El sueño de la razón

Silvia Ribeiro

ConCiencias críticas

Falta poco para el encuentro “L@s zapatistas y las ConCiencias por la Humanidad”, otros de esos desafíos a las leyes de la gravedad que caracterizan a las comunidades Zapatistas. Aunque sí conocen muy bien la gravedad: en su llamado a este nuevo encuentro, donde nos llaman a construir “Una casa, otros mundos” nos recuerdan que “el monstruo acecha en todos los rincones, campos y calles” y pese a ello –o más bien por ello- invitan a esta construcción-deconstrucción, otra forma más de compartir las resistencias.

Un desafío tremendamente oportuno, cuando la “tecno-ciencia”, la ciencia sometida a los intereses de los poderosos avanza a pasos agigantados y todos sus inventos se refieren a formas de aumentar el lucro de las grandes empresas, de profundizar más la devastación de la naturaleza y la explotación de las y los de abajo y por supuesto, de controlarnos a todos, con formas cada vez más sofisticadas de vigilancia, de control y represión. Incluso con nuevas formas de pseudo-comunicación para que aceptemos todo eso pasivamente y hasta pensemos que es “progreso”.

En su origen, la palabra conciencia quiere decir justamente “conocimiento compartido”. No un tipo o forma especial de conocimiento que prevalece ante otros, sino conocimiento compartido, derivado de la observación, experimentación y compresión colectiva.

La ciencia, como forma de aproximación abierta, derivada de la curiosidad, la necesidad, la reflexión, experimentación y acumulación colectiva y de flujo libre de conocimiento, que sirve al bien común, que busca la revisión crítica de la sociedad, está tan amenazada por el sistema dominante como las diversas formas de conocimiento y saberes de los pueblos que no se ajustan a la definición de “ciencia” que sirve al capital. Por ello, muchos de los que se llaman científicos críticos, científicos comprometidos con la sociedad, científicos ciudadanos, afirman que no eso no es ciencia sino una tecno-ciencia: procesos cerrados para crear tecnologías que sirvan a las empresas o instituciones que las financian. Que aceptan y promueven el patentamiento y otras formas de propiedad intelectual del conocimiento y la información –incluso genética y digital-, que siempre son formas de privatización del conocimiento colectivo, aunque alguien reclame que es “su” trabajo o “su” investigación. Cualquier invención siempre es nada más un pedacito de una larga acumulación colectiva de conocimiento y experiencia, por lo que privatizarla de cualquier forma es siempre un robo.

La Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad y la Naturaleza en América Latina (UCCSNAL) declara en su documento constitutivo: Vivimos una crisis civilizatoria global sin precedentes en todas las esferas de las actividades humanas a la que nos ha llevado el capitalismo y modelos similares que fragmentan al hombre de la naturaleza, cuyas principales manifestaciones son una inequidad socioeconómica que no cesa de profundizarse, el creciente ejercicio del poder mediante la violencia, el avasallamiento de la diversidad biológica y cultural, y un sinnúmero de desajustes ambientales. En América Latina, la expansión del extractivismo y el agronegocio han abonado esta crisis sometiendo a nuestros territorios y sus habitantes a un incesante despojo y extinción.

Desde el discurso dominante, se le asignan a las soluciones científico tecnológicas un rol cada vez más preponderante en la resolución de las crisis, desplazando la discusión ético-política de fondo.

Sin embargo, la generación y uso del conocimiento científico tecnológico están cada vez más comprometidos con dar respuesta a las demandas de las corporaciones que impulsan el modelo que nos ha llevado a esta crisis y cada vez menos al servicio de los pueblos. La creciente tendencia a la privatización del conocimiento en desmedro de su uso público va en consonancia con una ciencia cada vez más funcional a los intereses del corporativismo capitalista (o gran capital), tendencia que se ve reflejada en el estímulo al patentamiento del conocimiento a nivel académico y en la creciente tendencia a la privatización de entidades públicas de investigación y de educación superior.”

Pero no sólo se trata de lo público y lo privado. El predominio y avance de las “soluciones” tecnológicas a las crisis que vivimos, está enraizado en una concepción fragmentaria, jerárquica y vertical de ciencia, (automáticamente traducida como progreso) que desprecia la complejidad, la precaución, la mirada holística e integradora y cualquier otra forma de conocimientos y saberes que no sean las dominantes.

Esta tecno-ciencia reducidora de la realidad, elimina de su campo de análisis las consecuencias negativas que produce –impactos ambientales, a la salud, desempleo, desplazamientos, destrucción cultural- si no están inmediatamente a la vista. Y aún cuando lo están, los intenta ocultar en una maquinaria de propaganda que siempre establece que los beneficios siempre son ciertos mientras los impactos siempre son cuestionables.

Estas propuestas tecno-científicas son una parte central del sistema capitalista, y no sólo por quién las detenta, también por su propia forma y características. Sirven a los dueños del poder porque así nunca hay que revisar las causas de las crisis, no es necesario cambiar nada, supuestamente siempre habrá en el futuro una solución tecnológica para salir del problema, que además, representa una nueva fuente de negocios.

Con esta mentalidad, la crisis climática se resuelve con más tecnología, inclusive geoingeniería (manipulación tecnológica del clima global para enfriarlo o para quitar exceso de CO2), la crisis alimentaria con transgénicos, las enfermedades con alta tecnología, la escasez de recursos con nanotecnología, la “seguridad” con sistemas de vigilancia cada vez más sofisticados que son desarrollados en ámbitos militares, pero cuyo uso más difundido es contra la población en general.

Para todo ello no es necesario cambiar nada de las estructuras actuales, alimentando la ilusión falsa de que el sistema industrial de producción y consumo es viable ahora y en todo el futuro, aunque sólo beneficie a un mínimo porcentaje de la población mundial, mientras destruye la naturaleza y las bases de subsistencia de la mayoría.

Pese a ello, esa matriz tecno-científica es lo que todos los gobiernos consideran progreso, inclusive, justamente, los progresistas.

Que también niega la diversidad enorme y compleja de otros saberes y conocimientos campesinos, indígenas y de comunidades urbanas y rurales, que son las soluciones verdaderas a las crisis que vivimos.

Por todo esto es imprescindible cuestionar de fondo, no sólo la propiedad o características aisladas de las tecnologías, sino la matriz tecno-científica dominante como tal, además de sus impactos en todas y todos, en la naturaleza y las generaciones presentes y futuras.

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