Peripecias del Sur y Autonomía

Salvador Schavelzon

La Convención chilena y el desafío arduo de ser constituyente por un camino de lucha y reinvención

El escenario constituyente construye un discurso que implanta y performa la institucionalidad republicana. Es el momento en que el sistema legal vigente discute y establece su normativa formal. En el caso de Chile, una nueva constitución buscará desplazar la aprobada durante la dictadura de Pinochet, que cuenta también con reformas posteriores realizadas en democracia. 

Como en el reglamento de una cooperativa o de una escuela, la Constitución puede establecer parámetros de funcionamiento pero también puede ser ignorada si el funcionamiento real en cualquier sentido es lo suficientemente poderoso para sobreponerse. El actual proceso constituyente promete cambios, pero no es claro por dónde vendrán. No es mucha la profundidad de lo real accesible en un proceso como el actual, tal como ocurrió en otros países.

Es difícil imaginar un proceso de cambio que sea inaugurado por una constitución en lugar de consagrado o seguido por ella, después de crear condiciones para eso. La pregunta para el caso de Chile no es, entonces, que país vendrá o surgirá, con la nueva Constitución, sino qué Chile actual la Constitución reconoce o incluye formalmente. ¿Un Chile del estallido social, o el de un neoliberalismo que permanece independentemente de que sean progresistas, liberales o conservadores quienes ocupan el gobierno?

De cualquier modo, y a pesar del exceso de ritualidad y pompa, si alineado con fuerzas insurgentes una convención constituyente puede mostrar el conflicto que recorre la vida social. Las normas acompañan y resguardan un modelo. Puede ser un momento donde ese vínculo sea señalado. El modelo podrá mantenerse incólume, pero sus lealdades y compromisos podrán iluminarse, cuestionando su legitimidad.

Si esperamos ver la Constituyente como un espacio para señalar contradicciones o incluso inventar normas que mejoren la vida de la gente, cabe interrogarse de qué procesos, luchas y discusiones colectivas van a surgir esas normas o declaraciones constituyentes, porque sin duda no se trata de los representantes individuales que decidirán qué forma tendrá el país, con el riesgo siempre latente de que la constitucionalización sea ficticia, utópica y lejana de un constitucionalismo material, efectivo, dado por la estructuración del mundo y que no pasa por convenciones ni se detiene en simbolismos. La relación entre una Constitución formal y otra informal realmente existente es algo a construir políticamente, la misma no es dada y puede ser tenue, si la Convención se queda en declaraciones y politiquería.

Si los constituyentes construyen una Constitución plagada de declaraciones e intensiones podrá levitar alejada, o incluso no ser aprobada, si no llega al referéndum por falta de dos tercios o incluso si es rechazada después de una guerra cultural del campo de la comunicación, asimilada al juego de polarizaciones de la política mediática, sin discutir cambios profundos.

Un proceso constituyente puede dar a luz un texto débil y a veces es eso mismo lo que prioriza un neoliberalismo que se establece con su propia fuerza y racionalidad, más allá de cualquier código. Un texto constitucional puede ser rígido y pesado, minucioso e impracticable. Más allá de su letra, también, puede ser un gran dispositivo de desvío y neutralización de fuerzas insurgentes, a través de él desactivando la fuerza peligrosa para el orden social que se activó en el estallido.

Desde la lógica partidaria de acuerdos de cúpulas la política busca ya controlar el proceso y una elección presidencial que ocurrirá en noviembre también será una interferencia. Si el proceso que se celebra activará realmente un poder constituyente, que cuestione lo constituido, cabe preguntarse: ¿Qué proyectos de sociedad o de vida colectiva están en juego hoy en Chile, y en América Latina? Ya que siempre hay continuidades regionales. ¿Estos proyectos podrán traducirse en artículos constitucionales? ¿Estos tendrán fuerza para imponer cambios? Es una pregunta abierta a lo que vendrá, y debe pensarse sin olvidar que cualquier cambio político sólo podrá realizarse como parte de un movimiento político más amplio. No se cambia el mundo apenas con un artículo constitucional. 

El tiempo que vivimos hace muy difícil organizar un movimiento con fuerza constituyente. Las normas fragmentan la acción sindical; la lucha mapuche en buena parte no pasa por integrarse a la institucionalidad chilena; no hay un consenso sobre qué tipo de política revolucionaria, destituyente o de contra poder hoy es posible; y el estallido fue un fuerte mensaje de oposición que impide traducciones fáciles, como las que intenta bosquejar el progresismo sin realmente ir más allá de sus formas de hacer política conocidas en Chile -donde integró el gobierno de la concertación y otros gobiernos- o en fuerzas afines de otros países.

Lo que veremos en Chile es si hay horizontes y caminos abiertos, y que ese lugar posible dialogue con la movilización de 2019, como parte de un movimiento latinoamericano que no es todavía de cambio pero si de revuelta, como pudo sentirse también en Ecuador y Colombia, y que en otros países no ha tenido expresión callejera pero se advierte en la falta de expectativa ante la inviabilidad del arreglo que organiza la vida, e incluso en el deterioro de los pactos del periodo de post dictadura que rigieron por décadas y hoy están deshechos, en una crisis política sin horizonte de superación.  

El actual proceso constituyente chileno nace de un estallido social y esa es su fuerza. Pero está por verse si será un camino fiel a ese origen. No era la bandera que llevó la gente a la calle, con manifestantes indignados inicialmente con la represión de jóvenes que luchaban por el costo del pasaje, en octubre de 2019. Pero se volvió el camino propuesto por las instituciones para canalizar un descontento social que no cesaba de llenar calles, formar barricadas, asambleas, interrumpir circulación, trabajo, cotidiano de obediencia. Como en el paro colombiano de 50 días, en junio de 2013 en Brasil, después de diciembre de 2001 en Argentina, por algunas semanas, el arreglo social que rige la sociedad chilena estuvo suspendido mientras la ciudad se pintó entera de lucha y el Estado quedó paralizado sólo ateniendo a reprimir jóvenes alrededor de la Plaza de la Dignidad, o en las poblaciones, muchos de los cuales hoy son presos políticos.

La propuesta de la Convención Constituyente nace de un acuerdo entre sectores políticos institucionales y fue visto con desconfianza por muchos manifestantes que en noviembre de 2019 recibieron la noticia de este acuerdo mientras todavía no cesaba la creciente movilización nacional. Nuevamente unos pocos de traje y corbata, y también la “nueva izquierda” que nació de la movilización estudiantil de 2006 y 2011, decidieron a puertas cerradas, sin mandato, las reglas básicas de la constituyente. El acuerdo implicaba que no caería el presidente y que la protesta no buscaría respuesta a reivindicaciones concretas, como el precio del pasaje o el sistema de pensiones jubilatorias, sino la abertura de discusiones constituyentes en otro nivel, como si el destino de toda movilización deba solamente levantar asuntos para que sean tratados desde arriba. 

Una movilización y proceso de lucha puede enfrentar un poder injusto, deshaciendo los canales por los cuales una minoría gobierna y se enriquece a costa de mayorías, pero también puede establecer un camino por el cual políticos desprestigiados u oportunistas se convierten mágicamente en intérpretes, traductores-traidores y administradores de una voz política que había llegado a un punto de no poder ignorarse, incluso desde el punto de vista de los intereses capitalistas. El pacto social debía actualizarse incluso para el buen curso de los negocios. La fuerza social, innombrable, indomable que funcionó por semanas evitando líderes y voceros, sería concebido ahora como “demandas” constitucionalizables.

Un proceso constituyente no necesariamente es un proceso de lucha, puede reflejar un proceso de lucha o capturarlo volviéndose contra él. Hay un exceso, que no cabe en esa resolución institucional, y tendremos noticias sobre su fuerza en lo que viene, cuando los constituyentes interpreten algo que el proceso y el movimiento real hagan o no posible. 

El camino constituyente fue aceptado electoralmente. El “apruebo” se impuso en el referéndum de consulta sobre la realización de la convención por 78,28% de los votos con 50% de participación. La votación de constituyentes, en mayo de 2021, tuvo una participación del 43,3% y eligió 155 constituyentes, 17 representantes indígenas elegidos en circunscripción especial. Si la protesta se mantuvo sin rostros y nombres propios, con símbolos y emblemas alejados de la representación -como el perro negro matapacos, la coreografía feminista y las banderas mapuches-  no puede decirse lo mismo del proceso de elección de constituyentes, donde justamente lo contrario se impone y el marketing, juego de partidos, mediatización fue personalizando y partidarizando un proceso generado por millares en las calles. 

En el caso de una convención constituyente, con elección directa de sus integrantes (la derecha proponía una fórmula mixta) hay de hecho nuevas voces, nuevos rostros, nuevos agrupamientos. Pero ya estamos nuevamente en la institucionalidad republicana, con su permeabilidad a agendas del poder, y como forma política que funciona tan bien para el orden social vigente.  Personas que representan sectores llegan a la instancia deliberativa y una multitud o muchedumbre desorganizada, pero activa y direccionada contra el poder, se transforma en problemáticas para ser resueltas por quien gobierna, por quien negocia y legisla, o por quien dará las cartas en el todavía incierto proceso que se inicia. 

Lo más polémico del acuerdo de cúpula con partidos políticos fue la imposición de los dos tercios, que parecía que daría a los sectores de derecha un poder de veto, y que fue el mecanismo que bloqueó la asamblea constituyente en Bolivia, llevando a que la constitución del MAS fuera revisada por la oposición liberal, una vez aprobado el texto constitucional y concluida la Asamblea Constituyente,  eliminando todo elemento que pudiera conflictuar con la institucionalidad vigente, y con los intereses de los grupos de poder.

En Chile, el acuerdo de noviembre de 2019 devuelve la inciativa pérdida a los partidos. La votación de mayo de 2021 trajo una sorpresa, con una derecha -que en parte había hecho campaña contra la convención constituyente- que no alcanzaba el tercio, y dos tercios de constituyentes para sectores declarados antineoliberales. Una de las sorpresas fue la amplia votación para la lista de candidatos independientes, que obtuvo la primera minoría, con 48 constituyentes. Una posibilidad de Constitución innovadora y que avance en la dirección de cambio deberá lidiar con límites internos de la mayoría que escriba la Constitución, mayoría que no es desconocida. Gobernó ya ciudades y fue parte de coaliciones de gobierno, actúa en la política chilena hace décadas, incluso aquellas que fueron gestión neoliberal ya en democracia. Es una incógnita como constitucionalidad contra el neoliberalismo. Un camino fracasado es el de gobiernos latinoamericanos que se declaraban «post neoliberales» entendiendo esto como Estado con políticas que pueden implementarse sin cambiar el marco constriucional. El Estado puede pasar a llamarse de bienestar, plurinacional o socialista, pero para continuar favoreciendo un modelo de abertura a la inversión extranjera en una coyuntura de alto precio de commodities, reduciendo si pobreza extrema con políticas de transferencia de renta que estimulan el consumo, pero sin modificar la matriz de poder, de desarrollo y de desigualdad estructural con concentración de riqueza.

La complejidad de un proceso que debe encontrar consensos y traducirlos constitucionalmente alimenta el riesgo de cerrarse en sí misma y no dialogar con el proceso que la originó. No es fácil que en un escenario donde ya se perfilan carreras personales y donde los viejos consensos son representados por los partidos, se abra una deliberación democrática, en el sentido de participación ampliada, más allá del poder gubernamental.

Una nueva Asamblea Constituyente postula una refundación. Lo hace en la voz de una mujer mapuche fluente en mapudungún. Una refundación constitucional entra en los libros de historia, pero ¿cómo puede ser más que una refundación escrita, refundando un país con un poder oligárquico bien asentado, con clases populares postergadas y un pinochetismo desplegado en la vida cotidiana? Como pasar de una refundación simbólica, que postule la plurinacionalidad, el feminismo o el antineoliberalismo, y nos acerquemos a entender la posibilidad de una refundación que cuestione de hecho el orden vigente.

En el proceso chileno las fuerzas tradicionales están dentro de la convención. La antigua Concertación, del socialismo y la democracia cristiana, artífices de un gobierno ya en democracia que con cara progresista mantuvo el modo neoliberal de gobernar, podrá formar más de un tercio junto con la derecha, o con sectores independientes a los que se les ofrezca incorporar demandas puntuales, impidiendo una constitución de cambio radical. 

La Convención es soberana sólo de forma relativa. Es producto de una institucionalidad, de lógicas del sistema político, del financiamiento de campañas, del poder político de cada región, y de los límites de una época con el desafío de pensar más allá de lo existente y lo posible en una sociedad colonial, capitalista, estratificada y producto de décadas neoliberales. 

Las constituciones de Bolivia y Ecuador, aprobadas en 2009 y 2008 respectivamente, son un antecedente importante [1]. La plurinacionalidad, el Buen Vivir, los derechos de la naturaleza, la autonomía y la interculturalidad fueron postuladas pero definidas de forma apenas declarativa y abierta, incluso contradictoria con otras normas que las limitaban y circunscribían a lo existente. Fueron declaraciones que rápidamente mostraron su debilidad en gobiernos que mayormente mantuvieron la institucionalidad liberal, no construyó una plurinacionalidad entendida como autodeterminación de naciones indígenas, con presencia estructural en la organización política del Estado, y se abocaron a expandir la explotación extractivista, sin ningún cuidado por la letra constitucional y los derechos colectivos, de democracia comunitaria y la alternativa al desarrollo que se proponía cuando se invocaba a la Pachamama y al Vivir Bien. En el caso de Bolivia la crisis de 2019 derivó directamente del incumplimiento de los límites a la reelección incluidos en la Constitución, y en el resultado de un referéndum sobre el tema, no respetados por la candidatura de Evo Morales. 

En Chile se habla de desmontar el Estado Subsidiario, concepción neoliberal en el espíritu de la Constitución de 1980. ¿Qué modelo lo podrá suceder? ¿Un nuevo keynesianismo? ¿Una nueva institucionalidad de lo Común? ¿Hasta qué punto esta discusión logra instalarse de hecho como debate constituyente?¿De qué forma cualquier cambio postulado constitucionalmente podrá enfrentar intereses capitalistas y tener efectos reales en la organización social?

Cómo imaginar cambios en un país donde reina el neoliberalismo y las fracturas de modelo que nunca buscó más que el beneficio de una oligarquía que actúa como dueña del país. Si bien el estallido generó un clima crítico que podrá beneficiar la vuelta de un progresismo que sabe gobernar sin perturbar las reglas del sistema, no vemos todavía un camino de emancipación o de mejora frente a la alta informalidad, precariedad, pobreza. Respecto a las naciones indígenas, lo que se perfila es una plurinacionalidad declarativa que, como en Bolivia y Ecuador, no tome en cuenta las naciones, sino apenas un multiculturalismo que mantiene la criminalización cuando proyectos comunitarios de autodeterminación se organizan. Los presos políticos del estallido reciente, son la expresión del rechazo frente a un sistema sin espacio para diferencias, oposición radical y disidencias. 

Aunque el progresismo pueda gobernar, el camino parece ser el mismo que vivió buena parte de la región latinoamericana. Es posible gobernar pero no cuestionar las normas del juego. Una constitución podrá ocupar espacios simbólicos que sean permitidos, incluso por una derecha dispuesta a hacer concesiones para mantener la viabilidad de un modelo violento. Si es más que eso, y se articula con proyectos colectivos y un movimiento político, podrá fracasar la constituyente pero las calles volverán a ser un camino al que los poderosos temen.  

[1]  Ver Schavelzon, S. 2012 El Nacimiento del Estado Plurinacional. La Paz: Plural, IWGIA, CLACSO. y Schavelzon, S. 2015 Plurinacionalidad y Vivir Bien/Buen Vivir. Dos conceptos leídos desde Bolivia y Ecuador post-constituyentes. Quito: Abya Yala, CLACSO. https://www.clacso.org.ar/libreria-latinoamericana/pais_autor_libro_resultado.php?campo=autor&texto=3395&pais=7

9 Respuestas a “Peripecias del sur y autonomía”

  1. viejo topo

    Y nada que decir sobre la reunión ilegal de Perez con un juez del TCE o sus alegatos a favor de una intervención de las fuerzas armadas? Realmente hacen honor al nombre de su página web.

  2. Algunas perlas adicionales de Yaku Pérez, empezando por su dudosa candidatura a la Presidencia sin contar con un claro respaldo de las bases y mediante un golpe antidemocrático de Pachakutik manejado por líderes de avanzada edad y con posturas conservadoras tal es el caso de Lourdes Tibàn, Salvador Quishpe, Luis Macas, etc., (en la misma agrupación lo identifican como el acaparador de representaciones o algo como un líder mesiánico), coartando la posibilidad de representación de Leonidas Iza quién fue realmente el que lideró el levantamiento de octubre mientras Pérez aparecía en un papel de CONCILIADOR y haciéndo alarde de su amistad junto al Contralor Pablo Celi (que ha jugado un papel muy obscuro en los últimos gobiernos neoliberales) en medio de una las represiones más brutales de la historia del país con muchas víctimas de por medio. Ha demostrado una desesperación por el reconteo a pesar de haberse verificado muchas inconsistencias en sus reclamos; sus reuniones clandestinas con un juez que dirime el reclamo; su nexo con el empresario multimillonario Alvaro Noboa y su partido a través del coordinador de Pachakutik Salvador Quishpe; y lo más patético, la invocación a las FF.AA a que se hagan cargo de las urnas y que «impidan el regreso del correísmo». Sostiene que en el TSE es donde se ha fraguado el fraude, cuando la actual Presidenta fué puesta por él y sus compañeros de Pachakutik en el Trujillato que destrozó las Instituciones de Control colocándo a dedo a «personajes obscuros» como parte de un plan de persecución que el mismo lawfare en Brasil y Argentina se quedan cortos. Si hay un representante del movimiento indígena que sintetice sus verdaderas reinvindicaciones y luchas se trata de Leonidas Iza que es lo más avanzado a su interior y porque merece un justo reconocimiento a su liderazgo, lucha y convicciones, frente a una postura tibia que hace gala de recursos teatrales y quiere despertar el sentimiento lastimero-colonial para lograr su realización individual, su anticorreísmo a lo único que lo ha llevado es al RIDICULO y a ser parte del circo montado por los hilos del poder.

  3. Zurdos contra zurdos. Los unos tan corruptos como los otros. Tanto bla bla, cuando a las dos facciones de fascistas les interesa el poder para poder saquear los fondos estatales, crear clientela política y perpetuarse en el poder. Ambos ejercitan el nefasto socialismo, creador de miseria, pobreza y sometimiento del individuo al estado.

  4. Muy atinado y detallado el análisis sobre las estrategias de sectores correístas y sobre las opiniones de distintas personas afines al correísmo. También muy acertado sobre los límites del correísmo para ser una verdadera respuesta a distintas problemáticas y demandas sociales (no solo indígenas) como las ambientales o las feministas. Está claro, las principales limitaciones del correísmos, son ambientales, machistas y democráticas. Lastimosamente las divisiones dentro del movimiento indígena, las tensiones entre CONAIE y Pachakutik, y las limitadismas propuestas de Yaku Perez frente a los mismos problemas no son casi ni mencionadas. Por ahí se menciona cosméticamente divisiones en el movimiento indígena, pero nada más. Supongo que el autor que cita de una manera tan personal a tantas personas y sus opiniones debe conocer sobre estos temas de sobra, pero guarda silencio. Aún a pesar de Alberto Acosta sea uno de los intelectuales citados a favor de Yaku y de que sea uno de los que comparte esta publicación no hay ninguna propuesta económica sólida de parte de Yaku. ¿No crear conflicto, no obligar para detener la fuga de capítales (dólares) sino incentivarles a invertir para fomentar el desarrollo económico (fuga protagonizada por los grandes grupos financieros económicos, incluyendo los agroindustriales y quienes se benefician de los contratos derivados de la explotación petrolera)? ¿No es la tradicional fórmula neoliberal? ¿No sería contradictoria cuando los intereses de esos actores económicos están anclados en este modelo neoliberal y extractivista o desarrolista e igualmente extractivista? A ver, ¿De verdad esto se propone bajo el supuesto de que los grupos ecoómicos no tienen intereses propios y políticos o bajo el supuesto (neoliberal) de que la inversión económica de los grandes grupos se traduce automáticamente en crecimiento económico para los sectores populares? Por otro lado, Durante los últimos cuatro años Ecuador ya ha transitado una disminución drástica del Estado bajo un fuerte programa neoliberal condicionado por el FMI. Se han acabado cientos de programas de protección social, e incluso algunos (así fueran muy limitados) por el lado ambiental; la poca eficiencia del Estado ha sido más que socavada. Entonces cómo entendemos que, después de todo esto, ¿Yaku esté de acuerdo con seguir reduciendo el Estado? ¿No ha sido suficiente? ¿No es esa la misma agenda económica neoliberal? ¿En qué beneficia eso a quien? O bueno, en temas más puntuales, ¿Es tan grande el desconociminto de Yaku y su equipo del funcionamiento de los problemas de acceso a la educación superior en Ecuador o en tan maniqueo como el autor señala a los correístas, para decir que «acabará con el exámen de acceso a la educación superior y lo jóvenes podrán estudiar lo que quieran»? De verdad esto es desconocimiento de los problemas (que un examen, por su puesto no soluciona) o es una agenda política tan cuestionable como la correísta en tanto busca apelar engañosamente a las crísis políticas e institucionales de los gobiernos de Correa.

    El autor tiene razón, al parecer la candidatura de Pérez era la que más recogía las demandas ambientalistas y feministas de la campaña, pero su programa político y de gobierno, parece que no tanto.

    Por otro lado y ya que todos quieren atribuírse las banderas de Octubre de 2019. Las movilizaciones masivas de octubre fueron lideradas legitimamente y cohesionadas indiscutiblemente por el movimiento indígena, quien era el único actor que podía unificar una diversidad de malestares enfocados, sobre todo en las medidas neoliberales que Moreno aceleró en el país. Pero ya que a quienes defienden (sin autocrítica alguna) a Yaku les encanta decir que la candidatura de Yaku es la de octubre de 2019, dejenme recordarles que el paro de octubre aunque conducido por el movimiento indígena fue protagonizado por una variedad de actores que apoyaron demandas y banderas populares antineoliberales. Así a esta disputa popular y antineoliberal se sumó de manera afortunada un carácter feminista, ecológico-antiextractivista e indígena. Pero no puede una candidatura reclamarse ser la legitima representante de esas movilizaciones siendo las tres últimas, pero dejando de lado las demandas populares en su programa de gobierno. Por eso las divisiones dentro del movimiento indígena que el autor menciona tan marginalmente (mezclando además CONAIE y Pachakutik de una manera que solo se me ocurre es tan acomodada (como las que describe en los correístas) pues parece conocer muy bien la política ecuatoriana).

  5. gracias por haber hecho una introspección profunda de la realidad del Ecuador y tener una radiografía real que desnuda las falsarías acusaciones de gente interesada en tapar la verdad con monumentales mentiras provenientes de la derecha neoliberal y la derecha progresista. ashka yupaichani tukuy shunkumanta. garcias de todo corazon

  6. Elpidio Valdes

    Leer estos articulos y sentir como piensan y actuan estos senores que se dicen defensores de los pueblos pero acceden en conocimientos y acciones a favor de la ruptura en la unidad de las fuerzas de izquierda en nuestras tierras de America, elementos estos que solo ayudan a que las fuerzas del IMPERIO DEL NORTE REVUELTO Y BRUTAL EN NUESTRAS TIERRAS DE AMERICA, se sienta feliz y gozoso de sus artimanas divisionistas y fracturistas dentro de las fuerzas de izquierda en America Latina y el Caribe, en algunos casos se habla con desprecio sobre el Socialismo del siglo XXI y el mismo tiempo no se oye una palabra de protesta e ira contra el Gobierno de los Estados Unidos de America y sus lacayos y sicarios en diferentes gobiernos latinoamericanos, como el caso del senor Lenin Moreno que ha vendido el pais a los capitalista, traicionando no solo a Correa sino al pueblo Ecuatoriano, o como el caso de Colombia, donde el crimen y el genocidio contra ese pueblo hermano es ya una practica diaria, que los escritores de este sitio digital y otros parecidos, no protestan y se unen para combatirlo con las armas en la mano, o como el caso del gobierno reaccionario, criminal, genocida y facista de Brasil, que ha jugado y juega con la vida de sus ciudadanos pues se niega a reconocer la vigencia del virus y la necesidad de una politica nacional para combatirlo, en fin que los que hoy comparan y dicen que los gobiernos neoliberales de nuestras tierras de America, han hecho mas por los pueblos que lo que ha hecho Correa, Chavez, los gobernantes nicaraguenses y los actuales gobernantes bolivianos, es una declaracion llena de mezquindad politica e ideologica y los pone como amigos y deudores de los gobernantes capitalistas de este mundo convulso y reaccionarioo que busca la permanencia en el poder del capitalismo y sus crimenes de lesa humanidad en todo el mundo.
    La unidad de la izquierda no se consigue o se logra fraccionando las fuerzas del pueblo, pues lo que se logra es una traicion de la mas alta y criminal que podamos imaginar, dentro de todas las diferencias que puedan existir en las fuerzas politicas populares, lo mas importante y necesario en estos momentos es luchar por derrocar el capitalismo, ese es el enemigo numero uno de la humanidad, todo lo demas no es mas que poltiqueria de las mas barata e inhumana que hayamos podido escuchar y conocer en estos sitios digitales. RECORDEMOS LO DICHO POR EL COMANDANTE ERNESTO GUEVARA DE LA SERANA —- AL IMPERIALISMO NI UN TANTITO ASI……..—-

  7. Elpidio Valdes

    LUCHAR CONTRA EL CAPITALISMO ES LA PRIORIDAD NUMERO UNO EN NUESTRAS TIERRAS DE AMERICA, LAS DIFERENCIAS QUE NOS DISTINGUEN DEBEN DE SER BORRADAS EN FUNCION DE DESTRUIR EN NUESTRAS TIERRAS DE AMERICA AL MONSTRUO CAPITALISTA.
    Leer estos articulos y sentir como piensan y actuan estos senores que se dicen defensores de los pueblos pero acceden en conocimientos y acciones a favor de la ruptura en la unidad de las fuerzas de izquierda en nuestras tierras de America, elementos estos que solo ayudan a que las fuerzas del IMPERIO DEL NORTE REVUELTO Y BRUTAL EN NUESTRAS TIERRAS DE AMERICA, se sienta feliz y gozoso de sus artimanas divisionistas y fracturistas dentro de las fuerzas de izquierda en America Latina y el Caribe, en algunos casos se habla con desprecio sobre el Socialismo del siglo XXI y el mismo tiempo no se oye una palabra de protesta e ira contra el Gobierno de los Estados Unidos de America y sus lacayos y sicarios en diferentes gobiernos latinoamericanos, como el caso del senor Lenin Moreno que ha vendido el pais a los capitalista, traicionando no solo a Correa sino al pueblo Ecuatoriano, o como el caso de Colombia, donde el crimen y el genocidio contra ese pueblo hermano es ya una practica diaria, que los escritores de este sitio digital y otros parecidos, no protestan y se unen para combatirlo con las armas en la mano, o como el caso del gobierno reaccionario, criminal, genocida y facista de Brasil, que ha jugado y juega con la vida de sus ciudadanos pues se niega a reconocer la vigencia del virus y la necesidad de una politica nacional para combatirlo, en fin que los que hoy comparan y dicen que los gobiernos neoliberales de nuestras tierras de America, han hecho mas por los pueblos que lo que ha hecho Correa, Chavez, los gobernantes nicaraguenses y los actuales gobernantes bolivianos, es una declaracion llena de mezquindad politica e ideologica y los pone como amigos y deudores de los gobernantes capitalistas de este mundo convulso y reaccionarioo que busca la permanencia en el poder del capitalismo y sus crimenes de lesa humanidad en todo el mundo. La unidad de la izquierda no se consigue o se logra fraccionando las fuerzas del pueblo, pues lo que se logra es una traicion de la mas alta y criminal que podamos imaginar, dentro de todas las diferencias que puedan existir en las fuerzas politicas populares, lo mas importante y necesario en estos momentos es luchar por derrocar el capitalismo, ese es el enemigo numero uno de la humanidad, todo lo demas no es mas que poltiqueria de las mas barata e inhumana que hayamos podido escuchar y conocer en estos sitios digitales. RECORDEMOS LO DICHO POR EL COMANDANTE ERNESTO GUEVARA DE LA SERANA —- AL IMPERIALISMO NI UN TANTITO ASI……..—-

Dejar una Respuesta

Otras columnas