Entre la luz y la sombra

Felipe Martínez

Elecciones presidenciales en Colombia y los movimientos de abajo

El pasado domingo 29 de mayo se llevó a cabo la primera vuelta presidencial en Colombia. La población que podía participar en esta contienda era un total de 39.002.239 personas, de las cuales solo participaron 21.418.631 (54,91 por ciento), mientras que 17.583.608 (45,09 por ciento) no participaron y se abstuvieron de ir a las urnas.

Aunque la opción progresista de Gustavo Petro y Francia Márquez resultó victoriosa con 8.527.768 votos, siendo mayoría en departamentos que han sufrido históricamente los problemas estructurales del país como el Cauca, Nariño, Putumayo, La Guajira, Chocó, Amazonas, entre otros, la propuesta del Pacto Histórico no alcanzó a superar el 50 por ciento de los votos para consagrarse como ganadora en primera vuelta.

Por su parte el candidato que contaba con el apoyo del poder tradicional y la extrema derecha colombiana, Federico Gutiérrez, obtuvo 5.058.010 votos, saliendo victorioso únicamente en el departamento de Antioquia y en los consulados en el exterior, aunque fueron más países los que apoyaron la propuesta del Pacto Histórico, la mayoría de votos fueron para “Fico”, por tanto, mientras Petro y Francia ganaban en Rusia con 129 votos, Canadá con 8.057 votos o Alemania con 5.733 votos, el candidato de la derecha sacó 82.841 votos en Estados Unidos.

Aunque su impulso y campaña venia de la mano de los poderosos y ricos del país, no le fue suficiente para llegar a la segunda vuelta, pues resultó derrotado por el “outsider” Rodolfo Hernández, quien se posicionó mayoritariamente en el centro oriente y parte de la Orinoquia colombiana, consiguiendo un total de 5.953.209 votos (1).

El Trump colombiano”

El ingeniero civil Rodolfo Hernández, es un millonario de 77 años, quien dice abiertamente en entrevistas poseer una fortuna en su cuenta bancaria de 100 millones de dólares (2), la cual supuestamente ha conseguido a partir de proyectos inmobiliarios de su constructora HG, en diferentes regiones del país.

Así mismo, ha sido un personaje amigo de la clase política del departamento de Santander, por lo que ha servido como financiador de campañas políticas como la del exalcalde Luis Francisco Bohórquez en la ciudad de Bucaramanga (2012–2015), quien después de ser financiado por Rodolfo Hernández, se convertiría en su enemigo político y serviría de pivote para catapultar a Hernández a la política a través del discurso anticorrupción. En otras palabras, el millonario financió al alcalde al que tiempo después denunció por ser corrupto para beneficiarse de esto y convertirse en el siguiente alcalde de la ciudad de Bucaramanga (3).

Así inició la carrera política Rodolfo Hernández, conocido popularmente como “el ingeniero” y hoy a nivel internacional como el “Donald Trump colombiano” (4). Un personaje que en las encuestas no aparecía, pero que terminó gobernando una ciudad, y que hoy, después de esa experiencia de la que renunció en 2019 por las investigaciones sobre corrupción, sale como el segundo candidato más votado para la presidencia de Colombia.

Sin duda un personaje del realismo mágico macondiano, que se da el lujo de decir ser admirador de Hitler, o que las mujeres deben estar en la casa y no en la política, así como la “promesa” del derecho a conocer el mar para las familias colombianas que no lo conocen; del mismo modo decidir no participar en debates políticos por la presidencia de Colombia, sino profundizar su campaña con “propuestas” que no son propuestas, sino simples refranes donde dice que va acabar la corrupción y a sacar a los ladrones del poder (5), mientras potencian su campaña con la ayuda de la inteligencia artificial y las redes sociales, especialmente TikTok que sirve para masificar sus videos de una forma imparable, razón por la cual se ha convertido en una estrella del poder, que aglutina los votos de grandes sectores de la sociedad y a los empresarios, ricos y políticos de arriba.

El lugar de los movimientos de abajo

En medio de esta álgida coyuntura, los movimientos de abajo se encuentran apostando la mayor parte de sus energías –por no decir todas–, a la campaña del Pacto Histórico; la agenda hoy gira alrededor de lo electoral y las ilusiones están en conseguir un gobierno progresista para Colombia, que dé un cierre al ciclo uribista que lleva gobernando durante todo el siglo XXI (con sus matices en el periodo 2014–2018).

Una búsqueda entendible, pues la crudeza y violencia ejercida desde el poder contra los distintos liderazgos sociales y las organizaciones comunitarias, étnicas, campesinas, de derechos humanos, entre otras, así como el conjunto de los sectores populares del país, ha sido feroz y terrible, especialmente en los sectores rurales de Colombia.

La piedra en el camino para dar cierre a este ciclo, fue el candidato Rodolfo Hernández, el mayor obstáculo por superar, pues su discurso tan banal y masivo hace que parezcan iguales las propuestas de Petro y Francia con las que él hace, generando así una “lógica” de no polarización entre izquierda y derecha, como tampoco utilizar los términos de lucha de clases; toda una estrategia que en el fondo va transpirando un discurso contrainsurgente que va satanizando cualquier opción que tenga que ver con la izquierda, aunque ni siquiera lo sea directamente.

El panorama que puede avecinarse es el de una gigantesca decepción de los sectores alternativos y progresistas, como también del conjunto de los movimientos sociales, pues de no superarse con dos o tres millones adicionales la votación obtenida el 29 de mayo, sin duda el ganador será el ingeniero Hernández.

Pese a esta decepción y desaliento que quede en el panorama político, es necesario levantarse y avanzar en superar los retos que va dejando esta experiencia, algunos de ellos podrían ser: ¿Cómo construir un referente por alcanzar y materializar más allá de la agenda institucional? ¿De qué manera podemos identificar los horizontes hacia donde caminar en colectivo Así mismo preguntarse por los sectarismos, egos y personalismos que se imponen a la hora de construir en conjunto. Todo esto implica abrir el espacio para la crítica, autocrítica y democratización de la forma de participación y tomar decisiones, que abandonen definitivamente el caudillismo, pues, aunque una persona como Gustavo Petro sea brillante y audaz, no es el todo poderoso que todo lo puede. Por tanto, ¿cómo construir un referente político horizontal que camine de manera colectiva?

Si el panorama fuese distinto, y se lograra llevar a Petro y a Francia al Palacio de Nariño, a lo mejor lo anteriormente planteado también sería fundamental para construir un ejercicio de gobierno, que no necesariamente implica haber obtenido el poder.

Notas

  1. Ver resumen electoral por territorios a nivel nacional en: https://resultados.registraduria.gov.co/presidente/0/colombia y a nivel internacional en: https://resultados.registraduria.gov.co/presidente/14/colombia/consulados
  2. Ver video: https://www.youtube.com/watch?v=Np9RH9q14-E
  3. Ver: https://www.semana.com/opinion/articulo/va-a-votar-por-rodolfo/202200/
  4. Ver: https://cnnespanol.cnn.com/2022/05/29/rodolfo-hernandez-quien-es-perfil-trump-elecciones-candidato-presidencial-colombia-orix/ y https://www.nytimes.com/es/2022/05/30/espanol/elecciones-colombia-petro-hernandez.html
  5. Ver:

Una Respuesta a “Un año del estallido social en Colombia”

  1. Carlos A González

    Si señor. Es el momento de las bases, de los sectores populares a quienes se les abre la posibilidad de expresarse y alzar la voz respecto a sus clamores, reclamos históricos de posibilidades de participación en las decisiones y en el reparto democrático de las oportunidades y servicios del estado. Hay, parece, un poco de estupor.

Dejar una Respuesta

Otras columnas