Postales de la revuelta

Hermann Bellinghausen

¡Infocalipsis ahora!

“La información florece hoy en las oquedades de la verdad, que han crecido incontenibles y amorfas, cuando ya nadie está dispuesto para la desnudez comprobada de hechos a los que nada quede que añadir”.

(Misterioso epígrafe que me acabo de inventar)

1.

Aviv Ovadya, joven y perspicaz conocedor del mundo de la tecnología avanzada, es un egresado del MIT que en 2016 apeló a las cúpulas de Silicon Valley mediante una presentación titulada “Infocalipsis”. Pieza clave del Centro para la Responsabilidad de las Redes Sociales de la Universidad de Michigan, Ovadya advirtió lo que comenzaba a ser evidente pero todos preferían confinar a la esfera de los futuros distópicos de la ficción. Ante un público capaz de comprenderlo, expuso su análisis sobre la difusión incontrolada de la des-información y la propaganda presentadas como noticias verdaderas.

Aunque no estaba descubriendo el hilo negro (hace apenas dos años) las corporaciones lo ignoraron. El analista señaló que plataformas como Google, Facebook y Twitter se han vuelto supernegocios porque su oro viene del mero número de clics, compartidos o vistas, no de la calidad ni la veracidad de sus contenidos. Advirtió que “muy pronto” ello sería un problema serio, pues hoy se postea cualquier cosa sin filtro, y eso acabará por producir una “carrera de coches sin control”, una especie de cabalgata desbocada de verborrea (auténtica inforrea), que degradará la percepción humana de la realidad.

No que falten contrapesos -intentos se antoja que desesperados- por controlar, regular, limpiar la información que las grandes plataformas globales ponen en circulación. El thriller documental The Cleaners (Los limpiadores, Hans Block y Moritz Reisewieck, 2018) retrata el submundo realmente existente en las entrañas de Internet, donde técnicos proletarios “limpian” a las plataformas de materiales como pornografía infantil, decapitaciones, técnicas suicidas y otras peligrosas golosinas que buscan diseminarse por la red. Sucede en Manila, of all places.

Estos “porteros digitales”, como los llama la crítica Amy Nicholson, hombres y mujeres anónimos, “ven cada día 25 mil posts de Facebook cada uno, y en segundos deciden qué borrar y qué no”. La ironía brutal es que trabajan, en condiciones espantosas, en la capital de un país gobernado por un sicópata, asesino y violador confeso, Rodrigo Duterte, quien ejerce una censura brutal allí en Filipinas, mientras estos peones de la industria tecnológica “limpian” la democracia y la libertad de expresión de un mundo que comienza a 15 mil kilómetros de ahí, en las costas de California, y de ahí se distribuye por todo el planeta en cosa de nanosegundos.

Si así de fácil fuera contener y filtrar. El control/descontrol no es lo único que preocupa a Ovadya. Se derrotó, es cierto, a la dark web que materializaba el riesgo de una la esfera criminal irrefrenable a partir de la simple libertad de mercado. Desde antes de las elecciones estadunidenses de 2016, Ovadya hablaba de las fake news como una tendencia imparable, de signo opuesto a la libertad de conexión y expresión que se supone caracteriza a la red. Las “noticias falsas” son el caballo de Troya de la censura y el control, y lo serán más en un plazo corto, cuando los algoritmos nos rebasen, fuera de las manos de la humanidad.

Aunque Ovadya y otros van por el mundo alertando de dicho peligro, apenas en marzo de este año las agencias reaccionaron y reseñaron sus opiniones de hace dos años, que enseguida se reportaron los medios impresos y digitales. El especialista encontró que “un mundo optimizado algorítmicamente es vulnerable a la propaganda y a la información errónea”, lo que significa una seria amenaza contra “una piedra angular del discurso humano: la credibilidad de los hechos”. El tecnólogo advierte de un futuro no lejano y “alarmantemente distópico”, lleno de noticias falsas y campañas de desinformación asistidas por la inteligencia artificial.

“Estamos más cerca de lo que podría pensarse de un potencial ‘infocalipsis'”, dice Ovadya”. Quiere sonar alarmista, “pues la situación va para peor”. Ese futuro ominoso está llegando con una serie de herramientas tecnológicas fáciles de usar para manipular la percepción y falsificar la realidad. Las tecnologías que pueden utilizarse para “mejorar” y distorsionar lo real evolucionan más rápido que nuestra capacidad de comprenderlas, controlarlas o mitigarlas.

2.

El “Infocalipsis” por momentos uno siente que ya empezó. Aviv Ovadya advierte que “las herramientas de rápido desarrollo con inteligencia artificial, aprendizaje automático y tecnología de realidad aumentada podrían ser secuestradas y utilizadas maliciosamente para imitar a los humanos y desencadenar guerras de información”. Lo alarmante es que eso permitiría crear situaciones de guerra antes de que éstas ocurran, por ejemplo. No meros incidentes montados en el golfo de Tonkín o los falsos testimonios en Irak antes de la invasión de 2003, sino bombas y hecatombes en, digamos, alguna nación islámica, mentiras más verdaderas que la realidad.

La anulación de la privacidad tan pasivamente aceptada por el género humano del presente milenio, se suma a los videos falsos que proliferan (celebridades realizando coitos falsificados, escenas y declaraciones que no ocurrieron) (o no todavía, o no así) y son digeridas como ciertas. O bien “noticias” derivadas de opiniones, mentiras, insultos y exabruptos procedentes de Washington, Manila o Tel Aviv, infundados pero de letales consecuencias, a la vez que sus autores torpedean las denuncias auténticas con la acusación histérica: “Fake news!”

El abuso de tales falacias -en su velocidad indistinguibles de la verdad- llevará al cansancio a la gente. A la aceptación subcortical de lo que se informa y se viraliza (¿quién decide qué se viraliza? ¿los “porteros” de Manila, las manos que mueven sus hilos o “nosotros”, los usuarios en ejercicio de nuestra libertad de balar sin freno?). Ovadya teme que nos domine una “apatía” para con la realidad, cuando las personas simplemente se cansen de la desinformación constante e indistinguible. “Si la gente deja de prestar atención a las noticias, el nivel fundamental de información requerido para una democracia funcional se vuelve inestable”.

Las campañas electorales, que se supondrían a salvo de la mitomanía de la publicidad comercial, ya no sólo imitan, sino que crean un marketing agresivo e inescrupuloso, y se adentran en el pozo sin fondo de la simulación y el engaño. Goebbels recargado. Lo vive México estos días preelectorales, y seguirá pasados los comicios. Ya ocurrió en Estados Unidos, Rusia, Gran Bretaña y Honduras o contra Venezuela e Irán.

Las predicciones del multicitado experto ocurren ahora mismo. Son como predecir el presente. Eso no les quita lo preocupante. La acción creciente de la Inteligencia Artificial (IA) plantea retos post humanos al borrar las fronteras entre la verdad, la propaganda y la mentira desestablizadora, irresponsable y lucrativa. Como lo hacen ya nuestros billones de clics indiscriminados en favor de las corporaciones.

¿Dónde comienzan nuestras responsabilidades como sociedad humana? ¿Ya nos rebasó por la derecha el futuro de monstruos gobernantes y robots más perfectos que nosotros? La IA será ampliamente utilizada en las próximas décadas para realizar campañas de desinformación (o mal-información) y propaganda. Ovadya asegura estar trabajando con equipos de investigadores y académicos para encontrar instrumentos que detengan este “Apocalipsis de la información” que florece en el mercado de la pornografía, la chismografía difamatoria y la manipulación masiva. Eventos que no han ocurrido comienzan a tener efectos geopolíticos, económicos y electorales.

Si la sociedad civil, los grupos concientes, los movimientos sociales, los medios alternativos y la academia logran reaccionar con antídotos eficaces, es posible que logremos preservar los balances entre lo falso y lo verdadero, cada vez más en la picota por la malicia de los poderes y la apatía de nuestra comodidad consumista y borreguil. La inacción que parece dominar a las sociedades digitalizadas, entretenidas e híper conectadas, no sólo terminará por liquidar la privacidad de las personas y la soberanía de las comunidades, sino que nos dejará impotentes antes hechos que no importa si ocurrieron o no pero tendrán efectos irreversibles. Es un importante espacio de la nueva resistencia. Más que nunca, la verdad necesita barricadas, respiraderos y herramientas a la altura de las circunstancias.

Hermann Bellingahusen

Poeta, editor, escritor de cuentos, ensayos y guiones cinematográficos. Es cronista, reportero, y articulista de La Jornada desde su fundación. Dirige Ojarasca desde 1989. Desinformémonos publicó su poemario “Trópico de la libertad” en 2014.

Una Respuesta a “Las lides de noviembre”

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