El sueño de la razón

Silvia Ribeiro

La enfermedad como sistema

No existe razón de Estado ni intereses económicos de las corporaciones que justifiquen el silencio cuando se trata de la salud pública… cuando uno demuestra hechos que pueden tener impacto en la salud pública, es obligación darle una difusión urgente y masiva”. Es una frase de Andrés Carrasco, médico e investigador argentino (fallecido en 2014). Con esta frase comenzó su charla, ahora retomándolo, Damián Verzeñassi, médico y docente de la Universidad de Rosario, Argentina.

Carrasco estuvo en la cumbre de la carrera como investigador y académico, llegó incluso a ser presidente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) en su país, pero optó por no servir al poder ni al orden establecido y desde allí empezaron a acosarlo. No comenzó como revolucionario, sencillamente se dio cuenta que los niños, hombres y mujeres a las orillas de los campos de soya transgénica sufrían mucho más enfermedades y muertes por cáncer, abortos espontáneos, bebés con deformaciones de nacimiento. Se puso a investigar y en el Laboratorio de Embriología de la Universidad de Buenos Aires que dirigía, demostró que el glifosato, componente principal del agrotóxico al que es tolerante la soya transgénica de Monsanto, provocaba deformaciones en invertebrados, incluso en dosis bajas, a disoluciones muy altas. Cuando su equipo y él tuvieron suficiente evidencia de la gravedad del veneno, salió a compartir la información con la gente más afectada y a denunciarlo en la prensa. No se lo perdonaron. Fue el único “error” que le pudieron endilgar. No haber publicado primero sus datos en una revista científica arbitrada, que supuestamente les daría validez. La publicación científica con sus datos ocurrió, pero después. Carrasco no podía ni quería esperar, se debía a la gente. En 2015 la Organización Mundial de la Salud, declaró que el glifosato es cancerígeno.

Damián Verzeñassi, médico y docente de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Rosario, Argentina, recogió el ejemplo de Carrasco, así como lo hicieron también otros médicos que ahora se llaman “Médicos de pueblos fumigados” en la Argentina. Igualmente a Damián lo persiguen por hacer bien su trabajo, por conminar a los médicos que se están formando a cumplir un rol social, a ver la salud en la integralidad del sistema socio-económico en que está inmersa.

En noviembre de 2016, Damián estaba invitado a participar en varias actividades en México, pero tuvo que suspender su viaje, porque despidieron a parte de su equipo docente ( a él no pudieron) y le “secuestraron” los miles de archivos de su trabajo, que son una radiografía innegable de los impactos de la siembra de transgénicos en su región. En la conferencia que finalmente pudo dar en la UNAM, comenzó con un panorama de dónde estamos gracias a la devastación ambiental y el impacto en la salud del sistema industrial.

Mientras que las principales causas de muerte a nivel global son enfermedades no trasmisibles –o sea no infecciosas– crece el porcentaje de los habitantes con problemas respiratorios –en ciudades por contaminación y en campo por agrotóxicos- y los millones de muertes prematuras por contaminación aérea. Siete de cada diez mujeres tienen residuos de químicos, principalmente agrotóxicos, en la leche materna. Enfermedades como diabetes, hipertensión, obesidad, cáncer están entre las primeras causas de muerte (llamadas “no violentas”) en todos los países, y están directamente ligadas al modo de producción y consumo industrial.

No son enfermedades “individuales”, aunque para cada persona o familia que las sufre, es una tragedia personal, que se agrega a otras formas de violencia que sufrimos. Pero son en realidad temas de salud pública, son los impactos de un modelo económico y político que conlleva la devastación ambiental impune, para mantener las ganancias de unas cuantas transnacionales, sean de agronegocios, mineras, petroleras u otras.

Ante esta realidad, Damián Verzeñassi pensó cómo hacer para que los médicos salieran de sus recintos universitarios, que fueran a ver como son de verdad los problemas de la gente y sobre todo, a aprender a trabajar con y para las comunidades. Siendo el responsable del examen final para obtener el título de medicina, organizó el examen en “campamentos sanitarios” en poblaciones de menos de 10,000 habitantes. Allí se trasladan tanto docentes como estudiantes ya al término de su carrera, se instalan en la comunidad durante una semana o más, y caminan preguntando casa por casa qué problemas de salud tienen, en preguntas tanto abiertas como cerradas. También evalúan, con consentimiento parental, a los niños en las escuelas.

Pero no se trata sólo de juntar datos y hacer estadísticas. El desafío es hacer un mapa colectivo con toda la información y devolverla a las familias y a la comunidad, de tal modo que todos y todas, vecinos y docentes, entiendan. Los que allí viven, al ver la frecuencia y patrones de las enfermedades, saben qué las causa, quiénes han estado más expuestos y por qué, etc. Saber que no están solos y poder ver las causas, es una herramienta invaluable para poder actuar y defenderse.

Hace cuatro años que iniciaron y muchos municipios les piden que los campamentos se hagan en sus localidades. Actualmente han realizado 28 campamentos, en 4 provincias, relevando a 96. 874 personas.

Se revela entonces algo más: las cuatro provincias en que han trabajado están en uno de los centros de mayor intensidad de siembra de transgénicos, principalmente soya con glifosato. En Argentina, el área de producción agrícola con transgénicos aumentó 50 por ciento, pero en el mismo período, el uso de agrotóxicos aumentó 848 por ciento. Y los datos de los campamentos sanitarios, comprueban lo que señalaba Andrés Carrasco: encontraron una frecuencia de cáncer de casi el doble que la media del resto del país.

Una de las preguntas que le hicieron a Damián en la UNAM fue quiénes se oponían o resistían a estas actividades en la Universidad. Contestó de que antes de que reaccionaran las autoridades de la Universidad de Rosario, seguramente “presionadas” por las trasnacionales de transgénicos para que terminaran los campamentos, los que primero se resistieron fueron los estudiantes, que reclamaban su derecho a hacer examen en un aula, no en el campo ni con la gente común. Y aunque espera que para muchos de esos nuevos médicos la experiencia les haya cambiado la vida, en realidad por ahora son pocos los que han tomado el desafío de seguir haciendo epidemiología popular.

Estando en México, también tuvo oportunidad de reunirse y trabajar con más de un centenar de delegadas y delegados del Movimiento Urbano Popular y de la Asamblea Nacional de Afectados Ambientales (ANAA), que llegaron de la ciudad de México y varias otras partes a escuchar la experiencia y trasmitir la situación que viven. La devastación ambiental y los impactos en la salud en México son de una vastedad y alcance, que el intercambio apenas comenzó y ya abrió nuevas profundidades. Pero seguirá, tanto con la ANAA, como con la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad y la Red de Evaluación de Social de Tecnologías en América Latina (Red TECLA, quienes lo invitaron).

Junto a los campamentos sanitarios, Damián también inició otro evento que ha ido creciendo y trascendiendo fronteras: los Congresos Socioambientales, que han sido un punto de encuentro nacional y regional de luchas ambientales, sociales y por la salud. Este año, junto con organizaciones nacionales e internacionales, convocan el Encuentro Madre Tierra, una sola salud del 12 al 16 de junio en Rosario, Argentina. Será otro momento de seguir entendiendo lo que nos enferma y construyendo salud para la resistencia.

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