Palestina, las cosas por su nombre

María Landi

Hacer turismo en tierra robada

“Hice el curso de entrenamiento con armas de lucha antiterrorista. ¡Fue lo mejor de mi estancia en Israel!” Esta es una reseña publicada en el sitio TripAdvisor por un viajero que participó en un paquete de ¿turismo aventura? de los muchos que se ofrecen en las colonias israelíes ilegales asentadas sobre tierras robadas a las comunidades palestinas de Cisjordania.

En efecto, el 30 de enero Amnistía Internacional (AI) denunció que las grandes compañías de reservas turísticas Airbnb, Booking, Expedia y Tripadvisor fomentan las violaciones a los derechos humanos palestinos al incluir en sus listados alojamientos y actividades turísticas en colonias israelíes (todas ilegales según el Derecho Internacional Humanitario).

En su informe titulado Destino: ocupación, AI afirma que esas cuatro empresas “están llevando el turismo a las colonias israelíes ilegales”, y con ello alimentando la ocupación del territorio palestino. Además, AI acusa al gobierno israelí de usar “la creciente industria turística en las colonias como un método para legitimar su existencia y favorecer su expansión”.

Después de una larga campaña de presión por parte del movimiento palestino y global de BDS, así como de organizaciones de derechos humanos como Human Rights Watch, en noviembre pasado Airbnb anunció que sacaba de sus listados 200 alojamientos situados en colonias ubicadas en Cisjordania (lo cual provocó una fuerte reacción de Israel, y una ambigua rectificación por parte de la compañía). AI critica que la decisión de Airbnb no incluyó Jerusalén Este, que también es territorio ocupado, y donde la empresa anuncia más de 100 alquileres turísticos en colonias ilegales.

El centro de la campaña está enfocado sobre Tripadvisor, que publicita más de 70 atracciones, tours, restaurantes, cafés, hoteles y apartamentos turísticos ubicados en 27 colonias (en tanto Booking tiene unos 45 hoteles y viviendas, y Expedia nueve, incluyendo cuatro grandes hoteles).

AI observa que cualquier forma de negocio con empresas de las colonias contribuye al mantenimiento de esos asentamientos ilegales, y tiene “impactos devastadores” sobre los derechos humanos de la población palestina. También recuerda que según el Derecho Internacional Humanitario, la presencia de población ocupante en el territorio ocupado constituye un crimen de guerra. Además, al hacerse cómplices de abusos a los derechos humanos, las compañías incumplen sus obligaciones de responsabilidad corporativa.

En mi columna de diciembre hablaba de los terroristas que viven en las colonias israelíes asentadas en Cisjordania esos de los que los medios occidentales no hablan. Decía también que las observadoras o acompañantes internacionales aprendemos a conocer las colonias más violentas, cuyos nombres muy pronto se nos hacen ‘familiares’. Quizás por eso resulta doblemente indignante leer en el informe de AI sobre las ofertas turísticas que esas mismas colonias ofrecen a través de las mencionadas plataformas. Resulta intolerable imaginar que, cuando un grupo de matones sale de la colonia para cometer ataques y tropelías contra las comunidades palestinas vecinas, al mismo tiempo hay allí turistas bañándose en las piscinas (con el agua que se les roba a esas comunidades), practicando deportes, visitando un sitio arqueológico o asistiendo a clases de lucha antiterrorista con las mismas armas que disparan contra los cuerpos palestinos.

AI pone el acento en el lucro que las colonias obtienen explotando como insumos turísticos recursos que pertenecían a comunidades palestinas y de los cuales fueron despojadas por la fuerza (principalmente la tierra y el agua, pero también minerales, sitios arqueológicos y sagrados).

En el capítulo 5 el informe presenta cinco estudios de caso. No es casualidad que como observadora internacional haya conocido de primera mano esos cinco lugares: ellos son ejemplos acabados de violaciones a los derechos humanos, tanto por el despojo como por la violencia que su existencia y actividades provocan a las comunidades palestinas.

El primer caso es la periferia de Jerusalén, en la desértica y conflictiva zona llamada E1, donde el gobierno israelí está tratando de expulsar a la comunidad beduina de Khan AlAhmar para expandir sus colonias. Una de ellas, Kfar Adumim (con tres colonias satélites), concentra hasta 30 ofertas turísticas promocionadas por Airbnb: desde alojamientos de lujo a 440 dólares la noche (con “una vista espectacular del desierto”, piscina climatizada y jacuzzi) hasta carpas por 235 dólares la noche para “experimentar la tranquilidad del desierto y probar la cálida hospitalidad israelí”. Mientras los turistas pudientes disfrutan de estas amenidades, a corta distancia la población de Khan Al-Ahmar, que habita en chozas de lona y lata, sin electricidad ni agua potable, con cada vez menos tierras para el pastoreo, resiste las amenazas de desplazamiento y demolición de sus instalaciones (que incluyen una encantadora escuelita construida con criterios ecológicos).

Conozco bien el segundo caso porque viví en la región de Nablus, y muchas veces me tocó acudir al llamado de las comunidades palestinas de Qaryut y Jalud para documentar los constantes ataques, robos y vandalismos causados por los vecinos judíos de la colonia Shiloh. Debido a ella, además, la población de esas aldeas ha perdido acceso a sus tierras de cultivo y a su principal carretera. El informe me permit saber que, además de colonos violentos, Shiloh alberga un sitio arqueológico’ que es promocionado como atractivo turístico a través de TripAdvisor, Airbnb y Booking.com.  

El tercer caso es el más conocido, pues se trata de la emblemática Hebrón (una de las ciudades habitadas más antiguas del mundo), considerada un microcosmos del apartheid israelí. Es el único lugar donde unos 700 colonos (custodiados por 2000 soldados) están instalados en el corazón de la Ciudad Vieja (donde viven 30.000 palestinos/as). Para ‘protegerlos’ se ha creado un sistema que prohíbe a las personas palestinas manejar o caminar por ciertas calles (donde se les ha bloqueado incluso la entrada a sus casas, obligándolas a hacerlo por las azoteas y patios vecinos), y deben pasar diariamente por numerosos checkpoints militares donde son revisadas, demoradas y abusadas de mil maneras, tanto por los soldados como por los colonos, famosos por su violenta insolencia.

En ese entorno asfixiante, TripAdvisor publicita un museo y un provocativo tour que semanalmente realizan los colonos (protegidos por soldados armados a guerra) por sus cuatro asentamientos ubicados en la Ciudad Vieja de Hebrón, para lo cual paralizan la vida económica y social palestina.

El cuarto caso es la aldea de Jirbet Susiya, al sur de Cisjordania. Esa comunidad pastora, formada por familias que vive en humildes carpas y chozas, tampoco cuenta con electricidad ni agua potable. Está allí desde que fueron expulsadas de sus tierras cercanas para establecer en ellas un sitio arqueológico explotado por los residentes de la vecina Susya, una colonia residencial con todas las comodidades del Primer Mundo. Airbnb y TripAdvisor anuncian allí varias propiedades y otras atracciones, como una vinería. Los turistas que disfrutan en esas instalaciones no tienen la menor idea de que allí vivían humildes familias campesinas que fueron desplazadas por la fuerza para construir en sus tierras agrícolas esas atracciones turísticas y la moderna Susya. Tampoco saben que, debido a las pretensiones de expansión de la colonia, la población palestina vecina ha sufrido varias demoliciones y vive bajo la constante amenaza de nuevas expulsiones.

En el quinto caso AI denuncia que TripAdvisor actúa como agente de reservas del Parque Nacional “Ciudad de David, una publicitada atracción turística que se encuentra emplazada en el corazón de Silwan, un popular barrio palestino de Jerusalén Este ocupada. El museo y parque arqueológico es administrado por una organización privada llamada Elad, la cual −con apoyo del gobierno israelí está dedicada afanosa y agresivamente a expulsar a la población palestina de Silwan para sustituirla por colonos judíos. Lo ha dicho el portavoz del grupo: Elad quiere judaizar Jerusalén Este. Cientos de residentes palestinos/as están amenazados de desalojo forzoso, ya que Elad planea ampliar la Ciudad de David para incluir más residencias para colonos.

El informe de AI es tajante: Airbnb, Booking, Expedia y TripAdvisor, al publicitar propiedades y atracciones turísticas en las colonias israelíes, están lucrando con crímenes de guerra ycontribuyendo a normalizar, fortalecer y expandir la colonización de Palestina.

Como era de esperar, la campaña de AI para exigir a las cuatro empresas que dejen de hacer negocios en las colonias fue condenada rápidamente como antisemita por miembros del gobierno israelí. “Amnesty se ha convertido en un líder de la campaña antisemita #BDS. El informe (…) es un intento escandaloso de distorsionar los hechos, negar la herencia judía y deslegitimar a Israel”, dijo en Twitterel ministro de Asuntos Estratégicos y Seguridad Pública Gilad Erdan.

El informe de 96 páginas (ver aquí un resumen en castellano) concluye con numerosas recomendaciones, entre las que destacan:

Los gobiernos de todo el mundo deben adoptar medidas para regular las actividades de las empresas, a fin de impedir que alimenten la economía de las colonias y sostengan así el proyecto de colonización ilegal de Israel. El no hacerlo los convierte en cómplices, afirma AI. En el contexto específico de las actividades turísticas citadas en el informe, los gobiernos deben tomar medidas reglamentarias para garantizar que compañías de turismo digital como Airbnb, Booking, Expedia y TripAdvisor no hagan negocios con colonos israelíes y no promuevan sus servicios turísticos en el territorio palestino ocupado.

Para cumplir con sus responsabilidades de respetar el Derecho Internacional Humanitario y los Derechos Humanos, Airbnb, Booking.com, Expedia y TripAdvisor deben dejar de publicar alojamientos y actividades turísticas de las colonias o gestionadas por colonos en el territorio palestino ocupado, incluida Jerusalén Este.

Por ser TripAdvisor el principal objetivo de la campaña, AI invita a firmar la petición para exigir a la compañía que deje de promocionar propiedades y atracciones turísticas de las colonias israelíes ubicadas en la Cisjordania ocupada. La petición está ilustrada con un efectivo mensaje audiovisual de 1:23’ presentado con un irónico copete: Aprende a disparar como un soldado, pasea en camello o visita lugares históricos… ¡todo en tierra robada! Gracias a TripAdvisor, puedes hacer todas estas actividades cuando visites una de las muchas colonias israelíes ilegales.”

Como viajeras/os responsables, tenemos opciones: podemos dejar de usar esas plataformas, o mejor aún, sumarnos a la campaña de presión para exigirles que dejen de ser cómplices con el robo de Palestina. Seguir usándolas como si nada, es participar de la complicidad.

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