Tierra Roja

Abel Irala

Año electoral en Paraguay, democracia bajo amenaza

Un informe de Tomás Palau denominado el agronegocio de soja en Paraguay publicado en el año 2008 presenta un dato estimativo que sólo en el periodo del 2003 al 2004 unas 14 familias campesinas habían abandonado sus lotes y chacras por presión directa o indirecta del monocultivo de la soja.

Este dato es significativo porque se ubica en el periodo de crecimiento y consolidación del agronegocio transgénico en el país. De hecho los datos muestran que el periodo del 2003 al 2014 la superficie destinada a la agricultura campesina se ha reducido a un 51%, mientras que las tierras destinadas al agronegocio han crecido en 129%, en números de hectáreas significa que la agricultura campesina, en un periodo de 12 año de 668.000 Ha bajó a 329.800, mientras que en el mismo periodo el agronegocio de 2.350.000 aumentó a 5.476.000 hectáreas.

Es justamente en el año 2004 cuando Paraguay aprobó el primer evento transgénico, y que se pone en marcha todo el paquete tecnológico para el aumento del agronegocio, en la actualidad existen 48 Organismos Genéticamente modificados liberados comercialmente, el 85% pertenece a 4 corporaciones transnacionales (Bayer monsantos, Syngenta, Dow Agorciencies y BASF).

Otro dato relevante tiene que ver con la cantidad de desalojos campesinos ocurridos en el año 2004, sólo en es año se registraron al menos 66 desalojos, en los que actuaron policias, fiscales y militares.

Desde las organizaciones campesinas han denunciado año tras año y lo siguen haciendo que el modelo económico actual se centra en la priorización intensiva de dos o tres rubros de exportación, que destruye la enorme diversidad productiva que históricamente alimentó a la población paraguaya, como es la de la agricultura campesina, teniendo en consecuencia la importación de más del 50% de los alimentos básicos y frescos que cotidianamente se consumen.

Paraguay es uno de los países con mayor concentración de tierras en pocas manos, la lógica del modelo lleva a la acumulación, más que a la producción, concentración de monocultivos y sus paquetes tecnológicos, concentración de cria de ganados, concentración de frigoríficos para la producción cárnica, concentración de medios de comunicación.

La situación es cada vez más grave, se llevan décadas de una ofensiva de la agricultura capitalista que ha mostrado su poder de devastación, La misma CONADERNA (Comisión Nacional de Defensa de los Recursos Naturales) informó en el 2020 que el Paraguay es el segundo país deforestador en Sudamérica, sólo después de Brasil. Del 2001 al 2020 en Paraguay se deforestaron 6.033.000 hectáreas, en el mismo periodo en Uruguay 360.000 hectáreas.

El territorio rural campesino ha sido transformado a grandes parcelas de tierras que se dedican a extraer riqueza para las grandes corporaciones multinacionales.

En el último informe de Soja al Cuello 2022 se informa que de agosto 2021 a agosto 2022 se registraron 14 desalojos campesinos y al menos 6.500 personas fueron afectadas. En el mismo periodo un mínimo de 269 familias indígenas fueron violentadas en el marco de los desalojos realizados.

Es decir, con el pasar de los años el modelo se va intensificando, con él se intensifica la exclusión, la violencia y la desigualdad. Los diferentes gobierno han actuado como “administradores” del capitalismo extractivista, aliados a los intereses del capital internacional, y en el 2012, la derecha nacional puso en marcha un golpe de Estado contra Fernando Lugo por considerarlo de izquierda, para dejar en claro que en Paraguay se gobierna con fuerzas consevadoras o con el permiso de ellas.

El año 2023 es un año electoral, en el que se elegirán a quienes ocuparán el Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo, las Gobernaciones Departamentales; el 2022 transcurrió con una agenda pre electoral bastante movida, desde la intervención de Estados Unidos designando “significativamente corruptos” a referentes del partido oficialista, la ANR o Partido Colorado, la derechización de la oposición, la enfermedad de Fernando Lugo (ex presidente y principal lider del progresismo), el crecimiento del discurso de odio y mayor presencia de un sector de ultra derecha, la mafia y el poder del narcotráfico muy vinculado a la vida política de los de arriba, indican un escenario sumamente complejo y nada alentador para los movimientos sociales, al menos hasta ahora, de igual será fundamental lo que ocurra en los meses de febrero y marzo, previos a las elecciones generales previstas para abril del 2023.

Las chances de que Paraguay tenga cinco años más de un gobierno de derecha y colorado, son hasta el momento muy elevadas, sin embargo no se podría descartar la posibilidad de una alternancia, la cual no resolvería problemas estructurales pero abriría algunas pequeñas brechas para un transitar democrático, que en la actualidad se encuentra bajo amenaza.

Abel Irala

Director e investigador de Base Investigaciones Sociales. Licenciado en trabajo social, posgrado en Ciencias Sociales, docente universitario.

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