Europa de Abajo

Alexander Gorski

Otoño de Solidaridad

El 31 de agosto marcó el final oficial del verano del 2018. Para Europa no nada más fue uno de los veranos más calurosos meteorológicamente hablando, sino también en términos sociales y políticos. Fue una fase de rupturas y de una creciente polarización que ha sacudido al mal llamado viejo continente (como si los otros no fueran igual de viejos) desde la crisis financiera de 2008 y el “verano de la migración” en 2015. El auge de la extrema derecha continúa generando un clima de incertidumbre en diversas sociedades europeas. No es poca la gente que compara nuestros tiempos con los conflictivos años 20 del siglo pasado, cuando la Europa posguerra entró en una crisis financiera que dio paso al poder del monstruo fascista en Alemania, pues la izquierda no logró unirse en una decidida resistencia en su contra.

Casi un siglo después, un nuevo fascismo busca cultivar sus semillas rascistas e inhumanas sobre el ambiente de inseguridad que ha dejado la globalización neoliberal y lo hace cada vez con más éxito. En países tan diversos como Austria, Polonia, Hungría e Italia, la extrema derecha ya está gobernando en coaliciones con partidos conservadores. Y por el momento no hay ninguna indicación de que esa tendencia vaya a parar pronto en las urnas. Además la ultraderecha ha logrado formar y establecer movimientos sociales que usan métodos y formas de la izquierda extraparlamentaria para llevar su ideología xenófoba a las calles.

En el caso de Alemania, esto se pudo ver nuevamente a finales de agosto cuando grupos neonazis se aprovecharon de la muerte de un alemán con descendencia cubana, después de que las autoridades hubieran culpado a dos refugiados del crimen, para justificar marchas violentas durante las que atacaron a extranjeros, periodistas y activistas antifascistas. Y eso es nada más un ejemplo de la violencia cotidiana en contra de las personas que en su ideología inhumana no tienen ni derecho a existir.

El hilo que une a los diversos partidos y movimientos de esta nueva derecha es el rechazo rotundo a migrantes y personas solicitantes de refugio, además del deseo de la recuperación del Estado nación. Rechazan el neoliberalismo de la Unión Europa y quieren construir una Europa de las Patrias, que busca el aislamiento y la segregación como instrumento contra el desastre neoliberal. Quieren la Fortaleza de Europa para defender el continente contra el caos mundial. El hecho que el Mar Mediterráneo se haya convirtido en una de las fosas comunes más grandes de la historia es para ellos únicamente una muestra más de su fuerza.

Mientras tanto los gobiernos neoliberales de Angela Merkel, Theresa May o Emanuel Macron se muestran totalmente incapaces de enfrentar el avance del autoritarismo. Aun peor, tienden a incorporar exigencias de la extrema derecha como la constante agravación del derecho migratorio en sus programas de gobierno, guiados por la idea errónea de que de esta manera se pueden recuperar votos para el centro.

¿Y la otra Europa? ¿La de abajo, de la izquierda? Sigue existiendo, sigue organizándose, pero en los últimos años no ha podido frenar la creciente hegemonía derechista en el discurso público. En muchos debates parecía que nada más existían dos puntos de vista: uno neoliberal, burgúes y superficialmente anti-racista y por otro lado el de la ultraderecha. La izquierda radical en toda su pluralidad no logró intervenir sustancialmente.

Eso se ve reflejado sobre todo en el debate sobre migración. Millones de personas están trabajando solidariamente con los refugiados y migrantes que llegaron desde 2015. Innumerables colectivos realizan actividades solidarias con este sector tan marginalizado de la sociedad. Y aun más importante, muchos de los refugiados y migrantes se autoorganizan para ser escuchados. Pero esta tercera realidad de la actualidad europea no ha sido representada adecuadamente en los medios de comunicación.

Sin embargo, en los últimos meses se han visto signos de esperanza. Cuando los Estados de la Unión Europea criminalizaron severamente los esfuerzos de la sociedad civil para el rescate marítimo en el Mediterráneo, hubo una enorme ola de solidaridad. Solamente en Alemania más de 100 mil personas se manifestaron en decenas de ciudades en contra de la política de fronteras cerradas. Más y más ciudades se declaran Solidarity Cities, donde no quieren distinguir entre personas con o sin papeles y cuestionan en la práctica la lógica de las fronteras nacionales. Miles de personas ya están organizadas en colectivos que ayudan a migrantes y refugiados a pasar fronteras y acceder a sus derechos fundamentales y que enfrentan el fascismo en sus ciudades, barrios y pueblos.

Como punto de encuentro de esos esfuerzos, este sábado se llevará a cabo una manifestación en Berlín que fue convocada por numerosas organizaciones solidarias y que espera la asistencia de decenas de miles de participantes. Bajo el lema #unteilbar (indivisible), esta manifestación quiere visibilizar el sector solidario de la población alemana y europea, en contra del racismo y del neoliberalismo para desafiar la hegemonía discursiva de la derecha autoritaria. Ya es hora.

“El viejo mundo está muriéndose, el nuevo todavía no ha nacido: Es el tiempo de los monstruos,” escribió el filósofo italiano Antonio Gramsci después de la primera guerra mundial. Una frase que no ha perdido su vigencia en tiempos en los que la crisis global del neoliberalismo ha permitido una apertura de la situación política que no se ha visto desde la caída del muro de Berlín hace 29 años. Hasta ahora la derecha lo ha sabido aprovechar. Pero abajo y a la izquierda se pueden percibir más y más movimientos. La esperanza es que el verano de polarización sea seguido por un otoño de solidaridad.

Oscar Olivera

Alexander Gorski es abogado, activista y periodista independiente. Vive en Berlín y en esta columna escribe sobre movimientos sociales y autónomos en Europa.

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