Entre la luz y la sombra

Felipe Martínez

La eterna guerra contra los pueblos de abajo en Colombia

Ríos de lágrimas y sangre inundan el país, su caudal se mantiene históricamente tras el paso de los años de muerte, guerra y miseria que parecen ser eternos en Colombia. Los nacimientos de este río son múltiples y pueden ser vistos desde distintas orillas que van de más de 500 años atrás, cómo de unos años más recientes que arrancan con el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán en 1948.

Cada quien va encontrando su nacimiento. Pero lo que todos podemos ver y sentir es que son muchas lágrimas y sangre las que se han derramado de los cuerpos de hombres y mujeres, niños y niñas a lo largo y ancho de nuestra tierra y que van dándole forma a ese río de tristezas y dolores.

Como es histórico este río, en nuestro tiempo contemporáneo sigue permaneciendo así se haya firmado el acuerdo de paz con la guerrilla de las FARC, como también estando ad portas del cierre del proyecto uribista en el poder y del nacimiento de un gobierno progresista.

Crisis humanitaria en Colombia

Según el Comité Internacional de la Cruz Roja, entre enero y junio del presente año, registraron 377 víctimas de artefactos explosivos, los cuales se presentaron principalmente en los departamentos de Cauca, Antioquia, Arauca, Norte de Santander y Meta. De igual manera en el mismo periodo de tiempo los desplazamientos y confinamientos de comunidades aumentaron, llegándose a registrar “29.729 personas que se desplazaron de manera masiva en 12 departamentos. Las zonas del Pacífico colombiano fueron las más afectadas por esta problemática, de manera particular el departamento de Nariño, el cual ocupó el primer lugar con el 43% de la población desplazada” (1). En cuanto a desplazamientos individuales, fueron alrededor de 41.074 personas quienes tuvieron que abandonar sus hogares.

Producto del recrudecimiento de acciones armadas en diversas zonas del país, se registra que por lo menos 19.210 personas tuvieron que padecer confinamientos en los territorios para salvaguardar su vida.

La crisis es profunda y se recrudece. Naciones Unidas confirmó que entre 2016 y 2021 fueron asesinados 562 defensores de derechos humanos en Colombia. Así mismo sostuvo que solo en el año 2021 fueron reclutados 123 niños y niñas de entre 12 y 17 años por grupos armados; y que “70 niños y niñas fueron víctimas de violencia en medio de reclutamiento: 31 menores de edad resultaron muertos y 39 mutilados” (2).

A dos semanas de llegar el progresismo

Aunque la situación de asesinatos y crímenes es permanente, quisiera centrarme en algunos hechos que ocurrieron a dos semanas de posesionarse el gobierno de Gustavo Petro y Francia Márquez, que implican un mensaje para el próximo gobierno y un reto urgente por encarar.

Según la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz, el pasado “lunes 25 de julio, en el corregimiento de Chochó, de la zona rural de Sincelejo, Sucre, se denunció por familiares la presunta ejecución extrajudicial de tres jóvenes a manos de integrantes de la policía nacional” (3).

Al parecer los jóvenes Carlos Ibáñez, Jesús David Díaz y José Carlos Arévalo fueron capturados con por la policía nacional en la vía Chochó – Sincelejo. Horas después hacia las 4:45 de la tarde, “el comandante Correa de la policía de Sincelejo, entregó un informe donde asegura haber dado de baja a 3 miembros de las AGC” (4).

El viernes 29 de julio la Corporación Claretiana Norman Pérez Bello, denunció las amenazas a la vida e integridad del reclamante de tierras José Luís Rodríguez, su hermano Jordy Rodríguez, su madre Mariela Rodríguez y su padre Euclides Rodríguez. Esta familia fue víctima de la masacre de 1988 en Caño Sibao, Meta, donde fueron asesinados 4 de sus familiares. Después de este hecho han venido reclamando sus tierras y ahora fueron amenazados en un panfleto alusivo a las disidencias de las FARC (5).

El sábado 30 de julio, el kiwe thegna (guardia indígena) Tulio Dindicué, quien ha asumido responsabilidades de coordinación de la guardia indígena en su territorio, así como de autoridad ancestral y apoyo jurídico del cabildo, fue víctima de un atentado armado mientras se dirigía a su lugar de residencia en el municipio de Caloto.

El domingo 31 de julio se registró una masacre en el municipio de Barbacoas, Nariño, donde fueron asesinados 4 indígenas del pueblo Awá, quienes se encontraban departiendo en un billar. Ese mismo día, pero en el municipio de Tumaco fue asesinada la lideresa Awá María Verónica Pai Cabeza, integrante del resguardo Piguambi Palangala, quien sería impactada con arma de fuego, dejándola sin vida a ella y a su hijo quien tenía apenas 6 meses en su vientre.

Según datos del Observatorio de Derechos Humanos de la Unidad Indígena Del Pueblo Awá (Unipa), después de la firma del acuerdo de paz se han registrado 95 asesinatos, 4 masacres, 13 desplazamientos masivos y 16 desapariciones forzadas contra esta comunidad.

El mismo 31 de julio se reportó otra masacre en La Unión, Valle del Cauca, donde fueron asesinadas cinco personas y cuatro más heridas. Aún no se determinan quienes fueron los sicarios ni se ha informado quienes fueron las personas asesinadas.

De igual manera este mismo domingo sangriento del 31 de julio fue asesinado Idelber Gómez Solano, firmante del acuerdo de paz, quien seríaultimado en Puerto Caicedo, Putumayo. Con Idelber van 29 firmantes asesinados en 2022 y 335 desde la firma del acuerdo.

El lunes 1 de agosto, fue asesinado en el resguardo de San Lorenzo de Caldono, Cauca, el comunero Jorge Enrique Ulcué Poscué. En el mismo hecho resultaron heridos los comuneros Miller Ulcué y Yordi Yotengo. Las autoridades ancestrales están investigando los detalles de estos hechos de muerte (6).

El martes 2 de agosto fue asesinado José Luis Quiñones, en Tamalameque, Cesar, José se desempeñaba como integrante de la Asociación Nacional Campesina y el Coordinador Nacional Agrario, actualmente se encontraba en un proceso de recuperación de tierras en la finca Mata Redonda. Según Indepaz, con este asesinato van 110 liderazgos asesinados en lo corrido de 2022, que se suman en un total de 1.337 líderes y lideresas asesinadas en el país desde la firma del acuerdo de paz.

Finalmente, mientras se impone y agudiza el exterminio físico y cultural contra los pueblos étnicos y campesinos, a los jóvenes de las barriadas populares urbanas que salieron a las calles en abril de 2021 ante la injusticia, miseria, pobreza y no futuro, se les criminaliza, judicializa y encarcela. Ya se ha evidenciado este proceder en las múltiples capturas en ciudades como Bogotá y Medellín, o en el caso de Cali, donde siguen en prisión los 9 de Puerto Resistencia, que son los más visibles, pues menos conocidos, pero igual de importantes están los 12 capturados del punto de resistencia del Paso del Aguante, quienes ya cumplen un año en prisión.

Cumbre de los pueblos

En medio de tanta oscuridad y retos por encarar por parte del nuevo gobierno, los movimientos de abajo comienzan a sembrar los ríos de la esperanza y la vida. El primer nacimiento de este río lo abrieron los pueblos indígenas del país, quienes decidieron realizar un encuentro de varios días en el territorio Misak de Silvia, Cauca, donde se encontraron más de dos mil indígenas integrantes de las 7 estructuras organizativas más grandes del país –Onic, Opiac, CIT, Aico por la Pacha Mama, Gobierno Mayor, Aiso y Cric–.

Allí comenzaron su espacio propio de encuentro para afianzar y seguir tejiendo los lazos para la unidad, dando ejemplo así al conjunto de los movimientos sociales de abajo, quienes siguen en deuda de abrir un escenario autónomo, por fuera de las agendas institucionales del gobierno, que abra discusiones y proyecte horizontes por caminar y alcanzar en el corto, mediano y largo plazo.

Mientras esto ocurre abajo, en los escenarios parlamentarios de arriba parecen estar jugando, pues se hacen zancadillas entre congresistas del Pacto Histórico y aparecen lagartos buscando puestos en el Estado a como dé lugar, un proceder completamente equivocado y alejado de la realidad que padecen las mayorías del país, quienes necesitan un proyecto que encare las cosas con seriedad y le apueste a superar las condiciones de miseria que se han padecido históricamente en Colombia.

Soy consciente que los cambios no vendrán de arriba y que para lograr una vida en dignidad necesitamos de la organización de las y los de abajo, con un horizonte de futuro poscapitalista que de esperanza de vida a la humanidad y a la Madre Tierra, para que así florezca la solidaridad y regrese la alegría a los pueblos, dejando así la violencia y sufrimiento.

Para terminar, quiero pedir excusas a los compas de Desinformémonos y a quienes leen la columna de “Entre la luz y la sombra” por no haber cumplido con la publicación para el día de ayer miércoles 3 de agosto, espero no vuelva a suceder, y así seguir cumpliendo con una nueva entrega el primer miércoles de cada mes. Finalizo con una canción que acompaña todas las situaciones descritas en el texto.

Notas

  1. Ver: https://www.desdeabajo.info/colombia/item/45893-actualizacion-sobre-la-situacion-humanitaria-en-colombia.html
  2. Ídem.
  3. Ver: https://www.justiciaypazcolombia.com/denuncian-presunta-ejecucion-extrajudicial-de-tres-jovenes-en-la-ciudad-de-sincelejo-sucre/
  4. Ídem.
  5. Ver: https://www.justiciaypazcolombia.com/amenaza-de-muerte-en-contra-reclamantes-de-tierras-y-victimas-de-la-masacre-de-cano-sibao-meta/
  6. Ver: https://www.cric-colombia.org/portal/denuncia-opinion-publica-en-el-territorio-ancestral-sath-tama-kiwe/

4 Respuestas a “Un año del estallido social en Colombia”

  1. Carlos A González

    Si señor. Es el momento de las bases, de los sectores populares a quienes se les abre la posibilidad de expresarse y alzar la voz respecto a sus clamores, reclamos históricos de posibilidades de participación en las decisiones y en el reparto democrático de las oportunidades y servicios del estado. Hay, parece, un poco de estupor.

  2. Ángela Lerma

    ¡Qué hermoso volver a sentirla potencia de la juventud y le trabajo colectivo, sólo puedo decir gracias, gracias, gracias, por ese testimonio de vida y por permitirnos abrirnos a la esperanza de recomponer el puente generacional para continuar con este proyecto social y saber que no estamos solos, que juntos podemos avanzar hasta lograr que las condiciones dignas sean una costumbre no una excepción. Abrazos.

  3. Reinel Garcia

    Conocí el grupo popular amistad hacia el año 1986-1987 con su períodico el Vecino. A sus gestores, Antonio, Alberto, Nelly, Miguel y muchos más. La verdad era um compromiso real y de corazón con las comunidades, un ejemplo a seguir.

  4. El Grupo Popular Amistad es uno de muchos testimonios de las luchas populares de los barrios y territorios latinoamericanos que deben trascender en la memoria para no olvidar que son los pueblos y la gente los únicos que estamos en la capacidad de transformar esta sociedad más allá de la burguesía, el capitalismo y la militarización a los pueblos. Aplausos a Felipe Martínez por hacer memoria de esta tremenda experiencia y ejemplo de lucha y vida. También les invitamos a conocer el proyecto https://recorriendonuestrasvoces.com/ y conocer más sobre organizaciones del sur oriente de la ciudad de Bogotá/Colombia y recorrer nuestra memoria y legado.

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