Teia Dos Povos

Neto Onirê

Hacer quilombo hoy: caminos hacia la libertad

Fotos: Brigada Ojeffersson – MST/ Bahia

¿Cuál es el camino hacia la libertad? ¿A dónde debemos ir si queremos ser libres? Todas estas preguntas carecen de sentido si el concepto de libertad no se define de forma tangible y palpable. Sin embargo, aunque necesario, definir la libertad no es tarea fácil, ya que tiene elementos subjetivos.

Cuando el primer ser humano negro desembarcó en la costa del territorio invadido por los portugueses y la llamó ‘Brasil’, trajo consigo una nueva dimensión de lo que era ser libre. Su condición de esclavitud lo redujo a lamercancía vendida e intercambiada en la feria, objeto que, aunque conmovedor, era inanimado porque no tenía alma, un salvaje, aunque ya dominaba tecnologías que estaban siendo expropiadas por la colonización.  

Para este tipo, lo primero que debía hacer para ser libre era recuperar su humanidad. Esta era la tarea fundamental para ser libre, ser humano, y esto solo fue posible con los tuyos, entre tus pares, donde el conjunto de símbolos y valores fueron reconocidos y validados socialmente. Ningún negro sería libre pidiéndole al amo del molino que lo sueltara, esta era una tarea que solo él podía cumplir y solo la podía hacer en grupo, la libertad es una lucha colectiva.

Los quilombos y las revueltas ocurridas durante el período de la esclavitud fueron respuestas colectivas para la reanudación de la humanidad secuestrada por los blancos europeos y, así, ser libre. Hoy, en pleno siglo XXI, esta es la lección más importante que nos legaron nuestros antepasados ​​y que, sin embargo, pasa desapercibida. Palmares y todos los quilombos que surgieron nos dan pistas de lo que debemos hacer, es una brújula que apunta a la única forma de ser verdaderamente libres.

La reflexión que deseo presentar es: ¿somos libres? Y hay quienes no dudaron en contestar que ‘sí’ y afirmar que caminan por donde quieran y, por eso, les pregunto: ¿en qué condiciones están caminando? Otros señalarán que tenemos los mismos derechos y yo les hago la misma pregunta: ¿bajo qué condiciones tenemos estos mismos derechos? Para cualquier respuesta afirmativa, cabe preguntarse en qué condiciones acceden negros y negros aquello que da la ilusión de libertad.

La gente negra que habita Brasil y yo puedo decir que en cualquier parte del planeta donde se instaló la esclavitud negra como un régimen legalmente constituido, económica y socialmente aceptado, estas personas aún no son libres, aunque pueden vender su fuerza de trabajo y tener libertad, consumo, todavía hay una tarea fundamental: recuperar su humanidad y esta es una tarea colectiva. 

Y el camino que apunta a la solución definitiva pasa por el legado de nuestros antepasados, construyendo quilombos, espacios autodeterminados con gestión propia y con autonomía, esta es la piedra angular, en ella radica nuestra capacidad de resistencia y ataque. Sin embargo, es necesario entender que es imposible preservar un oasis en medio de la desgracia, quien quiera crear burbujas está haciendo un flaco favor, todas y cada una de las acciones que buscan mejorar las condiciones de vida de los negros sin apuntar a la ruptura con la estructura que mantiene. Arrodillarse es un enemigo, es un formador al servicio del capitalismo, es un nuevo tipo de jesuita especializado en negar nuestra humanidad, nuestra alma. Por eso los quilombos que debemos construir son áreas de preparación para la gran lucha, para el enfrentamiento que acabará con la dominación capitalista, nuestros quilombos recuperarán nuestra humanidad liberándonos de la necesidad de ser mejores que los blancos para ser parcialmente aceptados, cuando consolidemos nuestra espacios de poder y manifestación de los mismos.  

Autonomía libertaria               

Es necesario pasar de la retórica a la práctica y, ¿por dónde empezar? Empezamos con la ruptura, con la decisión de romper con lo que nos quita nuestra humanidad y nos pone de rodillas. Entonces necesitamos construir donde no existe, organizarnos en el desorden, comunicarnos en el silencio, tenemos que plantar esperanza para cosechar la libertad. Bueno, reclamar autonomía requiere la capacidad de resolver demandas concretas desde dentro de la propia organización.  

No hay autonomía sin alimentación, vivienda, ingresos, salud o educación, y otros elementos podrían incluirse en esta lista, sin embargo estos son los que se han mostrado fundamentales en el proceso organizativo de las luchas. Sí, constitucionalmente estos son deberes del Estado, pero no llega a las favelas de Brasil donde vive la mayoría negra y por eso es necesario ser construido por estos mismos sujetos. Y cuando llegan, son ineficientes, tratan a la gente negra con desprecio, de forma violenta, no respetan nuestras formas de pensar, vivir y construir nuestros territorios. La autonomía es nuestra forma de hacer por nosotros mismos, de construir una vida digna con nuestro esfuerzo, sin depender del estado asesino que nos ataca cada día en cada rincón de este país.

Lo que estamos proponiendo es la retoma de la tierra, es la lucha por consolidar territorios libres, estamos proponiendo un camino que asegure vivienda, alimentación, ingresos, salud y educación. La ciudad es una bomba reloj, un barril de pólvora que la mecha ya está encendida. Sí, no todo el mundo tiene vocación por la vida en el campo y no hay espacio para todos y por eso tenemos que celebrar una alianza con los que se quedaron en la ciudad, ya que también tenemos que construir territorios libres y autogestionados y solo serán posibles por medio de una relación con el campo, ya que no producen alimentos.

Al afirmar que partimos de la decisión política de rompernos, nos comprometemos a plantar, construir, educar y cuidar los nuestros, para hacernos cargo de nuestros rasgos civilizadores. Son muchos los ejemplos de luchas en América Latina que cada día avanzan hacia un horizonte de construcción de territorios hechos por las propias manos de los pueblos. Estamos aprendiendo de cada gran revuelta negra o indígena.

Nuestra experiencia

En el sur del Estado de Bahía, hemos construido una experiencia de autonomía desde las bases del Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST), el mayor movimiento social de Brasil. En la Brigada Ojeffersson tenemos diez comunidades de trabajadores rurales que han comenzado a caminar hacia la liberación del capital. Decidimos probarnos a nosotros mismos las formas en que estamos aprendiendo de las luchas que vienen de lejos.

Aquí decidimos que deberíamos ser nosotros quienes comercialicemos nuestros productos agrícolas y los productos que nuestra gente necesita. De esta forma, construimos pequeños mercados en las comunidades y creamos una red de intercambios y comercios entre nuestras comunidades. Era fundamental que nuestro dinero disminuyera o dejara de alimentar a las grandes empresas, los supermercados, que casi siempre son aliados primerizos del latifundio, contra los que históricamente hemos luchado. Sobre todo, era necesario que la riqueza circulara entre nosotros, para generar empleo e ingresos dentro de nuestra propia gente. Y eso significó empoderar el territorio y hacer que las personas que buscarían actuar y trabajar fuera de la comunidad se quedaran allí.

Pensamos que deberíamos ampliar esta relación con los movimientos hermanos. De esta manera iniciamos un intercambio directo con la comunidad pesquera de Quilombo de Conceição de Salinas, en el Recôncavo da Bahia. Cambiamos azúcar, harina y otros productos de nuestros campos por pescados y mariscos. Esta relación crea un vínculo de solidaridad y respeto entre nuestro movimiento y el Movimiento de Pescadores y Pescadores Artesanales (MPP).

En la comunidad de Assentamento Mariana (municipio de Camamu) iniciamos un proyecto de farmacia viva o herbolario para que podamos producir suficientes plantas medicinales para promover el cuidado de nuestro cuerpo, mente y espíritu. Realizamos un Pre-Viaje de Agroecología en el Asentamiento Paulo Jackson (municipio de Ibirapitanga) donde iniciamos un proyecto para construir agroforestería, replantar cacao, cupuaçu, açaí y otros árboles que reponen nuestro bioma, protegen las aguas y pueden producir riqueza para ayudar en la liberación de nuestro pueblo. Por eso trabajamos la tierra con la mirada puesta en el cuidado de nosotros mismos y la emancipación de los pueblos negros e indígenas de este país.

Todas estas acciones nos parecen poco si no conectamos con el entorno urbano y en la práctica creamos la alianza campo-ciudad ampliamente discutida por la izquierda revolucionaria brasileña, pero poco realizada. Fue así como también empezamos a trabajar con ocupaciones urbanas en las ciudades de Ipiaú y Jequié. Allí, estamos tratando de fortalecer el derecho a la vivienda, pero también pensando en cómo generar ingresos en medio de la crisis que afecta al capitalismo a nivel global y, ciertamente, de manera más aguda en el caso brasileño con el desmantelamiento de derechos básicos y esenciales vinculados al acceso a la vivienda y a la ciudadanía. Nuestra propuesta es que estas ocupaciones por vivienda se conviertan en territorios con respecto a la tierra, que produzcan alimentos, que se organicen en un trabajo colaborativo para generar ingresos para esas familias. Nuestros territorios en el campo ayudarán en este proceso, ya sea a través de la producción de alimentos, o apoyando el proceso de formación política y esfuerzos conjuntos. Es solidaridad rebelde.

Finalmente, también comenzamos a hacer nuestra propia ropa. Creamos la tienda ‘DaLuta’ [DeLucha], una marca de ropa rebelde, hecha por personas sin tierra que piensan en la cultura negra y africana de la Diáspora como algo central en el diseño de cada pieza. ¡Este es un proyecto donde intentamos generar ingresos para las familias de nuestras comunidades y también representar culturalmente nuestra concepción del mundo en la formación de quilombos combatientes!

La reflexión sobre nuestra experiencia reciente nos dice que es fundamental difundir esta lucha, para hacerla llegar a más personas, especialmente a aquellas que se encuentran en una mayor situación de violencia racial y social. Y para ello, no hay duda, es necesario fortalecer el proceso de organización en las favelas para que más personas puedan liderar la lucha por la tierra y el territorio, construyendo quilombos autónomos. Esta lucha sería fundamental sobre todo en la situación actual donde el capitalismo sumado a la pandemia del COVID-19 ha dejado muchos hogares sin alimentos, en uno de los mayores incrementos en el valor de los alimentos en décadas. La urgencia de nuestra lucha no es otra que el despertar del pueblo negro para recuperar la tierra, ocupar, producir y extraer su libertad de allí. No vendrá de políticas públicas ni de una nueva elección en el gobierno federal. O es el fruto de las manos y las luchas de negros y negros o es simplemente otra ilusión pasajera de la política de arriba.

Teia Dos Povos

La «Teia dos Povos» es una articulación de pueblos, movimientos, territorios y organizaciones que luchan por la Tierra, el Territorio y la dignidad desde el camino de la autonomía, las semillas y el cuidado de la Madre Tierra.

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