El sueño de la razón

Silvia Ribeiro

Capitalismo en guerra y cambio climático

En diciembre 2023 sesionó en Dubai la 28ª conferencia del convenio sobre cambio climático, referida como COP 28. De todos los convenios de Naciones Unidos, este es el que reúne a más participantes, esta vez con más de 108,000 personas inscriptas, de los cuales 85,000 asistieron en persona, entre delegados oficiales, empresas, organizaciones de la sociedad civil, instituciones académicas y otras.

La guerra y genocidio en curso del Estado de Israel contra Gaza, Palestina, arrojó su sombra sobre toda la conferencia, con protestas y manifestaciones de muchas redes y organizaciones dentro de los espacios de la conferencia y referencias también en intervenciones oficiales. No es para menos: es un genocidio reportado en tiempo real, que además aumenta la crisis climática: los ataques de Israel en Gaza agregan una gran cantidad de gases de efecto invernadero a la atmósfera.

Al tiempo que continúa la masacre en Gaza, escalan también las guerras en Ucrania, Yemen, Sudán, Myanmar y otros espacios en conflicto. Guerras contra pueblos y sus territorios, violencia tolerada y/o impulsada por estados, empresas y otros actores no estatales, que causan que cientos de miles de personas sean expulsadas de sus territorios.

Las guerras, el militarismo y la maquinaria militar-industrial son fuentes muy significativas de gases de efecto de invernadero, tanto por sí mismas, como por el modelo de despojo que conllevan. No solamente intervienen para mantener los privilegios de la desigualdad global y la injusticia climática (entre y dentro de los países), también las provocan.

La máquina militar y las actividades de las fuerzas armadas a nivel global se estima emiten entre 5 y 6 por ciento de los gases de efecto invernadero (GEI) que causan el cambio climático. En comparación, es mayor de lo que emiten 600 millones de autos anualmente, y mayor que todas las emisiones de transporte aéreo y naval juntas. Pese a ello, los estados no están obligados a reportar al convenio de cambio climático las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) de sus actividades militares. Algunos países recogen información parcial sobre éstas a nivel nacional o regional, pero nunca incluyen toda la cadena de actividades relacionadas.

Según el informe “Los daños colaterales del clima -Cómo el gasto militar acelera la catástrofe climática” de las organizaciones Transnational Institute y Tipping Point North-South, los gastos militares globales llegaron en 2022 a un nuevo récord, sobrepasando los 2,2 billones (millones de millones) de dólares. El reporte muestra que los países con mayores gastos militares a nivel global son también los mayores emisores actuales de GEI a nivel global.

Cuatro de los países con más gastos bélicos a 2022 (Estados Unidos, Unión Europea, Rusia, Arabia Saudita) están además entre los mayores emisores históricos de gases de efecto invernadero. El informe señala que esto no es un accidente, sino un elemento clave de la expansión del capitalismo basado en combustibles fósiles, que siempre ha estado ligado a la expansión militar. La infraestructura militar de los poderosos se desarrolló para acceder y mantener recursos estratégicos.

Del 2013 al 2022, el mundo aumentó el gasto militar en 25,9 por ciento. Estados Unidos aumentó en ese período su gasto en 29,1 por ciento, la Unión Europea 25,2 por ciento y China en 27,9 por ciento. Estados Unidos tiene un gasto militar tres veces mayor que China.

Los principales países exportadores de armas (Estados unidos, Unión Europea), que están también entre los países más ricos del mundo, exportan una enorme cantidad de armas a los 40 países más vulnerables al cambio climático, por ejemplo, en regiones como el Sahel. En lugar de aportar a los fondos climáticos de ONU para apoyar a esos países a protegerse de los efectos del cambio climático, les venden armas que exacerban los conflictos internos y multiplican la emisión de gases, con mayores impactos climáticos sobre esos países vulnerables.

Si se destinara apenas un 5 por ciento (aproximadamente 110 mil millones) de la suma total que se invierte actualmente en gastos militares globales a la financiación para enfrentar el cambio climático, cubriría más que los 100, 000 millones comprometidos en 2015 en el convenio de cambio climático y que hasta ahora no se han cumplido.

Por el contrario, a nivel global, se estima que los gastos militares seguirán aumentando entre 4,2 a 6,9 por ciento hasta el 2030. De los rubros dentro de la industria militar, los que más lucro obtienen son las empresas de armamento, cuyos porcentajes de ganancia se han elevado vertiginosamente, y superan a los de muchos otros sectores industriales.

Por si esto no fuera grave, además de las guerras que se ven como tales, el militarismo aumenta tomando cada vez más funciones en muchos países, claramente en América Latina. Estas máquinas de guerra afirman las injusticias y agravan todas las crisis, incluyendo la climática.

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