Mario Luna, la voz de los yaquis en resistencia

Enriqueta Lerma

mario luna DF

México. La detención de Mario Luna, el secretario yaqui, es la continuidad de un Estado insensible a la voluntad política de los pueblos, que atenta contra la autonomía otorgada a la tribu yaqui en 1937 y que busca acabar con los territorios indígenas. Un gobierno que con tanta corruptela en sus órganos representativos de gobierno no soporta que un simple secretario le muestre cómo se representa obedeciendo.

¿Quién es Mario Luna? Más allá de hablar de un padre de familia, esposo y compañero ejemplar de la tribu yaqui, hay que describir a Luna como un hombre comprometido con su pueblo. No es un líder. No al modo de los líderes que alguna vez tuvieron los yoeme: Muni, Juan Banderas, Cajeme, Tetabiate o Sibaulame. Mario Luna es un Secretario: presta su persona para hablar por los suyos. Este cargo es el que cuenta con menos prestigio en la estructura jerárquica del gobierno tradicional yaqui.

Después del kobanao (el gobernador), quien es la voz principal en las asambleas de la tribu, el jabo’iyo’owe, conocido también como “pueblo mayor” y quien tiene derecho a la palabra porque representa al consejo de ancianos de los viejos gobernadores, está el wiko’ o ya’ut, a veces llamado “coyote”, que interviene en tercer lugar, ya que su responsabilidad es cuidar el territorio. El cuarto de los gobernadores, elnejja ya’ut, casi nunca habla: actúa, ya que funge un papel judicial, vigila el territorio y ejecuta disposiciones para restablecer el orden civil. Al final está el ji’ojtereo: el secretario, “el Mario Luna”, quien no tiene poder de decisión.

Metafóricamente, para los yoeme el territorio es un nido: toosa, le llaman. Su dirigente principal es el  kobanoa, la cabeza del pájaro que lo habita; al pueblo -la asamblea comunitaria- le nombran masam u tea: las alasEl pueblo yaqui se ve a sí mismo como una unidad: cuerpo-cabeza-alas, que se articula en la imagen de un pájaro, un cuerpo que decide y actúa de forma conjunta; en éste, el secretario no tiene metáfora. El secretario no tiene historia tradicional, es un cargo que se tuvo que inventar para poder hablar con los yoris, con los “blancos”. Y durante mucho tiempo su función no fue relevante: se requería alguien joven que supiera leer y escribir bien, que tuviera el vigor para aguantar el ir y volver de las oficinas del gobierno estatal y federal, y que llevara y trajera las noticias de los acuerdos con el exterior. De modo que el secretario era marginal.

 Antes de Mario Luna, el secretario fue –brevemente- Anselmo Flores Buitimea, quien se retiró porque pensó que no podría con el paquete. Muchos renunciaron antes que él, así que cuando Mario Luna tomó el cargo lo hizo con gusto, pero también con la sospecha de que sería una carga pesada. Mario Luna hizo el juramento yaqui una mañana polvosa bajo la techumbre de la guardia tradicional. Juró separarse de todo si era necesario: de esposa, hijos, amigos, familia, frío, sueño, hambre, dolor, profesión, anhelos personales. Sería el secretario: el más joven y el más insignificante en el gobierno, pero el que corría con mayor peligro por tener que relacionarse con los yoris, “los fieros”.

Con el juramento de su cargo, Luna Romero se integró a la resistencia: impulsó en el territorio yaqui, al lado del Congreso Nacional Indígena, el Primer Encuentro de los Pueblos Indígenas, en 2007; organizó el Primer Foro en Defensa del Agua, en 2010; el Segundo Foro Internacional del Agua, en 2012, y se unió a las protestas acordadas en la asambleas yaquis. De modo que Mario estuvo siempre presente en los cierres carreteros que los yaquis impulsaron como medida de presión para exigir el respeto y ejecución de las resoluciones jurídicas, que la nación yaqui ganó una a una, en juzgados locales, estatales y hasta en la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Mario Luna es la voz de los yaquis que se oponen a la construcción del Acueducto Independencia, es quien muestra a través de su rostro y dice a través de su voz las expresiones de coraje, indignación e injusticia que resienten los yaquis contra un sistema que los margina. Es la voz de denuncia de la desertificación del territorio yaqui y quien clama, desde ese desierto, por el reparto justo del agua para una sociedad que prefiere la agricultura.

En todo el proceso de resistencia, sin embargo, y aún con todo el carisma que tiene, Mario Luna no habló nunca por sí mismo: tuvo dentro de sí las voces de las alas del pájaro y la cabeza del gobernador, y en el corazón la defensa del nido que protege a los suyos. Mario no es un líder: es una botarga. Eso le dije cuando vimos, debajo de la lluvia en La Realidad, Chiapas, el adiós de la botarga de los zapatistas. “Es como tú”, le dije, y se rió.

Mario Luna tiene la culpa de una sola cosa: de cumplir, como se lo exigió su pueblo. Y su pueblo sólo tiene una demanda: luchar por el agua para evitar el etnocidio al que el gobierno de Sonora les condena.

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