El sueño de la razón

Silvia Ribeiro

Las vueltas de la pandemia: vacunas transgénicas

La pandemia y todas las medidas que la componen, impuestas muchas, elegidas otras para cuidar y cuidarnos, nos tienen hartas y hartos, con toda razón. Han creado enormes dificultades de todo tipo, incluso de sobrevivencia para muchas personas.  Muchos pensaran que ojalá llegue una vacuna pronto, como si fuera un pase mágico a la normalidad, aún cuando tampoco queremos la normalidad. Ni la “nueva normalidad”, ni muchos menos la vieja anormalidad.

Pero cobijada en la agudización de las crisis económicas, sociales y de salud por la pandemia Covid19, ­–­además de otros efectos terribles, como el incremento global del capitalismo de vigilancia, la represión y control sobre las y los ciudadanos y movimientos­– se ha creado una “tormenta perfecta” para legitimar el uso de vacunas experimentales, sin tiempos adecuados de prueba, en grandes sectores de la población mundial.

La vasta mayoría de estas vacunas se desarrollan por y/o con las grandes transnacionales farmacéuticas, que dominan la mayoría del mercado global y que detentan patentes sobre ellas. Al mismo tiempo, aunque los gobiernos están invirtiendo o dispuestos a invertir inmensos volúmenes de dinero público en las vacunas, no están haciendo nada para cambiar las causas de la pandemia, ni de ésta ni de las que están en gestación.  Por lo tanto, garantizan un gigantesco mercado cautivo a las empresas, ya que todos los virus mutan en algún momento, por lo que seguirán nuevas pandemias, que justifican hacer nuevas vacunas y nuevamente aplicarlas masivamente.  

Pese a que epidemias y pandemias se han sucedido con creciente velocidad en las últimas dos décadas -casi todas con origen zoonótico, sea de animales en enormes establecimientos de cría industrial o de animales silvestres a los que se ha destruido su hábitat-  los gobiernos no se plantean detener esas nocivas industrias, entre las que  el sistema alimentario agroindustrial tiene un rol clave.

Los más ricos y poderosos del mundo -reunidos en el Foro de Davos- toman como hecho y anuncian abiertamente que surgirán nuevas pandemias, como hicieron el año pasado, poco antes de que se conociera el Covid-19.  En octubre de 2019, el Centro John Hopkins, con el Foro Económico Mundial (Foro de Davos) y la Fundación Bill y Melinda Gates, hicieron un evento en Nueva York, con participación de altos funcionarios y empresarios, como ejercicio de “preparación” para una pandemia global por venir, probablemente de origen zoonótico, que tendría alto impacto en las economías.

Sabían que iba a suceder (aunque no se referían específicamente al SARS-CoV2) y saben que se repetirá, porque todas las causas estaban ahí y siguen intactas. Obviamente, ellos no proponen hacer nada sobre éstas –que son sus fuentes de ganancia­–, sino que los Estados aumenten la subvención pública a las propuestas tecnológicas, como vacunas, y que aseguren las bases para una mayor digitalización en todos los rubros de la economía, todos aspectos en los que las empresas de Davos tienen todo para ganar. La Fundación Gates es la mayor promotora mundial de vacunas y tecnologías transgénicas de alto riesgo.  

La duración y el nivel de letalidad de la pandemia por Covid 19 (en México 100 veces más letal que la gripe común), además de las muchas medidas de restricción impuestas, en muchos países llegando a niveles de autoritarismo y represión inauditos (perseguir, golpear, meter a la cárcel o hasta matar a quienes no lleven cubrebocas o no respeten toques de queda) ha creado un amplio sustrato de aceptación de que las vacunas podrían ser una solución, o al menos un puente a otro contexto, que para muchos puede ser esencial, porque no pueden resolver la subsistencia sin salir de su casas. Pero es un puente ilusorio, no es firme y pone nuevos riesgos en el camino.

Para las transnacionales farmacéuticas el desastre es una gran oportunidad de lucro.  Han hecho jugosas ganancias con medicamentos e insumos (guantes, máscaras, antibacteriales, etc), pero la joya de la corona son las vacunas. Todas las grandes trasnacionales farmacéuticas están en la carrera por vacunas y medicamentos, avizorando millonarios mercados que serán subsidiados con dinero público.

Los problemas de las vacunas

Todas las vacunas en desarrollo para Covid-19 son experimentales, porque nunca nos habíamos topado con el SARS-CoV2. Pero algunas son además de alto riesgo, como las vacunas transgénicas de ADN y ARN. A principios de septiembre 2020, la OMS registraba más de 180 vacunas en desarrollo (otras organizaciones público-privadas como CEPI registran más de 300). De esas, 35 están en estudios clínicos, es decir en prueba en humanos en las fases 1 a 3, actualmente en 43 países (las fases indican la cantidad de personas a las que se aplica la vacuna, en la fase tres se trata de cientos de miles). El gobierno de México, se ha ofrecido a participar en la fase tres de al menos seis de esas vacunas experimentales, con perspectivas de participar en la prueba de 15 vacunas, según gestiones y declaraciones del canciller Marcelo Ebrard.

De las 35 vacunas actualmente en estudios clínicos, 18 son a partir de técnicas transgénicas que no se han probado anteriormente en humanos, con introducción de ADN o ARN en las células.  El tipo de operación que se plantea con estas vacunas es una forma de terapia génica, sobre la sí hay registro de repercusiones graves, incluso muertes, como el caso paradigmático del joven Jesse Gelsinger. Según expertas en vacunas y en biología molecular, estas nuevas vacunas génicas podría causar efectos auto-inmunes, neurológicos y otros que no se pueden predecir, algunos de los cuales describo en otro artículo.

El biológo molecular uruguayo Claudio Martínez Debat anota que en algunos casos, la propia operación de introducción de ADN foráneo en las células (transfección) en las plantas transgénicas, ha provocado cambios pleiotrópicos, globales, en el metabolismo celular y en la epigenética, que controla importantes aspectos de la expresión génica.

Podría haber efectos similares con la introducción de ADN o ARN foráneo en nuestras células con estos nuevos tipos de vacuna. Todas las vacunas en desarrollo usan en algún momento del proceso, alguna forma de biotecnología. Las vacunas de ADN o ARN, presuponen además que nuestro propio organismo sea transformado en transgénico, al menos temporalmente, para producir los antígenos que despertarían las reacciones del sistema inmunológico.

Aparte de estos riesgos nuevos, existen otros ya conocidos de las vacunas, que estarán en juego especialmente por la demanda de producción y distribución masiva de vacunas. Uno de los principales es el uso del conservante tiomersal o timerosal, que se basa en una forma de mercurio orgánico (etilmercurio) que puede tener efectos tóxicos graves en el organismo.  En empaques de vacunas de una sola dosis, no sería necesario usar este componente, pero como la fabricación se hace en gran escala, en muchos casos de todas maneras se agrega. En los empaques multidosis, se usa frecuentemente como conservante, para conservar la esterilidad en la cadena de producción y bajar el requerimiento de frío en las vacunas.  A menudo se agrega también como co-adyuvante hidróxido de aluminio, que ha sido vinculado a desórdenes musculares y neurológicos.  Los doctores Luis Maya y Flora Luna González han documentado el aumento de dolencias infantiles graves, incluso neurotoxicidad y autismo, vinculado al uso de timerosal e hidróxido de aluminio en vacunas pediátricas. 

Otro aspecto preocupante es la participación en las pruebas experimentales –aunque sean voluntarias– y si se entrega suficiente información previa a los y las voluntarias, para decidir  a qué riesgos se exponen, ya que en realidad en muchos casos, ni los mismo que desarrollan las nuevas vacunas saben qué riesgos potenciales existen.

Finalmente, está el hecho recurrente de que las vacunas pueden tener reacciones adversas en períodos posteriores a lo que se fija como período de pruebas, como sucedió en México con la vacuna de la empresa Sanofi contra el dengue, que el propio subsecretario de Salud Hugo López-Gatell menciona. Los plazos que las empresas y muchos gobiernos están “prometiendo” para las vacunas para Covid-19 son más cortos que nunca antes. Esto lo justifican con el hecho de que las nuevas vacunas transgénicas requieren menos tiempo para su producción que las de virus atenuados o inactivados que se producían por ejemplo, en huevo. Pero justamente porque son procesos nóveles y no conocidos anteriormente, no debería acortarse los tiempos de prueba, sino todo lo contrario.

Con muchas vacunas -todas las que ya están o se acercan a la fase tres de prueba- se trata del mayor experimento transgénico con humanos, para el que no existe ni marco legal adecuado, y que se está pagando con dinero público, aunque las ganancias serán todas privadas y de grandes empresas trasnacionales.

¿Entonces qué?

Son entendibles las razones por las que muchas y muchos de nosotros podemos pensar que es necesario contar con vacunas frente al Covid-19. No obstante, es preciso pensar también en las consecuencias negativas que pueden acarrear.

No podemos permitir que siga el círculo vicioso de por un lado crear debilidad inmunológica en la mayoría de la población -como la comida industrial y el uso generalizado de agrotóxicos, las grandes instalaciones pecuarias que son fábricas de virus mutantes y bacterias resistentes, la falta de acceso a agua limpia (mientras se les regala a las refresqueras que producen diabetes y otras co-morbilidades), la contaminación ambiental y los grandes basureros, la falta de acceso a alimentos sanos y nutritivos,  por nombrar solo algunas – mientras por otro se consolidan nuevos negocios con vacunas frente a las que surgirá resistencia (por la mutación de los virus) más temprano que tarde.

Tenemos que seguir en la construcción de formas de organizarnos para la subsistencia y la resistencia, de tejer lazos justos entre campo y ciudad, producir y alimentarnos sanamente, afirmar las formas comunitarias y solidarias de cuidarnos sin depender de las empresas, cuidar y cuidarnos, conocer y compartir las muchas formas de medicina preventiva y curativa tradicional.

Una Respuesta a “El imperio de Bill Gates”

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