Europa de Abajo

Alexander Gorski

Femenicidos y resistencia en Alemania

Fotos:  Aline Juárez Contreras

Desde el año 2015 la Oficina Federal de Investigación de la Reṕublica Federal de Alemania publicó el reporte anual sobre la violencia de género en relaciones de pareja. Las cifras son estremecedoras.

En el año 2015 fueron asesinadas 131 mujeres por su pareja o expareja. En el 2016 el número ascendió a 149 y en 2017 fueron 147 las mujeres que perdieron la vida bajo estas circunstancias. Y esto no incluye los apróximadamente 200 casos de tentativa de asesinato que ocurren cada año en Alemania en contra de mujeres por su pareja o expareja.

Además de esto, el reporte muestra que hay más de 130 mil personas que sufren diferentes tipos de violencia en relaciones de pareja, más del 82 por ciento de ellas son mujeres. Es importante señalar que esas estadísticas no incluyen a mujeres asesinadas por hombres fuera de una relación intíma.

Los números son una cosa. La percepción social sobre un fenómeno es otra. Un hecho que se puede observar en la cobertura mediática de dichos actos de violencia. En vez de analizar el trasfondo estructural de los delitos en cuestión, a través de un enfoque de género para poder explicar y entender los crímenes y su contexto específico, la mayoría de los medios alemanes, con algunas excepciones, optan por presentar tales actos criminales como “drama familiar”, “crímen pasional” o “disputa de pareja que se salió de control”.

Un planteamiento que también se refleja en la opinión pública alemana es que muchas veces se sitúa la violencia de género y la opresión de la mujer en un discurso racista y xenófobo. De esta manera, se externalizan tales problemas alegando que nada más occuren en ciertos contextos culturales, como “el contexo islámico” o “el contexto africano”, y que están conectados con algún tipo de retraso civilizatorio de esas “ otras culturas”.

Esta esquizofrenia permite incluso que haya una amplia cobertura informativa sobre el tema de femenicidos en América Latina, enfocándose principalmente en “la cultura inherentemente machista” de esta región del mundo, mientras se niega la existencia del mismo fenómeno en el propio país. En este respecto cabe resaltar que las cifras oficiales demuestran claramente que la mayoría de los perpetradores de tales delitos, son alemanes.

No obstante, el hecho que se está rompiendo paso a paso con esta banalización del fenómeno y que el término “femenicido” ha sido introducido en el debate alemán, no tiene que ver ni con el gobierno, ni con la iluminación inmediata de los medios de información, sino con la constante lucha de mujeres de todas las edades y contextos, mucha de ellas mujeres migrantes, que no se cansan de denunciar la ignorancia de la sociedad alemana en esta materia.

Y no es casualidad que muchas de ellas vienen de América Latina. Llegando a Alemania, se dieron cuenta de que la narrativa oficial según la cual, éste es un país muy avanzado en términos de derechos de la mujer, no corresponde con la realidad. Sufrieron ataques racistas en el transporte público, fueron acosadas y exotizadas por hombres alemanes, fueron discriminadas en sus puestos de trabajo, en la universidad o durante la búsqueda ardua de una vivienda en las ciudades alemanas.

Se preguntaron porqué sus experiencias no son tomadas en cuenta por la sociedad. Buscaron artículos, estudios y acciones en contra de la violencia cotidiana que sufrían y encontraron poco. El discurso femenista blanco y elitista de muchos sectores de la izquierda alemana no reflejó los problemas que ellas enfrentaban diariamente. Se dieron cuenta que, igual como en sus países de origen, el partriarcado y la discriminación de la mujer eran pilares fundamentales de la sociedad alemana.

De allí se organizaron, se tomaron espacios e intercambiaron experiencias con otras mujeres migrantes. Se involucraron en la organización de la huelga femenista del 8 de marzo y convocaron a marchar en el bloque de mujeres migrantes de habla castellana y portuguesa en la gran manifestación del día de la mujer en Berlín. De las 20 mil participantes, más de 500 se encontraron en este bloque que con sus cantos y bailes dio vida a este 8 de marzo en el corazón de la capital alemana.

Lo que se ve muy claro ahora, es que no van a parar de organizarse. Para esto, no necesitan consejos ni sugerencias de hombres bien intencionados o de femenistas blancas. Tampoco les hacen falta lideresas o el paternalismo de los partidos políticos. Como en Chiapas y Kúrdistan, estas mujeres tomaron la primera fila en los movimientos emancipatorios.

Si la conciencia por la desigualdades de género está creciendo, es gracias a ellas.

Si el femenicido será reconocido como crímen sui generis, es gracias a ellas.

Si el patriarcardo está temblando, es gracias a ellas.

Alexander Gorski

Alexander Gorski es abogado, activista y periodista independiente. Vive en Berlín y en esta columna escribe sobre movimientos sociales y autónomos en Europa.

2 Respuestas a “Otoño de Solidaridad”

  1. ¡Fui, soy y seré¡ es en suma máxima el sello indeleble y el gran legado que nos entrega Rosa Luxemburgo a todos los ciudadanos del mundo. Aunque su voz, vida y obra fue silenciada por los más diversos sistemas políticos, hoy en día se alza como luz esperanzadora en un mundo en crisis. Y al cumplirse el Primer Centenario de su execrable y vil asesinato, su Bandera de lucha continuara en lo alto de la cúspide, porque Rosa Luxemburgo como Mujer es ejemplo de vida y sigue brillando como el sol con Honor y Dignidad. Loor y Gloria a Rosa Luxemburgo.

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