Postales de la revuelta

Hermann Bellinghausen

Con tu permisito Madre

Luego de no consultarlos, ni respetar las regulaciones constitucionales existentes (limitadas, pero una conquista de los pueblos antes que una concesión de los gobiernos recientes), ya no digamos los nuevos lineamientos internacionales, se condena a los pueblos originarios a dar el aval simbólico a su cuarta aniquilación mediante la puesta en escena, fuera de lugar y tiempo, de ceremonias tradicionales que en su contexto son legítimas y generalmente íntimas, cosa de los pueblos mismos y nada más. Hoy sirven para hipnotizar plazas en cadena nacional, llenas de participantes sin relación ontológica o cultural alguna con eso que están viendo ocurrir, independientemente de las emociones que experimenten con el presidente, sahumado, limpiado, uncido. ¿La legitimidad electoral de 30 millones autoriza a manipular tradiciones, creencias y usos de pueblos cuya central demanda, histórica y contemporánea, se les sigue negando: ser reconocidos como sujetos de derecho? Lo demás es ornato.

Tampoco se piense que las escenificaciones que empezamos a presenciar con alarmante frecuencia son un invento nuevo, del bastón de mando en el Zócalo a la petición de permiso a la Madre Tierra para darle en su madre en el norte de Chiapas, allí cerca del rancho La Chingada y de Macuspana, tampoco lejos de los municipios autónomos zapatistas de la selva Lacandona y la Zona Norte. Se dirá que los viejos baños de indio presidenciales y de gobernadores eran rancio indigenismo priísta y ahora son otra cosa, pero al menos no recuerdo a López Portillo o Salinas de Gortari recibiendo inciensos por cortesía de Fonatur para bendecir al modo indígena picos, palas y maquinaria a punto de iniciar operaciones desarrollistas.

En Bolivia, Evo Morales y su gobierno han llevado los rituales a Pachamama y sus variantes a extremos folclóricos que abochornan al más lego, aún cuando el mandatario tenga raíz aymara. Autoridades tradicionales, activistas e intelectuales aymaras y quechuas han descalificado los constantes actos presidenciales que sirven de coartada para lo mismo de siempre: avanzar con el progreso sobre los territorios habitados y vividos por pueblos originarios. Y volver objeto de turismo new age al ceremonial tradicionalista.

Para los pueblos originarios de América, atravesados por medio milenio de sincretismos católicos, evangélicos, imperialistas y partidistas, sigue siendo clara la frontera entre el poder político y la representatividad comunitaria; más aún en las esferas de lo sagrado, exclusivas de los pueblos pues se construyen en sus lenguas y creencias desde eso que se suele llamar “su cosmovisión”. Para los demás es ajeno, y punto. No hay que revolver. Cada pueblo, nación o tribu posee sus rituales propios, con variaciones abundantes incluso entre comunidades vecinas; ello aplica también a sus actos soberanos de hospitalidad y hasta reconocimiento a personas del gobierno o visitantes distinguidos.

Por culpa de la educación pública y privada, no es fácil para la opinión pública discernir lo que sucede en un México todavía incomprendido, el México “profundo” que describiera Guillermo Bonfil. El colonialismo, pasado y presente, intenta infiltrar las creencias y las costumbres de los colonizados para controlarlos, disponer de sus territorios y recursos, insertarlos en la malsana cadena de consumo capitalista y pavimentar su camino a la migración y una desigual integración al México imaginario. La ignorancia y el racismo interiorizado en la sociedad mayoritaria sirven de aliados a las presuntas buenas intenciones del desarrollo en clave capitalista-nacionalista, que a la postre no se diferencian del capitalismo imperialista trasnacional, como se vio bajo los gobiernos progresistas de Ecuador, Brasil o Argentina.

Reclutar celebrantes indígenas a modo, curanderos, chamanes y algún gobernador (donde esta figura existe, que no es todo el México indígena) e improvisar con ellos ceremonias para el vasto público de simpatizantes del gobierno, es una deformación acomodaticia aunque promocione las promesa de una nueva relación con los pueblos originarios. A éstos, para empezar, el nuevo gobierno los ha conceptualizado en primerísimo lugar dentro de la categoría “pobres”. Y luego, ha determinado seguir las pautas, hace tiempo agotadas, del indigenismo post revolucionario, que ya no existe porque los pueblos se emanciparon de esa tutela, del INI a la CDI perdió los dientes y se limitó a repartir programas y manosear consultas. ¿Será distinto con el flamante Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas? Las reivindicaciones contemporáneas de los pueblos originarios, y sus avances objetivos en materia de autodeterminación ya no caben en los casilleros del indigenismo.

Tanta insistencia en lo indígena y autóctono parece trivializar las demandas y verdaderas resistencias de los pueblos. Ya el concepto mismo de “consulta” significa una imposición del sistema político, como se ha comprobado en otros países. Los pueblos apechugan con las consultas buscando sacar ventaja de ese “derecho” (peor es nada), o al menos evitar que sea manipulado por las empresas extractivistas, las instancias gubernamentales y los tribunales como lo hemos visto en el istmo de Tehuantepec, la península de Yucatán y la Ciudad de México.

Por inquietante que resulte, la discusión en su horizonte real se plantea en los términos que precisa Gloria Muñoz Ramírez: “El cumplimiento de los Acuerdos de San Andrés, firmados en 1996 por el gobierno federal y la red de pueblos, naciones, tribus y barrios indígenas más amplia y representativa de las décadas recientes, hubiera sido el candado para evitar el despojo. Por eso no los cumplieron y diseñaron una ley indígena a modo con los planes neoliberales, hoy, por cierto, administrados por el actual gobierno federal”.

La legislación post salinista sigue vigente, y si nos guiamos por las reformas y leyes propuestas por legisladores actuales de todas las cámaras en materia agraria, territorial y educativa, todo apunta a que serán retocadas nada más.

Horas antes del episodio más reciente de esta nueva gesticulación, el director jurídico del Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur), Alejandro Varela, lo caracterizó no sé sin con cinismo o candor como “el ritual de los Pueblos Originarios a la Madre Tierra para Anuencia del Tren Maya” al arranque de la construcción del ferrocarril peninsular. “Un evento con contenido de respeto a la zona”, con la “compañía” de pueblos originarios y la presencia del presidente Andrés Manuel López Obrador, “para generar una pequeña ceremonia de anuencia y pedir permiso a la tierra para poder ejecutar el Tren Maya”. El funcionario turístico hizo el anuncio “al finalizar la presentación de Ritz-Carlton Reserve, el concepto de mayor prestigio de Marriott”, como reportó la prensa.

El entusiasta director jurídico aseguró que la obras del Tren Maya arrancarían terminandito la ceremonia “de anuencia” en Palenque. “La vía existente cuenta con todos los permisos y autorizaciones, perteneciente al ferrocarril del Istmo de Tehuantepec, una instancia gubernamental de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes que va de Palenque, Chiapas, hasta Valladolid, Yucatán”. Les faltaba el permiso de la Madre Tierra, pero ya lo tramitaron ceremonialmente. Ahora sí, manos a la obra.

Fonatur asegura contar con el 95 por ciento de los derechos de vía para la construcción del Tren Maya, “con base en las concesiones de la carretera Mérida-Cancún y Cancún-Tulum, cuya posesión será por la autopista y las líneas de transmisión de la Comisión Federal de Electricidad”, institución que, como Pemex, será reformada y reforzada en el espíritu de 1938 pues Cárdenas, como Juárez, no debió de morir, siempre y cuando se pusiera al día en su concepción de lo indígena. El paternalismo del Estado, que sí debió de morir, sigue ahí.

Hermann Bellingahusen

Poeta, editor, escritor de cuentos, ensayos y guiones cinematográficos. Es cronista, reportero, y articulista de La Jornada desde su fundación. Dirige Ojarasca desde 1989. Desinformémonos publicó su poemario «Trópico de la libertad» en 2014.

9 Respuestas a “Las campañas ignoran a los pueblos originarios”

  1. Generalizaciones que no incluyen a los intelectuales de izquierda, desde siempre cobrando sueldos nada despreciables en universidades, instituciones culturales, viajes y becas a Cuba y becas de estudio, investigación pagados en petrodólares en Venezuela. La «dictadura perfecta» titulada por su odiado Vargas Llosa, ha tenido a «integrados y apocalípticos» en la línea precisa de discusiones eternas, en las que el odio y la envidia son su muy peculiar lucha de clases.

  2. Francisco Álvarez Quiñones

    Contundente y certero análisis, fraterno y admirado amigo Hermann Bellinghousen, el cual levantará varias ámpulas, sin que por ello pierda un ápice de verdadero. El colonialismo al que están sometidos les dará «estrellas en la frente», y otros incentivos como señuelos, pero no les quitará la estupidez ni su tendencia a mentir, pretendiendo engañar, desorientar, alejar de sus legítimos anhelos de paz con justicia, dignidad, y verdadera visión para el futuro evolucionante, con Vida Buena Lograble por los Profundos Pueblos… Abrazos admirativos, fraternos y solidarios…

  3. Malú Huacuja del Toro

    Excelente reflexión, sobre todo la primera parte. Desafortunadamente la casta de intelectuales orgánicos en México está formada por muchos sectores con un poder descomunal, y el Waterloo de Krauze no es el Waterloo de la hegemonía de Poniatowska ni de ninguno de los intelectuales orgánicos de Morena, igualmente acaparadores y corruptos, como se puede comprobar revisando la trayectoria de nepotismo de Ackerman (sin ayuda de Rusia: él solito). Un maestro de literatura me confió su pronóstico para este sexenio: en lugar de tener un plan eficaz para asegurar la solvencia del FCE, Taibo II va regalar libros hasta que acabe con todos los recursos, pintándose él como un héroe tipo “Chucho el Roto”, de modo que tengan que declarar en bancarrota el FCE y privatizarlo, en el mejor estilo salinista, tal como han hecho con todo desde TELMEX. Y, además, la gente los va a ver como héroes. Ni siquiera se van a dar cuenta de lo que hacen porque es a nombre del pueblo bueno y de que les regalen libros (de Taibo y de sus amigos, por supuesto). Y, si se quejan, no importa, porque en esa etapa ya habremos llegado a la fase de culpar al imperialismo yanqui de cualquier desastre y malos manejos internos.

  4. Rafael Gutiérrez Carbonell

    Excelente análisis. Considero que más allá de los trapos sucios que han salido a la luz, es necesario profundizar, no sólo históricamente, en el papel que han tenido los intelectuales con y hacia el poder en México. En una de sus conferencias mañaneras, AMLO dice que se acabaron los intelectuales «orgánicos», ¿es posible eso?, ¿no habría que revisar a Gramsci y revisar el concepto de hegemonía? desde luego que tiene que ser desde nuestra realidad y nuestras circunstancias, ¿de veras ya se acabó el neoliberalismo? ¿no habría que descolonizar nuestros análisis y replantear nuestras propuestas?

  5. Art Guy

    Muy buen artículo que describe a los lacayos de los medios masivos ya bien conocidos por todos. Muy bien denunciada su ofensiva contra Venezuela, su servidumbre a trump y la censura que aplican para no tocar jamás a los tiranos genocidas de Arabia Saudita e Israel. Desgraciadamente a México todavía le falta avanzar mucho en su recomposición política. Hoy nos enteramos con vergüenza de como en la casa de uno de los oligarcas de televisa -los mismos que han manipulado y agredido a los mexicanos durante décadas- AMLO se reunió en privado con jared kushner, capo de la mafia sionista de Nueva York y operador político de trump. ¿Quién asesora a AMLO en política exterior, además, obvio, del ex priísta Ebrard? Crecen la falta de transparencia y las dudas respecto a lo que hace el presidente.

  6. Alberto Sladogna

    Estimado Hermann Bellinghousen: Simple. gracias, muchas gracias se requiere colocar algunas cuestiones al pie de la letra, es necesario leerlo ¡a la letra!, de nuevo gracias, se te olvido mencionar el negocio editorial de una revista de artes, un abrazo

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