos básicos para su uso. La consolidación viene cuando se apropian de un transmisor de 10 watts abandonado que había sido instalado como parte de una red de retransmisión rural de IMEVISION. TV Tamix inicia su programación en 1992 y transmite sólo los sábados a las cuatro de la tarde por el canal 12. Diferentes causas motivaron que la televisora no continuara, y por último, la falla del transmisor hizo que saliera fuera del aire.

En los hechos, Oaxaca ha hecho gala de una larga tradición de construcción de medios comunitarios debido a la falta de medios de comunicación que proporcionen información local veraz y transmitan en su propio idioma. La geografía accidentada del estado y la falta de carreteras, periódicos, líneas telefónicas, celulares —ni que decir del Internet— hacen que las comunidades se encuentren aisladas. Muchas de las radios comunitarias que operan en Oaxaca se han dado a la tarea de tejer vínculos entre las comunidades para impulsar la cultura en la que están insertas, y para brindar información pertinente de la realidad y cotidianidad.

Según el Plan de Desarrollo del Estado de Oaxaca 2011-2016 —que a su vez toma como fuente la Secretaría de Asuntos Indígenas de Oaxaca—, el 46.66 por ciento de las 751 radios que operan en el Estado son concesionadas, el 14.66 por ciento son permisionadas y el 38.68 por ciento son radios comunitarias. De ese porcentaje sólo cuatro radios comunitarias tienen la figura legal de ser permisionadas: Zaachila Radio, Radio Nahndiá, Radio Jënpoj y Radio Calenda. Cada radio es particular por los idiomas y variantes en los que transmite. Su surgimiento es diverso, como diverso es el Estado. Es así que las aproximadamente 60 radios comunitarias que existen a lo largo y ancho de Oaxaca transmiten no en la legalidad pero sí en la legitimidad que le confieren las comunidades y el administrar su propio territorio —que contempla, el suelo, subsuelo y el espacio radioeléctrico.

En Oaxaca, planes de desarrollo vienen y van, pero la constante es el despojo territorial, recomendamos no analizar esta problemática de forma aislada, sino contextualizada en las políticas neoliberales a nivel mundial y las reformas estructurales que ha implementado el Estado mexicano. En la actualidad, el neoliberalismo y su modelo extractivo han diversificado las formas políticas, judiciales y militares del despojo territorial a los pueblos indígenas, socavando la unidad interna, el sustento socioeconómico y los modos de vida. Ante esto, los medios de comunicación comunitarios se han ido posicionando en su práctica político-comunicacional; de esta manera, en los últimos diez años, en México nació una nueva ola de radios comunitarias. Ellas no sólo desempeñan un papel de apoyo a las acciones colectivas de las organizaciones y movimientos sociales sino que también se han convertido en actores sociales: desde las radios se convoca, se organiza. Algunas han tratado de articularse en cumbres, encuentros, foros y seminarios para mantenerse coordinadas ante lo que a todos aqueja: el despojo territorial.

Para esta nueva ola de radios comunitarias, el común denominador es la premisa de que lo que está en juego es su reproducción como pueblos indígenas y sobre todo la vida misma. Han tenido que apropiarse de medios que les sirven como herramientas —no desde la instrumentalización de la comunicación— para expandir sus demandas, facilitar la organización y la movilización. Además, volvieron a rebatir la información-manipulación de los periódicos, televisoras y radios comerciales enfatizando la comunicación dialógica como la que se realiza entre vecinos, en la familia, la gente que participa y habla en la cabina o que llama por teléfono a la radio. También puede ser la proyección de una película, el perifoneo en la calle, la pinta, la obra de teatro, poniendo en entredicho en los hechos, el entendimiento reduccionista de la comunicación en términos meramente instrumentales, permitiendo que la comunidad se apropie de los medios de comunicación y garantice su permanencia, porque ningún proyecto se puede sostener si no cuenta con el respaldo de la comunidad y si no se articula con los diferentes actores sociales.

Las radios comunitarias que se manifiestan abiertamente por la defensa del territorio nacieron en el seno de una organización o se acuerparon en el camino con un frente de lucha o en una asamblea. De un modo u otro, siempre son parte de los procesos de resistencia en los que están inmersas: no son meros observadores externos. Se saben en contextos de violencia; saben que se juegan todo, porque lo que está en riesgo es justo la vida misma. Con su práctica ejercen la libre determinación para tener y operar sus propios medios de comunicación, como diría el radialista Benito Contreras de La Voz del Pueblo ubicada en la montaña de Guerrero: “Estamos seguros que el aire donde viaja nuestra palabra es parte del territorio”.

Y así, reafirmados en sus idiomas, cosmovisiones y culturas, han surgido distintas radios con el objetivo político de la defensa territorial: en Oaxaca se encuentra: La Voz de los Pueblos en la ciudad de Matías Romero gestionada por la UCIZONI, La Voz del General Charis en la comunidad de Álvaro Obregón, integrante de la Asamblea Comunitaria de Gui’xhi’ ro’; Movimiento Radio, 103.7 FM en la comunidad de San José del Progreso, impulsada por la Coordinadora de Pueblos Unidos del Valle de Ocotlán; Radio Cundachi en Ciudad Ixtepec que se opone a la minería. En el estado de Guerrero están las radios de la CRAC-Policía Comunitaria, que luchan contra la minería a cielo abierto. En Amilcingo, Morelos resiste desde enero de 2014 Radio Amilcingo 100.7 de FM en contra del Proyecto Integral Morelos que contempla un gaseoducto que cruzaría Morelos, Puebla y Tlaxcala, si nos vamos hasta el occidente de México, podemos encontrar a Radio Fogata y a una televisora comunitaria ubicada en el Municipio Autónomo Cherán K’eri en el estado de Michoacán. Mención aparte merecen los compañeros de medios libres que trabajan a lo largo del país con páginas de Internet, canales de video documentales. Todas estas experiencias nos prometen a futuro un gran potencial para las radios comunitarias, los medios libres, alternativos, autónomos o como se llamen, ya que la exigencia de los tiempos lo demanda y nos demanda estar atentos, capacitados con nuevos lenguajes radiofónicos y con mayor experiencia tecnológica, pero sobre todo, preparados para la defensa de la vida.

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Griselda Sánchez

Productora radiofónica mixteca, desde hace años realiza talleres para radios comunitarias. Estudió Ciencias de la Comunicación y la Maestría en Desarrollo Rural, ha obtenido diferentes premios en la Bienal Internacional de Radio. De la locura la han salvado la grabación de paisajes sonoros.

3 Respuestas a “Defender la vida comunitaria es defender nuestra autonomía”

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