Entre la luz y la sombra

Felipe Martínez

Los movimientos sociales ante la llegada del progresismo en Colombia

Después de la alegría y el festejo que dejó aquel triunfo popular que implicó la llegada de una propuesta de gobierno de carácter progresista en Colombia, el tiempo se calma y comienza a vislumbrar el complejo horizonte que traerá esta decisión para las organizaciones y movimientos sociales en su conjunto.

Tras la victoria, comenzaron las discusiones sobre quién o quiénes deben ocupar los puestos y cargos en el Estado. Así iniciaron nuevas pujas entre los múltiples sectores que componen el Pacto Histórico, una coalición de propuestas liberales, neoliberales, progresistas y de izquierdas, quienes ahora se deben sentar a dialogar para llegar a mínimos acuerdos y poder gobernar.

Los empalmes entre el gobierno entrante con el saliente implicaron que algunos de los delegados por parte del presidente electo Gustavo Petro, fueran tecnócratas y burócratas de partidos tradicionales que han estado en el poder y que hoy posan como el cambio. Así mismo las decisiones sobre el gabinete de ministerios ha arrojado diversos debates, pues, así como entraron personas como la histórica artista Patricia Ariza al Ministerio de Cultura, están Cecilia López y José Antonio Ocampo, dos funcionarios importantes en los gobiernos de César Gaviria y Ernesto Samper, impulsores de la apertura económica y la entrada del neoliberalismo en el país. Es claro que aún faltan muchas más “sorpresas” y sapos por tragar.

Por otro lado, inició la propuesta del “Diálogo nacional” del gobierno de Petro. Diálogos que en la práctica se han centrado en hablar y abrazarse con los de arriba, pues con los únicos que se han reunido es con los ricos y políticos tradicionales, llegando al punto que los partidos que han gobernado históricamente (Conservador, Liberal, Partido de la U, entre otros) y que se creían opositores, definieron dar su apoyo al gobierno en el Congreso de la República.

¿Pasividad?

Veo con preocupación que mientras todo esto pasa, hay una pasividad y quietud entre los movimientos sociales, pues pareciese que todos están a la espera de la posesión de Petro y Francia para volver a actuar. Esto corrobora y deja en evidencia que todas las fuerzas siguen apostadas en el terreno institucional, el cual marca la ruta y agenda por trabajar.

Un error monumental, pues debiera ser el momento de más imaginación y acción política en la calle. Me pregunto, ¿no es el momento de tomar la iniciativa y convocar ese diálogo nacional entre las y los de abajo, un diálogo nacional de los movimientos sociales y el pueblo colombiano, donde se definan los rumbos a construir, las agendas y las plataformas comunes por reivindicar al próximo gobierno y mucho más allá de este?

¿No sería el tiempo de organizar un encuentro de organizaciones sociales y comunitarios amplio, donde se analicen los múltiples efectos que tuvo el progresismo latinoamericano en los diversos movimientos sociales de la región, que sirva como ejemplo para aprender y no repetir los mismos errores?

¿Acaso no es el tiempo de fortalecer, potenciar y construir escenarios asamblearios que sirvan de experiencias de poder territoriales, que no se institucionalicen pero que tengan la capacidad de servir como espacios de interlocución con el gobierno en su propuesta de “Diálogo nacional”?

Son todas estas propuestas las que deben ayudar a mirar que el cambio no se hace hablando con quienes siempre han gobernado, que el cambio necesita la palabra, voz y organización de esos “nadies” que reivindicaba Francia Márquez en campaña. No se puede olvidar que hoy se tiene el gobierno, más no el poder.

La crisis y sus consecuencias

Para finalizar quisiera recordar lo que en el 2015 dijeron las y los zapatistas en el seminario “El pensamiento crítico frente a la hidra capitalista”, pues allí señalaron con certeza: “se avecina una tormenta”. Hoy, siete años después, vemos que la tormenta ya está en curso y se profundizará.

Ante este escenario no podemos hacernos ilusiones y creer que, con un gobierno, o dos, o tres más de carácter progresista las cosas cambiarán. Nos enfrentamos a un colapso total, que comienza a evidenciarse en múltiples formas como:

  • La posible llegada de nuevas pandemias y enfermedades a causa de los efectos del cambio climático. El estudio científico titulado “El cambio climático aumenta el riesgo de transmisión viral entre especies”, publicado en la revista Nature, sostiene que “la migración de animales por el aumento de la temperatura global y destrucción de hábitats provocará una «red de nuevos virus» que podría afectar a la salud humana”. Así mismo la revista The Lancet “publicó un informe que señala que la contaminación ambiental causó nueve millones de muertes en un año” (1).


  • El claro futuro cercano donde se profundizarán las crisis alimentarias en múltiples regiones del mundo, incluyendo Colombia, lo que implicará hambrunas y gigantescos movimientos migratorios. Trágicamente mientras esto lo predice la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA), la digitalización de los sistemas agroalimentarios avanza por todo el planeta, buscando concentrar las riquezas en las manos de los más ricos del mundo.


Según Silvia Ribeiro, en México, “entre enero y mayo de 2022, las mayores empresas globales de semillas y agrotóxicos como Bayer-Monsanto, Basf y Corteva (fusión de DuPont y Dow) lanzaron nuevas plataformas digitales agrícolas, que venden servicios a los agricultores” a cambio de contratos que generalmente “establecen como condición para lograr resultados el compromiso de usar las semillas y agrotóxicos de las propias empresas” (2), fomentando así los transgénicos y venenos en la comida.


  • La disputa entre imperios por el control del mundo (Estados Unidos, Rusia, China), quienes alientan escenarios de guerra en terceros países para mostrarse los dientes y poner en acción armamentos de guerra. Un escenario que posiblemente se profundizará ahora con la guerra en Ucrania y la reunión de la OTAN en España, donde se reafirmaron “las armas nucleares como suprema garantía de seguridad” (3).

Pese a este escenario la esperanza de un mejor futuro debe mantenerse intacta y debemos aferrarnos a ella como nuestra brújula y guía. Siguiendo la palabra del Sup Galeano, recordando a Marcos en el seminario de 2017, “Los muros del capital, las grietas de la izquierda», aunque la tormenta venga y “una y otra vez, el dinero tratará de romper la historia que importa. Una y otra vez, será vencido (…) La humanidad pervivirá. Y cuando se diga “Patria”, se dirá “mundo”, se dirá “casa”, se dirá “vida”. Cierto, no habrá relámpagos más fieros, ni tormenta más grande, pero al final, esta tierra se levantará y con ella sus mujeres, sus hombres y quienes son lo que son sin ser ni uno ni otra. La memoria no olvidará, pero no habrá celebraciones. No porque no valdrá la pena, sino porque la vida entera será entonces lo que siempre debería ser, es decir, una celebración”.

Notas

  1. Ver: https://www.desdeabajo.info/ambiente/item/45666-el-calentamiento-global-y-las-futuras-pandemias.html
  2. Ver: https://www.desdeabajo.info/sociedad/item/45660-nubes-sobre-la-agricultura-campesina.html
  3. Ver: https://www.desdeabajo.info/mundo/item/45663-hacia-una-nueva-guerra-global-permanente.html

Una Respuesta a “Un año del estallido social en Colombia”

  1. Carlos A González

    Si señor. Es el momento de las bases, de los sectores populares a quienes se les abre la posibilidad de expresarse y alzar la voz respecto a sus clamores, reclamos históricos de posibilidades de participación en las decisiones y en el reparto democrático de las oportunidades y servicios del estado. Hay, parece, un poco de estupor.

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